La situación del comercio mundial es una de las mayores preocupaciones de los formadores de opinión, así como de los responsables de políticas públicas en todo el mundo. El origen de los temores y la necesidad de encontrar respuestas parten de un paradójico y aún no totalmente comprensible giro de las prioridades tradicionales de la política de los Estados Unidos. En sus dos primeros años, la administración Trump no ha cesado de sorprender con iniciativas contrapuestas a las premisas del paradigma vigente de relaciones comerciales. El orden político de alianzas occidentales sufrió impactos inesperados, pero es en materia comercial donde se temen efectos inmediatos y posiblemente irreversibles.
Sobre este tema decisivo en los tiempos actuales se realizó un conversatorio sobre "Comercio Mundial, en el 2do año de la administración del presidente Donald Trump”. Se contó con la participación de Lizette Brenes, Vicerrectora de Investigación de la UNED; Jorge Vargas Cullell, Director, Estado de la Nación; Jorge Sequeira, Director Ejecutivo, CINDE y Velia Govaere, Coordinadora de OCEX. Este evento de reflexión, con el formato de videoconferencia, tuvo lugar el martes 24 de Julio, de 10am a 12 md, en las instalaciones de la UNED.
Los acontecimientos recientes, con el inicio de acciones proteccionistas y el pasado viaje del presidente Trump a Europa, ilustran la importancia de este intercambio. En esa visita, sorprendió al mundo, por el contraste que hubo, entre su agresiva participación, en la cumbre de la OTAN y la amabilidad de su entrevista con Putin.
Las condiciones internacionales han sufrido impactos contradictorios en el 2do año de la administración del presidente Trump. En vista de las nuevas premisas creadas, en todos los países surgen análisis que quieren responder a los cuestionamientos del día. Se intenta encontrar un sentido estratégico a las políticas públicas nacionales frente a esos desafíos.
Para Jorge Vargas Cullell, la clave de lectura de la política del presidente Trump se encuentra en su necesidad de mantener el apoyo de la base de respaldo político que le llevó a la presidencia. En Trump, según Vargas Cullell, no se encuentra un ideólogo con una visión política de amplio espectro. Trump sería, según esta visión, un supremo tacticista, ávido de crear sensaciones y de mostrarse impredecible, pero limitado siempre por el respaldo político que necesita de su base electoral. De acuerdo a este análisis, el ejercicio de la presidencia en lugar de moderar a Trump, lo ha reafirmado en su conducta irreverente de las premisas del orden establecido, sintiéndose en la actualidad todavía más fuerte que al comienzo de su mandato.
Jorge Sequeira, por su parte, se enfocó en los impactos que ha tenido la política de Trump en los niveles de atracción de inversión extranjera directa. En ese sentido, y sin dejar de analizar los peligros inherentes, como la competencia de inversiones con regiones de los mismos Estados Unidos, Jorge Sequeira considera que el fenómeno de políticas de Trump es demasiado reciente para sacar conclusiones de su impacto nacional. Por lo pronto, las inversiones extranjeras en Costa Rica se han, más bien, consolidado, alcanzando niveles record.
Velia Govaere, finalmente, ofreció una interpretación holística de las políticas del presidente Trump, tratando de mostrar en ellas una lógica interna que trascienda peculiaridades personales para delinear sus principios políticos generales, que ella sistematizó en cinco puntos:
También intentó la Dra. Govaere explicar las razones de la fuerza disruptiva de las políticas del presidente Trump. Según ella, la fuerza de Trump se basa en las debilidades de las instituciones multilaterales, en la desatención por años a falencias del sistema de comercio y, finalmente, en la debilidad manifiesta del funcionamiento de pesos y contrapesos en los mismos Estados Unidos. (Acceder en este link a las palabras de la Dra. Govaere)
El evento fue transmitido en vivo y podrá encontrar la grabación en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=CIOkYRY1je4

POR VELIA GOVAERE - 14 de junio 2018
Como bestia herida, Daniel Ortega sigue aferrándose al fusil francotirador que a diario cobra vidas de inocentes estudiantes alzados, pidiendo democracia para su país.
Nicaragua tiembla en su hora de los hornos. El dictador de El Carmen está acosado, pero se sostiene pertinaz. Él conoció la ira de su pueblo cuando encabezó, otrora, la caída de un dictador que ahora emula. Por eso, aquilata las voces airadas y en los cantos de lucha reconoce el presagio que anuncia su fin inexorable.
