MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora Estratégica, (OCEX-UNED)
Vicerrectoría de Investigación
En momentos que se cumplen 13 años del establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China y 10 años de vigencia de un TLC entre Costa Rica y China conviene retrotraernos al estado de situación de aquel momento y a los objetivos estratégicos que perseguían ambas naciones con esas iniciativas. Para hacer un balance de la evolución de esta relación necesitamos visualizar las perspectivas que se pudieron haber planteado ambas naciones una década después. China había alcanzado, en aquellos momentos, una considerable estatura mundial y estaba ocupando espacios comerciales de gran calado en América Latina. Costa Rica, por su parte, había entendido la necesidad de reevaluar su política exterior en Asia. En el 2007 establece relaciones diplomáticas con China y el 1 de agosto de 2011 entra en vigencia el TLC para ambas naciones.
Conviene una reseña de ambas realidades. Por su parte, Costa Rica reconoce el espacio que China ya ocupaba en su comercio internacional. Desde el punto de vista chino, el peso económico y productivo de Costa Rica no hacía del comercio el aliciente fundamental para la política exterior china. Para China, el movimiento hacia Costa Rica llenaba, sobre todo, objetivos geopolíticos y diplomáticos globales. Abordar ambos aspectos, el geopolítico y el comercial, permitirá apreciar los alcances, beneficios y desafíos que el establecimiento de relaciones diplomáticas y la aprobación de un TLC han tenido para ambos países.
China en el mundo. En el momento en que Costa Rica establece un TLC con China, la economía china era la segunda del mundo, después de los Estados Unidos. Su PIB, medido en paridad de poder adquisitivo (PPA), representaba el 12.6% del PIB mundial. CEPAL indicaba, en 2012, que el tamaño de la economía china, de más de 5 billones de dólares, superaba, ya entonces, el PIB combinado de todas las economías de América Latina y el Caribe. Eso hacía de China el principal motor del crecimiento económico global y una palanca fundamental para las economías de muchos países de América Latina, sobre todo en el Cono Sur.
En 2009, China respondió por el 62% del crecimiento del PIB mundial. Desde entonces, China fue el mayor exportador de bienes, con casi el 10% de las exportaciones mundiales. También era el segundo mayor importador del mundo, con un 8% de las ventas mundiales. En el siguiente gráfico se muestra el formidable dinamismo de la economía china. China paso de ser el sétimo exportador mundial, a ser el primero, en el escaso período de 10 años.
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GRÁFICO: EXPORTACIONES MUNDIALES 2000-2009 EN (%) |
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| Fuente: CEPAL. 2019 |
Este dinamismo convirtió a China en un voraz mercado de insumos que respondieran por sus exportaciones. Insumos de dos tipos, (1) de bienes intermedios y de materias primas que se encadenaran a sus exportaciones y (2) de bienes finales e intermedios que nutren su crecientemente paralelo mercado de consumo. De esa manera, el apetito importador de China logró irrumpir y revertir el retroceso del valor las materias primas en el mercado mundial.
China en América Latina. En el momento del establecimiento de relaciones diplomáticas con Costa Rica, las materias primas habían alcanzado el 40% del valor de las exportaciones mundiales. América Latina era el principal proveedor de algunos productos que importaba China: 55% de sus importaciones totales de cobre, 57% de sus compras de semillas oleaginosas, 95% de su aprovisionamiento de aceite de soja.
En 2007, América Latina era el principal proveedor de algunos productos primarios que forman parte de las 20 categorías más importantes de importaciones de China. Esa creciente demanda china de productos básicos impulsó las exportaciones y mejoró los términos de intercambio de los países de América del Sur y fue el principal factor de su recuperación y crecimiento económico.
