Más allá del devenir de identidad dentro de los límites del diálogo puro

Por. Maynor Barrientos A.
Mayo-Julio 2008. Edición 20.

 

  

 

En los dos últimos números de Acontecer, dos distinguidas compañeras de la UNED han traído a la palestra el tema del diálogo, la dialogicidad y los procesos dialógicos en nuestras prácticas unedianas. Quisiera referirme al tema y hacer algunos aportes al respecto.

   

La inexorabilidad del diálogo

 


Tanto la Dra. Vilma Peña como la Dra. Katya Calderón plantean, al menos indirectamente, la idea de que no podríamos  visualizarnos fuera de procesos dialógicos ya que, por medio de ellos, accedemos a una especie de espacio comunal y de revelación asociados inmanentemente con la vida misma. Para Vilma Peña, la comunicación (en la que el diálogo forma una parte esencial) es integralmente “nuestra vida” y, en el caso de la UNED, la UNED misma. Esta especie de sentido de vida unediana tiene como principal misión el establecimiento de puentes entre la universidad y la comunidad las cuales entran en contacto en un espacio de comunión cardinal a ambas. Para Katya Calderón, la palabra (que es para sí la unidad básica del diálogo) desencadena “una dimensión infinita”, siempre y cuando esté sustentada sobre la acción, el trabajo y el acto creativo (educativo). Otro aspecto interesante del comentario de Katya Calderón es el hecho de que esta palabra según una práctica (acción-reflexión) cumple una función liberadora; esto es, se enmarca entre los límites de la relación educación-libertad. Lo que subsiste en la base de ambas posturas es el hecho de que, a través del diálogo (desde la palabra revelada o desde el común espacio de la comunicación), existe la inexorable posibilidad de ser de algún modo en el mundo, de pensarse en tanto ser en el mundo y de medirse libremente a partir de este instante esencial de autoconsciencia de ser.  En ese sentido, la práctica dialógica construye identidades que pueden ser pensadas a la vez que dichas identidades se actualizan en el mundo o espacio dialógico en que se enmarquen. El podernos pensar (en tanto identidades formales) desde espacios dialógicos, nos garantiza un espacio de acción, de pensamiento y de puesta en común, de manera tal que, constantemente nos enfrentemos a un devenir eidético el cual, de no ser así, se daría vacío.

 


La producción a partir de un instante dia-lógico: más allá de la revelación y la comunicación

 


El diálogo en tanto dimensionalidad espacio-tiempo adscrito al lenguaje, a su sistema y rasgos estructuralmente externos, no reconoce ningún tipo de práctica comunicativa por el hecho de que no sustenta dentro de sus propios limites la posibilidad de identidades fijas que dialogan. No se puede determinar ninguna característica particular de los participantes del diálogo apriorísticamente simplemente porque estas preconfiguraciones solo existen fuera de los límites propios del proceso dialógico, como un mito (una especie de referencia lingüística del pasado, actualizable solamente a través de estados neuróticos). Es por esta razón que todo proceso de comunicación (toda puesta en escena de una comunión) estará siempre mediado por la mitología o el rito. Lo mismo se aplica a la noción de revelación en tanto esta sugiere la posibilidad de al menos una fuente de verdad particularmente estable, capaz de poderse universalizar bajo la obscura silueta de algún ideal. Igualmente, si la verdad revelada (aún en términos relativos) nos informa (aún sobre nosotros mismos, sobre nuestra propia identidad), estos procesos de reflexión deberán necesariamente hacer abstracción (al menos momentáneamente) de una realidad fijada en un instante de análisis que llamamos llanamente reflexión. No habría en todo caso reflexión sin reflejo, ya sea ante una idea fijada de antemano o ante un horizonte inalcanzable (ideal).  Esto quiere decir que el espacio-tiempo dialógico posee límites lingüísticos que, aunque débiles y sutiles, rompen los modelos comunicativos tanto simples como complejos.

 


El Διά λόγος no es una actividad, entonces, facilmente realizable, y en casos (como el de la UNED) en donde las estructuras eidéticas encuentran un fuerte asidero mitológico, no es, incluso, deseable. El error consiste en concebir los procesos dialógicos desde una óptica lingüística extremadamente reducida, sin tomar en cuenta los verdaderos límites del Διά λόγος puro, y sin una crítica rigurosa sobre los límites del lenguaje puro. Desde el siglo XVII, los pensadores ya sospechaban que el lenguaje jugaba un papel preponderante en la construcción y mantenimiento de identidades, pero no ha sido sino en los últimos 100 años que esta sospecha ha sido sistematizada, inexorablemente desde los límites propios del lenguaje. Las dimensiones propias del Διά λόγος son el espacio y el tiempo reducidos propiamente a su más pequeña expresión: un instante. Dentro de esta pequeña unidad del Διά λόγος tiene lugar un proceso de producción particular e indeterminado por medio del cual se figuran una serie de eventos, fenómenos, ensoñaciones, deseos y demás material lingüístico (texto al fin y al cabo), pero principalmente –y como condición de posibilidad de sí mismo- en el instante propio del Διά λόγος ocurre, necesariamente, una destrucción sin la cual el proceso de producción dialógica es imposible. Para ser testigos más o menos conscientes de esta producción instantánea, debemos considerar, al menos experimentalmente, todo el potencial destructor del lenguaje mismo, punto de partida de todo espacio-tiempo del Διά λόγος. Esto significa que el instante dialógico es ante todo un colapso eidético, sin el cual no se puede llegar a producir espacio ni tiempo. Cuando lo que se persigue es el rescate de parámetros eidéticos o el alcance metódico de algún ideal, no es el Διά λόγος el espacio más recomendable porque, para poder regirnos por sus límites, debemos aceptar la anulación de nuestra estructura eidética. El Διά λόγος no parte de un supuesto de creación lingüística, sino del poder del lenguaje de desnudar, de desfigurar y de deslindar, lo que constituye en sí el poder productivo del lenguaje en el espacio-tiempo del Διά λόγος. La producción desde los instantes dialógicos no es progresiva ni acumulativa. Es una producción de punto y aparte, desde espacios vacíos y puntos muertos, no desde la comunicación ni desde la educación.

 


En el caso particular de la UNED, si, como lo sugieren las compañeras Vilma Peña y Katya Calderón, se desea entrar en procesos dialógicos, la UNED tendría que hacerlo a partir de la descomposición de su propia mitología e ideales futuristas; en otras palabras, no podrá hacerlo sino desde sus propias cenizas.{jcomments on}