Pablo Presbere, defensor de la Libertad de los Pueblos Indígenas Originarios

Por Vladimir de la Cruz

El proceso de contacto y de la conquista y de la colonia en Costa Rica dio origen desde la llegada de Cristóbal Colón, en 1502, a la costa caribeña, frente al actual Puerto Limón. Allí durante unos pocos días estuvo el Gran Almirante, estableció contacto con las comunidades indígenas que habitaban la zona y las valoró altamente. Fue, luego, hasta 1519, que Gonzalo Fernández de Oviedo, penetrando por el Golfo de Nicoya, estableció nuevo contacto con las comunidades indígenas de la región, y se inició el proceso de penetración y conquista de Costa Rica, que se prolongó hasta la década 1560-1570, cuando lograron establecerse en el Valle Central, fundando Cartago y ejerciendo control del centro del país y del territorio como de las poblaciones hasta ese momento contactadas.

La violencia impuesta por los españoles adquirió diversas formas e intensidades. La expropiación de los territorios, que pasaron a manos de la Corona española, estableciéndose con ello un nuevo modelo de propiedad, la propiedad privada realenga o real,  y de relaciones laborales, en las cuales los indígenas ya no trabajaban para ellos, sino que lo hacían para otros, los dominadores fue la base de la violencia impuesta.

A ello se sumó la violencia política, el desconocimiento de las autoridades indígenas, y la imposición de las autoridades monárquicas y la de sus representantes en los territorios que empezaban a recorrer, conocer y dominar. Se agregó la destrucción, hasta donde se pudo, de los valores religiosos locales para imponer los valores religiosos de los conquistadores y colonizadores, la religión católica, y con ello los valores de resignación, sumisión y de ganarse el cielo, después de la muerte, habiendo cumplido, aceptado y acatado como buenos cristianos, lo que se les imponía y obligaba. La religión se convirtió en la factor moral de la conquista. También se salvaban almas para el cristianismo.

La violencia militar, de armas y medios de guerra superiores a los empleados por los indígenas, armas y pólvora, armaduras de hierro, caballos…sometimiento por la fuerza y el temor a la obediencia política, económica y religiosa.

La violencia jurídica, la imposición del Derecho y las Leyes españolas, que justificaba lo que hacían los españoles, los conquistadores y colonizadores, y obligaba a los indígenas a la obediencia y al acatamiento de los actos impuestos, bajo pena de sanciones y hasta de la vida.

Las formas de violencia social impuestas que alteraron costumbres, hábitos, usos, costumbres, idioma, imposición del castellano o el español, de comidas, de vestidos, con lo que se procuraba identificar más al conquistado con el conquistador, fue parte de este proceso violenta de conquista y colonia.

A ello se sumaron las pestes y enfermedades traídas por los europeos, para las cuales no estaban preparadas la comunidades indígenas, produciendo devastaciones poblaciones. La presencia europea significó una gran catástrofe demográfica. Se calcula que la población del continente a la llegada de los europeos oscilaba entre 90 y 110 millones de habitantes, la de Centroamérica entre 5 y 7 millones y, la de Costa Rica, alrededor de los 500.000 habitantes, y hay quienes afirman que pudo haber llegado al millón de habitantes. En el caso costarricense en 1800 la población andaba alrededor de los 30.000 habitantes, en 1821, rondaba en los 50.000 y en el periodo de la guerra de 1856-1857, era de 100.000 habitantes. Cuando no fueron los enfrentamientos militares la causa del despoblamiento, o las enfermedades, fueron los traslados de población que se hacía hacia Sur América, a trabajar, o por decisión de las mujeres de inhibir su fertilidad o interrumpir sus embarazos causados por la violencia ejercida contra ellas. Y junto a esto la huidas de población indígena a la región de Talamanca, que durante muchos años permaneció indomable.

La resistencia indígena a la dominación y violencia impuesta fue permanente. En distintas partes se enfrentaban con dificultad y desigualdad militar los indígenas a los conquistadores y colonizadores. En distintos momentos con mayores intensidades y dramatismo.

