Atendiendo la gentil invitación de la Embajada Popular China en Costa Rica, la coordinadora de OCEX, Velia Govaere, en su calidad de formadora de opinión y académica, está participando en un intercambio de experiencias culturales, históricas, políticas, productivas y regionales en la República Popular China (RPC). Bajo el auspicio de la Asociación de Diplomacia Pública de China (CPDA, por sus siglas en inglés) y con el apoyo del Centro Internacional de Comunicación de Prensa de China (CIPCC), el Programa de Prensa 2022 se organiza en el II semestre de este año, en la ciudad de Beijing, cubriendo extensos tópicos de la cultura milenaria china y aspectos neurálgicos de la China contemporánea. El programa abarca de junio a noviembre 2022. La coordinadora de OCEX y formadora de opinión de larga data, partió para China el 28 de junio, con “mente abierta y corazón airoso” en https://www.nacion.com/opinion/columnistas/mente-abierta-y-corazon-airoso/YUCU4OBK3VBR3MVBHPF63B7UIA/story/
El programa inició formalmente el 12 de agosto del 2022 con la participación de importantes autoridades de la Cancillería china, entre ellas, la honorable ministra asistente de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, que inauguró la ceremonia y que nos advirtió sobre la complejidad de nuestra tarea, como aspirantes a conocer, un poco más, la cultura china.
Sus palabras reflejan la enormidad de este desafío pero importante labor, que nos permita una concepción sobre China de mayor
claridad y menos matices ideológicos:
“De hecho, actualmente, en el mundo existe dos percepciones sobre China: una la ve como amenaza y desafío, y la otra la ve como oportunidad. Incluso para nosotros los chinos, pocos podrían decir conocer China al 100%, dado que el país cuenta con un territorio de 9,6 millones de kilómetros cuadrados, una población de 1,400 millones de habitantes y una civilización de más de 5 mil años. Todo esto no se puede sintetizar con unas pocas palabras. (…). Creo que ni siquiera el mejor novelista podría imaginar hace 10 años e incluso 5 los cambios trascendentales que se están operando hoy en China.”
Este programa congrega representantes de 90 países en desarrollo del mundo. La participación de América Latina reúne delegados de 22 países y las sesiones se imparten en castellano. Cada uno de los participantes, luego de cumplir la obligatoria cuarentena sanitaria, se congregaron en Beijing. Así, periodistas y formadores de opinión de países en vías de desarrollo de todos los continentes se encuentran en la ciudad capital como parte de este privilegiado programa.
De esa forma los grupos emprendieron una jornada paradigmática para conocer las diversas aristas de la China actual, con una mirada a sus etnias, religiones, acontecimientos históricos, hitos culturales, políticas públicas, modalidades de comunicación y evolución de su sistema político. Entre las conferencias más relevantes se han profundizado aspectos étnicos, culturales, históricos, modalidades productivas y experiencias de éxito de políticas públicas como erradicación de la pobreza.
Así, por ejemplo, el Profesor Chang Fuliang, Decano de la Facultad de Estudios Hispanoamericanos de la Universidad de Beijing impartió una conferencia para comprender mejor la interrelación entre las 56 etnias que pueblan este enorme país, sus idiomas y religiones. Cabe conocer que la etnia Han corresponde al 92% de la población del país y su idioma es lo que se conoce fuera como “chino mandarín” siendo la lengua oficial. El Profesor abordó algunas políticas públicas tendientes a promover la educación bilingüe (chino mandarín y el dialecto correspondiente a la región), una mayor planificación familiar y educación terciaria que protegen la supervivencia de las costumbres y sentido de cohesión de estas etnias, como parte esencial del milenario tejido cultural chino.
Conferencias abiertas al público en universidades públicas refuerzan nuestros conocimientos sobre las deudas públicas y el impacto en América Latina y otras zonas del planeta. En este caso, se nos permitió conocer un novedoso estudio académico de temas financieros que nos conciernen como países en vías de desarrollo altamente endeudados: “The trap of the financial capital: The impact of international bonds on the debt sustainability of the developping countries”.
Si visitas a lugares emblemáticos de la ciudad capital de Beijing son parte de esta experiencia multidimensional como la obligada visita a
la Muralla China, al parque de Bei Hai o las instalaciones del Parque Olímpico de Invierno de Yanqing, que albergaron los Juegos Olímpicos Beijing 2022, también han sido parte integral de una visión panorámica conocer más de cerca las nuevas innovaciones de Huawei, sus proyectos para el futuro y las nuevas aplicaciones de inteligencia artificial.
Dentro de estas experiencias no podían faltar los aspectos culturales como la ceremonia del Té. Una mirada holística a su génesis, sus diversas evoluciones bajo múltiples dinastías y su uso tradicional son reflejo fiel de la historia china y parte esencial de su cultura actual. No en vano “China es la patria del té”.
El programa contempla visitas a provincias, municipios y ciudades emblemáticas en China. De esa forma, el grupo de América Latina partió para la provincia de Shaanxi del 4 al 10 de agosto 2022, donde tuvo contacto directo con experiencias de desarrollo productivo, erradicación de la pobreza, reubicación territorial y múltiples ocasiones de inmersión cultural y gastronómica. La formidable experiencia de la visita a la provincia de Shaanxi queda reflejada en acápite aparte en este boletín por sus importantes lecciones en el ámbito de fomento productivo y alivio a la pobreza. Invitamos a los lectores de OCEX a dar una mirada al territorio provincial de Shaanxi en China.
MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Strategic Communicator
Foreign Trade Observatory (OCEX)
Vice-Rectory for Research - Distance Learning State University (UNED)
Introduction. The New Silk Road, the popular name for the colossal international policy and program of cooperation of the People's Republic of China (PRC), embodies an already irreversible paradigm: the unstoppable shift of the center of gravity of the world economy. At the same time that it represents the geopolitical corollary of the growing economic weight of the Asian Dragon, it also responds, and to the same extent, to China's own internal economic and political necessities, having reached a point of economic development, financial accumulation and increased capabilities that cannot be secured within the confines of its own borders, no matter how large they may be, they are still limited if they are not to remain in the middle-income trap.
It is open to all countries and international organizations that would like to join, with no ideological or political strings attached and on the principle of mutual benefit. It serves both economic and security needs: to find a new engine of growth and to prevent military confrontation prophylactically. As an instrument of closer ties with the international network, it facilitates China's transition to the status of a highly developed country. By making China an articulated part of the world's development and economy, it serves as a preventive factor of confrontations, which would be historically disruptive for everyone.
Therefore, the New Silk Road must be understood within the dynamics of China's national growth and the need to address, under different terms, the interdependence of its peaceful development with the economic future of the world. It is a continuity in a higher stage of the "reform and opening up" process launched by Deng Xiaoping in 1978. As a new engine of growth, it responds to national economic needs. As a new network of international relations, it improves its geopolitical security conditions.
The New Silk Road is a public and diplomatic policy design that signals China's double transition, on the one hand, from a middle-income country to the status of an economically advanced country and, on the other, from a country geopolitically vulnerable to the "Thucydides trap" to its geopolitical consolidation deterring military threats, thanks to an architecture of alliances that establishes for China a new positioning in the international balance.
The middle-income trap in China. A middle-income trap is generally defined as a situation in which a country reaches a certain level of income thanks to the advantages obtained from its previous situation, but then it does not manage to continue growing towards becoming a high-income country. It remains stuck at a middle-income level (defined by the World Bank as between US$10,000 and US$15,000 per capita). At present, while China's GDP is only slightly lower than that of the United States, its GDP per capita is not. In China it is around US$12.5 thousand dollars, while in the United States it has been over US$60 thousand dollars for many years.
