Drogas y economía

Carlos Alberto Vega Avila

 

Mayo-Julio 2008. Edición 20.

  

El título podría sugerir que estamos hablando de una droga económica o que la economía está drogada, pero no, los comentarios están relacionados con la represión, prevención y tratamiento en la guerra contra las drogas ilegales.

  

En el Informe de Estrategia para el Control Internacional de Narcóticos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, publicado a finales de febrero del 2008,  se afirma que el consumo de drogas en Costa Rica es alarmante. Asumiendo que éste es correcto, el reto para los costarricenses es enorme.

   



Para nadie es un secreto que ésta adicción promueve la violencia y otros actos delictivos, que sumados a los que provocan otros antisociales, han obligado al Poder Ejecutivo y al Corte Suprema de Justicia a replantearse estos fenómenos para poder enfrentarlos de una mejor manera. Ante el crecimiento de la inseguridad ciudadana en general, la cual es noticia todos los días,  recientemente el Ministerio de Hacienda informó que aportaría a los organismos represivos siete mil millones de colones, que deben ser aprobados por la Asamblea Legislativa, para contribuir a combatir este flagelo de la sociedad costarricense.

Lo mencionado pone en evidencia que esta  lucha  todavía hay mucho trabajo que hacer,  pese a los esfuerzos de las autoridades competentes en este campo, y la táctica que se emplee es muy importante para obtener los mejores resultados.

Cuando se observa las medidas que se promueven, sus  efectos tienen que ver con un deseo de disminuir la cantidad de droga que se trasiega y la que se queda en el país, combatiendo duramente a los traficantes, es decir, se actúa sobre los efectos, dándole menos importancia a las causas del incremento en la demanda.

El combate a los estupefacientes se ha centrado en el lado de la oferta, pero el elevado precio de los narcóticos hace que resulte muy rentable producirlos, olvidándose de los consumidores, los demandantes de drogas.

Como resultado del actual enfoque, tratando de limitar  la oferta, el precio sube y la cantidad demandada debería disminuir; sin embargo, a corto plazo muchos adictos comprarían a este mayor precio, ya que como ocurre por ejemplo con los combustibles derivados del petróleo, si una persona que vive en San José y viajó en su propio vehículo  a Guanacaste y estando allá se duplica el precio de los hidrocarburos, pagará el nuevo precio. A  corto plazo, la sensibilidad de la demanda por el aumento del precio es muy poca. A mediano y largo plazo la situación cambia.

Por otra parte, como los precios subieron, otros oferentes posiblemente surgirán como respuesta a posibles mayores ganancias y, entonces, la oferta podría no cambiar. En realidad, como la gran mayoría de los estupefacientes provienen del exterior, internamente la lucha tiene que ser represiva.

Sin embargo, cuando se anuncian más recursos para el OIJ, para el Ministerio Público, para el Ministerio de Seguridad Pública (tiene algunos programas de prevención), etc., no se dice nada respecto al Ministerio de Educación,  aún cuando los  efectos de una adecuada campaña de prevención en los jóvenes de primaria y secundaria, por ejemplo,  se verá a mediano y largo plazo, pero el resultado es permanente. También deberá darse importancia al tratamiento de los enfermos por este mal, como una forma  de rescatarlos  Estas campañas tiene que hacer énfasis en los principios éticos y morales que son la base más sólida de nuestra sociedad y los que nos pueden permitir  avanzar no sólo en lo económico sino en lo espiritual. Si hablamos de gasto social por esas adicciones, tanto el Ministerio de Salud como la Caja Costarricense de Seguro Social tienen que dedicar ahora  grandes cantidades de dinero para atender a los enfermos adictos, y  tendrán que gastar mucho más en el futuro si no se detiene este problema.

Si se logra reducir la demanda de drogas ilegales, el precio, las utilidades y la producción  disminuiría, que es lo que se desea. Una forma de averiguar si las medidas públicas y privadas que se llevan a cabo son las adecuadas es observando el precio de las drogas en la calle. Si el precio de las drogas aumenta, los programas han tenido éxito. Por el contrario, si el precio no varía o disminuye,  los programas han fracasado. Aún cuando el estimado lector no sea un experto en economía, debe sospechar que si el precio de un bien o servicio baja es porque  aumentó la producción (en Costa Rica, la importación) o disminuyó la demanda. Claro que es más fácil, para las autoridades competentes, averiguar el precio de las drogas en la calle que la cantidad de éstas que se trasiega.

Aún cuando el problema es muy complejo, la UNED y las demás universidades estatales también están en la obligación de dar su aporte permanente  a esta campaña de lucha contra las drogas, no sólo para que en el próximo informe del gobierno de los Estados Unidos se diga lo contrario de lo publicado, sino por el costo social y, sobre todo,  para alivio de tantas personas y familias angustiadas actualmente por este flagelo.{jcomments on}