Educación

Por. Ida Fallas
Directora Escuela de Ciencias de la Educación, UNED
Marzo-Mayo 2009. Edición 19.

  

Quiero referirme a un tema basado en la celebración de un aniversario; al respecto, muchos se imaginarán que hablaré del aniversario de nuestra querida UNED;  sin embargo, ese tema  probablemente será abordado por alguno de los compañeros de la mesa principal.  

 

Yo, como educadora, quiero aprovechar esta ocasión para referirme a un evento  que ocurrió  el 25 de setiembre de 1957, cuando era presidente el señor Jose  Figueres Ferrer  y Ministro de Educación el señor Uladislao Gámez Solano: la promulgación de la ley 2160 que brinda el marco legal que ampara todo  el sistema educativo costarricense, denominada  la  Ley Fundamental de Educación de Costa Rica.  

   


Al cumplirse este año, 50 años de la promulgación de esta Ley, que aún hoy se encuentra vigente, me parece importante reflexionar en primer lugar sobre el contexto en el que surge, y analiza los problemas más agudos que afectaban en ese período a la educación costarricense y que impulsaron la creación de la que en ese momento era una nueva ley.

En una conferencia reciente, la señora Rectora de la Universidad de Costa Rica, Dra. Yamileth González,   presentaba  un resumen de los informes de la UNESCO de 1954 y 1956, donde se indica que las principales deficiencias educativas se encontraban en las zonas rurales, en secundaria y en la formación de los docentes. En estos informes se señalan altos índices de deserción escolar, maestros sin título, educadores que atendían dobles jornadas, métodos de enseñanza anticuados, ausencia de textos didácticos y mobiliario pobre o inexistente en los centros educativos.

La similitud entre la problemática de la educación en aquella época y la que se enfrenta en la actualidad es innegable y surge la preocupación de que en medio siglo, estas dificultades no hayan podido ser subsanadas. Este es un dato que invita a la reflexión y que espero que ante todo haga mella en las personas que hoy se gradúan y que ocupan, o lo harán en un futuro, puestos docentes.  Es mi deseo que asuman esa información como un reto personal para procurar  cambios, romper paradigmas, innovar y sobre todo decidir no ser uno más en el sistema, sino proponerse como meta el  marcar  la diferencia.

Como ejemplo de ese impacto que puede tener una sola persona, quiero referirme precisamente a quien era Ministro de Educación y creador de esta Ley Fundamental de Educación,  el señor Uladislao Gámez. Don Lalo, como era llamado, fue hijo de un educador y  había nacido en Puntarenas, donde no existía ninguna posibilidad de segunda enseñanza. Además, su familia no tenía medios económicos, por lo que tuvo que recurrir a una beca para poder cursar sus estudios en la Escuela Normal.

La angustia vivida en esos días fue tan intensa, que años después en uno de sus discursos, con motivo de la Reforma al Artículo 78 de la Constitución Política, para hacer obligatoria la Educación General Básica hasta el noveno grado, dijo: "…yo conocí las fronteras de la frustración y la marginación. En Puntarenas, en mi niñez, no había ni sexto grado y mi corazón era soñador y sediento de superación. Sufría en silencio, como se sufre una agonía. Esta injusticia no puede ni debe prevalecer. ¡Educación para todos en medida de sus capacidades! ¡No más Jóvenes frustrados! ¡No más jóvenes marginados!”  

Hoy recordamos a Don Lalo, como uno de los educadores más eminentes que ha tenido este país y además como una de las personas que supo marcar la diferencia y dejar una huella.  El Artículo 1 de la Ley Fundamental proclama de manera grandiosa un triunfo para todos los costarricenses: “Todo habitante de la República tiene derecho a la educación y el Estado la obligación de procurar ofrecerla en la forma más amplia y adecuada”.  Este gran logro es resultado del sueño de un niño puntarenense, que se negó a permitir que otros sufrieran sus mismas dificultades.

A manera de celebración del 50 aniversario de esa Ley Fundamental de Educación,  me gustaría leerles su Artículo 2, que de una forma que podríamos considerar casi poética, establece los cinco fines que debe tener la educación costarricense.  Creo que hoy, en el día de su graduación, les puede servir como un examen para determinar si al llegar a tener el título en sus manos, además han alcanzado esos fines que son la razón de ser de todo proceso de formación

Artículo 2°.-    Son fines de la educación costarricense:

a)    La formación de ciudadanos amantes de su Patria, conscientes de sus deberes, de sus derechos y de sus libertades fundamentales, con profundo sentido de responsabilidad y de respeto  a la dignidad humana; - No existe un llamado más noble al que un costarricense puede aspirar.
b)    Contribuir al desenvolvimiento pleno de la personalidad humana. - Noten que no se refiere solamente al intelecto o competencias profesionales, sino a su desarrollo integral.
c)    Formar ciudadanos para una democracia en que se concilien los intereses del individuo con los de la comunidad; -Recuerden que su título no les pertenece solamente a ustedes, es un instrumento que les ha sido dado para servir a otros.
d)    Estimular el desarrollo de la solidaridad y de la comprensión humanas;  - De esto nuestra sociedad tiene una necesidad cada vez mayor.
e)    Conservar y ampliar la herencia cultural, impartiendo conocimientos sobre la historia del hombre, las grandes obras de la literatura y los conceptos filosóficos fundamentales.

Para finalizar, quiero citar a otro de nuestros grandes educadores y para don Lalo, en sus propias palabras, “su segundo padre”, Don Omar Dengo el maestro de maestros quien dijo “Yo no me creo maestro ni guía: no soy más que un hombre que aspira a ser bueno”.

Estando en la provincia cuna de nuestro héroe nacional, les invito a asumir con valentía el deber que les demanda la patria al otorgarles un título.  En pocos momentos ustedes se pondrán de pie para presentar el Juramento, que dice: “¿Juráis a Dios y prometéis a la Patria y a la Universidad, observar y defender la Constitución y las leyes de la República, y cumplir fielmente los deberes de vuestro destino?

  

Yo los invito a no tomar ese juramento livianamente, que estas no sean simples palabras, ya que a su respuesta se les indicará que: “Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no, El, la Patria y la Universidad os lo demanden.” {jcomments on}