Genuinnes

Por. Miguel Mondo (MImoso).

 

Mayo-Junio 2010. Edición 32.

  

La tarde de aquel viernes cuando perdí la elección que me convertiría en Encargado de Cátedra, busqué  a mis habituales en procura de comprensión consuelo y alivio.  Alvaro José fue sincero. Después de la primera cerveza, me acompañó hasta el sanitario y  me dijo:

  

-          Confieso...Yo no voté por vos en el Consejo de Escuela.

 

-          ¿Cómo? ¿Por qué? Me atreví a preguntar.

 

-          Porque  no sos un legítimo “genuinno”...

    

Esa noche, saturado de cerveza y rencor regresé a mi cuarto. El sueño terminó por disolver en nada la palabrita aquélla...

  

Hace dos días, iba para  una reunión en el edificio A. Era una de esas sesiones donde el café, los  bocadillos vencidos  y la cháchara enferman el estómago. Me precedía una pareja -dispareja. Era una joven y un adulto, casi mayor. Caminaban tomados de la mano y tarareaban una canción de José-José.  De pronto, la joven, con voz delicada dijo a su pareja: “genuinno mío...”

  

Al escuchar ese término inmediatamente recordé la infausta noche de un viernes de derrota. Me adelanté a la pareja y casi de rodillas,  supliqué:

  

-Explíquenme por favor  la palabrita esa....... ¿Qué es genuinno?

  

Me miraron, primero con susto y luego compasivos..

  

-Señor, acompáñenos  al “rancho”.  Acepté, lamentando perder mi reunión.

  

El lugar estaba concurrido. La mayoría saludó efusivamente a la pareja. A mí casi no me reconocieron. Ordené café y un tamal. Esta rico. Después me comería otro.

  

-Vea, me dijo ella. Los genuinnes somos funcionarias y funcionarios de esta institución que estamos comprometidos, de palabra y de hecho –y volvió a repetir: de hecho- con una universidad pública a distancia para el siglo XXI.  El nombre no es lo importante. Para algunos significa “generación universitaria innovadora...”

  

- Por ejemplo, ella –dijo el señor casi de la tercera edad señalando y sonriendo a su compañera-, está diseñando un sistema utilizando “facebook”  e incrementar así el intercambio entre los estudiantes de su cátedra...

  

¡Ah! ¡Ya caigo...! –interrumpí un poco airado..  Los genuinnes son esos  jóvenes adictos a la tecnología educativa...

  

Retornó a ellos la cara de comprensión compasiva... Con sonrisa irónica la joven continuó:

  

- Ya veo que usted no es  un genuinno   Los genuinnes creemos en la tecnología como instrumento...Pero vamos mucho, mucho  más allá.  Ponga atención: mi amigo –y le sonrió a su amigo, casi un adulto mayor-. Yo le decía lo de “facebook”...Bueno el núcleo de este proyecto es recuperar el primer modelo de centro universitario que tuvimos hace treinta años. Se llamaba Centro Académico y procuraba un intenso convivio estudiantil.. Nuestra pretensión ahora es utilizar la tecnología para facilitar el acceso a ese centro.. Ve: lo sustancial no es la tecnología...Es un modelo de enseñanza, basado en Maturana: sólo se aprende en grupo...

  

-Otro ejemplo, interrumpió mi coetáneo, envidioso del saber de su compañera. En la Escuela de Sociales hay dos genuinos  casi de la tercera edad, como yo,  quienes  diseñan un proyecto para trabajar con las pastorales sociales en poblaciones pobres.

  

-No mi amor..., le interrumpió la joven  Vos sos mucho más joven que ellos Y añadió. Pero por supuesto  también  hay genuinnes jóvenes en las cátedras, en audiovisuales, en la editorial. En mantenimiento..

  

Como Sebastián. Como Mónica, dijo la joven.

  

Como Elí o Estafanía-  agregó él.

  

-Interesante, muy interesante- respondí. Lástima que los genuinnes no hayan manifestado sus ideas en los  tres Congresos Universitarios...En el último, al menos..

  

-Ese es justamente el problema, señor, dijo él.  Muchos genuinnes y sobre todo los jóvenes –y señaló con su mano a un grupo de ellos que alborotaban en la mesa vecina enfrascados en una discusión sobre el diseño gráfico que tiene  “Acontecer” - no tienen suficiente espacio en las Asambleas Universitarias, en los Consejos de Escuela...En los Congresos...

  

- ¿Por qué?...¿Por qué?...arremetí yo.

  

- Foucault, dijo ella.  Sí, Foucault,  confirmó él.

  

-No entiendo...¿ Quién es ese señor?  ¿Otro genuino?, dije yo.

  

-Era un filósofo francés me explicó la joven. Y sonriendo se dirigió a su compañero Pero  quizá tenga razón este  señor. Quizá Foucault sea un genuinno,  porque hablaba del poder que ejercen los que se sitúan desde la pretensión del saber. Y desde allí acallan las otras voces, por ejemplo, las de nosotras las genuinas...

  

-Y nosotros los genuinos, agregó su compañero casi de la tercera edad.

  

Pagaron los cafés y  los  tamales. Se marcharon como vinieron, tomados de la mano.

  

Esta última noche, bajo la pesadilla que me produjo la tamaleada y la charla con los genuinnes, desperté, sudando, con sólo  una pregunta reseca entre los labios:

  

Ahora que se anuncia un Congreso Universitario ¿sería posible, previo a esa actividad y como insumo para ella, constituir un pequeño espacio, abierto,pero mayoritaria (no exclusivamente genuinno) ,  donde ellos y ellas diseñen con sus palabras, sus ideas y sus sueños esa universidad a distancia para el siglo XXI, que todos necesitamos y queremos?{jcomments on}