Las señales se multiplican anunciando la aurora de su partida, pero en su agonía, como bestia herida, sigue aferrándose al fusil francotirador que a diario cobra vidas inocentes. El “socialista” negocia con sangre su salida. Quiere seguir millonario y su moneda de trueque es la paz a cambio de privilegios de oligarca capitalista.
Al tirano y a la tirana (para ser “políticamente correctos”) ya solo les quedan bandas de asesinos que acechan las noches, con terror que sustituye toques de queda
El aislamiento político del régimen es total. Cada asesinato aumenta su descrédito. No existe ciudad ni segmento que no lo repudie, salvo aquellos que se enriquecieron a su sombra o viven de sus prebendas. Al tirano y a la tirana (para ser “políticamente correctos”) ya solo les quedan bandas de asesinos que acechan las noches, con terror que sustituye toques de queda.
Un mes después del inicio de las manifestaciones contra la dictadura, llegó a Nicaragua la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA. En solo tres días pudieron emitir una declaración que reconocía “muertes, agresiones y detenciones arbitrarias”. La misión pudo constatar “tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes” contra los detenidos. La mayoría de los fallecidos por armas de fuego tenían “impactos de bala en cabeza, ojos, cuello y tórax”. También se advirtió sobre la “existencia de grupos parapoliciales que hostigan a la población civil”.
Cambio de bando. Después de esos impactantes hallazgos de la CIDH, el sector empresarial tuvo también que tomar partido. Ahora entienden la trascendencia “económica” de las instituciones democráticas, la importancia de la previsibilidad para las inversiones y la gravedad que tiene avalar el riesgo político que representa una dictadura.
Buscando absolución, los grandes capitales abandonaron a Ortega. Ellos habían dado sombrilla empresarial al régimen, a cambio de un buen ambiente de negocios. Habían preferido hacerse de la vista gorda frente a la demolición completa de la oposición política y al acaparamiento absoluto de todas las instituciones y poderes públicos. Hoy pagan su insensatez. En declaraciones públicas, Carlos Pellas, otrora principal accionista del BAC; Zamora, de Lafise; Ortiz, de Promerica; y muchos otros exigen ahora elecciones anticipadas. Ortega respondió a sus demandas con la masacre del Día de la Madre.
Vino después la Asamblea General de la OEA, donde Epsy Campbell exigió una condena al gobierno de Ortega. Dio muestra así de la calidad moral de la representación costarricense. En toda tragedia, siempre hay un amargo sainete. Como sorpresa de ese día, la primera delegación que aprobó la condena a los sucesos de Nicaragua fue… la nicaragüense. La declaración la habían redactado conjuntamente con Estados Unidos.
No en vano se condenan los hechos sin denunciar al verdugo. La delegación nicaragüense pagó luego la declaración conjunta absteniéndose de votar contra Venezuela. Así son las cosas en esos continentes de diplomacia.
Poco después, Lydia Barraza, vocera del Departamento de Estado, revelaría el misterio: al más alto nivel, la Casa Blanca y El Carmen habían tenido conversaciones de contenido aún no revelado. Esa línea directa con Estados Unidos no es una cuerda que libere el régimen de sus arenas movedizas, pero se suma a las señales contradictorias que marcan el día.
Almagro. Artículo aparte merece la danza de Almagro, hombre acostumbrado a giros políticos, de derecha a izquierda y viceversa, declarando, primero, que no se podía decir que Nicaragua era una dictadura; diciendo, después, que había que esperar el fin de su mandato para ir a elecciones con reformas, que nadie conoce y que negoció con Ortega; sumándose, luego, a la necesidad de adelantar las elecciones y, ahora, al coro de la indignación generalizada, con todo y foto junto a los estudiantes alzados. Pero el minueto de Almagro, con pasitos forzados hacia el repudio, expresa el creciente aislamiento internacional de Ortega.
¿Cómo interpretar los signos de la hora? Luz tenue que anuncia el final de largo y oscuro túnel o estrella fugaz y engañosa en medio de la tormenta, los sucesos se precipitan como dolores de interminable labor de parto. Con dedos en el teclado, a la hora de estas letras, Nicaragua sigue en medio del infierno.
