Tablados taurinos en el viejo San José

Rafael A. Méndez Alfaro
Coordinador Programa de Estudios Generales

Diario de Costa Rica 20 12 1891Como parte de la herencia colonial, los juegos de toros constituían un espectáculo de primer orden, de las fiestas de fin e inicios de año de la capital costarricense.

La práctica taurina ha provocado, desde el siglo XIX, atracción en las familias costarricenses. Esta tradición tuvo varios escenarios en el San José de antaño: Parque Morazán, La Sabana de Mata Redonda, Plaza Municipal llamada “del Ganado”, en el barrio de la Soledad y Plaza González Víquez. Esta actividad representó un negocio a quienes daban en alquiler graderías, palcos y tablados, destinados al disfrute de las corridas en los días navideños y de año nuevo, así como para la gobernación josefina, que realizaba remates dirigidos a adquirir derechos de construcción de tablados, alquileres de cantinas y ventas en general.

La Prensa Libre 30 12 1892 p. 2 FERROCARRIL Y FIESTAS CÍVICAS 1

Las subastas indicaban con minuciosidad la forma y medida que debían tener los tablados. En el remate de las fiestas cívicas de 1894 por realizarse en La Sabana de Mata Redonda, las construcciones tenían que cumplir con las siguientes condiciones: “Miradores o tablados, los pilares o sostenes tendrán 60 centímetros de entierro, serán de madera sana, hilo recto, del grueso necesario, no se admiten puntuales de leña verde o débil. La altura del suelo al piso, lo mismo que de este a la cubierta será el de dos metros lo menos, las escaleras serán bien proporcionadas, cómodas y situadas de tal manera que no estorben al fácil tránsito. Los asientos guardarán lo menos 50 centímetros entre cada fila longitudinal, serán fuertes y seguros si son improvisados. Debajo de los miradores o tablados no habrá puestos de ventas, quedarán enteramente libres al público. Los tablados y barreras que a juicio de la comisión revisora no ofrezcan seguridad se harán refaccionar por cuenta de los empresarios” (La Gaceta. Diario Oficial, 07/12/1894).

La normativa en cuestión, notable elemento de control social, también evidencia que la realización del montaje del escenario para llevar a cabo el juego de toros no se hacía de forma improvisada, pues en el mismo intervenían las autoridades en procura de resguardar cada detalle, indistintamente dónde fuera a darse el espectáculo, existiendo inclusive la alternativa de trasladar las corridas a otro lugar, entre otras razones, debido a retrasos en el levantado de los tablados, o bien, por inclemencias en el tiempo atmosférico.

Las actividades taurinas representaban un negocio rentable que se hacía evidente en la comercialización al público de palcos o butacas en los mejores lugares del tablado para el deleite de los espectadores. Resulta común observar en anuncios de prensa la venta de asientos exclusivos para estos fines, cuyo costo dependía de la capacidad de pago de cada ciudadano, siendo posible encontrar para los sectores más adinerados los apetecidos palcos, lunetas y graderías de sombra.

Un buen ejemplo de lo dicho se da en los festejos de 1898, en las cuales don “Marcelino Acosta anunciaba para las fiestas la construcción de un TABLADO situado a la sombra, abrigado del viento por el Edificio Metálico, montado sobre rieles con forma especial, para ver bien los juegos a cualquier altura y dedicados todos los palcos del frente para solo familias de buena sociedad. Está marcado con letra F y queda situado entre los tablados de Don Arturo Ulloa y Don Horacio Carranza.
PRECIOS
PALCOS DE 4 ASIENTOS…………………………$8.00
LUNETA CON ENTRADA…………………………1.75
Y asiento para sirvientes de las familias que lo ocupen á 75cts.
Marcelino Acosta.” (El Heraldo de Costa Rica, 24/12/1898).
En el redondel podía establecerse una diferenciación social que se detectaba a partir de la locación que pudiese adquirirse. El sector más popular se hallaba en la gradería de sol, que se conocía no solo porque su precio era mucho menor sino por la diferencia en la vestimenta y origen social de sus ocupantes. Al respecto, la prensa escrita relataba la imagen que podía percibirse en los tablados taurinos de la capital: “Al sol se adivina al pueblo, a nuestro pueblo de atávicos gustos salvajes, pero que ensanchan agradablemente el espíritu, luciendo en las mujeres, los tonos infinitos del verde y el rojo, y en los hombres las variaciones maravillosas del grito y el silbido. A la sombra en cambio, la circunspección vestida de morenos colores y trajes europeos, animada en la conversación, correcta en el porte, y harto más simpática en las muestras aristocráticas de sus bellezas, tanto femeniles como masculinas”. (El Heraldo de Costa Rica, 25/12/1898). La rica descripción del cronista muestra esa faceta tan reiterada en la Costa Rica de fin de siglo, de reproducir patrones de consumo europeos que contrastaban de forma notable con los que predominaban en el resto de la población.

Dentro de este escenario, abundaba en los empresarios el interés por dar a sus clientes la mayor comodidad posible: “TABLADO LA COMPETENCIA que para las próximas corridas de toros tendrá a disposición del público, un excelente tablado, en uno de los mejores puntos al lado de la sombra. Las personas que deseen tomar localidades anticipadamente pueden dirigirse a La Mascota; en donde se expenderán los billetes que corresponden a los asientos numerados y en los días festivos, en el mismo puesto” (La República, 31/12/1187).

Echeverría & Castro ofrecía al público un tablado construido en “el mejor sitio, lado de la sombra, enseguida del palco Municipal. Las personas que quieran abonarse, pueden pasar a nuestra oficina, donde se les mostrará el plano para que escojan sus asientos” (La República, 20/12/1887).

En definitiva, las fiestas taurinas trajeron no solo alegría dentro de los lugareños, sino que vinieron a generar la posibilidad de diversificar la oferta comercial en torno a las distintas actividades que se celebraban en épocas navideñas, gracias al mencionado alquiler de espacios en los tablados, la comercialización de bebidas etílicas y la venta de comidas en los alrededores de la plaza de toros, entre otros, elementos que daban a estos días una connotación especial dentro de la cotidianidad que vivía la población de entonces.