“Eso siempre pasa” Sobre agresiones en centros educativos

María Martha Durán Rodríguez, fincionaria del SEP

• El 26 de marzo me pidieron mi opinión sobre un video que circula en redes sociales en el que se muestra la furiosa agresión de una estudiante a otra, quien le responde. Aparentemente las dos jóvenes se encuentran fuera de su colegio y en vía pública de alto tránsito, rodeadas de otros estudiantes y espectadores externos.

La violencia entre adolescentes sigue presente en las instituciones educativas costarricenses. El espectáculo se amplifica cuando los golpes son entre mujeres y se difunde en redes sociales. Y la banalización y normalización de la agresión se suman a la cultura del silencio.

La situación

En una red de familiares de estudiantes de un centro educativo de San José está circulando un nuevo video de 62 segundos de dos mujeres adolescentes (A y Z), pe-lean¬do a golpes en una vía pública de alto tránsito, en lo que parece ser las afueras de su colegio. 

Además de las dos estudiantes, se encuentran un varón -C- grabando el hecho y dando apoyo a Z. También se encuentran presentes otras personas, estudiantes y externos.
No hay elementos para identificar los motivos que originaron la agresión pues el video inicia justo cuando una de las jóvenes (Z) le pega con furia a A. Se van sumando personas (varios con teléfonos celulares en mano y grabando), dentro de las cuales destaca una mujer adulta y más jóvenes del colegio. Un muchacho estudiante (S) recoge el celular que se le cae a A y otra estudiante le quita el bolso. La señora les dice que paren y S trata de separarlas, pero C le grita a S que “¡jale-jale! no sea sapo” y otros le silban… y S se quita y las deja, mientras la señora también se aparta. Cuando Z empieza a patear a A, un hombre interviene -X- y la detiene. Z grita que “¡Ella -A- empezó!”, las risas de C continúan mientras X protege a A y le ayuda a recuperarse.

Algunos elementos de especial interés

Varios aspectos atraen especialmente mi atención y me generan interrogantes: 

1. Las personas espectadoras y sus diferentes roles
- El colaborador: es el joven que filma la situación y quien con las risas constantes y comentarios incita a los golpes. Interviene además para que S no detenga la agresión.
- Observadores indiferentes, atemorizados y reforzadores: la cantidad de personas que se suman a presenciar la agresión y el número de celulares que aparecen para filmar o fotografiar el hecho, las risas y comentarios que surgen, las caras de temor de algunas muchachas o la inexpresión de otro grupo. ¿Qué define la participación y forma de actuar frente a la diferencia o a un acto de agresión o violencia? 

2. La presencia permanente de una adulta como espectadora y la mínima acción para enfrentar la agresión nos confronta que interrogantes como ¿Qué hacer ante una situación como la expuesta?, ¿será este un problema de otros?, ¿qué estrategias ofrecemos y le enseñamos a nuestros hijos, hijas, estudiantes para lidiar con el conflicto, las diferencias y la agresión?, Si fueran personas cercanas o familiares ¿habría reaccionado de la misma forma? 

3. La presión que se ejerce sobre el único joven estudiante que intenta hacer algo, y la carencia de apoyo cuando trata de detener a las muchachas. La descalificación de su acción como “sapear” nos confronta con las formas de lidiar con la presión social que fomenta la negación y ocultamiento de hechos que irrespetan las normas de convivencia y que generan algún tipo de daño a otra persona.

¿Pintarles de invisibles?
La desensibilización de las personas jóvenes frente a la violencia y la pérdida de claridad y límites respecto a lo que es una broma, una burla, un insulto o una ofensa es cada vez más evidente. Esto tiende a convertirse en “indiferencia aprendida”, propiciado por las personas adultas que con frecuencia lo refuerzan con señalamientos y acciones como “eso siempre pasa”, “si no es con usted, no se meta”. Este caso es un claro ejemplo de los resultados que, en su núcleo, confirman lo que la investigadora finlandesa Cristina Salmivalli señala: el recuerdo más negativo relacionado con la agresión vivida es "A nadie le importó". 

Si bien el centro educativo es responsable de proteger al estudiantado y promover la convivencia pacífica para garantizar un ambiente de aprendizaje óptimo, las acciones frente a la violencia escolar en sus diferentes formas nos compete a todas y todos como sociedad y desde los diferentes subsistemas que componen la comunidad escolar
El trabajo con niños, niñas y adolescente es fundamental para generar conciencia sobre la situación y sobre su poder para evitar actos violentos y, en condición de testigos u observadores, para enfrentar y mitigar este tipo de situaciones. Pero es también evidente que como personas adultas no podemos ni debemos ver para otro lado o estar solo para presenciar “el espectáculo”. Así es como se “normalizan” los actos violentos y modelamos conductas en quienes nos miran.

Un llamado a la acción
“No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos". Gandhi

En nuestro entorno, la tarea de la UNED y las universidades públicas se sustenta en el compromiso de fomentar acciones por la Igualdad de Género, la no Violencia y una sociedad más justa como ejes para formar ciudadanas y ciudadanos que puedan ayudar a construir sociedades pacíficas y democráticas. Desde 2011 hemos realizado propuestas de investigación y acción con diferentes actores nacionales e internacionales que permiten visibilizar el problema de violencia escolar y bullying, concientizar sobre su estado actual, romper mitos y estereotipos asociados e informar sobre los mecanismos de prevención y atención establecidos por la normativa nacional. Así se evidencia nuestro compromiso en la promoción de una cultura de paz y respeto a los Derechos Humanos que mejore el ambiente escolar, y la creación de entornos seguros para el aprendizaje en un ambiente de sana convivencia.