China en Costa Rica. Aunque Costa Rica no formaba parte de ese patrón latinoamericano exportador de materias primas y bienes primarios, sino que su perfil exportador a China se asemejaba al de los países asiáticos productores de alta tecnología, eso era un factor “externo”. No era estructural dentro de las capacidades productivas del país. Estaba concentrado en la exportación de circuitos electrónicos de INTEL, desde Zona Franca, que formaban parte de las cadenas de valor en China. Por eso, eran independientes a las políticas del país y tampoco necesitaron de un TLC para llegar a alcanzar el nivel de exportación que tuvieron.Pero ver a China como segundo país importador de bienes costarricenses despertó el interés en ese país y, en 2006, con la llegada de la Administración Arias, se entendió la importancia de dar un paso que pusiera en la agenda comercial de Costa Rica la relevancia de China en la economía mundial.
El 1 de junio del 2007, entre los objetivos de su política comercial, Costa Rica tomó la decisión de iniciar relaciones diplomáticas con la República Popular China. Era el primer paso de su estrategia integral de inserción comercial en Asia. Sin embargo, Costa Rica no era un país con capacidad de suplir materias primas o productos básicos en gran volumen, pero, en la medida en que el ingreso familiar chino aumentaba, su patrón de consumo se acercaría a crear una demanda con la potencialidad de ser aprovechada por Costa Rica.
Objetivos estratégicos de China con Costa Rica. Al establecer relaciones diplomáticas y al negociar un TLC con Costa Rica, China logró llenar una necesidad estratégica: el reforzamiento de su política de “una sola China”. Cuando Costa Rica reconoció a Beijín como único gobierno legítimo de China, solo 25 países reconocían a Taiwán. Pero entre ellos estaban 5 países de Centroamérica, Panamá y República Dominicana. Nicaragua había establecido relaciones con Beijín, en 1985, durante el gobierno sandinista, pero en un acto de incomprensible desacierto de alineamiento ideológico, el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro volvió a establecer relaciones con Taiwán.
De parte de China el inicio de las relaciones diplomáticas con Costa Rica tuvo una significación sobre todo política, como parte integral de su ofensiva diplomática internacional con el alto simbolismo que tenía abrir un punto más de reconocimiento de la hegemonía territorial de Beijín sobre Taiwán, como parte integral de la República Popular China. De esa manera, Costa Rica se convirtió, en Centroamérica, en la cabeza de playa de la política de “una sola China”.
La apuesta costarricense ha tenido muy buenos frutos para Beijín. En 2017, Panamá firmó relaciones con China; en 2018, lo hicieron República Dominicana y El Salvador, países todos que comparten, junto a Costa Rica, un TLC regional con los Estados Unidos (CAFTA-DR) y podrían ofrecer a China una plataforma exportadora a ese país.
Costa Rica representó una avanzada hacia la consolidación de un punto geopolítico estratégico, sobre todo en Panamá, donde China concretó una inversión de 200 millones de dólares en infraestructura, para acelerar la ampliación del canal. También con Panamá suscribió un TLC. Adicionalmente, brinda apoyo al fortalecimiento de zonas francas, construye una terminal de carga y un tren a la frontera con Costa Rica, para integrarla a su iniciativa de Ruta de la Seda. De esta manera se aprecia la visionaria perspectiva china de integrar las distintas rutas comerciales de la región centroamericana y dar espacio a la creación de un hub chino, como centro de operaciones comerciales y transporte de mercancías chinas en toda América.
Objetivos estratégicos de Costa Rica con China. Costa Rica reconoció la creciente importancia de China en la economía mundial y el rol crecientemente dominante del comercio chino con América Latina. Costa Rica respondía al enorme potencial de un país que ya se había convertido en su segundo destino de exportaciones. La apuesta estratégica de Costa Rica era aprovechar al máximo el potencial importador del mercado chino, propiciar la IED de China en Costa Rica, establecer alianzas y proyectos de infraestructura con empresas chinas y convertir sus vínculos diplomáticos en ejes estratégicos de su desarrollo. Por eso su más importante iniciativa fue el inicio de negociaciones con la perspectiva del establecimiento de un TLC, que entró en vigencia el 1 de agosto de 2011.
