Navidad en el siglo XIX costarricense

Rafael A. Méndez Alfaro

El Heraldo de Costa Rica 03 12 1897Las conmemoraciones decembrinas dejaron su impronta en la sociedad costarricense desde tiempos coloniales, pero adquirieron un renovado interés con el arribo del siglo liberal, es decir, el siglo XIX.

La religión católica, institucionalizada desde los inicios de vida independiente, por medio del Pacto Social Fundamental Interino o Pacto de Concordia, sirvió como marco referencial de las conmemoraciones asociadas con la natividad de la figura de Jesucristo y de los acontecimientos asociados a ella.

En una época tan temprana como 1825, el viajero inglés John Hale afirmaba: “Villa Vieja (Heredia) era una de las poblaciones más antiguas de la provincia y poseía una iglesia muy decente en la plaza mayor, frente a la cual se celebraban las fiestas de Navidad” (Fernández Guardia, 1929). Dichas celebraciones constituían, para entonces, la oportunidad perfecta para que los pobladores se reunieran e intercambiaran sentimientos diferentes a los que, de forma cotidiana, les demandaban sus jornadas en los cafetales o bien, en los campos agrícolas.

Diario de Costa Rica 28 11 1885Las festividades de fin de año se fueron convirtiendo en una opción para que los pobladores identificaran estas fechas con un tiempo de “general regocijo en el que se entregan a representaciones teatrales, fundadas en algún argumento doméstico y adecuada a la capacidad de los actores que generalmente son indios y negros. El escenario lo forma generalmente la galería externa de una casa, la platea y los palcos la calle, y el cielo raso el firmamento estrellado. Los vecinos contribuyen prestando sus bancas y taburetes para el acomodo de la audiencia. No se pagaba para ver la función y en los entreactos, en vez de la música, se queman cohetes”, según las palabras de Hale.

Eran épocas donde las relaciones entre los vecinos se veían fortalecidas a partir de los llamados aires navideños. Estas actividades tuvieron particular importancia porque al no realizarse dentro de un teatro, generaban la posibilidad de convertirse en una diversión pública donde podían participar los diferentes miembros de la familia y de la comunidad.

Estos espectáculos también se vieron acompañados de diversiones nocturnas que, según el viajero británico, “concluían con bailes, fuegos artificiales, etc., y como en esta ocasión todas las gentes de la provincia que podían hacerlo se reunían en la villa, en general se acostumbraba mucha hospitalidad, mucha jovialidad, muchos regocijos que duran varios días”. Estas impresiones parecen reflejar el espíritu festivo que embargaba a las personas para la celebración decembrina vinculada con la navidad.

De igual forma, es posible afirmar que la navidad imprimió a la población un sentimiento de alegría que se hizo evidente en la proliferación de múltiples avisos incorporados en la prensa escrita, donde se empiezan a perfilar nuevos artículos que ampliaron el gusto del costarricense para esta fiesta. Particular importancia recibió la venta de los denominados “nacimientos”, que constituye un eje articulador de la fe católica, por representar a la Sagrada Familia con la adoración de los Reyes Magos, imágenes que han cautivado el mundo del arte sacro a través de los siglos.

Un ejemplo de esto es lo indicado por el medio de prensa denominado Boletín Oficial, que para 1875 anunciaba: “Para la Pascua de la Natividad, se han recibido desde Guatemala muy buenos nacimientos o imágenes de los que se hallaron presentes al verificarse aquel misterio y las figuras correspondientes. Se encuentran de venta en esta Ciudad y a precios equitativos, en casa de la Señora Doña Manuela Alcázar de Paut”. La venta de representaciones del nacimiento imprimió a los festejos la posibilidad de llevar a casa un capítulo que marcaría estas celebraciones y que dio paso a configurar, poco a poco, las tradicionales posadas y los llamados rezos al niño Dios.

La actividad de venta de imágenes alusivas estuvo presente incorporando nuevos patrones de consumo propios para estas épocas, donde fue común encontrar avisos vendiendo “Nacimientos, Angeles de Gloria y Candelitas de colores para los árboles de Navidad, ofrecidos en la Librería Católica de Antonio Lehmann”.

En la misma dirección, para noviembre de 1885 la prensa publicaba: “Aviso. Nacimientos acabados de llegar de Guatemala hay de venta donde Echeverría & Castro” (Diario de Costa Rica). Al año siguiente, El Comercio (16/11/1886) advertía de la venta de figuras para portal, además de “regalos para Noche Buena” y artículos para escritorio, en el almacén de Joaquín Montero. Alternativas como las mencionadas empezaron a dar un sentido colorido y diferente a estos días, al menos para la población capitalina, que recorría con ojos de novedad las celebraciones navideñas. No deja de llamar la atención el prestigio que los artesanos guatemaltecos tenían en materia de arte religioso al ser promovidos en la prensa local, siendo otro ejemplo las diversas pinturas y artículos religiosos que hoy se conservan en la Iglesia colonial de Orosi, cuya procedencia es del antiguo Reino de Guatemala.

A pesar de lo anterior, resulta interesante anotar que en una época como mediados del siglo XIX, las celebraciones de navidad no estaban exentas de un tinte político. La cita de La Gaceta, correspondiente al 31 de diciembre de 1860 refleja lo antes dicho: “En medio de los regocijos públicos por los cuales ha estado la Nación, el Gobierno se ha acordado de los que sufren. En Alajuela fueron indultados 17 ciudadanos, a quienes las autoridades judiciales perseguían como reos del delito de traición. Este acto de perdón y de generosidad, hará ver a nuestros lectores, lo mucho que se espera, matando la división de los ánimos con una reconciliación verdadera que viene en pos de actos de esta naturaleza”.

En medio de anuncios y avisos de la prensa josefina, promoviendo la venta de figuras importadas para portales; relatos de viajeros extranjeros sobre las celebraciones navideñas provinciales y amnistías de reos de conciencia, transcurren las celebraciones de noche buena del viejo siglo.