Often the average income trap is a product of the country's own success, when the increase in wages that accompanied its development causes it to lose its competitive advantage regarding the attraction of investments and also regarding the export of manufactured products. The trap consists of not being able to get out of the production model that resulted in that level of income by not being able to reinvent itself, to assume new productive or commercial paradigms that allow the development of new capabilities to compete in the high value-added market.
Attracted by the combination of abundant labor and low wage costs, and in search of efficiency, international investments led, since 1978, to a sustained rise in China with annual GDP growth rates, many years above 10%. In 1989, U.S. GDP was 16 times that of China. On the eve of the announcement of the New Silk Road initiative in 2013, US GDP was only 1.3 times higher. In 30 years, China went from a GDP of 150 billion to one of 17 trillion. However, since 2012, China's GDP has ceased to grow above 7.9%. That relative stagnation of its growth placed China in the middle-income economic trap.
The slowdown in the pace of growth since 2012 has forced China to restructure its economy. The global financial crisis confirmed that the labor-intensive, export-oriented development model followed since the 1980s had reached its apex and the middle-income trap needed to be overcome by looking again at its structural problems: Low domestic market in relation to its excess industrial and financial capacities, low national competitiveness in high-tech products, regional imbalance between the development of coastal and inland provinces, low advancement and disconnection in provinces bordering Asia and without access to the sea.
Escaping the middle-income trap. China needed to address its structural challenges with new strategies: introduce new production processes, invest in high-end technology, expand its infrastructure network, balance the population's income, combat inequality, eliminate poverty, stimulate domestic demand and consumption, and fully incorporate its provinces bordering Central Asia into the economic process. At the same time that it needed to undertake all these changes, it also had to create access routes to new markets. The driving idea that needed to be implemented was to move from export-led growth based on cheap labor to a new model based on high productivity and innovation. This new model, in order to create new demand for its products, would also need to favor the economic growth of its less developed trading partners, which are precisely those bordering its most backward areas. The new Silk Road is China's strategic response to escape from the middle-income trap and make the qualitative leap it needs to become a developed economy.
The Thucydides Trap. The Thucydides Trap is a socio-political construct that implies aggressive reactions when dominant countries see the rise of weaker countries whose progress is perceived as threatening to their dominance. The concept was coined by political scientist Graham Allison to point out the danger of a warlike confrontation between the United States and China. Allison refers to the experience of ancient Greece, as explained by Thucydides, a 5th century B.C. Athenian historian, in his History of the Peloponnesian War between Athens and Sparta. Thucydides tells how Sparta, the dominant city-state in ancient Greece, viewed with suspicion the growing economic power of Athens. To guard against Athens becoming stronger, Sparta unleashed provocations until Athens fell into the trap of going into war with Sparta. As a result of that war, both cities fell into decline. As a historical sequel, that war put an end to Greek preeminence in Western history and opened space for the rise of Rome.
Hence the concept of "trap" because it points to the tendency to military conflict when one dominant country "considers" the economic growth of another as a threat to its hegemony. It is "entrapment" because confrontation usually ends badly for all parties. Hence the importance of avoiding clash "pre-emptively" and seeking diplomatic resolution of such conflicts. (Destined for War: ¿Can America and China Escape Thucydides’s Trap? By Graham Allison Houghton Mifflin Harcourt, 2017).
China in Thucydides' Trap. China's gradual but steady progress brought about a change in its relationship with the world. The 2008 financial crisis revealed the importance of China in global economic stability. It also taught China the relative fragility of its own growth fundamentals. Although there is not the slightest historical tradition of territorial aggression on China's part in 3000 years of its history, China's gigantic growth began to be viewed with suspicion. Despite the fact that all the wars in which China has been involved have been defensive wars, the mere fact of its enormous and growing power aroused mistrust.
In addition, there was another shift in international power relations. The gravitation of the world economy shifted from the dominant Atlantic to the Pacific. Some authors point to this shift as the third major turning point in the last 500 years of history. The first shift was the rise of Western Europe in the 15th century, which was consolidated with the Industrial Revolution in the 19th century. The second was the rise of the United States from the beginning of the 20th century to become today's hegemonic world power. The Financial Times (Valentina Romei and John Reed. Financial Times, MARCH 25 2019. At: https://www.ft.com/content/520cb6f6-2958-11e9-a5ab-ff8ef2b976c7) points to 2020 as the beginning of Asia's century. It is based on the fact that, as of that date, Asia Pacific GDP is already greater than the summed GDP of the rest of the world. In this scenario, China's growth is the dominating factor.
China's growth has triggered apprehension in the United States. Since the Obama administration China is considered a strategic rival. This fits the model of the suspicious reaction of a hegemonic power to a rising force. If these misgivings are also coupled with the history of U.S. military interventions at the slightest sign of threat, the growing rivalry with China acquires potential confrontational overtones. Allison refers to it as unavoidable historical preconception. China understands this. It also knows its necessity of avoiding a direct confrontation which would halt its progress and have unthinkable consequences for the human race.
Escaping the Thucydides Trap. The New Silk Road initiative, with its set of international relations actions, is a soft power strategy, without ideological conditions and based on the "win-win" principle. This should also be understood as part of a non-confrontational Chinese effort on its way to international preeminence. Considered as the construction of a gigantic fabric of cooperative relations, based on collective benefit, it goes beyond military alliances and serves as a buffer against international tensions, in a structural effort to avoid falling into Thucydides' trap.
Problems to which China's New Silk Road strategy responds. Between 1949 and 1978, under the leadership of Mao Tse Tung, China consolidated its full independence, after 400 years of commercial onslaughts, foreign aggressions and military occupations. This full autonomy was consolidated into a system of virtual autarchy. In December 1978, under the leadership of Deng Xiaoping, China made a political turnaround that was called "socialism with Chinese characteristics", a program of economic reforms to transform the country into a socialist market economy, open to the world. In 2001, China joined the World Trade Organization and the private sector reached in 2018 the production of more than 60% of GDP. But from 2012 onwards, its economic growth slowed down. With the New Silk Road and under the leadership of Xin Jinping, China takes a new turn at the same time strategic and paradigmatic.
Since 2012, the leadership of the Communist Party of the People's Republic of China realized the limits of the development model followed since the 1980s. The growth rates of its export-oriented economy, which up to that point had been based on the attractiveness of its abundant labor-intensive workforce for Foreign Direct Investment (FDI) by multinationals in search of efficiency, had begun to slow down. In order to continue growing and asserting its position in the world, this slowdown in the pace of growth meant that China needed a paradigm shift. It needed to dispose of a large amount of excess capacity, reorient its internal and external economy towards consumption and services, and develop its own industry based on high technology and innovation. It also needed a harmonious development by putting to good use all the potentials of its territory.
The imbalance between the coastal and inland provinces was another obstacle to that purpose. Territorial gaps posed problems for social and political stability in ethnically diverse territories and with the aggravating factor of separatist Muslim sectors. This combination of problems occurred at the same time that China's own rise was raising geopolitical suspicions. China needed to mark a positive change in its relationship with the world, starting with its immediate Asian environment.
What is the New Silk Road? The New Silk Road is a broad and all-encompassing initiative of the People's Republic of China. It is a public policy of complex and multisectoral interweaving, with global geographic application, and with a character of progressive development, revision and improvement. In its evolution, it has received various denominations. In its first statement, in 2013, it was born as an initiative that renews the old Silk Road, i.e. New Silk Road (we will be using this concept). Then, in Chinese deliberations and documents, it began to be referred to as the Belt and Road Initiative. In its first, more refined strategic elaboration, it was indistinctly called, in English, Belt and Road Initiative (BRI) or "One Belt, One Road" (OBOR).
