Terremoto en Palmares: billetes vrs cultura local

Por. Dago Núñez Picado (Vicerrectoría de Investigación)

 

Enero-Febrero 2010. Edición 29.

  

Con la primera parte de este título (Terremoto en Palmares) publica el periodista Gaetano Pandolfo un artículo, en la República.net., En el que debate la “situación moral palmareña” a raíz de las “fiestas cívicas locales”. Denota una posición de escándalo legítimo, por razones éticas. Contrasta este terremoto-moral con el terremoto-que golpeó al pueblo haitiano. Aunque de entrada me parece de un cierto abuso, la analogía “Haití sufrió un terremoto natural, Palmares disfruta de un terremoto moral”, tomamos recibo de sus expresadas buenas intenciones.  Agreguemos que ambas catástrofes son en alto grado programadas: a Haití, país programadamente empobrecido, le basta un terremoto de magnitud estándar para que su infraestructura se pulverice matando a un par de cientos de miles y dejando en el más evidente abandono a una millonada de pobladores. En el caso de Palmares ya van no menos de dos décadas de que es reducido al ícono de un neoliberalismo torcido, que, religiosamente, cada año le denigra: a un pueblo de origen campesino lo colocan de megaburdel nacional, en nombre del más miope y burdo negocio.

   

Vale decir que está bien autorizado don Gaetano Pandolfo para alertarnos. Ahí está su libro testimonial, en el nos dice qué extremos existenciales sufrió, refiriéndose a la degradación personal a que conduce la drogadicción; por lo demás, el alcoholismo en la historia personal y social ejerce su real soberanía en mi país; son contados los costarricenses que no pueden citar casos familiares relacionados con el alcoholismo como el que nos narra don Gaetano en su obra autobiográfica. No obstante,  me confunde que –con semejante testimonio- el periodista, no hace mucho, figura apoyando que el deporte nacional (especialmente el futbol) se financie con guaro y cigarrillos. Así que por una parte, en Palmares no se inventaron los borrachos de Costa Rica y, por otra, don Gaetano arrastra contradicciones que quisiéramos analizar.

 


¿En qué radica la contradicción principal? La guerra o pelea (lo que origina confusiones como las que padece don Gaetano, con todo respeto hacia él) remite a dos lecturas opuestas de la vida de todos los días:  por una parte está la lectura bajo una visión cortoplacista,  de unos cuantos economicistas de megabar (y casinos), contra la visión humanista, de mediano y largo plazo, que está en el seno de las comunidades locales que autoestiman de verdad a sus nuevas generaciones.  La primera lectura produce contradicciones como las señaladas y deja el discurso del periodista encerrado en una especie de queja mojigata de corta visión, en un asunto cuya gravedad compartimos.  Las Fiestas de Palmares exhiben esa contradicción. Gaetano Pandolfo denuncia la situación moral nacional exhibida, morbosamente, en Palmares.  Y ¡cómo no! Así es.  Pero, repito, don Gaetano es promotor –en su función política oficial dentro del actual gobierno- de una ley costarricense que se apresura a conceder permisos para que los clubes deportivos puedan pautar propaganda sobre licores y cigarrillos. ¿Es el  mismo don Gaetano? Cuesta  reconocer al Sr. Gaetano Pandolfo. Puedo decir que la cuestión es de billetes y esto no debe distraernos hacia discordancias menores.  

