¿Cómo debe evolucionar la gobernanza del comercio internacional cuando los datos se convierten en el principal activo del comercio?

MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora Estratégica 
Observatorio de Comercio Exterior (OCEX)
Vicerrectoría de Investigación - Universidad Estatal a Distancia (UNED)

La revolución digital. Pocas transformaciones han sido tan profundas para el comercio internacional. Durante la segunda mitad del siglo XX, la liberalización comercial, la consolidación de las cadenas globales de valor y la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) fortalecieron un sistema multilateral basado en reglas que impulsó la integración de las economías. Hoy, ese escenario evoluciona nuevamente. Los datos se han convertido en un activo estratégico cuyo valor trasciende las mercancías y los servicios tradicionales, redefiniendo la forma en que se produce, se intercambia y se genera valor en la economía mundial.

Valor estratégico de los datos. Esta nueva realidad está modificando la forma en que empresas, consumidores y gobiernos participan en los mercados internacionales. Hoy una operación comercial puede realizarse íntegramente mediante plataformas digitales; una pequeña empresa puede ofrecer servicios a clientes ubicados en cualquier continente y millones de transacciones dependen del intercambio permanente de información entre distintas jurisdicciones. Los datos han adquirido así un valor estratégico comparable al que tuvieron, en otras épocas, las materias primas, la energía o el capital financiero.

Esta cápsula da continuidad al análisis iniciado por el Observatorio de Comercio Exterior (OCEX) sobre la transformación del comercio internacional ante el avance de las tecnologías digitales. En la Cápsula N°2-2026: Impactos y desafíos en el comercio de las tecnologías, se abordaron los principales cambios y retos que plantea la digitalización para el sistema multilateral de comercio. Posteriormente, la Cápsula N°3-2026: Adhesión de Costa Rica al Acuerdo de Economía Digital examinó la adhesión de Costa Rica al Acuerdo de Asociación de Economía Digital (DEPA), primer acuerdo internacional concebido específicamente para responder a los retos de la economía digital y fortalecer la cooperación en ámbitos estratégicos como el comercio electrónico, los flujos transfronterizos de datos, la identidad digital, la inteligencia artificial y la innovación tecnológica. En esa oportunidad, se explicó que el DEPA complementa los esfuerzos desarrollados en foros como la (OMC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), consolidándose como una referencia internacional para la construcción de nuevas disciplinas sobre gobernanza digital.

A partir de ese antecedente surge una nueva pregunta: ¿cómo deben evolucionar las reglas del comercio internacional para gobernar una economía basada en datos? Responder esta pregunta exige analizar el papel de la (OMC). Desde 1995, la Organización Mundial del Comercio constituye el principal marco institucional del sistema multilateral del comercio (OMC, 2024). No obstante, el acelerado desarrollo de la economía digital plantea interrogantes que trascienden las disciplinas tradicionales del comercio y obligan a reflexionar sobre la capacidad del sistema multilateral para responder a fenómenos como los flujos transfronterizos de datos, la ciberseguridad, la protección de la privacidad, la inteligencia artificial y la creciente aparición de regulaciones nacionales sobre infraestructura digital.

Comprender esta transformación ya no constituye un interés exclusivo para especialistas en comercio internacional. Se ha convertido en una necesidad para la academia, el sector productivo, las instituciones públicas y todas las personas interesadas en comprender cómo evolucionarán las reglas que regirán el comercio mundial durante las próximas décadas.

La gobernanza de los datos: la confianza como desafío del comercio digital. El comercio internacional se ha sustentado en un activo tan esencial como las mercancías que atraviesan las fronteras: la confianza. Desde las antiguas rutas comerciales hasta las complejas cadenas globales de valor de la economía contemporánea, los intercambios entre países han requerido reglas claras, instituciones sólidas y mecanismos eficaces para garantizar el cumplimiento de los acuerdos. En la economía digital, preservar esa confianza constituye uno de los principales desafíos para la gobernanza de los datos. La creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) consolidó precisamente ese objetivo. Su establecimiento permitió fortalecer un sistema multilateral basado en principios de transparencia, previsibilidad y solución pacífica de las diferencias comerciales, ofreciendo un marco institucional que facilitó la expansión del comercio internacional durante las últimas tres décadas (OMC, 2024).