In terms of its financial dimensions, its geographic scope and its strategic positioning within China, it is the most monumental megaproject of modern times.
Financial dimension. A total investment of four trillion dollars is estimated. Of this sum, China would contribute one trillion dollars. Compared to the Marshall Plan, at current prices, China's contribution to the New Silk Road is ten times greater than the US aid to European countries after World War II. But while the Marshall Plan followed the logic of the Cold War, which was to strengthen countries ideologically aligned as opposed to the socialist bloc and the Soviet Union, the New Silk Road is neither ideologically conditioned nor does it create politically aligned blocs. Nor is it a grant program, but a loan program, with Chinese financing instruments, its "policy banks", strategic public banks such as the Export-Import Bank of China and the China Development Bank. Multilateral financial institutions directly linked to the project have also been created, such as the Silk Road Fund or the New BRICS Development Bank to which is added the Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB), created at the initiative of the People's Republic of China, in 2016. From 57 founding member countries, its membership has risen to 105 countries. The Bank has approved loans for 163 projects amounting to US $32.82 billion. Its initial motto: "lean, clean and green" speaks of streamlining operations, fighting corruption and prioritizing environmental projects. Its new motto "i4t" (Infrastucture for tomorrow) signals the priority of financing green infrastructure with sustainability, innovation and connectivity criteria.
Strategic positioning within China. The whole of China is involved in the initiative, from the central government to local authorities. State-owned and private sector companies are incorporated in its development programs. Universities are taking on responsibilities in exchange and scholarship programs, as well as in research projects. The media is fully involved in all aspects of its follow-up. The climax of its strategic positioning came on October 24, 2017, on that day at its 19th National Congress, the Chinese Communist Party agreed to amend its Statutes to include the concept of "following the principle of achieving shared growth through discussion and collaboration, and promoting the Belt and Road Initiative." The New Silk Road thus became, beyond a particular state policy, a decisive turning point. This statutory incorporation, that is, mandatory as a transcendent State policy, is only matched by the incorporation of Deng Xiao Ping's reform and opening-up policy, in December 1978, in the party statutes, when the economic reform program "socialism with Chinese characteristics", defined as an open socialist and market economy, was launched.
Operational axes of the geopolitical scenarios:
It comprises five areas of intervention:
Chronology of its definitions and implementation
September 2013: first presentation of the "New Silk Road" project. President Xi Jinping made the first outline of China's new strategic vision during his visit to the Central Asian countries bordering China - Turkmenistan, Kazakhstan, Uzbekistan and Kyrgyzstan.
At the time of launching the New Silk Road initiative, Xi Jinping was visiting Kazakhstan, on China's northeastern border. This Islamic republic borders the Chinese provinces of Qinghai and Gansu, located off the usual Chinese trade accesses, which lie on its coasts. Both these Chinese provinces and Kazakhstan itself have major infrastructure development problems connecting them to international trade.
It is also worth remembering that this region had its greatest boom in ancient times, as a point of entry to China from the network of trade routes through which trade with Europe took place. It lasted 1600 years, until the fall of Constantinople, and became known as the Silk Road. Nothing more appropriate, that Astana, the capital of Kazakhstan, was where China's major strategic initiative was launched.
Xi Jinping said there, "To forge closer economic ties, deepen cooperation and expand space for the development of the Eurasia region, we must take an innovative approach and join efforts to build an economic belt along the Silk Road. We can start by working on individual areas and link them together later to cover the entire region." In that way, the New Silk Road initiative was initially born to improve the economic development conditions of both its provinces furthest from its shores and the countries most detached from world trade. ("Xi proposes a 'new Silk Road' with Central Asia," China Daily, 8 September 2013) https://usa.chinadaily.com.cn/china/2013-09/08/content_16952304.htm
For its neighbors, the offer of its economic integration with China to the south and into Europe to the west was an attractive growth prospect. For China, in addition to improving its reach to energy sources, it is conducive to the economic development of its western provinces (Xinjiang and Tibet) and creates new markets to boost its exports. In this way, the "win-win" idea, a model put forward by Xi Jinping, is materialized.
October 2013. New Maritime Silk Road: expanding the strategy. On the occasion of the Association of Southeast Asian Nations (ASEAN) meeting in Jakarta, President Xi outlined an expansion of his concept of the New Silk Road. In what was the first address by a foreign leader to the Indonesian Parliament, in addition to proposing the creation of an Asian infrastructure investment bank, President Xi added: "China will strengthen maritime cooperation with ASEAN countries to ... vigorously develop maritime partnership in a joint effort to build the 21st Century Maritime Silk Road." Here, too, Xi Jinping made direct reference to the 2000 years of history that had seen how "since ancient times, Southeast Asia was an important hub of the ancient Maritime Silk Road." (Xi Jinping. 2013. Speech by Chinese President Xi Jinping to Indonesian Parliament. At: http://www.asean-china-center.org/english/2013-10/03/c_133062675.htm).
March 2015. Presentation of New Silk Road strategy and scenarios. Two years after Xi Jinping's announcements, the National Development and Reform Commission, the Ministry of Foreign Affairs, and the Ministry of Commerce presented jointly the strategy and scenarios of the New Silk Road in a report entitled "Vision and Actions on Joint Construction of the Belt and Road." That report detailed the objectives of the project, set out details of its implementation, and enunciated the land and maritime corridors on which the initiative would focus.
May 2017. Digital Silk Road Presentation. Two years after the presentation of the New Silk Road strategy and scenarios, President Xi Jinping took advantage of the framework of the Belt and Road Forum for International Cooperation and presented a new component of the Chinese initiative. Thus, without neglecting its traditional infrastructure objectives, the New Silk Road is being expanded to include the digitization of the economy. Thus, new dimensions emerge that China wants to share with the world, in areas such as artificial intelligence, nanotechnology, Big Data development, smart cities, etc. The objectives for this facet, in addition to completing economic cooperation, seek a new space in the production and communication fabric of the world in which the development and implementation of 5G technology is fundamental and in which China has the world's technological vanguard.
New Silk Road Corridors
Eurasian Land Bridge Economic Corridor
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China-Russia-Mongolia Economic Corridor
Derived from the excellent bilateral relations between Mongolia, Russia and China, the three countries promote trilateral exchanges aimed at (1) modernizing and expanding roads and railroads among the three states, (2) promoting cross trade exchanges by reducing border procedures and (3) building industrial linkages. In 2015, a Medium-Term Roadmap for the Development of Trilateral Cooperation between China, Russia and Mongolia was drafted. |
China-Central and West Asia Economic Corridor
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China - Indochina Peninsula Economic Corridor
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China-Pakistan Economic Corridor
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China-Bangladesh-India-Myanmar Economic Corridor
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The 21st Century Maritime Silk Road Corridor
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The digital corridor of the New Silk Road
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Permanent reference of historical continuity. It is noteworthy the reference of continuity that the Chinese leadership always maintains with its millennial past and the way in which they link past answers to present problems. Their 2015 "Vision and Actions" state, "More than two millennia ago, the industrious and courageous peoples of Eurasia explored and opened various trade routes and cultural exchanges that linked the major civilizations of Asia, Europe and Africa, collectively referred to by later generations as the Silk Road. ...For thousands of years, the spirit of the Silk Road - "peace and cooperation, openness and inclusiveness, mutual learning and mutual benefit".... Symbolizing communication and cooperation between East and West, the spirit of the Silk Road is a historical and cultural heritage shared by all countries of the world.... In the 21st century, a new era marked by the theme of peace, development, cooperation and mutual benefit, it is even more important that we continue the spirit of the Silk Road in the face of the weak recovery of the world economy and complex international and regional situations."
