Investigador explicó situación histórica y reciente de la industria global de la cocaína

Organizaciones de narcotráfico se adaptan muy bien a los cambios sociales y políticos

 


 

 

Un kilogramo de cocaína puede generar hasta $100 mil en ganancias, distribuidas de manera muy desigual

  

La cocaína es uno de los componentes (menos de 1%) de las hojas de coca.En un conversatorio organizado por el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), el doctor León Arredondo, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, ahondó en las historias regionales y los procesos globales en torno a la cocaína y el problema de la producción de coca. También hizo un recorrido por los cambios estructurales del narcotráfico en los últimos 30 años y las políticas de acción contra este mal.

    

En primer lugar, León, quien es antropólogo, se refirió a que la coca es cultivada en muchas partes del mundo, no solo en la zona andina de América, sino también en África, pues desde 1860 era una planta que con prestigio por sus propiedades medicinales y, por lo tanto, se comerciaba legalmente. León recordó que se debe distinguir entre coca y cocaína. “La coca es el cultivo y la cocaína es solo uno de sus componentes; de hecho, su concentración en las hojas es menor a 1% y, por ejemplo, en la coca amazónica es de 0,25%”, comentó el experto.

  

El cultivo de coca en las zonas rurales de Colombia, Bolivia, Brasil y Perú también tiene un gran significado cultural, en la visión cosmológica de los pueblos andinos, su estructura familiar, al igual que las construcciones y relaciones de género, definidas a partir de la producción de la planta. Además, se debe recordar que estas sociedades campesinas, desde la década de 1970, sufrieron el abandono del Estado, una crisis agrícola por no poder sustentar su economía local, y la falta de acceso a mercados locales o al crédito.

  

Según León, a principios de los años 80 tomó fuerza el cartel de Medellín, al tiempo que cobró fuerza el tráfico aéreo para enviar droga al resto del continente. El profesor colombiano agregó que “ya para mediados de la década de los 90 surgió la vía marítima, con cargamentos de cientos de kilos, no de toneladas. La vía del Pacífico ha sido la de preferencia pues Estados Unidos ha creado una barrera más o menos efectiva en el Caribe”.

  

Nuevos mercados y organizaciones criminales entran en el panorama

  

Después, para finales de los 90, Colombia se convirtió en el principal productor de coca y abarcaba toda la esfera de producción, desde el cultivo de la planta hasta el tráfico de la droga. A partir del 2000 aumentó el consumo local, abastecido por vía terrestre sobre todo hacia Centroamérica y México. Como agravante, se expandió el comercio receptivo europeo, sobre todo los países de la antigua Unión Soviética y cuyo puerto principal de entrada ha sido Holanda.

  

La situación se ha agravado con organizaciones criminales dedicadas a actividades ilícitas diversas: no solo se dedican al narcotráfico, sino también al comercio de armas, personas y órganos. Según explicó León, la industria de la cocaína se ha adaptado muy bien  a los cambios. “Estamos hablando de una industria que tiene una capacidad de acomodarse a los cambios sociales globales que ocurren, la caída de la Unión Soviética, los tratados de libre comercio; todos tienen incidencia en cómo ha evolucionado la industria de la cocaína. Y en cada paso que da el Estado o las fuerzas de control, el narcotráfico se acomoda”.

 

Culturas marginadas

  

En los últimos 30 años, Medellín ha sido un sitio donde ha predominado la producción de café, el catolicismo, el paternalismo y la desintegración social y la migración desde el campo. No obstante, han sido poblaciones marginadas de las políticas estatales, con carencias de  salud, empleo y salud. Por eso fue tan fácil para Pablo Escobar convertirse en líder durante los años 80 y principios de los 90 pues “el narcotráfico les ofrecía asenso social y cultural”.

  

Similar situación ocurrió con muchos puertorriqueños en Nueva York a partir de 1960, tal como lo explicó León, quien es profesor del Felician College de Nueva Jersey. La economía neoyorkina requería personas con habilidades en la manufactura de servicios. Pero esos inmigrantes no contaban con esas destrezas “y ven en el narcotráfico otra opción para poder surgir socialmente, al igual que el caso de los pobladores marginados de Medellín”.

  

Dinamismo económico del narcotráfico

  

Actualmente, muchas organizaciones de narcotráfico están constituidas en pequeñas redes que se forman y se desintegran de acuerdo con las oportunidades de negocios o también subcontratan a otros grupos para alguna parte del proceso, como por ejemplo llevar la mercancía de un punto de origen a otro específico.

  

“El valor no se genera en la producción. Es importante tenerlo en cuenta porque, entonces, quiere decir que no importa cuántas avionetas se tumben en el Caribe o cuántos buques se retengan en el Pacífico. Reemplazar esa cocaína no cuesta mayor cosa pues la producción es muy alta”, aclaró León, quien complementó afirmando que los vendedores ganan poco pues comercian la droga en gramos y solo a unos cuantos consumidores.

  

Es una actividad que representa ganancias y valor agregado cuando circula. León aclaró que ambos extremos de la cadena son los que menos ganan: los productores campesinos y los vendedores finales. El negocio es, pues, una fuente de fortuna para los cabecillas y los intermediarios, pero un engaño para muchas personas que desean hacerse ricas de la noche a la mañana. ¿Cómo se explica tal situación?

  

Por ejemplo, la producción de 1 kilogramo de cocaína en Colombia puede rondar los $1200. Cuando entra a Estados Unidos, es vendido en gramos y su valor llega a una cifra entre $10 mil y $22 mil en Texas, y entre $20 mil y $28 mil en Nueva York. Al final, ese kilogramo de droga generaría $100 mil dólares. Pero el detalle está en que es vendido por muchísimos distribuidores (en promedio a $100 el gramo).

  

Políticas insuficientes contra narcotráfico

  

León criticó muchas de las iniciativas estatales pues han tenido una perspectiva prohibicionista, como es el caso del Plan Colombia. En los últimos 20 años se han preocupado por disminuir la oferta y destruir las plantaciones.

  

No obstante, parece que la solución, desde los círculos políticos, está lejos de encontrase puesto que ocurre lo que el experto llama “efecto balón”: mientras en un país se reduce la producción, en  otro aumenta y viceversa. Y se tiene estimado que en América del Sur hay al menos unas 200 mil hectáreas cultivadas con coca.

  

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