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Fotografías: Frank González
En la Reserva de Biosfera La Amistad, en Costa Rica, las comunidades indígenas bribri y cabécar mantienen un sistema agrícola diverso y resiliente que podría ser clave para la conservación ambiental y la seguridad alimentaria. Pero su permanencia está en riesgo.
Un estudio realizado por Frank González-Brenes y David Elizondo-Sánchez caracterizó 16 unidades agroproductivas familiares indígenas en el piedemonte Pacífico de Talamanca, analizando aspectos biofísicos, socioeconómicos y de gobernanza. El objetivo: entender cómo estas unidades productivas contribuyen al desarrollo regional y a la conservación, y qué amenazas enfrentan.
¿Qué encontraron?
- Diversidad agrícola impresionante: En cada parcela se cultiva entre 6 y 20 especies, incluyendo musáceas (banano, plátano), tubérculos (yuca, ñame), granos básicos (maíz, arroz, frijoles), frutas tropicales y hortalizas. También se crían aves de corral, cerdos y, en menor medida, ganado vacuno.
- Conservación activa del bosque: den general las fincas conservan áreas de bosque (39,3 % del área promedio), esenciales para proteger fuentes de agua, obtener materiales de construcción, plantas medicinales y alimentos.
- Conectividad ecológica: Estas parcelas funcionan como corredores biológicos entre fragmentos de bosque, frenando el avance de la frontera agrícola hacia áreas protegidas.
¿Qué amenaza este modelo?
- Tenencia de tierra comunal: La falta de títulos individuales impide el acceso a créditos y limita la inversión en las fincas, lo que limita la producción.
- Débil acompañamiento técnico: Las agroproductores indígenas reciben escaso apoyo institucional orientado a mejorar sus prácticas agrícolas.
- Falta de acceso a mercados: La infraestructura vial deficiente, la ausencia de transporte propio y las limitaciones en las telecomunicaciones dificultan la comercialización de excedentes.
- Migración laboral hacia la agroindustria: La expansión de monocultivos como la piña ha absorbido mano de obra local, debilitando el trabajo familiar en las fincas.
¿Por qué importa?
Este modelo de agricultura familiar indígena no solo garantiza la seguridad alimentaria de las comunidades, sino que también protege la biodiversidad y los recursos naturales. En contraste con los monocultivos industriales, estas fincas promueven paisajes agrícolas diversos, resilientes y sostenibles.
La investigación concluye que, con inversión estatal en infraestructura, acompañamiento técnico y políticas de desarrollo rural específicas, este modelo podría convertirse en un motor de desarrollo sostenible para la región.
Referencia:
González, F., & Elizondo-Sánchez, D. (2023). La unidad agroproductiva familiar indígena del piedemonte Pacífico de Talamanca: Reserva de Biosfera La Amistad, Costa Rica. Revista Espiga, 22(46), 164-186.


