Construyendo al héroe nacional

Rafael A. Méndez Alfaro

Coordinador Programa de Estudios Generales

Finalizada la Campaña Nacional (1856-1857), diversos esfuerzos se ejecutaron con la idea de consolidar a Juan Santamaría como héroe de todos los costarricenses. Sin embargo, no siempre el tamborcillo alajuelense gozó de la popularidad que ostenta hoy en día como héroe en el pedestal que los ciudadanos identifican como símbolo de una nación e icono de la célebre batalla del 11 de abril de 1856.

Durante los 30 años posteriores a la muerte del soldado, es notable su ausencia en los medios oficiales de gobierno y resultan exiguas las referencias que de él se hacen en las escasas celebraciones que se llevan a cabo con el propósito de rememorar los hechos asociados con la lucha que enfrentó al ejército costarricense con las fuerzas filibusteras presentes en el istmo centroamericano.

El llamado Erizo debió pasar mucho tiempo antes que fuera reconocido en los círculos de poder como un héroe representativo del pasado de la nación. Una de las principales limitaciones que imposibilitaron que Juan Santamaría surgiera como héroe representante y símbolo de la Campaña del 56, es que hasta agosto de 1859, momento en que Juan Rafael Mora es derrocado, es este personaje y su grupo quienes monopolizan el protagonismo de la Campaña, recibiendo públicos honores, haciéndose acreedores de los mayores méritos del triunfo de Rivas y reproduciendo sus discursos en la prensa escrita.  En otras palabras, ellos controlan las imágenes de triunfo y gloria que se proyectan de la Campaña Nacional y al hacerlo omiten dar crédito de los logros alcanzados por otras figuras que no sean ellos mismos, entre los cuales se encuentra, por supuesto, el héroe Juan Santamaría.

Con el ascenso al poder de José María Montealegre primero, y Jesús Jiménez después  -enemigos ambos del gobierno de Mora-, se ejecutaron las primeras acciones destinadas a desacreditar a Mora, las cuales tuvieron por objetivo reducir, ante la sociedad, la importancia de su papel desempeñado en la Batalla de Rivas.  Además, se procuró encontrar una figura, que acorde con los intereses del sector dominante costarricense, sustituyera a Mora, como héroe y símbolo de la Campaña de 1856, proceso de gestación lento y desarticulado que prolongó la marginación de Juan Santamaría del escenario político nacional.

Otro factor que influyó en el ocultamiento de que fue objeto la figura de Santamaría, es el limitado desarrollo que en esta época tiene la prensa escrita nacional, la cual se caracteriza por tener tirajes muy reducidos, ser editada muy irregularmente y llegar a un público letrado fundamentalmente capitalino.  Además, los recursos que se destinaron al trabajo periodístico eran muy restringidos, en términos del tipo de imprentas que se usaban y del personal capacitado existente.

El soldado Juan Santamaría es la figura que mejor concilia los intereses del sector dominante y que reúne las características para sustituir a Juan Rafael Mora como héroe representante de la Campaña Nacional.  A pesar de ello, no se le impulsa de modo definitivo en los años posteriores a su muerte por el hecho de que el grupo dirigente local no se encontraba aún lo suficientemente cohesionado y articulado entre sí, tanto política como ideológicamente, situación que se refleja en la configuración de un tipo de Estado débil y vulnerable. 

El cambio más significativo en relación con la figura de Juan Santamaría se da a partir de 1885 con el ascenso de los liberales al Estado costarricense, situación que les permitió -desde una perspectiva política- impulsar al héroe alajuelense, rescatándolo, a la vez, del olvido en el que este se encontraba.

El mecanismo que mayores beneficios le generó al liberalismo en su afán por difundir la figura de Santamaría fue, sin duda, la prensa escrita.  Este medio de comunicación se constituyó en la instancia idónea por medio de la cual los intelectuales liberales canalizaron sus mejores esfuerzos por difundir al héroe alajuelense y así perfilar un arquetipo o modelo por imitar.  La presencia cada vez más regular del héroe Santamaría en los diarios locales a partir de 1885, marcó un momento de notable expansión del héroe alajuelense, situación que influyó decisivamente en la consolidación de Santamaría como héroe nacional.

Desde finales del siglo XIX, los intelectuales ligados al poder estatal utilizaron a la prensa escrita como un medio que les permitió configurar una serie de características sobre Juan Santamaría.  Esto lo lograron gracias a la creación y publicación de una serie de poemas, himnos, sonetos y artículos que en su conjunto delinearon los rasgos básicos de un héroe que hasta 1885 carecía de rasgos definidos.  La relevancia que el sistema educativo tuvo en relación con la figura del héroe alajuelense, consistió en que sirvió como plataforma para movilizar de modo efectivo a los sectores involucrados en la educación formal, esto con el fin de festejar anualmente las conmemoraciones en honor de la acción desplegada por Santamaría, a partir de 1891, año de la inauguración de la estatua al héroe.  De este modo, la educación proporcionó un contenido cívico a las celebraciones promovidas por el Estado costarricense.

La consolidación de Juan Santamaría como héroe nacional tuvo su mejor expresión en la instauración de una serie de actividades que intelectuales ligados a las esferas de poder, promovieron periódicamente con el fin de conmemorar la gesta del soldado alajuelense ejecutada en abril de 1856.  La organización periódica de actos como desfiles escolares, canto de himnos y entregas de flores al pie del monumento del soldado Santamaría, permitieron mantener vigente al héroe ante la sociedad costarricense y atraer, a la vez, un mayor respaldo del conglomerado social al héroe alajuelense.

Los diputados de la provincia de Alajuela dentro del Congreso, como testimonio de admiración a la memoria del soldado Juan Santamaría, y para perpetuar el recuerdo de la batalla de Rivas, promovieron y lograron aprobar un decreto, en 1915,  que declaraba a perpetuidad el 11 de abril día feriado y de fiesta nacional de la República. Este decreto señala el momento en el cual el Estado interviene directamente, institucionalizando su celebración en la fecha del 11 de abril y asegurándose de este modo  perpetuar el recuerdo, es decir, mantener vigente a través de los años la imagen del héroe.

Lo relevante es que tanto en el ámbito de los sectores populares, como en relación con las autoridades estatales del momento, existe el consenso de consagrar y legitimar a Juan Santamaría como el héroe nacional. La institucionalización de esta fecha surge, finalmente, como producto de la propagación definitiva del héroe alajuelense ante la población de Costa Rica.