ZBL 2011 Bioética Biodiversidad 100

En medio del crecimiento acelerado de las ciudades, donde el concreto reemplaza a los árboles y el ruido a los cantos de aves, dos investigadores costarricenses se preguntan: ¿cómo podemos convivir éticamente con la naturaleza en los ecosistemas urbanos?

Zaidett Barrientos Llosa y Julián Monge-Nájera, del Laboratorio de Ecología Urbana de la UNED, exploran en su artículo Bioética y biodiversidad en los ecosistemas urbanos cómo los conceptos del bien y el mal —tradicionalmente filosóficos— pueden aplicarse a la vida urbana para proteger la biodiversidad.

Su punto de partida es provocador: los humanos, como todos los primates, tenemos comportamientos genéticos que nos llevan tanto a la bondad como a la maldad. Esta dualidad se refleja en nuestras ciudades, donde las decisiones individuales y colectivas pueden destruir hábitats o, por el contrario, regenerarlos.

Los autores proponen una bioética urbana basada en principios sencillos pero poderosos: hacer el bien sin mirar a quién, no hacer el mal, no ser indiferente ante el daño, y reconocer que todas las especies tienen derecho a existir. Aplicar estos principios implica que ciudadanos, empresas y gobiernos deben asumir responsabilidades ambientales concretas.

Entre las acciones recomendadas destacan: reducir el consumo de energía y materiales, reciclar adecuadamente, conservar árboles en construcciones, sembrar plantas nativas, y diseñar espacios urbanos que funcionen como corredores biológicos. Incluso gestos cotidianos como dejar la hojarasca en el jardín o colocar frutas para las aves pueden marcar la diferencia.

El artículo también subraya el papel de las universidades como generadoras de conocimiento y conciencia crítica, y la necesidad de que el gobierno fortalezca la legislación ambiental y garantice su cumplimiento. En Costa Rica, por ejemplo, se señala la debilidad institucional para vigilar y sancionar daños ecológicos, a pesar de contar con leyes avanzadas.

Además, se destaca el concepto de biofilia: la necesidad humana de estar rodeados de vida. Estudios citados por los autores demuestran que vivir cerca de espacios verdes mejora la salud mental, reduce el estrés y fomenta la cohesión social. Por tanto, proteger la biodiversidad urbana no solo beneficia a otras especies, sino también a nuestra calidad de vida.

En resumen, este estudio plantea que la bioética no es solo una cuestión filosófica, sino una herramienta práctica para rediseñar nuestras ciudades como espacios más justos, saludables y biodiversos. Un llamado urgente a repensar cómo vivimos y convivimos con la naturaleza en el corazón de lo urbano.

 

Referencia:

Barrientos, Z., & Monge-Nájera, J. (2011). Bioética y biodiversidad en los ecosistemas urbanos. Biocenosis, 24(1-2), 72-80. https://revistas.uned.ac.cr/index.php/biocenosis/article/view/1205