La revolución digital redefinió esa confianza. En el comercio tradicional, la confianza se construía alrededor de elementos tangibles: la calidad de los productos, el cumplimiento de los contratos, la seguridad del transporte, los mecanismos de pago o la estabilidad de las reglas comerciales. Hoy, buena parte de esas relaciones económicas se desarrollan en entornos digitales donde el activo de mayor valor ya no es necesariamente el bien que se comercializa, sino la información que permite producirlo, distribuirlo, comercializarlo y consumirlo.

Esta transición representa una de las transformaciones estructurales más significativas del comercio internacional contemporáneo. La digitalización ha desplazado progresivamente el centro de gravedad del comercio desde el intercambio físico de mercancías hacia el intercambio permanente de información (Burri, 2023). Cada operación realizada mediante una plataforma digital, cada pago internacional, cada reserva logística, cada declaración aduanera electrónica y cada servicio prestado en línea genera datos que permiten coordinar procesos, optimizar cadenas de suministro y facilitar la toma de decisiones. En consecuencia, el valor económico ya no proviene únicamente de producir bienes o prestar servicios, sino también de la capacidad para generar, procesar, analizar y utilizar información. Los datos alimentan la innovación, optimizan procesos y fortalecen la competitividad, hasta convertirse en uno de los principales motores del crecimiento económico en la era digital (OCDE, 2024).

En la misma dirección, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) sostiene que la economía mundial evoluciona aceleradamente hacia modelos productivos intensivos en datos, donde la competitividad depende, cada vez más, de la capacidad para transformar información en conocimiento y conocimiento en innovación (UNCTAD, 2024).

Los datos como objeto de gobernanza. Hoy, los datos desempeñan un papel estratégico similar al que tuvieron, en otros momentos históricos, recursos estratégicos como la energía, las materias primas o el capital financiero. Constituyen la base sobre la cual operan el comercio electrónico, la inteligencia artificial, la computación en la nube, los servicios digitales y buena parte de las cadenas globales de valor. Precisamente porque los datos se han convertido en un activo estratégico, surge una pregunta que hace apenas dos décadas parecía impensable: ¿quién establece las reglas para su circulación internacional? A diferencia de una mercancía física, los datos no permanecen dentro de una única jurisdicción. Una compra realizada desde Costa Rica puede involucrar servidores ubicados en varios continentes, plataformas digitales administradas desde otro país, sistemas de pago internacionales y servicios de almacenamiento distribuidos globalmente. Todo ello ocurre en cuestión de segundos y sin que el usuario perciba el complejo recorrido que realiza su información. Esta característica distingue a la economía digital del comercio tradicional. Mientras los bienes cruzan fronteras mediante procedimientos aduaneros claramente definidos, los datos circulan de forma continua a través de infraestructuras digitales cuya regulación aún se encuentra en proceso de construcción (Chander, 2013).

cambio de paradigma

De allí que el concepto de gobernanza de los datos haya adquirido una importancia creciente dentro de la agenda internacional. La gobernanza de los datos comprende el conjunto de principios, normas, políticas e instituciones orientadas a regular la forma en que la información es recopilada, utilizada, protegida, compartida y transferida entre diferentes jurisdicciones, procurando conciliar la innovación tecnológica, el desarrollo económico, la protección de los derechos fundamentales y la seguridad de los Estados (OCDE, 2024 b).

La Organización Mundial del Comercio (OMC) lo reconoce. El desarrollo del comercio digital depende, en gran medida, de la existencia de marcos regulatorios capaces de generar confianza entre empresas, consumidores y gobiernos. Cuando las reglas sobre el tratamiento de los datos son claras y previsibles, disminuye la incertidumbre jurídica, se reducen los costos de transacción y se fortalecen los incentivos para participar en mercados internacionales (OMC, 2024). La gobernanza de los datos deja así de ser un asunto exclusivamente tecnológico para convertirse en un componente esencial de la política comercial internacional.

