Juegos del tiempo

Por: Mario Valverde M.

Uno de los gritos más esperados era el del vecino amigo:

-Vení a jugar.

El grito de la barra movía todos los deseos. No había otra motivación.  Ni siquiera la tarea de la escuela. No más era asomarse por la ventana, con la señal de la mano avisar que ya iba. Correr, avisar a la mamá que ya veníamos.  Ese “ya veníamos”,  podían ser las horas de todo el día, con el grito del mediodía, del “vení a comer”. Tragarse la comida, el recordatorio del “ya hiciste la tarea” y corra de nuevo a la calle. El concepto de calle era sinónimo de libertad. Era el espacio para socializar, luchar, pelear, compartir, competir, activar todas las neuronas y todas las estrategias cognitivas de las inferencias, analogías, competencias, y todos los músculos posibles, aun con el riesgo de las chililladas por pasarnos de la hora. Me puse a hacer una lista de los juegos: mejenga, salvo al tarro, puro, ladrones y policías, encumbrar papelotes, tirar con la flecha, palillos chinos, jalar con un palo el aro de bicicleta, meterse debajo de la llanta, irse a bañar en pozas, andar en bici, cromos, chócolas, rayuela, volar aviones de papel y navegar barquitos de papel por los caños, después de las lluvias o con ellas, cazar mariposas o buscar barro de hoya para hacer muñecos y comprar postales para llenar los álbumes de jugadores o peleadores de lucha libre. El tiempo se extendía hasta el horizonte de cada día.

 

La calle cambió

Ahora la calle cambió y más la calle de noche, es un lugar de peligro constante y permanente. Por otro lado, los juegos se metieron en la casa, en los cuartos. Se metieron en los juegos virtuales. Los amigos y las cosas están y no están. Se produjo un aislamiento,  es una nueva forma de socializar. No la critico. Mis hijas y mis nietos la viven. En el nombre de dos o más se unen, apartan a los demás y empieza el juego de luces, velocidades y sonidos. Ahora ya no se acostumbra hablar por teléfono, la voz cada vez, queda más lejana. Ahora se trata de mensajear (posiblemente este verbo no exista, disculpen). Es preferible verse en el mall que en las calles. Se juega bajo techo fútbol 5. Los juguetes desaparecen con las constantes innovaciones que no da tiempo para “sacarles el jugo”, y con mucho mayor razón cuando se trata de los cambios tecnológicos. Los celulares cambian dos o tres veces en un año. Ahora se trata de hablar y el aparatito trasmite el mensaje escrito. Los ídolos de la música, no más ponen una canción por la radio, otros cuatro ya le están poniendo el zapato encima. Todos somos cada vez más viejos en relación con una u otra generación. Los niños nacen con un chip incorporado para conocer de las viejas tecnologías, los viejos de treinta o cuarenta años y ni se diga de más de cincuenta, son vistos como animales en vía de extinción tecnológica. El dicho de que nada es para siempre, es más válido ahora que nunca. El tiempo tiene otro sabor. Si la señal para internet dura unos pocos segundos, la reacción de descontento de la generación de las altas velocidades es de inmediato: ese es el tiempo de nuestros hijos y nietos.