The strategic thrusts of the New Silk Road frame the continuity of its history of a shared destiny, since ancient times, with its neighboring peoples and trading partners, which requires the building of an intellect of collective benefit to the challenges of the present. It is, as the Chinese president said, a "win-win" and it responds to the concept of solving one's own problems by helping others to solve theirs. Xi Jinping put it by resorting to an old Chinese saying: "The interests to be taken into account must be the interests of all".
In addition to recalling its historic role in the region and beyond, offering initiatives that expand the internal and external networking capabilities of its trading partners creates an undeniable prospect of growth, for all. It empowers its partners with new infrastructure and better connects them not only to China but to the world.
For Beijing, meanwhile, the various corridors provide it with access to resources necessary for its energy security and, in the case of the Eurasian corridor, facilitate the economic development of its western provinces. In each case it expands new markets for its exports and provides an enviable space for the development of its high-end infrastructure industry, such as high-speed railroads, and its growing strength in cutting-edge technology. This links it with the objective of also stimulating the structural transformation of Chinese production. In fact, one of the factors that has led to a decline in both FDI in China and demand for its manufacturing products is the decline in its competitive advantage for cheap labor. This has been a by-product of both the economic improvement of its increasingly demanding population and the growing offer of cheap labor from other Asian countries.
That is why the New Silk Road must be linked to the "Made in China 2025" initiative, the policy that seeks to break the previous paradigm and bet on quality and technological innovation. With a projected investment of 300 billion dollars, the "Made in China 2025" plan seeks to change China's production model and move from competing on quantity to competing on quality. This means increasing its participation in global value chains. The goal is to have 70% domestic content in high-tech products by 2025. Currently it is only 40%. It is a plan to improve the manufacturing capacity of China's most technology-intensive industries, which are competitive with the most advanced countries in the world.
Readings consulted:
MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora Estratégica
Observatorio de Comercio Exterior (OCEX)
Vicerrectoría de Investigación - Universidad Estatal a Distancia (UNED)
Introducción. La Nueva Ruta de la Seda, nombre popular de la gigantesca iniciativa de política internacional y de cooperación de la República Popular China (RPC), materializa el paradigma mismo de un proceso ya irreversible, el imparable desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial. Al mismo tiempo que representa el corolario geopolítico del creciente peso económico del Dragón asiático, responde también, y en la misma medida, a las propias necesidades económicas y políticas internas de China que alcanzó un punto de desarrollo económico, de acumulación financiera y de incremento de potencialidades que no pueden consolidarse dentro los confines de sus propias fronteras, que por grandes que sean siguen siendo limitados para no quedarse en la trampa de los ingresos medios.
Está abierta a todos los países y organizaciones internacionales que quieran sumarse, sin condiciones ideológicas o políticas y sobre el principio de recabar beneficio mutuo. Atiende al mismo tiempo necesidades económicas y de seguridad: encontrar un nuevo motor de crecimiento e impedir profilácticamente la confrontación militar. Como instrumento de mayor vinculación con el entramado internacional facilita la transición china al estatus de país altamente desarrollado. Al convertir a China en una pieza articulada al desarrollo y economía del mundo, sirve de factor preventivo de confrontaciones, que serían disruptivas históricamente para todos.
Por eso, debe comprenderse la Nueva Ruta de la Seda dentro de la dinámica del crecimiento nacional chino y la necesidad de plantear, bajo nuevos términos, la interdependencia que tiene su desarrollo pacífico con el mismo futuro económico del mundo. Es continuidad dentro de una etapa superior del proceso de “reforma y apertura” lanzado por Deng Xiaoping, en 1978. Como nuevo motor de crecimiento responde a necesidades económicas nacionales. Como un nuevo entramado de relaciones internacionales mejora sus condiciones geopolíticas de seguridad.
La Nueva Ruta de la Seda es un diseño de política pública y diplomática que señala la doble transición de China, por una parte, de país de renta media al estatus de país económicamente avanzado y, por otra, de país geopolíticamente vulnerable a la “Trampa de Tucídides” a su consolidación geopolítica disuasoria de amenazas militares, gracias a una arquitectura de alianzas que establecen para China un nuevo posicionamiento en el equilibrio internacional.
La trampa de los ingresos medios en China. Se define, en general, como trampa de ingreso medio a aquellas situaciones en las que un país alcanza un cierto nivel de ingresos gracias a las ventajas adquiridas por su situación previa, pero luego, no logra seguir creciendo hasta ser un país de renta alta. Se queda estancado en un nivel de renta media (definido por el Banco Mundial entre US10 mil y US15 mil per cápita). En la actualidad mientras el PIB de China es apenas menor que el de Estados Unidos, no así su PIB per cápita. En China ronda los US$12,5 mil dólares, mientras en Estados Unidos sigue estando desde hace muchos años en más de US$60 mil dólares.
Muchas veces la trampa del ingreso medio es producto del propio éxito del país, cuando el aumento de salarios que acompañó su desarrollo le hace perder su ventaja competitiva en atracción de inversiones y también en la exportación de productos manufacturados. La trampa consiste en no poder salir del modelo de producción que resultó en ese nivel de ingresos al no lograr reinventarse, asumir nuevos paradigmas productivos o comerciales que permitan desarrollar nuevas capacidades para competir en el mercado de alto valor agregado.
Atraídas por la combinación de abundante mano de obra y bajo costo salarial y en búsqueda de eficiencia, las inversiones internacionales dieron lugar, desde 1978, a un ascenso sostenido de China con tasas anuales de crecimiento del PIB, muchos años por encima del 10%. En 1989, el PIB de Estados Unidos era 16 veces superior al de China. En vísperas del anuncio de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, en 2013, el PIB norteamericano era sólo 1,3 veces superior. En 30 años, China pasó de un PIB de 150 mil millones a uno de 17 billones. Pero, desde 2012, el PIB de China ha cesado de crecer por encima del 7,9%. Ese estancamiento relativo de su crecimiento colocó a China en la trampa económica de ingresos medios.
Desde 2012, la desaceleración del ritmo de crecimiento obliga a China a reestructurar su economía. La crisis financiera global confirmó que el modelo de desarrollo seguido desde los años ochenta, basado en mano de obra intensiva y orientado a la exportación, había tocado techo y que para superar la trampa de la renta media necesitaba volver la vista a sus problemas estructurales: bajo mercado interno en relación con sus excesos de capacidades industriales y financieras, baja competitividad nacional en productos de alta gama tecnológica, desequilibrio regional entre el desarrollo de las provincias de la costa y el del interior, bajo adelanto y desconexión en provincias colindantes con Asia y sin acceso al mar.