La tentación es grande de hacer cualquier cosa con tal de salir de las llamas. Ortega lo sabe y apuesta al desgaste doloroso que suma ya dos meses de cierres de caminos y barricadas en los barrios, escasez en los estantes, fuga de capitales y despidos masivos de una población que siempre ha estado comiendo con las uñas. Pero ese pueblo es increíblemente resiliente y con ejemplar impulso ético enfrenta las balas con piedras, sin abandonar el instrumento pacífico que da brillo espectacular a su resistencia.
Entre los acontecimientos que se avecinan, tengamos presente el 27 de junio. Esa fecha se precipita como término siniestro. En esos días, el orteguismo intentará conmemorar sus efemérides más significativas: el “Repliegue” de Managua a Masaya, que selló, en 1979, la caída de Somoza.
Es una fecha obligatoria que será expresión de fuerza remanente o de debilidad fatídica. Si Ortega necesita un símbolo, es ese. También lo es para el pueblo de Monimbó, donde pasa cada año la caravana sandinista. Esta vez no la dejarán pasar y, desde ya, hay voces que llaman a que ese día sea el final. Eso explica el martirio cotidiano del pueblo de Masaya, donde ya no hay esquina sin barricada.
Las cosas no deberían llegar hasta esa fecha. No puede seguir más el régimen de ese nuevo lobo porque “son incontables sus muertes y daños”.
Pero nada es más peligroso que una fiera herida y acorralada. Todavía puede correr mucha sangre en los estertores finales del tirano.
La autora es catedrática de la UNED.

POR VELIA GOVAERE - 5 de julio 2018
Los vientos huracanados de la tragedia nicaragüense, inverosímil, hasta hace poco, nos obligan a despertar de la negación irracional que sostiene nuestra indiferencia.
“Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste”, pero preferimos no ver esos signos de los tiempos agolpados en nuestras puertas. La crisis en Nicaragua nos trajo el soplo del tirano que presentíamos y que, ahora, se confirma con amagos de peste. Los vientos huracanados de esa tragedia, inverosímil, hasta hace poco, nos obligan a despertar de la negación irracional que sostiene nuestra indiferencia.
El repentino genocidio cotidiano de ese pueblo nos acerca de improviso a escenarios más remotos, pero no del todo ajenos. Descansamos sobre un mundo de turbulencias en todos los rincones del globo. Nuestra tranquilidad se revela peligrosamente precaria al estar fundada en organismos internacionales amenazados de obsolescencia, cuando son desafiados hasta puntos extremos de ineficacia.
En todos los escenarios de la inestabilidad internacional, es pregunta obligada dónde están y qué hacen los organismos internacionales responsables de superar las crisis
El sosiego que vivimos esconde grietas insospechadas. Las alianzas que aún sustentan los equilibrios políticos y económicos se revelan azarosamente inestables. Pero de eso todavía no queremos saber nada, hasta que movimientos telúricos inesperados interrumpan la bucólica serenidad de nuestra insoportable excepcionalidad.
Panorama sombrío. La Unión Europea es un laberinto de contradicciones sin resolverse. Macron llegó como soplo sorpresivo de esperanzas. Se comprometió a refundar y relanzar el proyecto comunitario, con masiva inversión pública, contra las restricciones alemanas, y a equilibrar las asimetrías acentuadas por una moneda común, que es al mismo tiempo insostenible e irrenunciable. A un año de su mandato, el panorama es más sombrío que cuando llegó al Elíseo.
Merkel, su mejor aliada, ya no tiene margen de maniobra para apoyar sus iniciativas disruptivas. Diferente a la acostumbrada, esta es otra Alemania, de gobierno extrañamente inestable, ascenso de la derecha y retroceso obligado de su política migratoria.
Pactos efímeros amenazan la unidad ya no solo de la azarosa y a duras penas lograda coalición con la socialdemocracia, sino de su propia alianza de 70 años, como partido de dos alas hermanadas, la nórdica CDU y la CSU bávara.
La cuña de la discordia es el avance de la derecha del partido Alternativa para Alemania, empujado por el rechazo popular a las políticas migratorias de Merkel. A las puertas de elecciones, en octubre, el CSU siente la amenaza de perder su mayoría absoluta en Bavaria.