La confianza digital como nuevo fundamento del comercio internacional. La creciente dependencia de los datos también ha transformado la manera en que se entiende la confianza en los mercados internacionales. En la economía digital, la confianza ya no depende únicamente del cumplimiento de contratos o de la calidad de los bienes comercializados. Depende, además, de la capacidad para proteger la información que circula entre empresas, consumidores e instituciones públicas. Las organizaciones necesitan garantizar que sus procesos productivos, sus innovaciones tecnológicas y la información de sus clientes permanezcan protegidos. Los consumidores, por su parte, requieren certeza de que sus datos personales y financieros serán tratados de manera responsable. Los gobiernos, finalmente, buscan preservar la seguridad de sus infraestructuras críticas y asegurar que la economía digital se desarrolle dentro de marcos compatibles con sus políticas públicas.

En consecuencia, la información se ha convertido en un recurso esencial para coordinar procesos productivos, facilitar el comercio y generar innovación. Por ello, la gobernanza de los datos conduce de manera inevitable a un segundo desafío de igual relevancia: la protección de esos datos. Porque, si los datos representan hoy uno de los principales activos estratégicos de la economía mundial, protegerlos deja de ser una decisión tecnológica para convertirse en una condición esencial para el funcionamiento del propio comercio internacional.

La ciberseguridad emerge, así, como el siguiente gran desafío de la gobernanza del comercio digital.

La OMC frente al nuevo paradigma del comercio digital. La transformación del comercio internacional hacia una economía basada en datos plantea una pregunta inevitable: ¿está preparada la OMC para gobernar esta nueva realidad? La interrogante no pretende cuestionar la vigencia de la OMC. Por el contrario, reconoce el papel fundamental que ha desempeñado desde 1995 como eje del sistema multilateral de comercio. Sin embargo, sus Acuerdos fueron concebidos en un contexto en el que Internet apenas iniciaba su expansión comercial y conceptos hoy cotidianos, como computación en la nube, inteligencia artificial o flujos transfronterizos de datos, todavía no formaban parte de la agenda internacional (Mayer-Schönberger & Cukier, 2013).

Por ello, muchos de los desafíos que plantea hoy la economía digital no encuentran una respuesta expresa dentro de los acuerdos multilaterales vigentes. La OMC reconoció tempranamente que el comercio electrónico transformaría profundamente el comercio internacional. Un primer paso importante, se produjo durante la Segunda Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Ginebra en 1998, cuando los miembros adoptaron la Declaración sobre el Comercio Electrónico Mundial y establecieron el Programa de Trabajo sobre Comercio Electrónico. Mediante esta decisión encomendaron a diversos órganos de la OMC estudiar las implicaciones del comercio electrónico sobre los acuerdos existentes y analizar la necesidad de futuras disciplinas relacionadas con esta materia (OMC, 1998). Aunque aquella decisión fue visionaria para su época, la velocidad con que evolucionó la economía digital terminó superando el alcance inicial del Programa de Trabajo. Hoy el desafío ya no consiste únicamente en incorporar el comercio electrónico al sistema multilateral, sino en determinar si las reglas existentes bastan para gobernar una economía impulsada por datos.

Moratoria sobre los derechos de aduana aplicables a las transmisiones electrónicas. Esto constituye uno de los ejemplos más visibles de esa evolución. Gracias a esta decisión, los países se comprometieron a no imponer aranceles sobre las transmisiones electrónicas mientras continúan las negociaciones relativas al comercio electrónico (OMC, 2024). La medida ha contribuido a ofrecer un entorno más previsible para el desarrollo del comercio digital. Sin embargo, también ha generado un debate legítimo entre los miembros de la OMC. Mientras algunas economías consideran que mantener un entorno abierto resulta esencial para estimular la innovación y la competitividad, otros países han manifestado preocupaciones relacionadas con la pérdida potencial de ingresos fiscales y con la necesidad de preservar suficiente espacio para diseñar políticas públicas acordes con sus prioridades nacionales (Kaukab, 2024, UNCTAD, 2024).

La transformación digital no produce los mismos efectos en todas las economías. Las diferencias en los niveles de desarrollo tecnológico, infraestructura digital, capacidades institucionales y especialización productiva condicionan la manera en que cada país participa y se beneficia de la economía digital (UNCTAD, 2024). En consecuencia, las negociaciones internacionales deben conciliar intereses y niveles de desarrollo diversos, procurando mantener un equilibrio entre la apertura comercial, la innovación tecnológica y los objetivos nacionales de desarrollo (Kaukab, 2024).

