El paisaje es un estado del alma

Por. Humberto Aguilar Arroyo

 

 Marzo-Abril 2010. Edición 31

  

Inicio por precisar el concepto de alma en su dimensión psíquica; es decir, como sinónimo de ánimo. Etimológicamente el término ánimo deriva de la raíz latina referida a animus, que quiere decir alma. En nuestra cotidianidad, lo tenemos presente cuando se le reza a las ánimas para que sean “sacadas del purgatorio“.

   

La frase “el paisaje es un estado anímico” podría tener varias acepciones. En primer lugar, nos refiere a una concepción idealista, subjetiva y poética. En tal sentido, en nuestro actual contexto social plagado por el racionalismo, y la explicación inmediata y práctica; tal  afirmación carece de seriedad por falaz.

  

Esto, por cuanto estamos embaídos por el paradigma newtoniano-cartesiano o positivista  como se le conoce comúnmente. Así, tal afirmación se encuentra referida al mundo de la metafísica, en donde las ideas y el pensamiento se superponen a la realidad fáctica.

  

Para la visión metafísica, la dimensión inmediata existe como reflejo-interpretación del pensamiento. Recordemos la vieja frase de René Descartes: “cogito ergo sum”. De forma simple podríamos resumir en al pensar soy.

  

En la concepción materialista la dimensión se revierte: al ser por tanto pienso.

  

El materialismo sostiene que son las circunstancias materiales las que determinan en última instancia el pensamiento, las ideas y el ánimo como estado psíquico.

  

Si nos quedamos en la confrontación de estas dos visiones de mundo nos introducimos en un callejón sin salida. Tenemos que dar el salto y cambiar de enfoque si queremos realmente profundizar y comprender.

  

La concepción anímica desde la complejidad

  

La premisa inicial que debemos tener presente sería que desde la complejidad, como paradigma emergente y alterno, el estado de ánimo es una condición subjetiva de categoría objetiva, altamente significativa y por tanto, con sentido y por ende real. En la complejidad, lo objetivo-subjetivo, lo externo-interno, no existen por separado. En tal sentido, lo anímico escapa de tratamientos simplistas y mecánicos, en los cuales lo “objetivo” se asume como verdad en oposición con lo falso o “subjetivo“.

  

La segunda premisa será la concepción de la racionalidad. En el positivismo lo racional es lo explicado. Las condiciones de verdad y realidad están en función del aquello probado y demostrable.

  

El ánimo es una categoría que pertenece a la dimensión subjetiva, en la cual la mente crea y recrea conexiones psíquicas a partir de lo percibido-sentido.

  

El ánimo no es un simple reflejo del entorno material, ya que puedo sentirme “gris” en un día soleado o “brillante” en un día gris. O mejor, pasármela muy mal en Disneylandia.

  

Según la complejidad, el mundo (lo usamos aquí como sociedad/naturaleza) es más que la relación de ideas y cosas. Va más allá del hecho explicado, de la confrontación de lo real-irreal.

  

Se trata de comprender el mundo en la persona. En la complejidad, el ánimo es un estado material del espíritu; donde la espiritualidad se encuentra constituida por emociones primarias o núcleo, en el decir de Jon Elster.

  

Otro elemento, en la complejidad, existe la diversidad de la particularidad. Como persona siento, por tanto tengo una subjetividad propia pero articulada-desarticula a la subjetividad social. Mi subjetividad es real en tanto significativa, totalmente verdadera y distinta de las demás.

  

Por tanto, no existen subjetividades falsas solo particulares. Lo significativo para mí es real, aunque escape del concepto realidad o verdad social.

  

Miro y siento el entorno desde dentro. No es el entorno que ingresa en mi yo. Es el yo que interpreta de forma particular y con influencia sociocultural la “realidad externa” que emerge internamente.

  

¿Qué es el estado de ánimo y qué lo define?

  

El estado de ánimo lo constituye un complejo rizoma de emociones. La visión biomédica,  y específicamente Shapiro, señala el sitio del hipotálamo y la amígdala como áreas cerebrales intervinientes. Otros autores definen el estado de ánimo como reflejo de las condiciones socioeconómicas y culturales.

  

La psicología social, en algún sentido, aporta sobre los estados de ánimo sociales construidos, concebidos y consentidos; ejemplo: el espíritu navideño, el día de las madres.

  

El estado de ánimo es dinámico, por  tanto, no es un estado, es cambiante sin caer en lo que comúnmente se denomina bipolaridad. Así, el ánimo es el cristal cuyo color asumo para mirar y mirarme. Está interrelacionado e imbuido por el estado de las condiciones socioeconómicas, culturales, sexuales y religiosas, que me particularizan, pero estas no lo determinan mecánicamente.

  

Finalmente, el ánimo está determinado por la capacidad de conformidad ante la disconformidad subjetivamente asumida. Si mi actitud y conducta es disconforme prepara un estado de ánimo depresivo o angustiante. El nivel de conformidad-disconformidad me lleva a prismas emocionales, placebos o displaceos, que están determinados, no por la racionalidad de mi actitud ante la vida sino por mi capacidad de aceptación de mí mismo y los demás.{jcomments on}