María Eugenia Dengo Obregón: líder por excelencia

Ida Virginia Fallas Monge
Directora Escuela Ciencias de la Educación-UNED

 

Agosto-Noviembre 2008. Edición 21.

  

“El buen educador no tiene que ser una persona excepcional pero posee una cualidad que constituye el núcleo generador de toda su acción docente: ama la docencia en forma sincera y convencida, desprovista de falsa retórica. Además, es consciente de que todas sus actuaciones públicas y hasta privadas pueden afectar, para bien o para mal, a muchas personas”. María Eugenia Dengo

   


El premio Magón es el galardón más importante que se otorga en Costa Rica a una persona, en reconocimiento a la labor de toda una vida en el campo de la cultura. En el 2007, el honor recayó en la Dra. María Eugenia Dengo Obregón, una mujer pequeña en estatura, pero gigante en carisma, liderazgo, humanismo y visión.

 

El jurado consideró que una de las razones para brindar el reconocimiento fue que ella representa a una generación de educadores costarricenses que, con su esfuerzo, dedicación y trabajo, sentaron las bases de un modelo de sociedad, de la que el pueblo en su totalidad siente gran satisfacción y orgullo.
Sobre los motivos de la distinción a María Eugenia Dengo, la directora de Cultura del Gobierno costarricense, Adriana Collado, destacó: “En la memoria de los pueblos, los ciclos han estado históricamente asociados a un personaje que deja una huella en el momento en el que les tocó vivir”.

 


María Eugenia es la hija menor de dos insignes educadores: Teresa Obregón y don Omar Dengo, quien ha sido considerado el maestro de maestros en Costa Rica. Ella realizó sus estudios primarios en las Escuelas Rafael Moya, en Heredia, y República del Perú, en San José. En el Colegio Superior de Señoritas obtuvo el título de bachiller en Educación Secundaria, institución que más adelante es declarada, por su iniciativa, reliquia de interés histórico y arquitectónico. Cursó sus estudios superiores en Filosofía y Letras, y en Administración Educativa en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad de Minnesota. Es autora de numerosas publicaciones entre las que se destacan Educación Costarricense, Roberto Brenes Mesén, Nuevos Paradigmas para la Educación, y Omar Dengo: Escritos y Discursos; en la actualidad prepara el libro Tierra de Maestros.

 


Algunas de las labores más destacadas de doña María Eugenia Dengo son: fundadora y directora del Liceo Laboratorio Emma Gamboa, decana de la Facultad de Educación, vicerrectora de Acción Social, miembro y presidenta del Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica, miembro del Consejo Superior de Educación en tres ocasiones, ministra de Educación en el período 1978-1982, coordinadora regional de la UNESCO para América Latina y el Caribe (CRESALC) y miembro del Consejo Universitario de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), institución que le otorgó el título de Doctorado Honoris Causa el pasado 30 de mayo de 2008.

 


En las posiciones de liderazgo desempeñadas a lo largo de su vida, ha causado un impacto positivo en las personas que la rodean, el cual se manifiesta en expresiones de gratitud y admiración cuando se menciona su nombre.

 


Su hija Ana Isabel dijo en una entrevista: “…como madre de seis hijos ha sido excelente, pese a sus múltiples responsabilidades y preocupaciones de trabajo, ella nos contaba cuentos, compartía juegos. Nos enseñó a disfrutar de la naturaleza y a desarrollar una gran sensibilidad social”.

 


Sobre su filosofía personal de liderazgo, doña María Eugenia afirma que se ha empeñado en conocer a los demás y ha procurado ver en ellos todos los aspectos positivos, para establecer una relación de respeto mutuo que incentive el desarrollo de las potencialidades de cada individuo. Además, considera fundamental el desarrollo de una identificación de todos los participantes, con la institución en la que se trabaja.

 


Los principios que han dirigido el estilo de gestión de esta figura costarricense se basan en un sustrato filosófico que aprendió de su estudio de las ideas del filósofo y pedagogo Juan Jacobo Rousseau, quien consideraba que el ser humano es en esencia bueno. Las enseñanzas de este pensador y su comprensión humanista de la infancia calaron en ella y le marcaron su rumbo como educadora.

