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Boletines-Artículos

ocex en RIACComo parte de nuestro trabajo de internacionalización y desde nuestra incorporación como miembro de la Red Interamericana de Competitividad de las Américas (RIAC), OCEX ha sido siempre su contraparte institucional, en representación de la UNED.

El Observatorio de Comercio Exterior (OCEX), de la UNED, a través de sus “Cápsulas Informativas” en inglés y en español, elaboró un estado de situación de los Impactos del Covid-19 en la Economía Costarricense y Mundial. Para más información, sobre este estado de situación, puede descargar los siguientes links: (versión en español) y (versión en inglés). 

Le recomendamos acceder a los esfuerzos hemisféricos recopilados en el Reporte de Iniciativas Mundiales para Paliar la Pandemia Covid-19, elaborado por la red RIAC, en el siguiente link: (Reporte de iniciativas mundiales).

La RIAC es una iniciativa liderada por la OEA y ha reconocido esta contribución de OCEX que realza la labor de nuestra universidad, al tiempo que genera Valor Público, al contribuir de forma significativa a la construcción de la narrativa nacional de la lucha de nuestro país enfrentando esta difícil prueba.

En su informe la RIAC destaca:

“El Observatorio de Comercio Exterior de la UNED recopiló información valiosa sobre el Covid-19 y proporcionó una evaluación perspicaz del impacto social y económico de la pandemia en Costa Rica.

La información incluida en el enlace (https://bit.ly/2VmygIs) ofrece un relato del desarrollo del Covid-19 en todo el mundo para entregar un análisis detallado del impacto de la pandemia en el comercio exterior de Costa Rica. En el documento se analiza ciertos sectores de la economía de Costa Rica, como las exportaciones y el turismo.

El artículo también ofrece varias estrategias económicas para mitigar el impacto del Covid-19 en relación con las medidas de protección del empleo, el acceso al crédito y las desgravaciones, los impuestos, exenciones, entre otras.”

 

 

POR VELIA GOVAERE - 

Cinco plagas: antes, fueron Bush y Putin; después, Putin, Trump y Xi Jinping; y ahora, la pandemia y todos los demás.

El mundo ya estaba enfermo. Las cosas no podían seguir como antes, pero, aun así, seguían. La política internacional topaba con cerca. Nada parecía revertir la profundización de un estancamiento de perspectivas. Emergencias endémicas abundaban y decaía la credibilidad de los organismos internacionales, con las Naciones Unidas inertes en la carnicería del Cercano Oriente. La OEA se quedaba en retórica obtusa a la tragedia de Venezuela y Nicaragua. Europa sufría reiteradas penurias en su proyecto comunitario, al tiempo que Estados Unidos contagiaba al mundo de su propia crisis de liderazgo. Larga era la lista de situaciones caóticas en la fragilidad insostenible del estatus quo mundial, antes de la pandemia.

Capeando naufragios, la única forma de política era navegación a la vista, de tormenta en tormenta, sin mapa de ruta ni brújula. Mantener a duras penas el curso, cada vez al borde del abismo, sin variar las condiciones subyacentes, definía la epicrisis de un crónico estado de desconcierto. Estábamos mal. Peor aún, sin fuerzas para salir de una espiral de indecisiones. Eran signos generalizados de agotamiento. Las cosas no podían seguir mucho tiempo así. Y llegó la pandemia.

El autócrata y el vaquero. En Rusia se consolidó Putin. Nadie pudo detener su arrogancia. La prepotencia de su política expansionista se extiende desde el norte de África hasta Venezuela. Ucrania perdió Crimea y terminó sumida en guerra civil. Las sanciones contra Rusia no hicieron mella y fuerzas separatistas siguen ahí, armadas hasta los dientes por un envalentonado Putin que logró un mandato de tiempo indefinido.

La aventura petrolera de Bush, en Irak, desencajó toda forma de equilibrio en el Cercano Oriente, desencadenando guerras civiles alimentadas por competencias geopolíticas interminables. Es un caos derivado de caprichos políticos de tiempos imperialistas que parecían superados. Nadie ha derivado siquiera ganancias políticas o materiales de intervenciones que se estrellan con irracionalidad incomprensible en el rompecabezas desordenado del mundo musulmán. Su impacto más evidente es la oleada migratoria más formidable de la historia reciente. Marejadas humanas se agolpan frente a las costas de la Unión Europea. Los derechos humanos son letra muerta. Los compromisos internacionales suscritos no impiden recibir a balazos esa ola amontonada en campos de concentración o a la deriva en el mar.

