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POR VELIA GOVAERE VICARIOLI

No siempre los medios consiguen los fines que persiguen y no es infrecuente que logren exactamente lo contrario. La contradicción entre objetivos perseguidos por la política y resultados obtenidos ha acompañado la historia. Los filósofos se han resignado a constatar esa paradoja sin ofrecer explicaciones, como parte de la condición humana. La describió Giambattista Vico, pero la acuñó Wilhelm Wundt como “heterogénesis”. Es la palabra del día. Describe con exactitud el contraste entre las pretensiones de los Estados Unidos como potencia hegemónica y el nudo gordiano en que se encuentra.

Si con la palabra “visión” se suele referir a un mapa de ruta para llegar a un destino deseable, nada ejemplifica mejor una errónea capacidad de anticipación que el discurso de Clinton del 3 de marzo del 2000, instando al Congreso estadounidense a apoyar la adhesión de China a la OMC, que ocurrirá en ronda Doha, un año después.

“Me parece irónico —peroraba Clinton— que tantos estadounidenses teman el impacto global de una China poderosa en el siglo XXI”. Mientras releo sus palabras, me pregunto cuántas veces se habrá el expresidente golpeado el pecho. Se burlaba entonces de quienes veían la trascendencia de despertar un dragón de semejante aliento. No en vano se dice en Estados Unidos “let sleeping dogs lie”. Tal vez ese dicho no se conocía en Arkansas.

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Artículo publicado en Periódico La Nación, 25 de mayo 2023.
La autora es investigadora de OCEX y catedrática de la UNED