Escapar de la trampa de ingresos medios. China necesitaba enfrentar sus desafíos estructurales con nuevas estrategias: introducir nuevos procesos productivos, invertir en tecnología de alta gama, ampliar su red de infraestructura, nivelar ingresos en la población, combatir la desigualdad, eliminar la pobreza, estimular demanda y consumo internos, incorporar plenamente al proceso económico a sus provincias colindantes con Asia Central. Al mismo tiempo que necesitaba emprender todos esos cambios tenía también que abrir rutas de acceso a nuevos mercados. La idea-fuerza que necesitaba implementarse era pasar del crecimiento basado en las exportaciones sustentadas en mano de obra barata a un nuevo modelo fundado en alta productividad e innovación. Para crear nuevas demandas de sus productos, en este nuevo modelo se necesitaría también favorecer el crecimiento económico de sus socios comerciales menos desarrollados, que son precisamente los que colindan con sus zonas más atrasadas. La nueva Ruta de la Seda es la respuesta estratégica china para salir de la trampa de ingresos medios y dar el salto cualitativo que necesita para convertirse en una economía desarrollada.
La Trampa de Tucídides. La Trampa de Tucídides es un constructo sociopolítico que colige que se dan reacciones agresivas cuando países que dominan ven al ascenso de países más débiles, cuyo progreso se reputa amenazante a su dominio. El concepto fue acuñado por el politólogo Graham Allison para señalar el peligro de una confrontación bélica entre Estados Unidos y China. Allison se remite a la experiencia de la antigua Grecia, tal como explicada por Tucídides, historiador ateniense del siglo V a.C., en su Historia de la Guerra del Peloponeso, entre Atenas y Esparta. Tucídides cuenta cómo Esparta, ciudad-estado dominante en la Grecia Antigua, vio con recelo el creciente poderío económico de Atenas. Para precaverse de que Atenas llegara a ser más fuerte, Esparta desató provocaciones hasta que Atenas cayó en la trampa de entrar en guerra con Esparta. Como resultado de esa guerra, ambas ciudades cayeron en decadencia. Como secuela histórica, esa guerra puso fin a la preeminencia griega en la historia occidental y abrió espacio al surgimiento de Roma.
De ahí el concepto de “trampa” porque apunta a la tendencia al conflicto militar cuando un país dominante “considera” el crecimiento económico de otro como amenaza a su hegemonía. Es “trampa” porque la confrontación usualmente termina mal para todas las partes. De ahí la importancia de evitar el choque de forma “preventiva” y buscar resolver las situaciones por vías diplomáticas. (Destined for War: ¿Can America and China Escape Thucydides’s Trap? By Graham Allison Houghton Mifflin Harcourt, 2017).
China en la Trampa de Tucídides. El paulatino pero sostenido progreso de China produjo un cambio en su relación con el mundo. La crisis financiera de 2008 reveló la importancia de China en la estabilidad económica mundial. También mostró a China la fragilidad relativa de sus propias bases de crecimiento. Aunque no existe la más mínima tradición histórica de agresión territorial de parte de China en 3000 años de su historia, el gigantesco crecimiento de China comenzó a ser visto con recelo. A pesar de que todas las guerras en las que se ha visto involucrada China han sido guerras defensivas, el sólo hecho de su enorme y creciente poderío desató suspicacias.
Adicionalmente, se produjo otro cambio en las relaciones de fuerza internacionales. La gravitación de la economía mundial cambió de eje del dominante Atlántico hacia el Pacífico. Algunos autores señalan ese vuelco como el tercer gran punto de inflexión en los últimos 500 años de historia. El primer giro fue el auge de Europa occidental, en el siglo XV, que se consolidó con la Revolución Industrial, en el siglo XIX. El segundo fue el ascenso de Estados Unidos desde comienzos del siglo XX hasta llegar a ser hoy potencia hegemónica mundial. El Financial Times (Valentina Romei and John Reed. Financial Times, MARCH 25 2019. En: https://www.ft.com/content/520cb6f6-2958-11e9-a5ab-ff8ef2b976c7) señala el 2020 como el inicio del siglo de Asia. Se basa en que, desde esa fecha, el PIB de Asia Pacífico es ya mayor al PIB sumado del resto del mundo. En ese escenario, el crecimiento de China es el factor dominante.
El crecimiento de China desató aprensión en los Estados Unidos. Desde el gobierno de Obama se la considera rival estratégico. Eso calza en el modelo de la reacción recelosa de una potencia hegemónica frente a una fuerza ascendente. Si esos resquemores se asocian, además, con la historia de intervenciones militares de Estados Unidos ante las menores señales de amenaza, la creciente rivalidad con China adquiere potenciales matices de enfrentamiento. Allison lo refiere como prejuicio histórico inevitable. China lo entiende. También sabe que necesita evitar una confrontación directa que frenaría su progreso y tendría consecuencias impensables para el género humano.
Escapar de la Trampa de Tucídides. La iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, con su conjunto de acciones de relacionamiento internacional, es una estrategia de poder blando, sin condiciones ideológicas y basado en el principio de “ganar-ganar” que debe también comprenderse dentro de un esfuerzo chino no confrontativo. Vista como construcción de un gigantesco tejido de relaciones de cooperación, que se sitúa en el terreno del beneficio colectivo, va más allá de alianzas militares y sirve de colchón amortiguador de tensiones internacionales, como esfuerzo estructural para evitar caer en la trampa de Tucídides.
Problemas a los que responde la estrategia china de la Nueva Ruta de la Seda. Entre 1949 y 1978, bajo la dirección de Mao Tse Tung, China consolidó su total independencia, después de 400 años de embestidas comerciales, agresiones extranjeras y ocupaciones militares. Esa plena autonomía se consolidó en un sistema prácticamente de autarquía. En diciembre de 1978, bajo liderazgo de Deng Xiaoping, China dio un giro político que llamó «socialismo con características chinas», programa de reformas económicas para transformar su país en una economía socialista de mercado, abierta al mundo. En 2001, China se unió a la Organización Mundial del Comercio y el sector privado llegó en 2018 a producir más del 60% del PIB. Pero a partir de 2012 se ralentiza su crecimiento económico. Con la Nueva Ruta de la Seda y bajo la dirección de Xin Jinping, China da un nuevo giro al mismo tiempo estratégico y paradigmático.
Desde 2012, la dirección del Partido Comunista de la República Popular China comprendió los límites del modelo de desarrollo seguido desde los años ochenta. Habían comenzado a mermar las tasas de crecimiento de su economía orientada a la exportación que hasta ese punto estuvo basada en el atractivo que ofrecía su abundante mano de obra intensiva para la Inversión Extranjera Directa (IED) de multinacionales en búsqueda de eficiencia. Para seguir creciendo y afirmando su posicionamiento en el mundo, esa desaceleración del ritmo de crecimiento planteaba a China la necesidad de un cambio de paradigma. Necesitaba dar salida a un gran exceso de capacidades, reorientar la economía interna y externa hacia el consumo y los servicios y desarrollar una industria propia basada en alta tecnología y en la innovación. También necesitaba un desarrollo armonioso poniendo todos los potenciales de su territorio.
El desequilibrio entre las provincias de la costa y las del interior era otro obstáculo a ese propósito. Las brechas territoriales planteaban problemas para la estabilidad social y política en territorios de etnias diversas y con el agravante de sectores musulmanes separatistas. Esa conjunción de problemas ocurría al mismo tiempo que el propio ascenso de China provocaba suspicacias geopolíticas. China necesitaba marcar un cambio positivo en la relación con el mundo, comenzando con su entorno asiático inmediato.
¿Qué es la Nueva Ruta de la Seda? La Nueva Ruta de la Seda es una amplia y envolvente iniciativa de la República Popular China. Es una política pública de entrelazamiento complejo y multisectorial, de aplicación geográfica global, con un carácter de desenvolvimiento progresivo de revisión y perfeccionamiento. En su desarrollo ha recibido diversas denominaciones. En su primer enunciado, en 2013, nació como una iniciativa que renueva la vieja ruta de la seda, es decir, Nueva Ruta de la Seda (nosotros utilizaremos ese concepto). Luego, en las deliberaciones y documentos chinos se comenzó a hablar de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. En su primera elaboración estratégica más acabada, se llamó indistintamente, en inglés, Belt and Road Initiative (BRI) o “One Belt, One Road” (OBOR).
