A través de este Proyecto de Maestría en Teología, la Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades, el Sistema de Estudios de Posgrado y la Universidad Estatal a Distancia, junto con el Arzobispado de San José, asumen un papel de gran importancia en la formación de nuevos líderes en el campo social y religioso, lo mismo que en la creación de una nueva sociedad más centrada en valores permanentes, como por ejemplo, la justicia, la solidaridad y la paz.

La universidad es una creación cultural de Occidente en cuyo origen está la tradición educativa católica. La misma expresión “universitas” hace referencia a la corporación de maestros y alumnos que, ya en 1208, fue llamada de esta manera en el Breve que Inocencio III hiciera llegar al Studium Generale parisiense. Este célebre texto fue el instrumento por el cual el Papa expresaba su deseo de resguardar y favorecer la autonomía de la Universidad de París, protegiéndola de las influencias reales, episcopales y del mismo canciller. Todo incidió en la consolidación de París como la gran “civitas philosophorum”, centro de la vida intelectual medieval, que siempre estuvo a considerable distancia de Bolonia, Oxford o Salamanca, los otros centros del intelecto de la época.

Entre 1200 y 1400 nacen en Occidente unas cincuenta universidades. De ellas veintinueve fueron de creación pontificia y el modelo siempre fue París. Aparecen normalmente cuatro facultades: artes, derecho canónico, medicina y teología. Cada una de ellas dirigida por maestros titulares o regentes, un jefe o moderador llamado decano y a la cabeza el rector o canciller.

En un camino que arranca en la patrística, la teología, en cuanto interpretación metódica de los contenidos de la fe cristiana o, si se prefiere, dimensión intelectual del acto de fe, fue apareciendo poco a poco y cobró así su caracterización específica. Desde los momentos mismos de los acontecimientos fundantes hasta la caída del Imperio Romano de Occidente, la comunidad cristiana se fue abriendo camino en medio de una sociedad altamente civilizada y con una cultura impresionante. En ese contexto el teólogo estuvo allí, se integró a la cultura de su tiempo, y llegó hasta a utilizar las categorías en uso para expresar su propio mensaje. El debate, las controversias y las oposiciones fueron el contexto fértil que favoreció la sólida reflexión teológica de los primeros cinco siglos. Luego de los avatares que acaecen entre las invasiones bárbaras y el surgimiento del imperio carolingio, la cultura tuvo de nuevo la oportunidad de renovarse y enriquecerse pasado ya el largo período de incubación en los claustros monacales.

Animada por las escuelas abaciales y capitulares, entre el siglo XII y XIII, se origina la universidad. Nace así la experiencia singular de los studia generalia. El sentido del adjetivo general no era tanto el de subrayar la pluralidad de las ciencias que allí se cursaban, sino más bien el carácter atractivo de una institución abierta para los estudiantes de toda Europa.

El término universitas magistrorum et scholarium aparece a mediados del siglo XIII y, a las puertas del siglo XIV, ya se usa para designar –como en su momento recomendó Alejandro IV a la universidad parisina- una institución dedicada a la investigación, a la enseñanza y a la formación de estudiantes que, libremente reunidos con sus maestros, se sienten profundamente animados por el mismo amor al saber. Es claro que la universidad desde el principio era ya reducto de encuentro de mentalidades y de modos diversos de enfrentar los temas urgentes. El modo aristotélico de entender la ciencia se impuso rápidamente, y con él el dato de que la libertad es una característica del talento que busca la verdad. Incluso el teólogo medieval escolástico buscó siempre desarrollar métodos que fueran capaces de despertar y apoyar el pensamiento libre, en suma, universitario. En esta línea encontramos en la quaestio disputata la forma más madura del método originado en el Sic et non de Pedro Abelardo.

Es claro que la universidad es producto de la cultura y que la teología que se hace en su seno también. Parte de eso que algunos definen como un sistema de valores y de referentes que inducen a ciertos modos de vida y que ejercen una función social y antropológica de primera importancia. Se impone, de esta manera, la necesidad de un diálogo que permita al mensaje evangélico permear las nuevas culturas, la mentalidad actual, para fomentar una justicia social mayor. La Universidad en cuanto lugar privilegiado para el diálogo, es el lugar ideal para el encuentro y la profundización en torno a cuestiones tan urgentes como el sentido de la vida, la cuestión de la muerte y la vida, los ideales éticos necesarios, la metamorfosis de lo sagrado, las tensiones perennes entre lo relativo y lo universal, etc.

Mediante esta maestría se pretende ofrecer a los agentes cualificados de pastoral ministros ordenados, religiosos y religiosas, laicos una vía de formación superior por énfasis de especialización y un camino de actualización permanente que les permita un servicio más cualificado en sus respectivos misterios, sin importar dónde se encuentren y qué labor realicen.

Responder a las expectativas de aquellos laicos y laicas que interesadas en un conocimiento más profundo de la fe, desean acercarse al universo teológico con seriedad y método.

Buscar una adecuación de la formación teológica a la personalidad y los intereses que traen los profesionales adultos procedentes de otras disciplinas.

Se establece como requisito de ingreso poseer un bachillerato universitario en teología, filosofía, ciencias religiosas o en enseñanza de la religión. Los estudiantes que procedan de otras disciplinas deberán cursar cuatro cursos de nivelación previos al Programa. Estos cursos son los siguientes:

Introducción a la Teología

Introducción a las Sagradas Escrituras

Introducción a la Historia de la Iglesia

Introducción al método teológico

Asistente Administrativo: Diego A. Morales
Teléfono: 2527-2445