Memorias de año nuevo

Rafael Ángel Méndez Alfaro
Coordinador Programa de Estudios Generales

Historiando Costa Rica 16 02 2018En el transcurso del siglo XIX, el advenimiento del año nuevo se enmarcaba entre la tradición y la crónica política de los editores de la prensa escrita costarricense. Un buen ejemplo de lo antes dicho, se refleja en la nota que se ofrece a continuación:

“Año Nuevo. - Saludamos con placer el año de 1887. El de 1886 fue fecundo en acontecimientos y muchos de ellos no son ciertamente de grata memoria para el país. Dos veces se envistió de facultades extraordinarias al Poder Ejecutivo, lo que prueba que el orden público ha peligrado dos veces, de modo que ha sido necesaria una ampliación del poder constituido para garantizarlo. Ojalá que el año que empieza sea más plácido y fecundo… Deseamos al país días de regocijo en la mayor prosperidad”.


Con mensajes optimistas como el anterior, recibía el advenimiento del año el periódico capitalino El Comercio (01/01/1887). Esta especie de renovación, de promoción de grandes presagios para la nación, parece ser la tónica en la que entran diversos editores de diarios de fines del siglo XIX, ante el arribo de un nuevo calendario.

La revisión de al menos seis periódicos costarricenses de la época da una impresión bastante precisa de la forma en que el año nuevo era descrito por los reporteros locales: “Cada año que aparece, alimenta una esperanza, é inaugura mejores auspicios que aquel que concluye sepultando ilusiones y desengaños. Lo mismo que sucede con los individuos, acontece con las Naciones. Todos nos congratulamos con el Año Nuevo, y son muy raros los que no se quejan del pasado”. Los buenos deseos exhibidos por el editor de El Ferrocarril (03/01/1879), sepultaban las preocupaciones mostradas un año atrás por el mismo medio escrito, que anunciaba la presencia de “sordos rumores de guerra” con la vecina Nicaragua.

Otros, como el Diario de Costa Rica (01/01/1885), catalogaban el anterior como el “año luminoso”, pues fue en él donde se trajo la luz eléctrica a la capital costarricense. El Diario señalaba como vital el planteamiento del tema “de la enseñanza laica sobre sólidas bases y que propuso á los venideros el plan de libertad de conciencia, que dejó sobre el tapete las grandes cuestiones del matrimonio civil y la independencia entre la Iglesia y el Estado, que secularizó los cementerios y dejó los gérmenes de muy sabias leyes para el entrante”. En palabras de hoy en día, 1884 sería el año de las “reformas liberales”, que tanto marcaron a la sociedad a partir de entonces.

Medios de prensa como El Heraldo (01/01/1891) daban gracias al año que fenecía por “la terminación del ferrocarril al Atlántico, y la iniciación de los estudios previos á la organización de la empresa del que debe unirnos con el Pacífico”. Sin embargo, el mismo periódico (01/01/1897) invocaba hacia fines de siglo la necesidad de “que se consolide la vía férrea al Atlántico, es decir, que no haya más derrumbes”. Este tema suele presentarse de forma constante en el transcurso de la última década de esa centuria.

Otras plegarias como el deseo “que no haya reos políticos”, “que el tabaco libre encuentre campo aquí y fuera de aquí” y “que se alegren los clericales y que dejen de andar en escaramuzas con los protestantes; para todos da Dios”, son frecuentes en El Heraldo (01/01/1897). Dichas memorias revelan parte de las preocupaciones que los editores de la prensa escrita tenían en torno a cuestiones que consideraban importantes para la nación.
Sin embargo, los diarios también mostraban otro rostro del año nuevo como eran los asuntos relacionados con la crónica de las tradiciones y costumbres de los costarricenses.

La celebración de fiestas de año nuevo en la capital josefina traía consigo la presencia de corridas de toros, concursos de disfraces y presentación de retretas a cargo de los músicos del ejército. Sobre esto último, El Mensajero (04/01/1882) destacaba: “el notable adelanto de que dió pruebas inequívocas la música marcial, revela bien á las claras las aptitudes del Director General y demás Directores de la misma, y su consagración al cumplimiento de sus respectivos deberes”. Diversos reportes de la prensa de la época dejan ver la presencia masiva de público a las retretas o conciertos ofrecidos por las bandas militares en la capital.

Los juegos de toros, de origen colonial, era otro asunto del que la prensa se preocupaba brindar información. El Ferrocarril (04/11/1878) señalaba: “y todos al ver aparecer el Año Nuevo bajo el esplendente sol que había ocultado sus rayos al fenecer el año viejo, se dirigen al Circo de los toros donde reinan el humor y la alegría”. El Mensajero (04/01/1882) destacaba el atractivo de los juegos de toros: “Si la corrida de toros no ofreció especial novedad por la bravura de éstos y la habilidad de los capeadores, sí lo numeroso de la concurrencia que á ella asistía, tanto de la gente de los barrios como de los más elegantes de la Capital”.

Junto a este tipo de festividades, la prensa también incluía anuncios de ciertas costumbres de fines de siglo. Una de ellas tenía que ver con la entrega de “tarjetas de visita”, práctica que se ejecutaba entre ciertas familias del país, con el propósito de expresar deseos de buena ventura y prosperidad en el año que se iniciaba.

Ligado a lo anterior, es posible identificar avisos de venta de “almanaques arreglados al meridiano de Costa Rica”, ofrecidos al “por mayor y menor”. Cuestiones de esta naturaleza parecían ser parte del protocolo propio del año nuevo de fines del siglo XIX.
Al mejor estilo del editor del Diario de Costa Rica (01/01/1885), el advenimiento del nuevo calendario podría expresarse así: “Nuestras felicitaciones á 1884, our compliments and best regards y…Buenos días, señor 1885!”.