 


Sin embargo, la Dra. Dengo considera que la influencia de su hogar ha sido el factor determinante en su concepción de mundo. Su padre murió cuando ella tenía dos años, por lo que no conserva recuerdos de ese período, pero el estudio de sus escritos ha sido un norte a lo largo de su existencia. Ella comparte con su padre el procurar vivir su vida espiritualmente, sin que esto signifique comulgar con una corriente confesional. Además, reconoce en Omar Dengo una serie de valores que lo distinguían en su liderazgo académico, político y moral: conocía su entorno inmediato y el contexto internacional, participaba activamente en la política nacional, aprendía de forma constante, poseía una vocación de servicio, irradiaba energía y procuraba conocer a las personas con las que se relacionaba, fueran alumnos, vecinos, políticos, académicos, obreros o gobernantes.

 


De manera especial, la Sra. Dengo reconoce la influencia de su madre, quien formó en ella la imagen de su padre y una vivencia de lo que él y ella consideraban valioso. De su madre recibió un modelo de cómo vivir la vida, enseñado tanto con su ejemplo, ya que fue una persona muy querida, como con sus palabras, al recordarle una y otra vez que las personas tienen aspectos positivos y negativos, y que uno debe siempre enfocarse en los que son buenos.

 


Al solicitarle sugerencias para los futuros líderes, la Dra. Dengo considera que el líder debe “poner los pies en la tierra”; esta frase la explica enfatizando la necesidad del líder de conocer a cabalidad tanto los asuntos internacionales que influyen en el medio nacional, como la realidad de su país, y por supuesto lo relacionado con su entorno de trabajo. Pero ante todo, recomienda conocer a las personas con las cuales se trabaja; hacia ellas no se puede tener un trato despectivo, ya sean alumnos o compañeros, más bien, hay que apreciarlos y valorarlos en toda su dimensión humana e intelectual.

 


Doña María Eugenia indica que es importante que el líder posea una sólida inteligencia emocional, que le permita ejercer su labor de forma sana; más que un líder impositivo, recomienda ser un líder persuasivo; no un líder que ordene, sino uno que convenza. Al respecto, relata una anécdota de su marido Carlos Enrique Vargas Méndez, quien en 1994 también fue galardonado con el premio Magón. El Sr. Vargas estudió música en Italia durante la época de Benito Mussolini, y contaba que en ese período aparecieron por toda Roma carteles con el eslogan “Mussolini siempre tiene razón”. Para la Dra. Dengo, esto es la antítesis de un líder, ya que más bien, la tarea principal de un líder es convencer, motivar y buscar la identificación con lo que él o ella considera es lo más conveniente para la institución, el grupo, la sociedad, o cualquiera que sea el ámbito en el que se ejerza liderazgo.

 


Del estudio del trabajo profesional de la Dra. Dengo se pueden extraer conclusiones y recomendaciones útiles, no solo para las personas que trabajan en ámbitos educativos, sino también para cualquier individuo que desee vivir una vida exitosa y plena.

 


El padre de la Sra. María Eugenia Dengo es uno de los personajes más respetados y queridos en la historia costarricense. Don Omar vio la educación como una herramienta de redención del pueblo, y entendía que solo por medio de ella es posible alcanzar los ideales de justicia, libertad y cultura. En la estatua suya, colocada a la entrada del campus de la Universidad Nacional que lleva su nombre, se lee uno de sus pensamientos: “No me creo maestro ni guía: no soy más que un hombre que aspira a ser bueno”. Esa frase tan simple, encierra uno de los más altos ideales para la humanidad; ¿qué sería de nuestras sociedades si todos y cada uno decidiéramos ser buenos: buenos estudiantes, buenos trabajadores, buenos funcionarios, buenos padres, buenos hijos, buenos ciudadanos?

 


Al estudiar la vida de doña María Eugenia Dengo —persona que ha sido buena en todo el sentido de la palabra— su padre sería el primero en mostrar el orgullo por la mujer y educadora modelo que ha sido su hija. En su persona, ella conjuga los más altos valores e ideales costarricenses y su estilo de vida nos invita a plantearnos la misma meta que hace aproximadamente cien años se fijara su padre Omar Dengo: ser simplemente una persona buena.{jcomments on}