Dobón órcuo ác: La leyenda Térraba (Brörán) de mano de tigre

Leyenda recopilada por José Luis Navas Rivera, profesor del Técnico en Gestión local para Pueblos Originarios del programa de Gestión Local, de la Dirección de Extensión Universitaria, UNED.

Redacción: Jose Luis Navas Rivera (Brörán) / Año 2015

Narradores: Mayores del pueblo originario Naso- Brörán

La tradición oral contada por nuestros abuelos dice que esta tierra de los Brörán fue dada a nuestro pueblo desde inicios de los tiempos. Traídos en las alas de un Águila (fün), el Gran Creador (Sbö) también trajo al tigre sagrado para que siempre fuera de compañía y protección a los bribris, cabecares, bröránsö (térrabas) y brúnkaso (borucas). Ellos dejaron una señal en una roca que es conocida como la piedra de mano del tigre. Ahí colocó su huella el tigre (dobón), el mono (dö)  y el saíno (shtöc’o).

La huella de la mano de tigre que ve al Este es alumbrada por los primeros rayos del Señor Sol y día a día recuerda ese juramento en presencia del Gran Creador, los animales, la madre tierra y el hombre. Su última luz del día al Oeste, acompañado del canto de las yerres y de las gallinas de monte (zrún) que cantan en el quicre de la quebrada, recuerdan aún este evento que sucedió hace miles de años.

No pudo haberse confundido más el Fray Antonio de Margil, que paso hace más de cuatro siglos por nuestro pueblo, al decir que él había obligado al tigre por mandato divino a que colocara la huella en la piedra y que además tenía que llevar sus maletas. El evento que hizo que la leyenda se contara en nuestro pueblo se debió a que el tigre se había comido la mula del misionero. Nuestros antepasados y muchos de nosotros nunca pudimos interpretar esa última señal del tigre al matar y comerse la mula —aún el tigre cuidaba nuestras tierras sagradas—, pero también fue cierto —el tigre se retiró de nuestros bosques. Cuentan nuestros abuelos que las montañas cercanas a Mano Tigre vieron lo sucedido y fueron sorprendidas porque aquel animal que un día había rugido de forma imponente se marchaba dócil de esta tierra.

El tigre no se había equivocado en irse ya no había lugar… Los densos bosques vírgenes desaparecieron para ser ocupados por el ganado. El silencio y el bullicio natural fueron entorpecidos para dar lugar a la construcción de carreteras, la excesiva casería incluyendo la piel del tigre como trofeo, la imposición de una religión, la educación alejada del conocimiento de los Mayores, las tierras ocupadas por foráneos, las sabanas de propiedad privada, el río Grande del Térraba (Dinmo o Diquës) contaminado, el vientre de “casi” todas las mujeres de nuestro pueblo conquistado, la danza del tigre y del mono olvidadas, nuestra lengua casi desaparecida y nuestro conocimiento disminuido. El pueblo había olvidado esa forma de vida natural que nuestros abuelos habían vivido, pero aún la piedra de Mano de Tigre recordaba la señal.

La espiritualidad de nuestro pueblo fue forzada y tuvo que incluir el toro y la mula a la vivencia tradicional. Es así como todos los años los jóvenes bailan disfrazados de nuestros hermanos los animales del bosque, incitando la bravura del toro y al lazo apaciguador de la mula.

Pero el tigre buscó refugio en otro lugar y nunca murió, su espíritu siguió viviendo en el corazón de los bröránsö (térrabas) que son herederos de ese pasado. Hace poco tiempo las mujeres y hombres descendientes de la mano del tigre han recordado al Estado y a los otros pueblos que aún existe el espíritu luchador para defender sus bosques, su tierra y su río, porque se sabe que es la herencia de las niñas y niños que aún no han nacido y esta lucha seguirá mientras las sabanas sigan creciendo, el río siga corriendo y el sol haya alumbrado por última vez la mano del tigre.

Muchos no entenderán ni verán el tigre regresar, pero nuestras futuras generaciones entenderán el mensaje y verán el tigre volver acompañado de la pantera (dobón sí) y el puma (shurín dobón) y otra vez los bosques espesos de nuestro territorio sucumbirán al rugido del sagrado dobón. El tigre visitará a Tatica Cuasrán y volverá a pasar el río Díquës resguardado por la abuela Tjër Dí, hasta las tierras de Talamanca (Ara).

Tal vez no seremos capaces de conservar un espacio físico para la mano de tigre, destruida casi por la maquinaria que ha pasado, tal vez sí podamos resguardar ese lugar….No lo sabemos, pero algún día cuando nuestras tierras sean devueltas, los bosques crezcan, las danzas sagrados del tigre (dobón tëyo) y del mono (yaigó tëyo) sean cantados, el corazón del brörán vuelva a sus verdaderas raíces y los otros animales como la danta regresen a su casa (Ueksö), el mono colorado a quebrada Laja (Äcdí), el venado (shurín) a las sabanas del Alto de Mano de Tigre (Dobön Sap Drúp) y el saíno a las faldas de las montañas de Bijagual (Crogasö), entonces, el espíritu del tigre regresará y se escuchará el rugido al resguardo de nuestro pueblo.

Los hijos de nuestros hijos verán estas cosas y ellos volverán a la forma natural que nuestros antepasados vivieron. Nuestros colibrís (t'urëhuó) mensajeros de Sbö regresarán a los ranchos de palma y zacate que nuestros abuelos diseñaron para su pueblo y otra vez el diente de león, el algodón y la jícara abrirán sus flores para curar el espíritu de los bröránsö descendientes de la mano de tigre.