Tanto por sus dimensiones financieras, por su amplitud geográfica y por su posicionamiento estratégico dentro de China, se trata del megaproyecto más monumental de los tiempos modernos.
Dimensión financiera. Se calcula una inversión total de cuatro billones de dólares. De esa suma, China aportaría un billón de dólares. Si se compara con el Plan Marshall, traído a precios actuales, el aporte chino a la Nueva Ruta de la Seda es diez veces más grande que aquella ayuda norteamericana a países europeos, después de la II Guerra Mundial. Pero mientras el Plan Marshall seguía la lógica de la Guerra Fría que era fortalecer países ideológicamente afines frente al bloque socialista y la Unión Soviética, la Nueva Ruta de la Seda no está condicionada ideológicamente ni forma bloques políticamente afines. Tampoco es un programa de subvenciones, sino de préstamos, con instrumentos de financiación chinos, sus “policy banks”, bancos públicos estratégicos como el Export-Import Bank of China y el China Development Bank. También se han creado instituciones financieras multilaterales directamente vinculadas con el proyecto, como el Fondo de la Ruta de la Seda o el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS a lo que se suma el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (AIIB), creado por iniciativa de la República Popular China, en 2016. De 57 países miembros fundadores, su membresía ha subido a 105 países. El Banco ha aprobado préstamos para 163 proyectos por monto de US $32,82 mil millones. Su lema inicial: “magro, limpio y verde” habla de racionalización de operaciones, lucha contra la corrupción y priorización de proyectos ambientales. Su nueva divisa “i4t” (Infrastucture for tomorrow) señala la prioridad de financiar infraestructura verde con criterios de sostenibilidad, innovación y conectividad.
Posicionamiento estratégico dentro de China. Toda China está volcada en la iniciativa, desde el gobierno central hasta las autoridades locales. Se incorporan en sus procesos empresas estatales y del sector privado. Asumen responsabilidades de relacionamiento las universidades en programas de intercambios y de becas, así como de proyectos de investigación. Los medios de comunicación están totalmente comprometidos en todos los aspectos de su seguimiento. El momento culminante de su posicionamiento estratégico se dio el 24 de octubre de 2017, ese día en su XIX Congreso Nacional, el Partido Comunista Chino acordó enmendar sus Estatutos para incluir el concepto de "seguir el principio de lograr el crecimiento compartido a través de la discusión y la colaboración, y promover la Iniciativa de la Franja y la Ruta". De esa manera la Nueva Ruta de la Seda se convertía, más allá de una política particular de Estado, en un giro decisivo. Esta incorporación estatutaria, es decir, mandatoria como política trascendente de Estado, es solo comparable a la incorporación de la política de reforma y apertura de Deng Xiao Ping, en diciembre de 1978, en los estatutos del partido, cuando se lanzó el programa de reformas económicas «socialismo con características chinas», definida como economía socialista abierta y de mercado.
Ejes operativos de los escenarios geopolíticos:
Comprende cinco áreas de intervención:
Cronología de sus definiciones e implementación
Septiembre 2013: primera presentación del proyecto “Nueva Ruta de la Seda”. El presidente Xi Jinping hizo el primer esbozo de la nueva visión estratégica de China durante su visita a los países de Asia Central que colindan con China: Turkmenistán, Kazajstán, Uzbekistán y Kirguistán.
Al lanzar la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, Xi Jinping estaba de visita en Kazajstán, en la frontera noreste de China. Esta república islámica confina con las provincias chinas de Qinghai y Gansu, situadas fuera de los accesos usuales del comercio chino, que se encuentran en sus costas. Tanto esas provincias chinas como la propia Kazajstán tienen grandes problemas de desarrollo de infraestructuras que las conecten con el comercio internacional.
Cabe recordar, adicionalmente, que esa región tuvo su mayor auge en la antigüedad, como punto de ingreso a China de la red de rutas comerciales por donde transcurría el comercio con Europa. Se mantuvo durante 1600 años, hasta la caída de Constantinopla y fue conocida como la Ruta de la Seda. Nada más apropiado, que haya sido en Astana, capital de Kazajstán que lanzó la mayor iniciativa estratégica China.
Xi Jinping dijo ahí: “Para forjar vínculos económicos más estrechos, profundizar la cooperación y ampliar el espacio para el desarrollo de la región de Eurasia, debemos adoptar un enfoque innovador y unir esfuerzos para construir un cinturón económico a lo largo de la Ruta de la Seda. Podemos comenzar trabajando en áreas individuales y vincularlas entre sí más adelante para cubrir toda la región”. De esa manera, la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda nace inicialmente para mejorar las condiciones de desarrollo económico tanto de sus provincias más alejadas de sus costas, como de los países más desvinculados del comercio mundial. (“Xi proposes a ‘new Silk Road’ with Central Asia”, China Daily, 8 September 2013) https://usa.chinadaily.com.cn/china/2013-09/08/content_16952304.htm
Para sus vecinos, el ofrecimiento de su integración económica con China, al sur y hacia Europa al oeste era una atractiva perspectiva de crecimiento. Para China, además de mejorar su alcance a fuentes energéticas, propicia el desarrollo económico de sus provincias occidentales (Xinjiang y Tíbet) y crea nuevos mercados que dinamizan sus exportaciones. De esa manera se materializa la idea “ganar-ganar”, modelo planteado por Xi Jinping.
Octubre 2013. Nueva Ruta Marítima de la Seda: ampliación de la estrategia. Con ocasión de la reunión de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), en Jakarta, el presidente Xi, esbozó una ampliación de su concepto de la Nueva Ruta de la Seda. En la que fue la primera intervención de un líder extranjero ante el Parlamento indonesio, además de proponer la creación de un banco asiático de inversión en infraestructura, el presidente Xi añadió: “China reforzará la cooperación marítima con los países de la ASEAN para … desarrollar enérgicamente la asociación marítima en un esfuerzo conjunto para construir la Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI”. También aquí Xi Jinping hizo referencia directa a los 2000 años de historia que habían visto como “desde la antigüedad, el sudeste asiático fue un importante eje de la antigua Ruta Marítima de la Seda”. (Xi Jinping. 2013. Speech by Chinese President Xi Jinping to Indonesian Parliament. En: http://www.asean-china-center.org/english/2013-10/03/c_133062675.htm).
Marzo 2015. Presentación de estrategia y escenarios de la Nueva Ruta de la Seda. Dos años después de los anuncios de Xi Jinping, la Comisión Nacional para el Desarrollo y la Reforma, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ministerio de Comercio, presentaron conjuntamente la estrategia y escenarios de la Nueva Ruta de la Seda, en un informe llamado “Visión y acciones sobre la construcción conjunta de la Franja y la Ruta”. En ese informe se detallan los objetivos del proyecto, se exponen detalles de su implementación y se enuncian los corredores terrestres y marítimos en los que se centraría la iniciativa.