La vieja normalidad. La crisis financiera del 2008 convirtió la solidaridad de la UE en la tirante tensión que prima entre deudores del Sur y acreedores del Norte. La moneda común acentuó asimetrías como camisa de fuerza que impuso austeridad, generó desempleo y contrajo la inversión social. Se abonó una semilla de resentimientos. Cuando el Reino Unido decidió romper sus lazos sólo seguía el curso lógico de una hermandad venida a menos.

Francia se salvó, in extremis, del populismo. La figura inesperada de Macron rescató la fe en una refundación comunitaria. En vano. Todas las propuestas de los galos se estrellaron contra la barrera teutona. Jamás la gran acreedora podría hacerse garante de las debilitadas economías mediterráneas. El populismo sigue contaminando las venas de la política europea y el autoritarismo también comienza a echar raíces.

Y llegó Trump a la presidencia de los Estados Unidos, con una siempre subestimada capacidad maligna de contagio irracional. Los entuertos son legión. Su desquiciado gobierno rompió con las tradiciones de racionalismo norteamericano, muy de derecha, a veces, pero anclado en el respeto a su institucionalidad. Trump es otra cosa. Animal político improvisado, fundador de sus propias verdades, siembra y cosecha xenofobia, nacionalismo obtuso y desprecio de la realidad. Su primera víctima fue el partido conservador, convertido en acólito de sus caprichos.

Contra toda predicción, Trump sigue prevaleciendo incluso a la constante denuncia de la prensa. La investigación de sus daños y la exposición de sus patrañas ya no funcionan.

Más peligroso que la Covid -19. Pareciera haber logrado vacunar a sus seguidores del contagio de la verdad. Con Wall Street gozando de buena salud, su reelección parecía asegurada. La pandemia vino a cambiar eso.

Pero, si en Estados Unidos, Trump significó un trastorno político grave, en la arena mundial, ha desestabilizado todos los ámbitos: en Europa, quebrantó la OTAN; en Siria, reforzó a Putin y Erdogan; en Asia, inició una guerra comercial con China y entre Palestina e Israel, tiró por la borda toda expectativa de acuerdo. No se le puede pedir más estragos. Trump abandonó compromisos cruciales de todo tipo: cambio climático, limitación de armamento nuclear, UNESCO, OMS, en plena crisis sanitaria. Ese panorama desolador quedó todavía más desgarrado con la pandemia.

Así estamos. Los impactos de las crisis políticas no resueltas no han terminado de desplegarse cuando los efectos de la pandemia apenas comienzan. Es la antesala de incógnitas inescrutables. Pero la humanidad, gran superviviente de sus propios desatinos, ha logrado, hasta ahora, progreso material y ético. La UE intenta abandonar su indiferencia y asumir solidaria las condiciones precarias de los países más débiles. Está por verse hasta dónde lo permitirá su banquero teutón. En Estados Unidos, las preferencias electorales se están decantando por el candidato demócrata y la derrota de Trump podría producir alguna reversión de sus desmanes. ¡Pero, cuidado! Brian Klaas nos advierte que “necesitamos prepararnos ante la posibilidad de que Trump repudie los resultados de las elecciones” (WP, 14-05-2020).

That’s life. C´est la vie. Así es la vida. Ese es el mundo. Eso somos. El destino humano, siempre al filo del desastre. Sobrevivir ha sido superar un abismo, antes del siguiente. La palabra sostenibilidad nos queda grande. No lo olvidemos. Toda sostenibilidad es necesariamente precaria. Ya el mundo estaba enfermo y llegó la pandemia a despertarnos. ¿Por qué, entonces, seguimos dormidos? Los dinosaurios también se sentían seguros.

La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED. 

Artículo publicado en Periódico La Nación, 5 de Junio 2020.

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/pagina-quince-al-filo-del-desastre/FT4BGIE4MZG7NIB3ADLSPCQIBM/story/

 

 

POR VELIA GOVAERE - 

Mentes ilustres se afanan por descifrar los dignos de estos tiempos, pero la humanidad nunca ha podido entender su porpio presente.

¿De qué libro es capítulo lo que estamos viviendo? ¿Cómo discernir el significado de este acontecimiento único en la civilización humana?

Mentes ilustres se afanan por descifrar los signos de estos tiempos. Pero la humanidad nunca ha podido entender su propio presente (Friedell, 1927).