Cumpliendo el Memorando de Entendimiento que estableció las relaciones diplomáticas, Costa Rica recibió el otorgamiento de bonos no reembolsables de 30 millones de dólares, China construyó el Estadio Nacional, fundó el Instituto Confucio en la Universidad de Costa Rica, creó el “Barrio Chino” sobre el Paseo de los Estudiantes de San José. De forma conjunta, Costa Rica y la República Popular China intentaron la construcción de una refinería en el Caribe costarricense. Pero, desde el punto de vista estratégico, Costa Rica apostaba fundamentalmente a imprimir mayor dinamismo a su economía con nuevas y mayores exportaciones a ese mercado asiático.
Los flujos comerciales se vieron, en efecto, fuertemente incrementados a partir de la vigencia de su TLC, en 2011, con una tasa de crecimiento de 8.1% en promedio por año. En estos flujos, sin embargo, existe un marcado contraste entre el creciente dinamismo de las importaciones y el fuerte declive de las importaciones. Eso hizo que el déficit comercial de Costa Rica con China pasara del 17% al 36% de su déficit comercial total.
En efecto, las exportaciones de Costa Rica a China se contrajeron con una tasa anual de 12%. De hecho, China, como destino de exportación, pasó del 3% al a ser sólo el 1%. En cambio, después del TLC, las importaciones desde China se dinamizaron a un ritmo de crecimiento anual del 10.1%. China proveía el 7% de las importaciones, y en 2016 eran, más bien, el 13%.
| GRÁFICO:COMERCIO DE COSTA RICA CON CHINA (MILLONES DE DÓLARES CORRIENTES) |
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| Fuente: PROCOMER Y BCCR. 2016 |
El volumen de este “descalabro” exportador se explica por la alta y artificial influencia de las exportaciones de componentes electrónicos desde Costa Rica, a China que representaban en el 2007 cerca del 95.35% de las exportaciones costarricenses a China. Cuando INTEL, la principal empresa exportadora de componentes electrónicos en Costa Rica, trasladó su producción, en 2014, Costa Rica perdió esa base de exportaciones a China. Quedó dependiendo de las exportaciones de sus propios productos nacionales, para los cuales el TLC no significó la ventaja decisiva. Los principales obstáculos de ingreso al mercado chino no han sido de tipo arancelario, sino de carácter fitosanitario. Por eso, la apertura de protocolos de acceso sanitarios, ha abierto el ingreso de carne y leche a ese mercado.
Desde el año 2006, China se posicionó como segundo mercado de destino de nuestras exportaciones. Sin embargo, la oferta exportable a China era muy concentrada. Los cuatro mayores productos costarricenses de exportación a China son (1) procesadores y (2) controladores electrónicos (76%), (3) partes y (4) accesorios de computadoras (19.3%), para un total de 95.35%. De ahí que el resto de productos de Costa Rica, ese año, llegó solamente a un 4.7% de las exportaciones a China. La siguiente tabla muestra esas proporciones en su valor en dólares.
| EXPORTACIONES DE COSTA RICA A CHINA Y HONG KONG (2007) (EN MILLONES DE DÓLARES) |
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| Fuente: Elaboración propia a partir de PROCOMER, estadísticas de exportación. 2007 |
Un brote de peste porcina africana en China destrozó, desde 2017, la producción de carne de cerdos e hizo que en todo el mundo se dispararan los precios de esa carne, la más consumida en China que es su mayor productor y consumidor mundial. Eso ofreció a Costa Rica una gran oportunidad. Entre enero y septiembre de 2020, las exportaciones de carne de cerdo a China representaron el 96% del volumen total de exportación de este producto. Junto a eso, a finales de 2019, se concretó la firma de protocolos para la exportación de pesca marina salvaje y piña congelada.
La industria del reciclaje de desperdicios de metales, papel y plásticos también se ha visto beneficiada por el mercado chino, después del TLC. Pero con todo y esas nuevas aperturas, lo alcanzado en las exportaciones costarricense todavía está muy lejos de las aspiraciones costarricenses cuando se negoció el TLC.
En cambio, la reducción de aranceles en Costa Rica, ha favorecido las importaciones chinas de bienes tecnológicos, como teléfonos celulares, proyectores y computadoras. Asimismo, vehículos de transporte de mercaderías y personas, motocicletas y llantas han aprovechado la disminución del costo de la importación para mejorar su competitividad con productos de otros países. En todos estos casos la reducción de aranceles les ha favorecido, explicando la mayor diversidad y valor de exportaciones desde China después del TLC.