Su líder, Horst Seehofer, necesita competir a la derecha con la derecha. Mejor romper con Merkel que perder Bavaria. Sin embargo, la línea de Seehofer pone en riesgo la coalición de gobierno con la socialdemocracia. Es el ingreso alemán en la espiral desestabilizante de la incertidumbre política. Pero ante el inminente enfrentamiento comercial con Trump, Europa necesita un frente alemán unido y sólido, que no tiene. Adiós Macron.
Sismos. Mientras tanto, otros movimientos telúricos sacuden Europa. En Turquía, Erdogan, dictador elegido y fortalecido, remoza vínculos con Putin e interviene impune en las guerras de Oriente Próximo. Se hace así más bizarro aún el mosaico de enfrentamientos étnicos y confesionales de una región que inunda a Europa de refugiados.
Italia atraviesa la mayor disfuncionalidad de la posguerra, con el gobierno inverosímil de dos extremos, de derecha uno y de izquierda otro. El brexit sigue sin aterrizaje suave a la vista y, mientras tanto, una guerra comercial amenaza no dejar títere con cabeza.
Si esos acontecimientos no fueran suficientes para sentir la inseguridad que aqueja la zona reputada como la más estable del mundo, este 6 de julio entrará en vigor una guerra comercial abierta y sin restricciones, entre China y Estados Unidos. Trump anunció aranceles por el orden de $34.000 millones. China avisa que hará lo mismo. Ante esa medida de retorsión, Trump anunció estar listo para aranceles de $16.000 millones adicionales.
El gobierno chino dice estar preparado. No es cierto. Nadie puede estar presto para semejante panorama. Quiere calmar sus mercados financieros. No es tan fácil. Estados Unidos es destino del 20 % de las exportaciones de la República Popular. Además, una alta proporción de las inversiones extranjeras en China se fundan en la plataforma comercial que representan los Estados Unidos y que ahora está en entredicho.
Por eso, el simple temor del incremento arancelario anunciado por la Casa Blanca ha supuesto una masiva huida de capitales. En los últimos 15 días, la bolsa de Shanghái ha perdido el 15 % de su valor accionario. Eso representa varios centenares de miles de millones de dólares en pérdidas.
Como consecuencia, el yuan se ha devaluado ya un 3 % frente al dólar, haciendo más competitivas aún las exportaciones chinas. El gobierno chino ha ordenado a los medios de información financiera no referirse, sin permiso previo, ni a Trump, ni a la guerra comercial.
En todos los escenarios de la inestabilidad internacional, es pregunta obligada dónde están y qué hacen los organismos internacionales responsables de superar las crisis. Ahí, OMC, ONU, OEA y, más cercano a nosotros, el SICA, son desafiados por situaciones para cuya superación fueron precisamente creados. Pero llegado ese punto, se revelan ineficaces.
En la hora de los hornos, Venezuela languidece y Nicaragua se desangra. No hablemos de la sopa de babas de la declaración de los presidentes del SICA, del 30 de junio, donde dicen: “Saludamos la voluntad del gobierno de Nicaragua (…) por reafirmar su vocación de diálogo” (¡agh!). Ahí se firma junto al representante del gobierno responsable de las muertes, como si fueran producto del clima y no de un tirano.
Esa es la dura realidad. Organismos ineficaces sin alternativas que les remplacen. Su impotencia reviste una enorme gravedad porque han sido fundamentales y, más bien, necesitan fortalecerse.
Estamos en una fase transitoria de responsabilidad colectiva que necesita reconocer los peligros que nos acechan, aunque no se vislumbre todavía cómo superar las frágiles premisas de nuestra inocente tranquilidad.
La autora es catedrática de la UNED.

POR VELIA GOVAERE - 18 de julio 2018
La estabilidad internacional se funda en plataformas de relaciones sistémicas entre naciones, con organizaciones y tratados que sustentan un tratamiento equitativo.
Con todo y esporádicos socollones, la estabilidad del mundo moderno descansa sobre pilares culturales compartidos. Es el entretejido que conforma la lógica interna de la relación entre las naciones. De la solidez de esos fundamentos deriva el sentido de seguridad que norma nuestras vidas y la relativa tranquilidad que necesitamos para descubrir nuevas rutas de esperanza.
Esa narrativa política, comercial y diplomática es un paradigma que fue sabiamente construido sobre los escombros de 60 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial. Incluso el desparpajo costarricense de privarse, tan tranquila y campante, de instrumentos militares de defensa de su soberanía reposa sobre la confianza en un universo de valores colectivamente aceptado y de instituciones que le dan soporte.