 


No disculpo para nada la corta visión de la asociación Cívica Palmareña (ACP) pero, para equilibrar el balance de la situación en Palmares, no hay que dejar de ver otra cara de la moneda (más si el asunto es de billetes) Vean el libro de Badilla V. Maynor y Solórzano V. William (2006) La Asociación Cívica Palmareña: Un desarrollo local en Costa Rica (1986-2006). Ahí, los autores plantean la serie de aportes de la ACP al desarrollo local: proyectos en el área de salud, la educación, la protección ambiental, el deporte, la recreación, el equipamiento urbano, apoyo a instituciones públicas y privadas que brindan servicios locales (en cuenta nuestra UNED que para los días de las Fiestas de Palmares está en pleno período de matrícula), proyectos antidrogas, etc.  He recorrido mi tierra natal y he visto personalmente que esto es cierto. Apoyo con todo mi corazón el que en los cerros de La Granja (Barrio en el que crecí) se han recuperado muchas hectáreas de bosque y que Mamá Natura empieza a respirar con sus brotes de pocitos transparentes, aquí y allá.  Mi duda, conversada con líderes de la región, incluyendo miembros del partido político cantonal, estriba en saber si un buen giro al estilo actual de estas Fiestas Cívicas de Palmares, nos economizaría bastante de los programas antidrogas, de mala salud y la falta de educación.  Propongo un buen giro (suena económico), ni siquiera es tan novedoso, y viene alineado con un grito de alerta por parte de don Gaetano Pandolfo; me permito creer en que éste sí es un grito FIRME Y HONESTO.  

 


Resumiendo,  la cuestión en debate es de billetes vrs cultura. He ahí la diputa. “En Palmares, centenares de jóvenes, muertos en vida, yacen tirados, dormidos, vomitados fuera y dentro de los autobuses que los transportan a vivir la fiesta”. Así es, don Pandolfo y  palmareños y-más aún- los cercados parientes vecinos del complejo ferial, no se le han escuchado todavía,  sus quejas vehementes ante la Asociación Cívica Palmareña (ACP) han caído en saco roto. Los responsables reconocerán que no han hecho lo suficiente para regular esta degradada situación pero el año entrante continuará de esta manera. Por cierto un palmareño –a raíz de las muertes que se han dado durante las llamadas Fiestas vaticinaba que “ahora sí se inició el declive de la Fiestas de Palmares”. Pues no.  La cosa sigue y seguirá y el 2010 también se registró un difunto.

 


Mi pregunta a la ACP es si podrá hacer este buen giro,  si quisiera, habiendo de por medio un asunto de tantos millones. En esto es que se juega el sentido de las Fiestas de Palmares: puro negocio o expresión de las necesidades locales. Para información de nuevas generaciones (incluso, palmareños), más jóvenes que yo, les cuento que en las primeras Fiestas de Palmares (también coordinadas por la misma ACP) privaba un carácter más local. Me refiero, por citar un ejemplo, a que era usual dejar un sitio del campo ferial para que los visitantes pudieran ingresar, gratuitamente, a disfrutar de la exhibición de las orquídeas producidas en Palmares y cuyos productores habían sido premiados por su labor, en certámenes centroamericanos.  Esa sensibilidad existía; los conocedores de la producción de guarias –por ejemplo- saben que estas plantas son sensibles al ruido. Solo imaginemos lo apabuyadas que quedarían si se hubiesen colocado en medio del campo ferial durante la última edición.  

 


Por agregarles algo más de lo mismo; ni siquiera los escritores y poetas independientes, no se diga de los artistas plásticos o muebleros, tuvieron acceso –económico, porque es de ese acceso de que hablamos- para colocar sus obras, altamente educativas, a las miradas de vacacionistas que deberían tener derecho a elegir entre “basura” y otra cosa.  

 


El cálculo al que está atada la ACP es de carácter economicista:  desde hace varios años las rentas de las Fiestas Cívicas van por encima de los 300 millones de colones, un “puestico” para colocar libros (cito el caso del escritor local don Marino Ramírez) ronda casi los 300 mil pesos. ¿De dónde? ¿Con qué? Reclaman escritores, poetas y artistas con todo derecho. Cada país o región pone sus propios muertos. Entonces, sí. En Palmares la lista es larga, hemos sacrificado las orquídeas, la cultura local, algún decoro social básico, una propuesta creativa –que abunda- de evidenciar que sí “somos un pueblo para hacer amigos” y no solo amores y amistades de cantina.  Quienes nos conocen saben que así es.{jcomments on}