Al contemporáneo le caen encima los eventos como hechos aislados, desagregados de la totalidad histórica que les da sentido. Por eso Hegel decía que en la noche todos los gatos son pardos. Se refería a la imposibilidad de entender, en el instante, el trazo total de la pintura vivencial de la raza humana, que sólo la historia descifra. Es un rompecabezas cubista que solo se entiende con la última pieza. Ex ante reina la incertidumbre. Ex post todos somos sabios.

El impacto de la pandemia es tan formidable que es imposible que pase sin dejar marcas indelebles en la civilización. Las cifras de la hecatombe son escandalosas.

El comercio se reducirá hasta 32% (OMC). Ya están sin empleo 26 millones, sólo en Estados Unidos y esa economía retrocederá un 25%. Los grandes países quieren pagar, con astronómicas cifras, una salida indemne de la crisis. Misión imposible.

¿Nuevo Plan Marshall? A valor actual, esa fue una inversión de 130 mil millones de dólares. Alemania puso ya, a su propia disposición, 6 veces más. Estados Unidos, 8 veces más. El eurofondo que se mezquina en la UE es 15 veces mayor.

Son números insólitos y probarían, por sí solos, que la crisis del coronavirus tiene la fuerza de un punto de inflexión. Eso está claro.

También entendemos que la pandemia no escribe sobre tabula rasa. El mundo ya estaba enfermo y la conciencia social así lo comprendía.

La malaise dictaba una urgencia de cambios. Progreso y miseria han marcado grandes giros de la historia. Hasta ahí estamos claros. Lo que no sabemos es si ese mundo asimétrico y ecológicamente insostenible seguirá su curso impasible, después de esta breve pausa, o si, más bien, se precipitará el final de una era con un tsunami político disruptivo que todo lo arrastra y todo lo transforma.

Distintas percepciones del ayer. Urgidos, como estamos, de domesticar la incertidumbre, también es humano el sesgo cognoscitivo que nos induce a pensar con los deseos que reclaman un retorno a lo mismo. Sobre todo cuando lo conocido era fuente de estabilidad económica.

Ese afán de volver a una “agradable normalidad” se manifestará menos entre quienes vivían esa realidad como diario castigo de abandono, decretado por infortunio de nacimiento o por desigual acceso a oportunidades de superación.

Entre los más urgidos de lo mismo de antes están las bolsas de valores que siguen impertérritas el curso de la pandemia.

El capitalismo productivo, paralizado en las fábricas o retenido en los siete mares, en tanqueros cargados de petróleo, solo se sobrevive a sí mismo como un valor virtual en la bolsa.

El capital sigue ahí con vida propia, buscando revalorizarse y en peligro de precipitarse al vacío. Es un capitalismo de casino de apuestas, tan real como cualquier otro. Un día se apuesta al pánico; otro, a la necesidad apremiante de retorno a la normalidad.

Si creemos a los inversionistas, solo tenemos que apretar los dientes y esperar que pase la mala racha. Mientras tanto, la apuesta más fácil es a perder.

Los centros de análisis de riesgo no pueden evitar estrujarse el cerebro en búsqueda de patrones conocidos de referencia. Hacen curvas comparativas con catástrofes “similares”, como si esto tuviera parangón.

El covid-19 indujo una catástrofe financiera por razones extraeconómicas. Pero la dimensión de este suceso producirá transformaciones más allá de lo cuantificable.

Es lo más parecido al concepto de “cisne negro” de Nissan Taleb: un tremendo suceso inesperado de gran impacto con consecuencias históricas impredecibles

Sin embargo, y por definición, los cisnes negros se vuelven blancos, después de un tiempo, es decir, la rara avis se torna conocida y retrospectivamente incluso previsible. No estamos todavía ahí.

Sometidos a la irreverente dictadura de lo matemáticamente inverificable, la incertidumbre se resolverá en la política, en otras palabras, en la esfera de liderazgos existentes y posibles. Ahí la consigna “America First” todavía puede corromper el futuro.

El cada cual para sí mismo y cada país por su cuenta marcó el vacío total de liderazgo mundial. El multilateralismo fue la primera víctima de ese repliegue hacia fronteras nacionales.

Estrasburgo se pensó francesa antes que europea cuando, agotadas sus instalaciones, giró la vista hacia lejanos hospitales franceses, en vez de cruzar el río y buscar las desocupadas camas alemanas de Stuttgart, a la vuelta de la esquina. En su discurso al país, Merkel ni mencionó siquiera la palabra Europa.