La Inversión Extranjera Directa (IED) de China. En el momento de la suscripción del TLC, China se había convertido en el segundo exportador de capital en el mundo (8.5% en 2010), solamente por detrás de las inversiones de EE.UU. que representaron en ese mismo año, el 18.35%. Dada semejante capacidad de IED que tenía China y su necesidad estratégica de asegurarse la provisión de bienes primarios y extractivos, dada la abundancia de recursos naturales de América Latina y el Caribe (ALC), la región se convirtió en receptora neta de IED china. La gran demanda de materias primas provocada por el crecimiento de las industrias y el consumo chino tuvieron en estos 10 años un efecto positivo sobre los términos de intercambio de los países latinoamericanos, en general, donde los precios de sus exportaciones aumentaban, mientras las importaciones de china disminuían su valor, lo cual ha favorecido a las economías latinoamericanas, estimuladas, además, por la IED china.
Costa Rica como receptor de IED de China. Costa Rica ha visto que el origen de la IED que recibe ha seguido el orden de importancia de sus socios comerciales. Ese es el caso, por ejemplo del posicionamiento de la IED de los Estados Unidos. Es el inversionista 56% en Costa Rica y esa posición es coherente con su hegemonía como principal socio comercial. Con otros socios destacados, como Italia, Holanda y México ocurre algo parecido. Con ellos también existe una relación de la IED y el peso de sus relaciones comerciales. Esos países dan origen respectivamente al 24%, 16% y 15% de la inversión extranjera en Costa Rica.
No es una relación que se mantenga de forma estricta, pero, en general, existe una relación entre la importancia de los países inversores en Costa Rica y su posición como socios comerciales. Eso no ha sido así con China. Pese a su creciente peso como socio comercial, sus inversiones en Costa Rica han sido muy escasas, creciendo, en promedio, menos del 0.3%. En todo el periodo.
| GRÁFICO: SOCIOS COMERCIALES (2019) (EN MILES DE DÓLARES) |
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| Fuente: Elaboración propia a partir de datos de COMEX, 2019. Nota*: MCCA: Mercado Común Centroamericano. |
Esto se explica porque la IED sigue, en general, cinco tipos de objetivos:
1- satisfacer el mercado local;
2- acceso a recursos naturales;
3- obtener eficiencias productivas de menores costos;
4- acceso a terceros mercados;
5- posicionamiento logístico geoestratégico.
Analizando las condiciones de Costa Rica para llenar esos objetivos, con un 47% de su fuerza laboral en la informalidad, el mercado local de Costa Rica es muy pequeño, pobre, de bajo nivel de consumo y no representa un aliciente para invertir. Tampoco tenemos recursos naturales abundantes que China necesite y no existe industria extractiva. Nuestra eficiencia de costos no compite con la de países asiáticos más cercanos a China, ni con los regionales de El Salvador o Panamá. Queda la capacidad de ofrecer, por medio del TLC con Estados Unidos, una plataforma de acceso a ese mercado. Pero también en eso, El Salvador puede ofrecer lo mismo con menores costos y, en el caso de Panamá, una infraestructura logística geoestratégica más desarrollada.
Costa Rica: expectativa de Zona Económica de Desarrollo (ZED). Desde la firma del TLC, nuestro país albergó expectativas de transformación productiva y de servir de plataforma exportadora a compañías chinas basadas en la creación de Zonas Económicas de Desarrollo (ZED), que le ofrecieran a China un punto de apoyo estratégico en la región y a Costa Rica una base más para su propio desarrollo.
La creación de una ZED era una posibilidad para obtener el apoyo financiero y la asesoría de China, para desarrollar territorios con potencial productivo, fuera del Gran Área Metropolitana. Durante el gobierno de Laura Chinchilla (2013-2014), sobre la base de estudios preliminares del Banco de Desarrollo de China y de la Universidad de Beijín, la contraparte china presentó una propuesta de desarrollo de ZED en la región del Pacífico Central del Costa Rica, a partir de una revitalización del Puerto de Caldera, con otras zonas satélites en Liberia, San Carlos, Turrialba y Limón. Desde 2014 está planteado ese proyecto, pero no se conocen avances.
