¿Qué tienen de especial unos pequeños gusanos con patas sin rodillas?
Aunque parezcan insignificantes, los gusanos de terciopelo —científicamente llamados onicóforos— han capturado la atención de científicos durante dos siglos. El artículo Dos siglos de estudios de los gusanos de terciopelo, escrito por el investigador adscrito a nuestro laboratorio Julián Monge-Nájera, ofrece una historia ilustrada y biográfica de esta rama de la zoología, conocida como onicoforología, desde su origen en 1826 hasta hoy.

¿Cuál era la pregunta?
El autor se propuso contar cómo ha evolucionado el estudio de los gusanos de terciopelo, quiénes han sido sus protagonistas y por qué esta criatura ha sido tan importante para la ciencia.
¿Qué hizo el investigador?
Monge-Nájera recopiló documentos históricos, publicaciones científicas, experiencias personales y retratos, muchas veces difíciles de conseguir, de los principales investigadores que han dedicado su vida a estudiar estos animales. Desde el descubrimiento del primer ejemplar en la isla caribeña de San Vicente por el sacerdote británico Lansdown Guilding, hasta los estudios modernos en genética, fisiología y conservación, el artículo traza una línea continua de curiosidad científica.
¿Qué se descubrió?
- Los gusanos de terciopelo son fósiles vivientes que han sobrevivido todas las extinciones masivas conocidas.
- Tienen características únicas: piel aterciopelada, branquias primitivas, algunas especies tienen placenta y otras disparan una sustancia pegajosa para atrapar presas.
- Han sido estudiados principalmente por investigadores de Europa, Costa Rica y Australia.
- Se han usado como modelos para entender la evolución, el desarrollo embrionario y hasta para inspirar nuevos materiales adhesivos.
¿Por qué importa este estudio?
Más allá de la biología, los gusanos de terciopelo han sido fuente de inspiración artística, objeto de leyendas populares y protagonistas de videojuegos y de investigaciones que cruzan fronteras científicas. Este recorrido histórico demuestra cómo una criatura aparentemente simple puede abrir puertas al conocimiento profundo sobre la vida en la Tierra.
En resumen, esta nota celebra 200 años de pasión científica por los gusanos de terciopelo, recordándonos que la ciencia también se construye con historias humanas, curiosidad y perseverancia.
Referencia:
Monge-Najera, J. (2024). Two Centuries of Velvet Worm Research: A Brief Illustrated History of Onychophorology. Preprints. https://doi.org/10.20944/preprints202401.1364.v1

