¿Para qué cultivos y alimentos genéticamente alterados (transgénicos)?

Por. Jaime García

 

Funcionario del Centro de Educación Ambiental
Agosto-Octubre 2009. Edición 26.

 

   

 

“A las tablas de la Ley les falta el onceavo mandamiento:
Desconfiar de sí mismo y del prójimo.”
Dr. Clodomiro Picado T. (1887-1944)

 

De acuerdo con Mora (2004), basado en los resultados de diversas encuestas realizadas por la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional, se encontró que el 75% del público costarricense en general no conoce lo que es una planta o alimento transgénico. Del restante 25% de la población que respondió afirmativamente a la pregunta, es muy probable que la mayor parte de ésta solo haya recibido conocimientos superficiales y mayoritariamente parcializados a favor de los cultivos transgénicos por medio de artículos de prensa y revistas de corte comercial e incluso universitarias, basados primordialmente en los contenidos de los panfletos que reciben los autores de estos artículos por parte de los promotores de esta tecnología, como los del International Service for the Acquisition of Agri-Biotech Applications (ISAAA), la corporación Monsanto, la Asociación Americana de Soya y la Federación de Sociedades en Ciencias Pecuarias (FSCP), los cuales se han venido distribuyendo abundantemente en nuestro medio en distintas actividades organizadas por los promotores de este tipo de cultivos.

    



De lo anterior se desprende la necesidad urgente de ofrecer información crítica y confiable a la ciudadanía costarricense para lograr su concientización en esta temática, así como su participación responsable en la toma de decisiones como actor en el medio agropecuario y como consumidor.

Los trabajos del autor (2007, 2009), así como el de Smith (2006), sobre este particular, presentan algunos de los principales razonamientos por los que se cuestiona la siembra y el consumo de alimentos genéticamente alterados (transgénicos), tanto en Costa Rica como en diferentes lugares del mundo, dando a las personas interesadas en esta temática elementos de discusión que le permitan ir definiendo su posición razonada sobre este particular. Además, los argumentos planteados en las obras precitadas están sustentados, en gran parte, en los estudios de caso presentados en producciones audiovisuales que muestran la situación de crisis por la que están pasando agricultores de Canadá, los Estados Unidos, la India y Argentina.

Con base en los razonamientos expuestos, los conocimientos científicos obtenidos a la fecha, las experiencias ocurridas en los pocos países que tienen cultivos transgénicos, y apelando al sentido común, es claro que la introducción al país de los cultivos genéticamente alterados y sus productos estaría enfrentando a estos desafíos, peligros y riesgos innecesarios que, además, nos imposibilitaría avanzar hacia una agricultura socialmente más justa, económicamente viable y ecológicamente apropiada.

Por otra parte, como lo señala Rojas (2002), y ante el desconocimiento sobre este tema por parte de los costarricenses en general, es necesario emprender una discusión nacional que permita a la población conocer los posibles impactos económicos, ambientales y sociales de la eventual utilización de semillas y productos transgénicos en nuestro país, dando a conocer las opciones existentes, como la de agricultura orgánica, que se ha venido experimentando comercialmente con éxito en el país desde hace poco más de tres lustros, a pesar del insignificante apoyo gubernamental, con respecto al que continúa recibiendo la agricultura industrializada basada en semillas dependientes de agrovenenos sintéticos contaminantes.

En todo caso, la decisión final de la conveniencia o no del establecimiento de cultivos transgénicos en Costa Rica, debe evaluarse a la luz de la realidad de los hechos y las evidencias existentes, así como de los riesgos conocidos y desconocidos, y no en función de las promesas que suelen hacer los promotores de estos cultivos (García, 2009, 2007; Herbert et al., 2006).

Una reflexión que nos podría ayudar a discernir sobre la conveniencia o no de la utilización de productos transgénicos en nuestro medio es aquella que se expuso en su momento en la Cumbre de Río 92: “La humanidad enfrenta una crisis ambiental global sin precedentes, producto de su propio ingenio, afán económico e ignorancia ecológica; amenaza la supervivencia de la vida en el planeta y exige que aprendamos de nuestros errores y que adoptemos un modo sostenible de vivir en que se reconozca nuestra dependencia del ecosistema del que formamos parte. La sostenibilidad es un concepto ético: significa la obligación moral de usar los recursos del planeta de manera que las generaciones futuras disfruten de la misma calidad ambiental y de vida” (citado por Smith, s.f.).{jcomments on}