A propósito del reconocimiento de los idiomas extranjeros en la carrera universitaria en la UNED

Fabiola Cantero
Estudiante del Centro de Idiomas
Agosto-Noviembre 2007. Edición 17.

  

En el año 2005 se creó el Centro de Idiomas en la UNED.  Quienes estuvimos presentes en el acto protocolario de su inauguración celebramos, fuera del logro institucional que significó, la posibilidad de que, mediando una instancia interna técnica que nos evaluara, ascendiéramos en el régimen de Carrera Universitaria, acreditándosenos apropiadamente el valor agregado que significa el dominio de uno o más idiomas.

   


Muchos de nosotros hemos sido sus alumnos.  Hemos podido comprobar la calidad y el prestigio de la formación con la que contamos, así como los beneficios laborales y académicos que colaboradores o estudiantes de otras instituciones han obtenido con ella.  Sin embargo nosotros, los funcionarios, no hemos logrado igual trato.

Algunos, motivados por la necesidad de cumplir con los requisitos de ascenso, nos hemos visto obligados a someternos al proceso de validación que tienen diseñados para sus propios servidores otras universidades públicas.  Esta circunstancia era legítima en el tanto no contábamos en la UNED con los recursos técnicos apropiados.  

Empero, ya no es así.  No resulta coherente cursar nuestra formación en casa para luego tener que validarla a lo externo, sujetos a parámetros académicos distintos, a fechas y pagos de aranceles establecidos por la entidad evaluadora.  Menos coherente es aún que tengamos que traer de nuevo a nuestra Universidad el resultado de una apreciación de otros para que nuestra formación, la que nosotros impartimos, sea tomada en cuenta para el ejercicio de un derecho consagrado en el artículo 59 del Estatuto de Personal:  capacitación y perfeccionamiento.

Preocupados por esta temática, y con el único afán de validar lo que de por sí ya es nuestro, un grupo de cuarenta funcionarios, egresados y alumnos del Centro de Idiomas, presentamos al Consejo Universitario una propuesta para mejorar esta situación.  En ella solicitamos que, tal y como se hace en universidades homólogas, a los que hemos sido egresados de alguno de los programas y lo culminemos en su totalidad, se nos aplique un reconocimiento automático de esos estudios en el régimen de carrera que corresponda, adjudicándose el puntaje pertinente de igual manera.  Los compañeros que hayan adquirido el dominio del idioma por otros medios serían evaluados por nuestro Centro de Idiomas, cuyo dictamen sería también reconocido en forma inmediata.

Las justificaciones para ello existen y pueden demostrarse, si fuera necesario profundizar en el tema.

El Consejo Universitario remitió nuestra solicitud a la Comisión de Políticas de Desarrollo Académico, para que planteen al Plenario una propuesta.  En nuestra opinión, si bien nuestro planteamiento puede ser mejorado, no debe ser descartado ni replanteado sin contemplar, como mínimo, el reconocimiento y acreditación automática a los que ya hemos aludido.  Esto lo afirmamos no sólo con la certeza del respeto con el que los miembros del Consejo Universitario caracterizan su atención a los planteamientos que busquen la mejora continua del recurso humano, sino porque estamos seguros de que están concientes de que contar con un segundo idioma también significa la culminación de un esfuerzo personal de cada uno de los funcionarios que voluntariamente han participado en la capacitación, para un mejor servicio.{jcomments on}