Cabe preguntarse, sin embargo, cómo una sola persona es capaz de fracturar tan peligrosamente los valores que han dado soporte a las relaciones internacionales
Ojos abiertos. Tal vez son prematuros y probablemente pasajeros los temblores que conmocionan los cimientos de las hipótesis políticas comúnmente aceptadas. No llamemos, pues, aún, a las armas. Por líquida que parezca, la realidad que vivimos tiene todavía la fuerza, por lo menos, de la inercia y la ausencia de alternativas robustas y coherentes. Pero sería un error pasar por alto las nubes que oscurecen el horizonte. ¡Cuidado! De tuit en tuit se está minando el subsuelo de nuestra armonía habitual. Nada más peligroso que dormir tranquilos en tiempos de zozobra.
A un año de la administración Trump se puede delinear su paradigma doctrinario. Es una visión contrapuesta a los fundamentos del orden mundial de posguerra y socava la aceptación occidental del lugar hegemónico de los Estados Unidos. Pero eso no explica enteramente el impacto disruptivo de sus políticas.
Doctrina Trump. Los países rivales de Estados Unidos envidian su sistema internacional de alianzas, andamiaje dificultosamente construido, en más de 70 años. Pero la doctrina Trump desprecia la fuerza que deriva su país de sus alianzas y piensa que solo es más fuerte que acompañado. Pareciera que las alianzas solo sirven para explotar el peso del poderío norteamericano, sin pagar el peaje.
La estabilidad internacional se funda en plataformas de relaciones sistémicas entre naciones, con organizaciones y tratados que sustentan un tratamiento equitativo, basado en principios y reglas, no en la fuerza. Según la doctrina Trump, en cambio, el multilateralismo solo favorece a los más débiles. De acuerdo con su brújula confrontacional, es mejor actuar de forma bilateral, para aprovechar su superioridad. Por eso, desprecia todo lo que huele a holístico y multilateral, sea en tratados, como el de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés), o en organismos multilaterales, como la Organización Mundial de Comercio (OMC).
El comercio mundial se basa en un sistema de normas de conducta, reguladas y supervisadas por la OMC. Pero la doctrina Trump siente que las regulaciones ponen en pie de igualdad a Estados Unidos frente a países económicamente más débiles y busca que en cada relación comercial se exprese la ventaja que le debería dar su predominio hegemónico.
Juego de suma cero. El progreso internacional se funda en criterios de avance colectivo, ojalá uniforme, donde cada condición de progreso permita que todos ganen. La visión Trump es de suma cero. Toda ganancia es a expensas de la pérdida de alguien. De ahí se derivan relaciones necesariamente de fuerza, aunque el resultado más probable sea la pérdida colectiva. La experiencia demuestra que la confrontación da una suma menor que cero. Eso no importa si Estados Unidos gana.
La comunidad de naciones busca funcionar con perspectiva estratégica de largo plazo. En Trump, en cambio, todo es táctica inmediata que persigue ganancia instantánea, donde no hay margen para la previsibilidad estratégica de larga data. Es el hoy desarticulado del mañana. Siempre se parte de cero, en instantes inconexos y sin historia. Es la política cada vez más improvisada y sin memoria.
Esos cinco ejes conforman el viejo paradigma político del siglo XIX, echando al traste las premisas del orden internacional de la posguerra. Cabe preguntarse, sin embargo, cómo una sola persona es capaz de fracturar tan peligrosamente los valores que han dado soporte a las relaciones internacionales. Semejante impacto disruptivo solo puede encontrar explicación en fragilidades estructurales que necesitamos entender para superar.
Cuando un solo país tiene hegemonía absoluta, basta un cambio en políticas y prioridades y todo el sistema de alianzas se tambalea. Desde 1648, con la Paz de Westfalia y el fin del dominio de los Habsburgo, se buscó la paz por medio del equilibrio de fuerzas, donde las alianzas buscaban que ningún país alcanzara hegemonía. En la misma Guerra Fría, con el contrapeso de la Unión Soviética, había equilibrio y balance. El mundo unipolar muestra ahora su cara más alarmante con sistemáticas intervenciones unilaterales, desestabilizadoras en todos los escenarios conflictivos.