Desde finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII los enfrentamientos de resistencia adquieren intensidad y dramatismo. Uno de los episodios más importantes de esta lucha se produce justamente a principios del siglo XVIII, cuando desde 1709 se gesta un movimiento de varias comunidades indígenas se sublevan, con sus jefes indígenas, siendo el más destacado Pablo Presbere, que destruyeron varios pueblos misioneros en las regiones de Cabécar, Urinama y Chirripó, quienes habían concentrado sus fuerzas en la zona de Suinsi. Contra ellos se organizó una gran expedición militar en 1700. Resultado de los enfrentamiento fueron capturados más de 700 indígenas, entre ellos sus jefes políticos y militares y el mismo Pablo Presbere, que era el Gran Líder de la Rebelión. Alrededor de 10.000 indígenas se sublevaron dirigidos por Presbere. Varios meses habían durado los enfrentamientos. Sin poder capturar a todos los alzados, las tropas coloniales se retiraron a Cartago llevándose los prisioneros, que en el camino a Cartago se calcula que murió el 40% de ellos. La sublevación en 1709 del Cacique indígena, de la región de Suinsi, Pablo Presbere, mantenida por dos años, agrupó a varias comunidades de la región, desde el Chirripó hasta la Bahía del Almirante en Panama.

Para los indígenas en algunos aspectos fue un éxito su lucha, sobre todo porque no pudieron emplearlos en el trabajo en las plantaciones o haciendas de cacao en Matina, manteniéndose Talamanca como zona indómita, soberana hasta finales de la Colonia e inicios del régimen republicano en el siglo XIX.

Pablo Presbere reunía las condiciones de líder político, religioso y militar, sin ser un guerrero en el sentido estricto.

El juicio que se le siguió a Presbere fuere relativamente sumario. Detenido y juzgado en Cartago, desde junio, se le sentenció a la muerte el 1 de julio de 1710, matándole el 4 de julio, desmembrándolo para aterrorizar y atemorizar a las comunidades indígenas.

En la Sentencia se decía: "...fallo que de condenar al dicho Pablo Presbere por lo que contra él está probado, sin embargo, negativa que tiene hecha en su confesión, que sea sacado del cuarto donde le tengo preso y puesto sobre una bestia de enjalma llevado por las calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero que diga y declare su delito, y estramuros de ella, arrimado á un palo, vendado los ojos, ad módum deli sea arcabuzceado, atento a no haber en ella verdugo que sepa dar garrote; y luego que sea muerto le sea cortada la cabeza y puesta en alto que todos la vean en el dicho palo...".

Esto ocurrió bajo el período del Gobierno colonial dirigido por el gobernador  Lorenzo Antonio de Granda y Balbín.

Durante el juicio Presbere se negó a declarar denunciando a los otros líderes indígenas de la sublevación y asumiendo él toda la responsabilidad de la misma. Los otros líderes indígenas, en los interrogatories, algunos de ellos, sí señalaban a Presbere como el principal lider de la sublevación.

De esa región fueron sacados hacia Jamaica más de 2000 indígenas, que en 1722 se reclamó su regreso, pero habían sido  vendidos como esclavos a los mosquitos, aliados de los ingleses.

La sublevación de Pablo Presbere permaneció en la historia oral indígena, se recogió en la documentación oficial de la conquista y colonia, y exaltó permanentemente el espíritu indomable y libertario de las comunidades indígenas.

El 19 de marzo de 1997 la Asamblea Legislativa de la República de Costa Rica   declaró a Pablo Presbere “Defensor de la Libertad de los Pueblos Originarios”, y por Decreto Ejecutivo se Declaró el 4 de julio como el Día de Presbere.

Un  colegio de secundaria que llevaba su nombre, ubicado en Calle Blancos, del Cantón de Goicoechea, en San José, se cerró en 1987.

Lea también el Pronunciamiento del Programa de Coordinación y Atención Intercultural, adscrito a la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAES) de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), en el Día de Pablo Presbere, defensor de la libertad de los Pueblos Originarios