Carta a Evo Morales, Presidente de Bolivia

Héctor Osvaldo Rodríguez Chaparro
Centro Universitario de Heredia
Estudiante de Profesorado en Ciencias Naturales

 

Setiembre-Octubre 2010. Edición 33.

  

Un presidente que primero dice y después desmiente. Me refiero a Evo Morales. Sus declaraciones provocaron cierto malestar en mi persona, lo que me llevo a manifestar ese sentir en unas líneas que deseo trasmitir a modo de reflexión.
Carta a Evo Morales, Presidente de Bolivia

   

Leí con entusiasmo y respeto su declaración de sentimiento relacionado con la importancia del ejército en todos los países del mundo y quiero expresarle mi punto de vista. Me crié en una República de corte militar que experimentó varios golpes de Estado y una guerra fracasada. Crecí entre toques de queda y noticias de personas desaparecidas por diferencias ideológicas con el Estado. Fui también, de manera involuntaria, parte del ejército por un año, en lo que se llamaba servicio militar obligatorio.

 


Al igual que su persona, me enteré de Costa Rica, país de paz, sin ejército y decidí residir aquí. Soy ciudadano costarricense por voluntad propia y no me arrepiento.

 


Costa Rica es un país pequeño y tranquilo, con grandes oportunidades en busca de un mejoramiento constante; y se hacen grandes esfuerzos entre ciudadanos y gobierno para lograrlo de la mejor manera. Diría yo que es como una familia modelo  que vive en armonía, tanto las alegrías como en las tristezas; pero eso sí, sin ejército. ¡Qué difícil observar esto desde afuera!

 


Cuando se reside en un país, como en mi caso fue Argentina, si a uno le hablan de abolir la fuerza armada, la población se atemoriza por el hecho de sentirse desprotegida ante un mundo en constante violencia. En Costa Rica se abolió el ejército el 1º de diciembre de 1948 estos días, pensar en militares es extraño porque esa palabra no es usada en nuestro diario vivir. Por eso, puedo asegurar que el ejército de Estados Unidos no es nuestro escudo, Nuestro escudo es la educación y nuestros valores, que lucimos humildemente con una gran sonrisa en un país en democracia.

 


Creo que llegó el momento de que todos nos unamos con una única misión de un mundo sin armas.

 


El poder del diálogo es la clave. Eso hará despertar en cada una de las personas lo mejor de ellas.

  

El doctor Ikeda, un pensador y luchador japonés por la paz, manifiesta: “Debemos afianzarnos firmemente en la realidad, enfrentar voluntariamente los desafíos por difíciles que sean y capacitarnos y fortalecernos sin descanso en el crisol de la lucha espiritual y de compromiso con los demás. Siempre existe un camino, una senda hacia la cúspide de la montaña más difícil e imponente.  Lo más importante es poseer la creatividad de considerar la crisis del presente la oportunidad de transformar la manera fundamental, la dirección de la historia.”

 


Estoy convencido de que esa creatividad no es el ejército. Es el diálogo y el deseo por la paz, virtudes que Costa Rica posee en el corazón.{jcomments on}