Benemeritazgo UNED

Discurso Dr. Óscar Arias Sánchez
Presidente de la República
Homenaje a la UNED en la Presidencia
11 de diciembre de 2007

 

Marzo-Mayo 2008. Edición 19.

  

Muchas gracias por acompañarnos en este acto en que la Universidad Estatal a Distancia visita la Casa Presidencial, de la misma manera en que ha visitado a miles de hogares costarricenses.  Siempre es motivo de alegría declarar el benemeritazgo de una persona o de una institución ejemplar de nuestra sociedad; porque significa que esa persona o institución ha alcanzado un estado de gracia, un estado en donde, como nos indica la palabra, “merece el bien”.  A partir de este momento, la UNED adquiere el derecho de exigir el bien de parte de todos nosotros; adquiere el derecho de pedirnos el apego a los valores fundamentales que desde un inicio la han caracterizado: el trabajo, el afán de perfeccionamiento, el interés por adaptarse al cambio de los tiempos, y sobre todo, la intención de mejorar la calidad de vida de la mayor cantidad de individuos.

   

Muchas personas han “merecido el bien” a lo largo de nuestra historia.  Desde hace más de 50 años, Costa Rica reconoce la labor extraordinaria de políticos y científicos, escritores y maestros, declarándolos Beneméritos de la Patria.  Muy pocas de estas personas han realizado sus esfuerzos en la comodidad de sus hogares, o en la privacidad de sus oficinas particulares.  La gran mayoría de ellos, han transformado a nuestro país desde Ministerios y hospitales, desde teatros y escuelas.  Ha sido la institución pública el gran semillero de nuestros beneméritos.  Por ello, hay algunas instituciones que son declaradas, ellas mismas, Beneméritas de la Patria.  La UNED, al igual que la Universidad de Costa Rica, no sólo es la cuna de grandes actores de nuestra historia, sino que ha sido ella también actora indispensable del acontecer nacional durante los últimos 30 años.  El reconocimiento que le hemos extendido, es por eso más que justo.

 


El escritor estadounidense Ralph Waldo Emerson dijo en alusión al sistema educativo proporcionado por el Estado, que constituía una de las revoluciones más radicales de nuestros tiempos, porque “al hombre pobre, a quien la ley no le permite tomar una hojuela de maíz cuando se muere de hambre, ni un par de zapatos para sus pies helados, se le permite poner la mano en el bolsillo del rico, y decirle “usted debe educarme, pero no como usted quiera, sino como yo quiero: no sólo en lo elemental, sino también en los idiomas, en las ciencias, en las artes útiles y elegantes”.  Esto fue un sueño para Emerson, pero es hoy una realidad para Costa Rica.  Nuestra educación superior pública sigue siendo la mejor, y sigue siendo accesible para miles de jóvenes costarricenses de escasos recursos.  Creo que este país puede sentirse orgulloso de haber hecho del conocimiento un verdadero vehículo de redistribución social; de haber hecho de la universidad no sólo un lugar para enseñar sobre la democracia, sino también un lugar para construir esa democracia, a partir del acceso equitativo a las oportunidades.

 


Todo tipo de recuerdos y esperanzas me unen a las cuatro universidades públicas de Costa Rica.  Mis días de estudio y mis horas de enseñanza en la Universidad de Costa Rica, se suman a mi esperanza en los ingenieros del Instituto Tecnológico de Costa Rica, como “la nueva locomotora laboral del país”.  Mi fe en las humanidades de la Universidad Nacional, se funde con la inspiración que siempre he sentido por la labor social que realiza la Universidad Estatal a Distancia.  Cada una de las instituciones de educación superior de Costa Rica ha sido determinante en la configuración de nuestra idiosincrasia.  Cada una de ellas comparte la responsabilidad de que ésta sea una nación en donde la libertad, la justicia, la solidaridad y la prosperidad, hayan sabido compartir el escenario.  Y la UNED guarda un espacio privilegiado en ese escenario.

 


¿Qué significa la distancia? Cualquiera diría que es el simple espacio entre dos puntos.  Pero para un niño en medio de la guerra civil en Uganda, la distancia entre su aldea y un campamento de refugiados, es la distancia entre la muerte y la vida.  Para una madre que ha tenido que migrar a otro país, y así poder enviar remesas a su familia, la distancia entre su lugar de trabajo y su hogar, es la distancia entre la inanición de sus hijos y su alimentación.  Para un joven en África Subsahariana, la distancia entre su país y un país de Europa Occidental, es la distancia entre tener un 5% de probabilidades de entrar a una universidad, y tener un 70% de probabilidades.  No se debe subestimar la distancia, porque no se trata de una simple cuestión de espacio.  También tiene que ver con el acceso a las  oportunidades.  Por eso, es vital que centros de enseñanza como la UNED puedan acortar las distancias, y prolongar las esperanzas.  Es ésa una misión tan profunda y hermosa como la enseñanza misma.

 


La UNED acorta las distancias entre la libertad y el encierro, para los estudiantes de los centros penales.  Acorta también las distancias entre el nivel educativo de una generación y el nivel educativo de la generación que la sucede: el 85% de los padres de los estudiantes de esta Universidad no cuenta con estudios universitarios previos, y el 64% apenas tiene educación primaria.  Como bien ha afirmado el rector de la UNED, esta es una “institución que promueve una verdadera movilidad social ascendente”, casi por encima de cualquier otra en el país.  Finalmente, la UNED acorta las distancias entre nuestros sueños y nuestras realidades, porque es a partir de la educación de nuestra población que lograremos llegar a ser el país desarrollado que tanto hemos anhelado.

 


Muchos son los retos que enfrenta la UNED, muchos son sus desafíos; pero estoy confiado en que sabrá encararlos con la misma determinación con que ha enfrentado sus últimos 30 años de existencia.  Sé que sabrá modernizarse para sacar el máximo provecho de las tecnologías de la información y el conocimiento.  Sé que sabrá evolucionar sin perder esa vocación humanista que la distingue de muchos centros de enseñanza, preocupados sólo por otorgar títulos al estudiantado.  Sé que esta Universidad continuará formando Beneméritos de la Patria, y por eso hoy me regocijo con su reconocimiento.

Amigas y amigos:

Es cierto que la UNED “merece el bien”, pero el bien no es un estado de permanencia, no es un estanque inmóvil donde florecen los lirios.  El bien es un proceso dinámico, un río que fluye sin descanso, como nos dijera de la vida Heráclito.  Es por eso que hoy no los invito a la contemplación ni al asombro pasivo, los invito a la acción y al cambio constante.  Hay muchos beneméritos que esperan por graduarse, hay muchas distancias que claman por ser acortadas, hay miles de personas que buscan aprender, y hay una infinidad de conocimientos que necesitan ser transmitidos.  Les pido, por favor, que acudamos en su auxilio.{jcomments on}