Con el propósito de avanzar en esta dirección, un grupo de miembros de la OMC impulsó en 2019 la Iniciativa de Declaración Conjunta sobre Comercio Electrónico (Joint Statement Initiative – JSI). Este proceso constituye uno de los esfuerzos más importantes para actualizar el marco regulatorio internacional frente a los desafíos del comercio digital (Yakovleva, 2021). Busca desarrollar disciplinas relacionadas con aspectos como los flujos transfronterizos de datos, la autenticación electrónica, las firmas digitales, la protección del consumidor en línea, la facilitación del comercio digital y otros componentes esenciales de la economía digital (OMC, 2024). La JSI constituye uno de los esfuerzos más importantes para actualizar el marco regulatorio internacional frente a los desafíos del comercio digital. No obstante, también evidencia la complejidad de alcanzar consensos en temas donde convergen intereses económicos, tecnológicos, jurídicos y políticos.

La discusión trasciende la tecnología. El verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio entre dos objetivos igualmente legítimos. Por un lado, facilitar la circulación internacional de datos y promover un entorno que favorezca la innovación, el comercio y la inversión. Por otro, garantizar que los Estados conserven la capacidad de proteger la privacidad de las personas, fortalecer la ciberseguridad, preservar la seguridad nacional y desarrollar políticas públicas compatibles con sus propias prioridades de desarrollo.

Lejos de ser objetivos incompatibles, ambos constituyen pilares indispensables para consolidar una economía digital confiable. Precisamente por ello, el debate sobre la gobernanza del comercio digital ya no puede entenderse únicamente desde la perspectiva del derecho comercial. Requiere integrar elementos provenientes de la economía, la tecnología, la protección de datos, la ciberseguridad, la innovación y la cooperación internacional. Esta evolución también explica el surgimiento de nuevos instrumentos internacionales especializados en economía digital. Mientras la OMC continúa construyendo consensos multilaterales, algunos países han comenzado a desarrollar acuerdos que profundizan disciplinas específicas sobre comercio digital, buscando responder con mayor rapidez a las necesidades de una economía crecientemente basada en datos.

Estas iniciativas muestran que la gobernanza internacional del comercio digital evoluciona mediante mecanismos complementarios que buscan fortalecer un mismo objetivo: dotar de reglas claras y previsibles a una economía cuya transformación tecnológica avanza con una velocidad sin precedentes. La evolución de la economía digital demuestra que la gobernanza internacional ya está cambiando. Mientras la OMC continúa construyendo consensos multilaterales, comienzan a surgir instrumentos especializados que buscan responder con mayor rapidez a nuevos desafíos. Entre ellos destaca el Acuerdo de Asociación de Economía Digital (DEPA), cuya adhesión por parte de Costa Rica constituye un ejemplo concreto de esa evolución.

 arquitectura gobernanza

Conclusiones: la gobernanza del comercio digital como tarea compartida. Las reglas del comercio internacional nunca han sido estáticas. A lo largo de la historia han evolucionado para responder a las transformaciones económicas de cada época. La economía basada en datos no constituye la excepción. La creciente digitalización de la producción, los servicios y las cadenas globales de valor plantea hoy uno de los mayores desafíos para la gobernanza del comercio internacional desde la creación de la OMC. A lo largo de este análisis se ha mostrado cómo los datos dejaron de ser un recurso tecnológico para convertirse en un activo estratégico de la economía mundial. Este cambio ha transformado la naturaleza misma del comercio internacional. Hoy, facilitar el intercambio de bienes y servicios implica también garantizar la circulación segura de datos, fortalecer la confianza digital y desarrollar marcos regulatorios capaces de responder a riesgos que hace apenas unas décadas no formaban parte de la agenda comercial. En este contexto, la OMC continúa siendo el principal foro multilateral para construir reglas comunes que otorguen previsibilidad al comercio internacional. Sin embargo, la rapidez con que evoluciona la economía digital ha impulsado el desarrollo de iniciativas complementarias que buscan avanzar en áreas donde la negociación multilateral requiere mayores consensos.

