Educación superior y calidad

Dr. Olman Segura Bonilla
Presidente Consejo Nacional de Rectores
Rector Universidad Nacional
Marzo-Mayo 2008. Edición 19.

  

La calidad de la educación superior costarricense es motivo de análisis constante por parte del Consejo Nacional de Rectores (CONARE) y de las universidades públicas que lo conforman. De ahí el interés en comentar las recientes informaciones de que solo el 4% de las carreras universitarias tiene certificado de calidad.

   


Aunque la acreditación certifica a las y los estudiantes la calidad de determinada carrera, la realidad es que es solo uno de los elementos que garantizan la calidad de la educación superior recibida y de la institución que la ofrece.

Concordamos con la importancia de contar en el país con el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (SINAES), y que algunas carreras, especialmente en educación y salud, sean acreditadas para garantizar la excelencia de sus egresados.

Si bien es cierto que solo el 4% de las carreras ofrecidas en el país están acreditadas, cabe aclarar que la mayoría de ellas (31) son ofrecidas por las solo cuatro universidades públicas del país, mientras que un porcentaje mucho menor (15 carreras) se reparte entre las 50 privadas que funcionan aquí.

Sin embargo, la acreditación no es la única forma de garantizar la calidad profesional ni curricular universitaria. Para las y los costarricenses no es un secreto que instituciones como la UCR, el ITCR, la UNA y la UNED cuentan a su haber con 67, 37, 35 y 30 años de experiencia, respectivamente, en la preparación de excelentes profesionales, realizando constantes procesos de autoevaluación y mejoramiento en las carreras. Además, estas universidades trabajan en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la investigación y la extensión que han marcado el desarrollo de Costa Rica en los últimos cincuenta años, actividades que también retroalimentan y garantizan la calidad de su quehacer y que NO desarrollan las universidades privadas.

El número de egresados tampoco es un criterio válido de calidad. Si bien la prensa informó que las privadas gradúan el doble de profesionales que las universidades públicas, la realidad nacional es que la mercantilización de la educación superior costarricense mantiene saturado el mercado de trabajo en ciertas áreas, con profesionales eternamente desempleados o, en el peor de los casos, otros que trabajan sin contar con los conocimientos y valores elementales. Para muestra, se gradúan en el país cerca de tres abogados diarios, mientras que en educación ya causan problemas la baja calidad y gran cantidad de graduados de varias universidades privadas.

Muchos más son los aspectos garantizan la calidad de la educación universitaria. No podemos dejar de mencionar la imparcialidad y objetividad de las entidades que la certifican: mientras las universidades públicas y siete privadas se someten al escrutinio de un impecable SINAES, otras se cobijan en el SUPRICORI, entidad con el doble y cuestionable papel de ser juez y parte, pues las instituciones privadas a las que evalúa son las mismas que lo conforman.

Cabe aclarar que no estamos en contra de la educación superior privada, una alternativa importante para el desarrollo del país, en especial cuando se trata de entidades que más que ver en la formación profesional un negocio, son concientes de la trascendencia de su quehacer y asumen responsablemente un compromiso social.

Por ello, desde el CONARE nos comprometemos con la mejora continua de la calidad de la educación y hacemos un llamado a todos los sectores involucrados e interesados en mejorar y democratizar la enseñanza superior costarricense a cerrar filas, sin necesidad de alianzas de papel, para acabar con las “universidades de garaje” y con las “carreras meteóricas” y asegurar que tanto las universidades públicas como privadas ofrezcan la mejor formación posible.

Solo así podremos garantizar a las y los estudiantes, padres y madres de familia, empleadores y, sobre todo, al pueblo costarricense, que estamos graduando a los mejores profesionales, con la formación técnica, humanística y ética necesaria para el desarrollo equitativo y sostenible de Costa Rica.{jcomments on}