De frontera a frontera, universitarios no detienen su educación a pesar del COVID-19

Inspiradoras historias marcan un ejemplo de compromiso y dedicación entre estudiantes de la UNED

 Sistema de educación a distancia y cobertura nacional han sido clave para no interrumpir formación académica profesional

Por: Renzo Kcuno Aimituma
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El sistema de educación utilizado por la Universidad Estatal a Distancia (UNED) es el único que no se ha detenido producto del COVID-19. Los estudiantes se han mantenido activos en todo el territorio nacional, recordando que es la única universidad que penetra en los lugares más recónditos de Costa Rica.

 

Producto de su comprobado éxito en el uso de sus herramientas educativas a distancia, la institución ha sido consultada por Ministerio de Educación Pública, así como por parte de otras universidades dentro y fuera del país.

Aunque son miles de historias de estudiantes y profesores comprometidos con su educación en tiempos de pandemia, conoceremos dos historias que iluminarán de esperanza estos tiempos difíciles. Se trata de Noé Lanuza Vega, estudiante de la UNED La Cruz y de Socorro Obando Hérnández, estudiante de la UNED Jicaral.

 

Noé Lanuza Vega, estudiante de la UNED La Cruz

Noé estudia Enseñanza de las Ciencias Naturales, tiene 26 años e ingresó a la UNED en el 2015. Orgulloso de su tierra natal, Cuajiniquil, ubicado cerca al Golfo de Santa Elena en Guanacaste, cuenta que desde los nueve años se enamoró del mar y de la pesca, debido a que su padre, quien es pescador de cepa, lo llevó en varias oportunidades a que conozca la realidad de su comunidad.

“Mi papá me llevó a pescar cuando yo tenía nueve años y desde entonces no me he separado de la pesca, de hecho, trabajo en ello, pero por la situación actual del país mi trabajo se ve truncado y estamos pasando muchas necesidades. En este momento, para salir adelante, estoy trabajando como guarda de un colegio, aquí en mi comunidad, ahí trabajo dos días por semana y gano 20 mil colones, es la única entrada que tenemos en la familia y con eso tenemos que sobrevivir. No me da pena decirlo, pero últimamente hemos estado comiendo sólo arroz y frijoles, sin embargo, todos los días me levanto, pensando que será mejor cada día”, comentó Noé.

“A pesar de estar pasando por esta situación, provocado principalmente por el coronavirus, le doy gracias a Dios porque sigo estudiando en la UNED, pues eso me anima a verme en un futuro como todo un profesional en la Enseñanza de las Ciencias Naturales… Gracias a la beca que tengo en la UNED es que puedo seguir con mis estudios y a la fecha no me he detenido, ya que la Universidad sigue realizando su trabajo de manera virtual y eso ha sido de mucha ayuda para nosotros los estudiantes”, agregó.

Las aspiraciones de Noé Lanuza Vega es terminar su carrera, para así ser un agente de cambio en su comunidad y dedicarse al turismo, ya que quiere brindar nuevas oportunidades a su pueblo pues señala que no hay muchas oportunidades. “Aquí hay dos caminos, trabajar en la pesca o dedicarse a cosas ilegales; es por ello que quiero terminar mi carrera y estoy dispuesto a transformar mi comunidad, quiero que los más pequeños tengan nuevas oportunidades y así, entre todos, mejorar nuestras condiciones sociales y económicas”.

“A todos los costarricenses les digo, luchen, esfuércense por alcanzar sus metas, traten de encontrar nuevos objetivos y seamos solidarios en este tiempo de crisis, ya que todos necesitamos una mano. Pero lo más importante, cuídense mucho la salud y tratemos de hacer caso a las indicaciones del Gobierno, sólo así podremos contar nuestra historia a nuestros hijos y alcanzar nuestros sueños”, finalizó Noé.

 

Socorro Obando Hérnández, estudiante de la UNED Jicaral

Socorro estudia Educación General Básica I y II Ciclos, ingresó a la UNED en el 2011 y desde aquel año, ella ha logrado alcanzar muchas metas, tanto a nivel académico como a nivel personal. Amante de cabalgar a caballo, de las playas, de montar bicicleta y del baile, socorro dice que, aunque ya nada es igual después del 2006, “la vida sigue y tenemos que levantarnos”.

Socorro es vecina de Lepanto, en Puntarenas, creció cerca al mar y los ríos, donde las aves son el despertador natural de los pobladores y la caída del atardecer vuelve dorado sus cielos, conservado una esencia de paz y tranquilidad para sus habitantes.

“Era el año 2006, tenía 20 años de edad, todo iba bien hasta ese momento, mi vida trascurría con normalidad y me gustaba realizar muchas actividades con mis amistades, uno de ellos era ir a cabalgar pues una amiga tenía caballos y a la edad de 10 años empecé con esa pasión, también me gustaba mucho andar en bicicleta e ir a bailar y estar en la playa. Pero como dije antes, en el 2006 todo cambió; descubrieron que tenía cáncer de nasofaringe, noticia que me afectó mucho pero que tuve que afrontar”, contó Socorro.

En el 2007 Socorro inició con el tratamiento de quimioterapia y radioterapia, lo cual fue eliminando el cáncer, pero este le provocó daños colaterales pues en el 2008 comenzó a tener problemas serios de la vista, debido al tratamiento, perdiendo el derecho y afectando severamente el ojo izquierdo con el que puede percibir únicamente sombras y luces. “Hoy tengo un remanente visual, que en realidad me permite distinguir únicamente si hay luz o sombra, y cuando llega la noche, no puedo distinguir absolutamente nada, más que algún tipo de iluminación borrosa en caso de que las luces de la casa estén encendidas”, dijo Socorro.

Actualmente, Socorro tiene 34 años de edad y vive con su madre, Irene Hernández, a quien ama desde lo más profundo de su ser pues además de ser la persona que le dio la vida, es el bastón y los ojos de Socorro. “Mi madre es todo para mí, ella es lo más importante en mi vida y es por eso que le pido a Dios, que pronto me dé trabajo, y cuando lo tenga, iré al Seguro Social, para renunciar a mi pensión, la cual me fue otorgada por mi condición de discapacidad… Cuando tenga trabajo como educadora, el primer salario que me paguen será sagrado pues llevaré a mi madre a hacer las compras, la invitaré a comer y le daré todo lo que ella se merece. Ese es mi gran sueño, esa es mi meta y por eso me esfuerzo tanto, para ser una profesional de la UNED”.

Socorro se refirió a la situación que vive Costa Rica y el mundo, en relación con el COVID-19, y envía el siguiente mensaje: “compañeros y compañeras, comunidad costarricense, la vida nos pone muchas pruebas; a mí por ejemplo, con lo que me sucedió en el 2006, y a pesar de que no puedo comer como el resto de las personas; sin embargo, me alimento de otra manera; tampoco puedo ver ni leer, pero puedo estudiar y sigo con mis responsabilidades académicas; es por eso, que les insto a seguir adelante, a no detenerse y a no dejarse vencer por esta situación en la que vivimos”.

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