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En medio del crecimiento urbano acelerado, una propuesta del investigador Julián Monge-Nájera, del Laboratorio de Ecología Urbana de la UNED, plantea una alternativa para reconectar la biodiversidad en las ciudades costarricenses: los corredores biológicos urbanos.

¿Cuál es el problema?
La urbanización fragmenta los hábitats naturales, aislando a las especies y reduciendo sus poblaciones, lo que incrementa el riesgo de extinción. Aunque las ciudades parecen entornos hostiles para la vida silvestre, muchos estudios han demostrado que aún pueden albergar una sorprendente diversidad biológica. Por ejemplo, solo la parte central de la ciudad de San José cuenta con más de 450 especies de plantas.

¿Qué propone el estudio?
Inspirado en modelos internacionales de coredores, como los “greenways” de América del Norte, el artículo analiza el potencial de las capitales provinciales de Costa Rica para establecer corredores biológicos urbanos. Estos corredores serían franjas de vegetación —naturales o restauradas— que conecten parques, ríos y zonas verdes, permitiendo el paso de fauna y el flujo genético entre poblaciones aisladas.

¿Qué se encontró?
El análisis revela que la mayoría de las capitales provinciales tienen ríos y espacios verdes que podrían integrarse en una red de corredores. Sin embargo, actualmente estas áreas están desconectadas. Por ejemplo, San José cuenta con más de 50 zonas verdes públicas, pero pocas están conectadas por los ríos Torres, María Aguilar y Tiribí. En otras ciudades como Cartago, Heredia o Limón, la situación es similar: hay potencial, pero falta planificación y conexión entre espacios verdes.

¿Por qué es importante?
Los corredores urbanos no solo benefician a la biodiversidad. También ayudan a controlar inundaciones, purifican el aire, embellecen el paisaje y permiten monitorear la contaminación mediante bioindicadores como los líquenes. Además, pueden mejorar la calidad de vida en barrios marginados, donde suelen ubicarse estos espacios por su baja aptitud para la construcción. Acá, Monge-Nájera presenta mapas que indican claramente donde debe dejarse que la vegetación crezca para conectar las zonas verdes de todas las ciudades principales de Costa Rica, acción que pueden tomar las municipalidades o los mismos vecinos.

¿Qué se necesita para implementarlos?
Según el autor, no hacen falta grandes presupuestos. Basta con la participación ciudadana y el asesoramiento de especialistas en ecología urbana. Acciones simples como sembrar especies nativas en jardines, mantener vegetación en aceras o establecer cercas vivas pueden formar parte de estos corredores.

Conclusión:
Costa Rica tiene el potencial y el conocimiento técnico para liderar en la creación de corredores biológicos urbanos. Con voluntad política y participación comunitaria, las ciudades podrían transformarse en espacios más verdes, resilientes y biodiversos. Una red de corredores urbanos no solo reconectaría la naturaleza, sino también a las personas con su entorno.

Referencia:

Monge-Nájera, J. (2013). Potencial de las capitales provinciales de Costa Rica para albergar corredores biológicos urbanos. Ambientico, (232-233), 75-79.