
El Primer Centro Mundial de Investigación en Ecosistemas Urbanos Tropicales

Aunque muchos piensan que las ciudades están desconectadas de la naturaleza, un estudio realizado por Zaidett Barrientos Llosa y Julián Monge-Nájera, del Laboratorio de Ecología Urbana de la UNED, revela que esta idea es equivocada. Las ciudades, lejos de ser espacios artificiales y hostiles, son ecosistemas vivos, con sus propias dinámicas, especies y flujos de energía.
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En medio del crecimiento acelerado de las ciudades, donde el concreto reemplaza a los árboles y el ruido a los cantos de aves, dos investigadores costarricenses se preguntan: ¿cómo podemos convivir éticamente con la naturaleza en los ecosistemas urbanos?

En las entrañas del bosque costarricense, un pequeño río de aguas cálidas y ácidas fluye silenciosamente desde las faldas del volcán Irazú. Aunque su aspecto recuerda a los drenajes ácidos producidos por la extracción minera (ARD), este ecosistema no es producto de la actividad humana, sino de procesos volcánicos completamente naturales. Un equipo de científicos costarricenses, alemanes y españoles, ha bautizado este tipo de ambientes como sistemas de drenaje ácido influenciados por volcanes (VARD, por sus siglas en inglés).

Un equipo internacional de científicos ha convertido el cráter del volcán Poás en Costa Rica en un laboratorio natural para estudiar cómo los cristales de yeso que se forman en su lago ácido capturan elementos químicos valiosos y escasos: los llamados elementos de tierras raras (REE, por sus siglas en inglés).

En el sur de Costa Rica, entre montañas y bosques tropicales, un modelo agrícola ancestral resiste el embate de la agroindustria. Se trata de la agricultura familiar (AF), una forma de producción que combina tradición, biodiversidad y sostenibilidad, y que podría ser clave para frenar el avance de cultivos industriales como la piña, que amenazan tanto el medio ambiente como las comunidades rurales.
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Un grupo de investigadores costarricenses se propuso estudiar al mosquero de agua (Sayornis nigricans), un ave que vive cerca de ríos y que muchos consideraban un posible “bioindicador” de la calidad ambiental. Es decir, se pensaba que su presencia o ausencia podía reflejar el estado de salud de los ecosistemas ribereños. Pero ¿es realmente tan sensible a la contaminación como se creía?

Aunque Costa Rica es famosa por su biodiversidad, pocos imaginan que en la Gran Área Metropolitana (GAM) —donde vive la mayoría de los costarricenses— habitan al menos 73 especies de serpientes. El investigador Sergio Gabriel Quesada-Acuña, del Laboratorio de Ecología Urbana de la UNED, se propuso desmitificar a estos reptiles y promover la convivencia pacífica con ellos.
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En medio del concreto y el ruido de San José, Costa Rica, un grupo de aves residentes está haciendo algo extraordinario: regenerando el bosque. Un estudio realizado en la microcuenca del río Torres revela que las aves no solo sobreviven en entornos urbanos, sino que desempeñan un papel crucial en la dispersión de semillas, ayudando a restaurar fragmentos de bosque ribereño.
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