Después del maremoto

El noble pueblo de Japón no logra levantarse todavía de la catástrofe natural que golpeó su territorio. Los nipones se han preparado por años para soportar los embates de los sismos; sin embargo, la ola gigante causó daños humanos y materiales incalculables y sus repercusiones están aún latentes.

Después del maremoto en Japón, las alertas en los países con costas en el Pacífico se activaron. Según los expertos, era cuestión de horas para que la gran cresta de agua golpeara las costas de América y Costa Rica no estaba exenta.

No obstante, una vez más el país burla los pronósticos y continúa ajeno a la desgracia. El problema es que también continúa ayuno de una estrategia en caso de que en alguna ocasión la alerta se convierta en un hecho.

¿Cuán preparado está el país para enfrentar una catástrofe de tal naturaleza? ¿Cómo se levantaría Costa Rica después del maremoto? Si bien un evento de este tipo no se puede predecir (lo que hace suponer que el hecho tal vez nunca suceda), hay un evento similar que ya ha sido pronosticado por varios investigadores: el hundimiento de buena parte del casco central de Puntarenas.

Investigaciones acerca de los efectos del llamado cambio climático, arrojan que este fenómeno provocaría, entre otros desastres, variaciones en las temperaturas y en el comportamiento de las lluvias.

Uno de los hechos más significativos es la consecuencia directa del derretimiento de los glaciares, el deshielo, un fenómeno que ya empezó desde hace varios años y que provoca inevitablemente el incremento en el nivel del mar. En términos generales, las proyecciones apuntan en que a finales del siglo en curso, el nivel del mar habrá subido casi dos metros en relación con el nivel actual. La proyección particular para la costa pacífica es que este aumente unos 80 centímetros, lo que dejaría comprometido gran parte del territorio puntarenense.

Si esto sucediera en el tiempo señalado, ¿cuál sería el camino por seguir? ¿Sabe el gobierno qué disposiciones dictar? ¿Conocen las autoridades competentes el protocolo por seguir y tienen la capacidad de ejecutarlo? ¿Está la sociedad civil entrenada para reaccionar?

El inconveniente de dichas interrogantes no son las respuestas, sino la ausencia de ellas pues con un solo piñón del engranaje que flaquee, entonces las consecuencias, inevitablemente, serán catastróficas.

Parece que falta mucho tiempo para que dicho evento se produzca, si es que va suceder. Empero, cuando se trata de poner a salvo el esfuerzo de años de un pueblo y sobre todo a sus habitantes, las acciones deberían ser inmediatas. Una primera acción debería ser que el Estado valide las investigaciones realizadas junto con sus proyecciones y que, a partir de ahí, dibuje el norte del pueblo porteño.

El país asiático intenta levantarse de entre sus escombros. Nosotros estamos a tiempo de no reproducir la macabra escena de los japonenses, pero tenemos que empezar ya.
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