Mayo 2017. Presentación de la Ruta de la Seda Digital. Dos años después de la presentación de la estrategia y escenarios de la Nueva Ruta de la Seda, el presidente Xi Jinping aprovechó el marco del Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional y presentó un nuevo componente de la iniciativa china. Así, sin dejar de lado sus objetivos en materia de infraestructura tradicional, la Nueva Ruta de la Seda se amplía para incluir la digitalización de la economía. Aparecen entonces nuevas dimensiones que China quiere compartir con el mundo, en temas como la inteligencia artificial, la nanotecnología, el desarrollo de Big Data, ciudades inteligentes, etc. Los objetivos para esta faceta, además de completar la cooperación económica, buscan un espacio nuevo en el entramado productivo y comunicativo del mundo en el que el desarrollo e implementación de la tecnología 5G es fundamental y en la que China tiene la vanguardia tecnológica mundial.
Corredores de la Nueva Ruta de la Seda
Corredor Económico del Puente Terrestre Euroasiático
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Corredor Económico de China-Rusia-Mongolia
Derivado de las excelentes relaciones bilaterales entre Mongolia, Rusia y China, los tres países fomentan intercambios trilaterales que apuntan a (1) modernizar y expandir carreteras y ferrocarriles, entre los tres Estados, (2) promover intercambios comerciales cruzados reduciendo tramites fronterizos y (3) construir encadenamientos industriales. En 2015, se diseñó un Mapa Terrestre a Medio-Plazo para el Desarrollo de la Cooperación Trilateral entre China, Rusia y Mongolia. |
Corredor Económico China-Asia Central y Occidental
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Corredor Económico China - Península Indochina
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Corredor Económico China-Pakistán
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Corredor Económico China – Bangladesh -India – Myanmar
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Corredor de la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI
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Corredor digital de la Nueva Ruta de la Seda
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Referencia permanente de continuidad histórica. Es de notar la referencia de continuidad que tiene siempre la dirección china con su pasado milenario y la manera en que vinculan las respuestas del pasado a los problemas del presente. Su “Visión y acciones” del 2015 plantean: “Hace más de dos milenios, los pueblos laboriosos y valientes de Eurasia exploraron y abrieron diversas rutas de comercio e intercambios culturales que unieron a las principales civilizaciones de Asia, Europa y África, denominadas colectivamente por las generaciones posteriores como la Ruta de la Seda. ...Durante miles de años, el espíritu de la Ruta de la Seda - "paz y cooperación, apertura e inclusión, aprendizaje mutuo y beneficio mutuo"... Simbolizando la comunicación y la cooperación entre Oriente y Occidente, el espíritu de la Ruta de la Seda es un patrimonio histórico y cultural compartido por todos los países del mundo... En el siglo XXI, una nueva era marcada por el tema de la paz, el desarrollo, la cooperación y el beneficio mutuo, es aún más importante que continuemos con el espíritu de la Ruta de la Seda ante la débil recuperación de la economía mundial y las complejas situaciones internacionales y regionales”.
Los ejes estratégicos de la Nueva Ruta de la Seda enmarcan la continuidad de su historia de un destino compartido, desde la antigüedad, con sus pueblos vecinos y socios comerciales, que necesita la construcción de un entendimiento de beneficio colectivo a los desafíos del presente. Es, como dijo el presidente chino, un “ganar-ganar” y responde al concepto de resolver problemas propios ayudando a resolver los problemas de sus socios. Xi Jinping lo planteó recurriendo a un viejo refrán chino: "Los intereses a tener en cuenta deben ser los intereses de todos".
Además de rememorar su papel histórico en la región y más allá, el ofrecimiento de iniciativas que amplían las capacidades de conexión interna y externa de sus socios comerciales crea una innegable perspectiva de crecimiento, para todos. A sus socios los empodera con nueva infraestructura y los conecta mejor no sólo a China sino al mundo.
A Pekín, por su parte, los diferentes corredores le proporcionan acceso a recursos necesarios para su seguridad energética y, en el caso del corredor euroasiático, facilita el desarrollo económico de sus provincias occidentales. En cada caso amplía nuevos mercados para sus exportaciones y brinda un envidiable espacio de desarrollo de su industria de infraestructura de alta gama, como los ferrocarriles de alta velocidad, y su creciente poderío en temas tecnológicos de punta. Esto la vincula con el objetivo de estimular también la transformación estructural de la producción china. De hecho, uno de los factores que ha provocado disminución tanto de la IED en China, como de la demanda de sus productos manufactureros, es la disminución de su ventaja competitiva por mano de obra barata. Esto ha sido producto al mismo tiempo del mejoramiento económico de su población, cada vez más exigente, y la creciente oferta de mano de obra barata en otros países asiáticos.
Por eso la Nueva Ruta de la Seda debe vincularse con la iniciativa “Made in China 2025”, la política que intenta romper el paradigma anterior y apuesta por la calidad y la innovación tecnológica. Con una inversión proyectada de 300 mil millones de dólares, el plan “Made in China 2025” busca cambiar el modelo productivo de China y pasar de competir en cantidad a competir en calidad. Eso significa aumentar su participación en las cadenas globales de valor. Se tiene como meta que en 2025 sea un 70% el contenido nacional de sus productos de alta tecnología. Actualmente es sólo el 40%. Es un plan para mejorar la capacidad de fabricación de las industrias chinas más intensivas en tecnología y con capacidad competitiva con los países más avanzados del mundo.
Lecturas consultadas
Presentación del artículo:
“Ley de Inversiones de Uruguay: política fiscal que muestra un desempeño de interés para el estudio en Costa Rica”
MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora Estratégica // (OCEX-UNED)
Vicerrectoría de Investigación
Con un 40% del gasto del gobierno dedicado al pago de la deuda pública del Estado, Costa Rica destina a su atención casi un 11% del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a ¢4,35 billones cada año. Solamente en intereses Costa Rica paga el 4.8% de su PIB, por año, es decir, ¢1,9 billones. Sin embargo, con todo lo grave que son esos números, un permanente déficit primario obliga a complementar los ingresos hacendarios aún con más deuda pública. En niveles ya cerca del 70% del PIB su manejo estructural se convirtió en el principal problema de políticas públicas.
Pero esa no es la única problemática nacional urgente. Con una informalidad cerca del 50%, un desempleo juvenil de 25%, niveles de pobreza mayores al 20% y una desigualdad de 52 puntos del índice de Gini, el décimo país más desigual del mundo, la problemática social de Costa Rica también presenta una situación de emergencia.
Sin embargo, la atención de la deuda pública restringe, como es sabido, las posibilidades que tiene el Estado para asegurar la prestación eficiente de servicios públicos, mejorar la inversión social o en infraestructura. Pareciera evidente que la materia fiscal está en un departamento estanco de la materia social y que los ingresos fiscales sólo pueden atender el gasto social con partidas específicas destinadas a ello. ¿Y si eso no fuera necesariamente cierto? ¿Y si fuera posible que aumentos en el gasto social redunden en aumentos en los ingresos fiscales? Eso sería así si se considerara la materia fiscal y la materia social como una suma mayor que cero.
Frente a la inmensa crisis de la deuda pública, la Administración Alvarado Quesada (2018-2022) convirtió el tema fiscal en el primer problema de políticas públicas. Pero lo hizo desde el ángulo menos propicio de la urgencia de restringir el gasto público para contener los déficits fiscales dado el peligro que supone para las finanzas del Estado el subsecuente crecimiento de la deuda pública. El debate nacional se centró por ello en tomar decisiones que condujeran a políticas restrictivas del gasto público, en especial la regla fiscal, que limita el crecimiento del presupuesto nacional, pero arriesga desembocar en una inconveniente disminución de la inversión social.
Otros temas también del resorte de las políticas públicas, como lo son cambio climático, protección ambiental, crecimiento y formalidad del empleo, educación y entrenamiento laboral, equidad de género, innovación y competitividad productiva, brechas regionales y tantos otros más, disminuyeron su prioridad en la atención administrativa del Estado. En todo caso, parecieron estar, a todas luces, fuera de las preocupaciones fiscales.