Con medidas extremas tomadas en democracia, razón y ciencia están salvando a los pueblos de lo peor de la catástrofe, apoyados en una devuelta autoridad de los especialistas de la salud. La institucionalidad y la importancia de una buena gestión pública saldrán reforzadas. Eso es indiscutible.

Tópico aparte merece el populismo. La crisis probó el vacío intelectual de su demagogia y todo lo ineficaces que podían ser en el poder. Su diletantismo se pagó con vidas.

Ese populismo saldrá debilitado, es cierto, pero también es verdad que si regresamos a un diseño de mundo, ignorando las grietas del paradigma actual, estaremos, además, endeudados, desempleados y más desiguales después de la pandemia. Eso podría regenerar alas rotas al nacionalismo, a la irracionalidad y a la xenofobia.

¿Qué pasará? Eso es “lo que no conocemos y apenas sospechamos”. A diferencia de Darío, si no sabemos adónde vamos, sí sabemos de dónde venimos. Hasta ahí lo racional. Pero que esto sea un punto de inflexión no se nota en ninguna parte todavía.

No hay brújula en la tormenta. Faltan capitanes, mapas de ruta, propuestas de cambio. Si volvemos a lo mismo, no habremos aprendido nada. Pero eso solo se sabrá cuando pase el desconcierto.

La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED. 

Artículo publicado en Periódico La Nación, 8 de Mayo 2020.

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/pagina-quince-cuando-pase-el-desconcierto/CZCQVRPQ7BC5HAKT3SOZOXTUIA/story/

 

 

 

Adentro libro apertura inconclusaLos especialistas Ricardo Monge y Luis Rivera nos convidan a dar una mirada reflexiva del modelo de apertura costarricense, bajo el sugestivo título de “Costa Rica: un proceso de apertura inconcluso: análisis de economía política de la apertura comercial y episodios reveladores”.

Como socios estratégicos de OCEX, el Observatorio se complace en apoyar la difusión de este análisis cuyos “episodios reveladores” desnudan las contradicciones entre un modelo de apertura comercial y el proteccionismo ligado a sectores productivos agrícolas, que todavía se mantienen bajo esa lógica.

En este libro se estudia el desempeño del modelo de apertura comercial, las aristas de la economía política del referéndum del DR-CAFTA y un análisis detallado de la balanza de la política agrícola costarricense. Ponemos esta obra a disposición de nuestros lectores en el siguiente link. (Costa Rica: un proceso de apertura inconcluso).

 

 

F Edgar Tenorio adentro 1 copia“Medidas no arancelarias: evolución e impacto” es una reflexión académica y especializada en una materia poco estudiada, pero de alta relevancia en el comercio internacional. El análisis del impacto de las barreras no arancelarias en el proceso de apertura comercial costarricense se concentró en el uso indebido de las medidas sanitarias y fitosanitarias y los obstáculos técnicos al comercio. Con el doble sombrero de especialista y estudiante de la UNED, Edgar Tenorio explicó los Acuerdos de la OMC bajo los cuales se presentan este tipo de medidas. Ponemos a disposición de nuestros lectores el Power Point utilizado por Edgar Tenorio. (Descargar presentación).

Esta disertación académica fue introducida por Velia Govaere de OCEX, quien en su intervención inicial destaca la transcendencia de esta materia, con las siguientes palabras:

“En casi 7 décadas, en el sistema multilateral de comercio, primero del GATT y luego de la OMC; se ha vivido, al mismo tiempo que la HRH y VGV adentrodesgravación arancelaria, un crecimiento exponencial de barreras que NO SON ARANCELARIAS. Siempre que un país o una comunidad de países abre sus fronteras al comercio y elimina, total o parcialmente, los aranceles de ingreso de bienes o mercancías empiezan a propagarse otras formas, siempre variadas, y muchas veces ingeniosas, de proteccionismo.x

Si esto se ha venido observando a nivel mundial, a lo largo de los más de 70 años de creación de este sistema internacional de reglas de conducta, es altamente ilustrativo mostrar su prevalencia en casos de países de políticas reputadamente aperturistas, como lo es Costa Rica. Por eso cobra particular relevancia el análisis de las barreras no arancelarias en el proceso de apertura comercial de Costa Rica.”

En la videoconferencia, el especialista Edgar Tenorio, analiza entonces, bajo el espectro de la OMC, el Acuerdo de Obstáculos Técnicos al Comercio y el Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias. Ponemos a disposición de nuestros usuarios la videoconferencia a la que podrán acceder en el siguiente link. (Descargar grabación).

 

 

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