Alimentación saludable: una garantía de la agroindustria

 

En mesa redonda se analiza el impacto de la agroindustria en la seguridad alimentaria

 


 

La actividad contó con una importante participación de estudiantes, tutores y autoridades universitarias.La ingesta de alimentos en adecuadas condiciones de higiene, limpieza, calidad y sabor es una de las principales garantías que ofrece la agroindustria alimentaria costarricense, que encuentra en la formación académica de profesionales en el campo, la forma más idónea de mantener la competitividad empresarial.

    

Esta fue una de las reflexiones a las que se llegó en la mesa redonda “Agroindustria y su impacto en la seguridad del país”, que fue organizada por el Programa de Ingeniería Agroindustrial, de la Escuela de Ciencias Exactas (ECEN) de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).

  

Para debatir este tema, fueron invitados el director ejecutivo de la Cámara Costarricense de Industria Alimentaria (CACIA), Mario Montero; el director de Investigación y Transferencia de la Universidad Técnica Nacional (UTN), Eduardo Barrantes; el consultor y gerente de Servicios para el Desarrollo Empresarial, Carlos Pomareda, y el director ejecutivo de INTA, José Corrales Arias, en representación de la viceministra de Agricultura y Ganadería, Tania López.

  

Antes del intercambio de conocimientos, la encargada de Programa el Programa de Ingeniería Agroindustrial, María Cascante Prada, se refirió a la importancia que tiene para la UNED el mejoramiento continuo de los contenidos académicos. Ella enfatizó que el próximo año marcará la apertura de la carrera de Bachillerato y Licenciatura de Ingeniería Agroindustrial.

  

La sencilla acción de dirigirse al supermercado a buscar los productos que componen la dieta diaria, aproxima a las personas a la función que desempeña la agroindustria alimentaria pues la calidad e inocuidad de lo que se consume está asegurada mediante tres factores que cuida este sector: permisos sanitarios de funcionamiento, registros sanitarios y fortificación de alimentos.

  

“Nuestro trabajo se rige mediante la definición de seguridad alimentaria dada por la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación)", dijo Mario Montero, director ejecutivo de la CACIA, que agrupa a 1.300 empresas, representa el 40% de la producción manufacturera y genera el 6.5% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

  

También mencionó que para la FAO “existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimentarias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana”.

  

Montero acotó que el sector está entonces altamente regulado; debe velar por el cumplimiento de regulaciones en los permisos sanitarios de funcionamiento (salud ocupacional, gestión correcta de desechos, planes de emergencia, sistemas de protección ambiental, buenas prácticas de manufactura).

  

Además, cumplir con las normas estipuladas en los registros sanitarios de funcionamiento (etiquetado, aditivos y aspectos nutricionales) y en las reglas señaladas en la fortificación de alimentos como la sal, azúcar, arroz, leche, harina de trigo, harina de maíz entre otros (a estos alimentos se les adiciona vitamina A, ácido fólico, hierro, flúor, yodo, etc.).

  

“Esta fortificación tiene la función de darle a los productos los nutrientes fundamentales para lograr mejores estándares de salud, de esta forma, el Estado y la empresa privada inciden en las poblaciones donde existen carencias para desarrollar la vida humana”, añadió.

  

Para la CACIA, que genera mil millones de dólares en exportaciones, debe garantizarse el acompañamiento de las políticas públicas orientadas a dar competitividad y buen clima de negocios a las actividades productivas que nutren y proveen calidad de vida a la población, apuntó Montero.

  

Uno de los componentes que mencionó en el acompañamiento que requiere el sector tiene que ver con el fomento a la investigación y la transferencia de la ciencia, tecnología y conocimiento a la producción agrícola e industrial, un tema presente en el quehacer universitario.

  

La seguridad alimentaria se analizó con representantes de la academia, la industria, la agricultura y la economía.Precisamente, acerca de esta función social de la universidad, el académico de la UTN, Eduardo Barrantes, manifestó que “los escenarios que proporciona la academia, entiéndase docencia, investigación y extensión, debe contribuir a consolidar la masa crítica de la cual deberán surgir importantes cambios agroproductivos, sociales y culturales”.

  

“Desde su misión y compromiso social con el país, la universidad tiene un papel que desempeñar en el logro de la seguridad alimentaria y nutricional de la población”, aseveró.

  

Barrantes abogó por el verdadero uso de los programas de transferencia y extensión, aprovechando los medios de comunicación, redes y plataformas universitarias para proporcionar una educación permanente, ofrecer asesorías y mantener las acciones de investigación conjunta con las empresas para la transferencia y seguimiento.

  

Como campos de acción de las universidades ante los retos que plantea la seguridad alimentaria en el país, identificó el mejoramiento empresarial con la gestión de la producción, planificación, mercadeo y ventas; acompañamiento a las pequeñas y medianas empresas, agricultura en la ciudad con hidroponía y cultivos en casa; manejo poscosecha y con agrocadenas y compras al Estado.

  

Por su parte, el consultor Carlos Pomareda insistió en los efectos multiplicadores de la agroindustria en la economía rural, al asegurar que genera demanda de productos y servicios locales; empleos, especialmente para jóvenes y mujeres, y más exigencia en calificaciones y disciplina del personal.

  

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