Uruguay no lo considera así. El artículo “Ley de Inversiones de Uruguay: política fiscal que muestra un desempeño de interés para el estudio en Costa Rica”, de mi autoría y que fue publicado en la Revista Nacional de Administración (RNA), https://revistas.uned.ac.cr/index.php/rna/article/view/4232/5667">Vol. 13 Núm. 1 (2022), muestra cómo la Ley de Inversiones de Uruguay aborda múltiples objetivos de los propósitos públicos a partir de una política fiscal. En efecto el tema fiscal es utilizado con éxito en Uruguay para orientar la inversión privada con fines más allá de lo económico o hacendario.
También en OCEX hemos externado preocupaciones sobre el manejo de la Hacienda Pública, pero desde un ángulo totalmente diferente. La Dra. Velia Govaere y yo, asumimos desde entonces que la fiscalidad representa el mejor instrumento de fomento de conductas económicas, ya que su manejo permite incidir en las decisiones de inversión privada así como en su conducta operativa ideal. En 2013, publicamos conjuntamente “Heterogeneidad y desigualdad en el modelo costarricense: las tres mejores prácticas latinoamericanas de fomento fiscal a la inversión privada en I+D+i” (RNA), https://revistas.uned.ac.cr/index.php/rna/article/view/530/432">Vol. 4 Núm. 1 (2013). En ese artículo apuntábamos la estructura heterogénea del aparato productivo costarricense y planteábamos que el sistema impositivo debería utilizar políticas de fomento fiscal para orientar la inversión privada con propósitos parafiscales.
Nos preocupábamos en OCEX sobre el papel del Estado en la economía, como dinamizador y orientador del modelo de desarrollo hacia objetivos ambientales, regionales, sociales, educativos y productivos, con aspectos inclusive económicos que no surgen de forma automática de las así llamadas “leyes del mercado”. En este punto, nos situábamos fuera de supuestas “fallas de mercado” y apuntábamos, más bien a lógicas fuera de su estricto ámbito. Subrayábamos que temas tales como la protección ambiental, la desigualdad, la equidad de género, la cohesión social, la innovación, etc., eran susceptibles de ser abordados desde políticas fiscales.
En efecto, si bien en muchas publicaciones se destaca la importancia socialmente redistributiva de las entidades públicas del área social de la Administración Pública, con menor frecuencia se apunta la pertinencia de entes públicos no sociales en la creación de políticas públicas que rompan las barreras formales entre lo económico y lo social e impriman un sentido teleológico, es decir, de finalidad propositiva en consonancia con valores inherentes al contrato social.
Señalábamos que el modelo de desarrollo de Costa Rica, fundado en la apertura comercial con tratados preferenciales de comercio y exitosa atracción de Inversión Extranjera Directa (IED), había diversificado la producción con crecimiento acelerado de las exportaciones y con el consiguiente equilibrio macroeconómico. Pero esas bondades, que también se apoyaron en políticas fiscales de Zonas Francas, ofreciendo exoneración impositiva para la (IED) que repercutieron poco en el tejido productivo, en un desarrollo regional equilibrado, en el combate a la pobreza, en el mejoramiento del empleo formal y en la igualdad de ingresos y la equidad de género. A pesar de la gran diversificaron del aparato productivo que ha tenido lugar, las empresas nacionales han tenido, a lo largo de los años de implementación del modelo, poca evolución de su productividad y competitividad. Todo lo contrario, al éxito exportador lo ha sistemáticamente acompañado un agravamiento de la desigualdad, persistencia de la pobreza y endurecimiento de las brechas territoriales. Precisamente en Uruguay, ese no ha sido el caso.
Existe un contraste notable entre el desempeño de las políticas públicas de Uruguay y las de Costa Rica. En Costa Rica, después de casi 40 años de política comercial exitosa, existe un contraste entre el notable éxito exportador y el bajo desempeño social y el también amplio rezago productivo doméstico de su modelo. Eso ha redundado en constante preocupación de los analistas costarricenses.
A contrario sensu, la economía uruguaya exporta menos, tiene menor complejidad que Costa Rica y su modelo se basa sobre todo en exportaciones agrícolas y de servicios. Pero su economía, también abierta y que, igual que Costa Rica, fomenta fiscalmente sus exportaciones, también enfoca sus exoneraciones fiscales hacia adentro, con políticas productivas que propician el mejoramiento de su sistema productivo y de su mercado interno.
Ese diferente énfasis tiene como resultado que, en Uruguay, el crecimiento económico tenga un desbalance distributivo en favor de la población más pobre. En 2021, fecha de redacción del artículo de marras, el Banco Mundial hacía una constatación sorprendente: “los niveles de ingresos del 40% más pobre de la población uruguaya aumentaron mucho más rápido que la tasa media de crecimiento de los niveles de ingresos de toda la población” (Banco Mundial, contexto Uruguay, 2021).
Esos contrastes se manifiestan con particular agudeza cuando se analiza la capacidad de ambas economías para integrar la población a su sistema productivo formal. En Costa Rica, casi uno de cada dos trabajadores está excluido de la economía formal. Uruguay, en cambio, tiene sólo un 24% de su Población Económicamente Activa en informalidad. Es la tasa de informalidad más baja de América Latina.
En 2013, Govaere y yo recordábamos que Martínez y Hernández (2012) decían que “el gran reto consistía en ajustar el modelo para que facilite la incorporación de la mayoría de la población y del aparato productivo al crecimiento, fin de lograr una sociedad más inclusiva”. Seis años más tarde, eso no ha ocurrido y la situación en Costa Rica no ha cambiado.
Es esta preocupación la que explica el propósito del artículo que invito a leer. En él se analizan los impactos sociales y productivos de la ley de incentivos fiscales a la inversión de Uruguay, que fortalece su entorno productivo y promueve exportaciones. Es eficiente y sus beneficios superan sus sacrificios fiscales. En cambio, el Régimen de Zonas Francas de Costa Rica, si bien estimula la inversión extranjera para promover las exportaciones, lo hace sin parámetros de rendimiento interno. Los distintos acentos producen resultados diferentes. Costa Rica tiene mejores resultados de exportación, pero Uruguay tiene indicadores sociales y productivos superiores. El objetivo de éste artículo publicado en la (RNA) es estudiar los parámetros de desempeño de Uruguay para enriquecer el régimen de incentivos de Costa Rica y fortalecer así su estructura social y productiva.
En su trasfondo más profundo, este estudio ofrece una valoración sociopolítica del instrumento fiscal, brinda desde la institucionalidad del Estado una visión social de la inversión privada, en todos los órdenes de los propósitos ideales de la política. Se plantea la construcción de una nueva forma de redistribución, esta vez no hacia los sectores vulnerables sino, precisamente hacia el mismo aparato productivo que, además de cumplir sus objetivos naturales de beneficio económico, se enriquece de propósitos sociales en un entramado de políticas que rompe las fronteras formales entre lo social y lo económico. Esto confiere a las políticas fiscales una función educativa y cultural de primera línea.
El eje de este estudio es la Ley de Inversiones de Uruguay, que parte de un paradigma, inscrito en su primer artículo: “La promoción de la inversión privada es de interés nacional y debe ser protegida por el Estado”: Esa es su idea-fuerza. La forma en que Uruguay ha implementado ese paradigma es el contenido de este artículo de la RNA que compartimos a continuación, (descarga completa).
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