Sinrazones. Los impactos que está teniendo la administración Trump dejan también en evidencia situaciones pospuestas e inatendidas que ahora dan pie a acciones bajo esos pretextos. Son las “razones” de la sinrazón. En materia comercial, salen a la luz problemas de vieja data: subsidios canadienses a productos lácteos, tratamiento de China como economía de mercado, haciéndose de la vista gorda ante sus políticas de precios manipulados, con subsidios y otras prácticas depredatorias que han derivado en superávits comerciales permanentes; estancamiento de las negociaciones de la Ronda de Doha como flanco abierto del comercio internacional y la lentitud de respuesta de los paneles de la OMC que también empujan al uso de medidas correctivas unilaterales.
Más allá de la fragilidad de las instituciones multilaterales, queda también en evidencia la vulnerabilidad de las mismas instituciones norteamericanas, incapaces, aún, de detener políticas contrarias a aquella línea histórica que había posicionado a Estados Unidos como liderazgo positivo. Ese es el aspecto más peligroso de la fuerza disruptiva de un Trump, insolente con Europa y amigable con Putin.
La autora es catedrática de la UNED.
OCEX participó en la reunión anual del Grupo de Trabajo/Expertos en Competitividad Subnacional (GTECS), realizada en ciudad de Panamá, del 2 al 4 de mayo del año en curso, en representación de la UNED, como miembro de la Red Interamericana de Competitividad (RIAC).
Como bien señala la ayuda memoria de este Grupo de Trabajo, en este encuentro se cumplieron los objetivos de “… promover la competitividad del hemisferio mediante el intercambio de experiencias internacionales sobre competitividad subnacional y el conocimiento sobre las diferentes metodologías en la elaboración de reportes, mediciones y agendas de competitividad a nivel de las provincias, estados, sub-regiones y ciudades de las Américas.”
La incorporación de la UNED a la RIAC es parte de los novedosos procesos de internacionalización de la Universidad. En este caso, la UNED se vinculó a una de las redes de innovación e intercambio de conocimientos más relevantes del hemisferio, que, desde su creación, ha sido liderada por la Secretaría Técnica de la Organización de Estados Americanos.
Esta reunión técnica del Grupos de Expertos fue producto de una gestión conjunta entre la Secretaría de Competitividad y Logística del Ministerio de la Presidencia de la República de Panamá, la Secretaria Nacional Ciencia y Tecnología de Panamá (SENACYT), la Superintendencia de Seguros y Reaseguros de Panamá (SSRP), siempre bajo el liderazgo de la Red Interamericana de Competitividad (RIAC) y de la Secretaría Técnica de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Este evento reunió a 65 especialistas de 14 países del sector privado, público, académico y de organismos internacionales. Como parte de la agenda de trabajo se aprovechó la realización de este taller en suelo panameño, para aprender de la relevante experiencia de este país en logística de carga. El grupo de expertos visitó Colón y la zona del Canal, para conocer los aspectos más significativos que han posicionado a Panamá como HUB logístico en el continente.
En segundo día fue dedicado al intercambio de mejores prácticas hemisféricas, en áreas medulares para la competitividad nacional y territorial. Se compartieron las experiencias de la región y de España sobre Cadenas Regionales de Valor, especialmente en el área de Logística; los logros e impactos de las Políticas Públicas para la Competitividad Hemisféricas; se analizaron las mejores prácticas sobre Indicadores Regionales y Facilitación de Negocios ligada a los Permisos de Construcción y los ejemplos más emblemáticos de Innovación y Emprendimiento Territorial.
Una última sesión de trabajo fue auspiciada en la Ciudad del Conocimiento donde su rector ofreció una explicación del mapa de ruta que posicionó a este “HUB de innovación” en la región, incluyendo las lecciones aprendidas para su asegurar su sostenibilidad. En esta sesión quedan trazados los futuros ejes de trabajo para los miembros de la RIAC, que incluirán aspectos de fuerte relevancia para Costa Rica, como lo son el intercambio de mejores prácticas de encadenamiento productivo, como instrumento de convergencia entre la IED y las pymes nacionales, ligando este aspecto a las experiencias de clúster hemisféricos.
Invitamos a los lectores de OCEX Informa interesados en estas áreas temáticas a analizar las ponencias que podrán ubicar en el siguiente link: http://riacevents.org/gtecs/panama/presentaciones/
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