Destaca el Acuerdo de Asociación de Economía Digital (DEPA). Este es el primer Acuerdo internacional diseñado para responder a los desafíos de la economía digital. Su alcance trasciende el comercio electrónico e incorpora disciplinas relacionadas con el libre flujo transfronterizo de datos, la identidad digital, la inteligencia artificial, la innovación tecnológica, la interoperabilidad y la cooperación regulatoria, configurando un marco moderno para facilitar un comercio digital abierto, seguro y confiable. Lejos de sustituir el papel de la OMC, el propio diseño del DEPA evidencia una lógica de complementariedad. Como lo expuso la investigación desarrollada por el Observatorio de Comercio Exterior (OCEX), este Acuerdo fortalece y complementa el trabajo que actualmente realizan organismos internacionales como la OMC, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en materia de economía digital y gobernanza internacional.

Adhesión de Costa Rica al DEPA. Desde esta perspectiva, adquiere una relevancia que trasciende la incorporación a un nuevo Acuerdo comercial. Representa una decisión estratégica que refleja la evolución del modelo de inserción internacional del país y su interés por participar activamente en la construcción de las reglas que orientarán el comercio digital durante las próximas décadas. Esta decisión resulta coherente con la estructura productiva y exportadora de Costa Rica. El crecimiento sostenido del comercio de servicios, la consolidación de actividades intensivas en conocimiento, la atracción de inversión extranjera de alto valor agregado y el desarrollo de empresas vinculadas con tecnologías digitales hacen que la existencia de marcos internacionales modernos sobre economía digital constituya un elemento cada vez más importante para la competitividad nacional. La propia investigación del OCEX destaca que los servicios representan cerca del 46% de las exportaciones del país y que aproximadamente la mitad de esas exportaciones se realiza mediante medios digitales, lo que evidencia la creciente importancia estratégica de este ámbito para la economía costarricense.

En este contexto, la adhesión al DEPA fortalece el posicionamiento internacional de Costa Rica como una economía abierta, innovadora y comprometida con el desarrollo de una agenda moderna de comercio internacional. Asimismo, favorece la cooperación en áreas como inteligencia artificial, ciberseguridad, innovación, identidad digital y transferencia internacional de datos, temas que probablemente ocuparán un lugar central en la evolución del comercio mundial durante los próximos años.

El desafío trasciende a Costa Rica y al propio DEPA. La gobernanza del comercio digital constituye una responsabilidad compartida por gobiernos, organismos internacionales, empresas, academia y sociedad civil. Encontrar un equilibrio entre la libre circulación de datos, la protección de la privacidad, la ciberseguridad, la innovación y la soberanía regulatoria será una de las tareas más complejas del sistema multilateral durante las próximas décadas. En definitiva, el debate sobre el comercio digital no consiste únicamente en comprender nuevas tecnologías. Consiste, sobre todo, en construir las reglas que permitirán que esas tecnologías generen confianza, impulsen la innovación y contribuyan al desarrollo sostenible.

En este campo, es particularmente interesante el exhaustivo estudio realizado por Francisco Chacón y Valeria Tiffer, desde la costarricense Lead University.  El texto aportara una perspectiva práctica, institucional e híbrida desde el corazón de las dinámicas multilaterales sobre la Iniciativa de Declaración Conjunta (JSI). A diferencia de la literatura internacional enfocada en superpotencias, el artículo visibiliza los dilemas y la urgencia para los países en desarrollo y las MIPYMES ante el riesgo de la fragmentación regulatoria. (Chacon y Tiffer, 2022)

La historia demuestra que el comercio internacional siempre ha evolucionado acompañado por nuevas instituciones y nuevos Acuerdos. Hoy, presenciamos una etapa similar. Mientras la OMC continúa desempeñando un papel insustituible como eje del sistema multilateral, iniciativas como el DEPA muestran que la cooperación internacional también puede avanzar mediante instrumentos innovadores que respondan con mayor rapidez a los desafíos de la economía digital. Quizá la mayor enseñanza de esta transformación sea que el futuro del comercio internacional dependerá menos de la velocidad con que evolucionen las tecnologías y mucho más de la capacidad de la comunidad internacional para construir reglas comunes que inspiren confianza. Porque, al final, la verdadera innovación del comercio digital no reside únicamente en los datos, la inteligencia artificial o las plataformas digitales. Reside, sobre todo, en la capacidad de los países para cooperar y construir una gobernanza internacional que permita que esa transformación tecnológica genere prosperidad, inclusión y oportunidades para las personas, sin importar en qué lugar del mundo se encuentren. 

Fuentes consultadas: