José María Cañas y el negocio inmobiliario en Costa Rica

Rafael A. Méndez Alfaro
Coordinador Programa de Humanidades

Boletín OficialLas transacciones comerciales llevadas a cabo con viviendas y terrenos era una actividad frecuente entre un conjunto de individuos de cierto nivel económico de la sociedad costarricense. Para ser partícipes de este lucrativo negocio, se requería poseer disponibilidad de liquidez; esto es, manejo de dinero en efectivo para aprovechar oportunidades de inversión en la compra de viviendas, por ejemplo, pero también resultaba indispensable un respaldo financiero que permitiera amortiguar el impacto que podía significar la ausencia de ventas constantes o inmediatas de los bienes inmobiliarios adquiridos. Finalmente, y este era un asunto clave, tenía que existir un conocimiento profundo del mercado de las viviendas, compradores potenciales, plusvalía de los terrenos y márgenes de ganancia con los que podía operarse. Es claro que alguien no podía dedicarse exclusivamente a dicho negocio en esta época, sino tomarlo como una actividad lucrativa complementaria.

Figuras notables de mediados del siglo XIX como Juan Rafael Mora Porras y Vicente Aguilar Cubero, eran individuos conocidos en el negocio de las transacciones inmobiliarias. Junto a ellos, hombres como José María Cañas llegaron a incursionar con algún grado de importancia. Para 1850 se presenta una compra de vivienda en la comarca portuaria por parte del general salvadoreño. Los protocolos del negocio efectuado señalan lo siguiente: “dijo el señor Don Jorge Peynado mayor de edad casado y actualmente Capitán de este Puerto, que por sí y a nombre de sus sucesores vende para siempre al señor Don José María Cañas mayor de edad del comercio de este vecindario y a los suyos una casa cubierta de teja” (ANCR. Protocolos Coloniales de Puntarenas. Documento 1236, f. 13).

Para entonces Joaquín Cañas, hermano de José María, llevaba a cabo la negociación en su nombre, depositando unos cuarenta pesos por derechos de alcabala, impuesto que gravaba las compraventas y todo tipo de transferencias comerciales internas que se efectuaban. Este monto cancelado al fisco correspondía, según los mismos protocolos, a una casa valorada en mil pesos, localizada en el estero del puerto.

Otro negocio inmobiliario se presenta en 1853, esta vez de un mayor volumen de dinero. Para entonces en Puntarenas ante juez y testigos instrumentales “el señor José María Cañas mayor de edad de comercio y vecino que sí y a nombre de sus sucesores vende para siempre al señor Don Guillermo B. Lowell mayor de edad vecino de San Juan Sur comerciante y a los suyos una casa que posee el vendedor en el Puerto de San Juan del Sur que le pertenece en posesión y propiedad situada A orilla de la playa de ese puerto” (ANCR. Protocolo Lara y Chamorro. Documento 822, 1853, f. 10). Cañas, que al igual que en otros tratos se identifica como hombre dedicado a los negocios, lleva a cabo una importante venta de un terreno con vivienda y diversos aperos en un monto de tres mil pesos, en una zona donde tiempo después destacaría como líder militar en la lucha contra los filibusteros. En ese mismo año, resultado de sus múltiples negocios, el militar salvadoreño recibió un poder de parte de un inversionista italiano.

El documento se firmó en los siguientes términos: “el señor Don Francisco Morice mayor de edad natural de Italia marino de profesión y residente en este Puerto que no pudiendo entender en sus negocios pendientes en este puerto por tener que ausentarse y también porque no podía hacerlo por sí sin consultarlo por carecer de los conocimientos necesarios para ello y para no sufrir los perjuicios consiguientes y teniendo entera confianza con el señor Don José María Cañas mayor de edad comerciante y vecino le confiere su poder completo y General para que A su nombre y representada su persona maneje sus bienes y negocios en este puerto” (ANCR. Protocolo Lara y Chamorro. Documento 822, 1853, f. 27). Situaciones como las descritas constituyen un claro testimonio de la notoriedad que Cañas tenía en la nación en el plano comercial.

Más tarde, en 1857, “Cañas y Hermano” aparecen adquiriendo una casa de teja en la ciudad de Esparza por un valor de novecientos pesos, haciendo el respectivo pago de treinta pesos por derechos de transacción inmobiliaria (ANCR. Protocolo Lara y Chamorro. Documento 821, 1857, f. 3). En este mismo año, Manuel Cañas en nombre de José María ejecuta venta de otra casa de teja por el monto nada despreciable de tres mil pesos, cancelando ciento veinte pesos por los derechos de llave (ANCR. Protocolo Lara y Chamorro. Documento 821, 1857, f.56).

En 1858, instalado nuevamente en la capital costarricense, Cañas registra una importante venta en la comarca portuaria. El protocolo registral señala lo siguiente: “El General Don José María Cañas mayor de edad, General del Ejército de Costa Rica y vecino de San José que por sí y a nombre de sus sucesores vende para siempre a la Señora Doña Buenaventura Gámez y Girón, mayor de edad y comerciante y a los suyos una casa sita en este Puerto que le pertenece en posesión y propiedad –por la cantidad de dos mil pesos que ha recibido del comprador de cuyo recibo se da por satisfecho el vendedor” (ANCR. Protocolo Lara y Chamorro. Documento 821, 1857, fs. 121-122v). Un caso adicional se ofrece en 1857 cuando en la ciudad de Esparza el ciudadano Jesús Herrera vendía a José María Cañas un terreno de sesenta y dos hectáreas, denunciado por Herrera dos años atrás (ANCR. Protocolo Lara y Chamorro. Documento 824, 1857).

Es imposible determinar el porcentaje de ganancias obtenido por José María Cañas en cada una de las diferentes transacciones comerciales en las que se vio involucrado. Sí es evidente que el papel del general salvadoreño no se restringía, como suele ocurrir hoy en día, a ser un intermediario entre quien vendía una propiedad y los potenciales compradores de bienes inmuebles. Su participación en este particular era directa y el riesgo que implicaba llevar a cabo inversiones de esta naturaleza, muy alto.

Ciertamente, una dinámica de este orden podría acarrear un nivel mayor de ganancias dentro de un mercado especulativo de bienes inmobiliarios, que una simple acción de intermediación financiera. Sin embargo, determinar cuán significativas resultaban dichas ganancias podría resultar un ejercicio de resultados poco confiables. Los diferentes ejemplos aportados parecen ser un indicador de manejo constante de recursos monetarios. Para participar de forma regular en la adquisición de viviendas y terrenos que no se vendían de forma inmediata, se requería de una disponibilidad relativamente importante de dinero, de cierta liquidez necesaria para ser invertida en la compra de bienes que luego se colocaban en el mercado inmobiliario.