Un balance de una década de relaciones diplomáticas y comerciales. En menos de 10 años, China logró, a partir de sus relaciones diplomáticas con Costa Rica, que otros tres países centroamericanos establecieran relaciones y ofrecieran a China espacios para su comercio y para la afirmación de sus avances geopolíticos a escala global. Desde ese punto de vista, Costa Rica necesitaría una actualización de sus movimientos estratégicos para potenciar su relación con China, esta vez no de forma aislada, sino dentro de una estrategia regional, junto a los otros países del istmo y del caribe que tienen relaciones con China.
Con ocasión de la celebración de la firma un “relanzamiento” de las relaciones con China y de la incorporación de Costa Rica a la nueva Ruta de la Seda, Epsy Campbell, vicepresidenta y en ese momento canciller de Costa Rica, expresó la visión diplomática de su país: “Iniciamos las relaciones con China cuando éramos los únicos en la región, pero ahora la estrategia es diferente; ya no estamos solos y debemos vernos como colaboradores para potenciarnos los cuatro de manera colectiva (…) Estamos dispuestos a hacer una alianza bien poderosa. Este socio vino de lejos para quedarse, con un peso relativo enorme en todos los ámbitos de la agenda global”. En ese esquema, el mejor aprovechamiento del mercado chino, la atracción de sus inversiones y proyectos de infraestructura comunes, en cambio, siguen siendo para Costa Rica, una expectativa inacabada y un desafío sólo parcialmente enfrentado.
| Lecturas consultadas: |
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POR VELIA GOVAERE -
Mitch McConnell, líder de la minoría republicana, es la encarnación misma del filibusterismo
El discurso inaugural de Biden fue una ruptura con la tónica habitual de las tomas de posesión. Ni Obama expresó, con esa contundencia, los inmensos desafíos de discriminación racial de su país. Sólo Ulysses Grant y Lyndon Johnson pusieron, antes de Biden, semejante énfasis en la equidad. Pero Biden es el primero en poner expresamente en su mira la derrota de la "supremacía blanca", que califica como atavismo incrustado en la institucionalidad nacional.
Biden marcó el inicio de su mandato con la mayor profusión de decretos presidenciales de la era moderna. Además de celeridad equitativa a la crisis sanitaria, cada disposición atiende aspectos cruciales de política pública. En ellos, la atención a los desgarres del tejido social ocuparon un lugar central de su mensaje de investidura: “el avance de la equidad, los derechos civiles, la justicia racial y la igualdad de oportunidades es responsabilidad de todo nuestro gobierno".
Conforme a sus palabras, se anuncian ya políticas para combatir los impactos de la inequidad racial en vivienda, justicia penal, derecho al voto, atención sanitaria, educación y movilidad económica. "La equidad racial está entretejida en todos los empeños políticos y no es un compartimento estanco en sí mismo” dijo Cecilia Rouse, primera economista negra que será jefa del Consejo de Asesores Económicos.
Escollo. Esos son sus propósitos. Pero no será juzgado por intenciones, sino por resultados. Esa es la piedra de su zapato. Sus planes contrastan con su debilidad legislativa. La victoria demócrata en Georgia le permitió paridad en el Senado, con desempate posible gracias al voto de su vicepresidenta. Pero eso no basta para lograr cambios legales de gran calado. La legislación que necesita amenaza estrellarse contra el obstruccionismo republicano.
El Partido Republicano nació para la oposición. Es lo que mejor hace. Su mejor instrumento es el filibusterismo y Mitch McConnell, ahora líder de la minoría republicana, es su encarnación misma. No habían comenzado las sesiones del nuevo Senado y ya ese legislador había iniciado su primera batalla: la defensa a ultranza del filibusterismo.
Para reorganizar las comisiones, puso como condición que los demócratas se comprometieran a no eliminarlo. Esa extorsión ya pasó. McConnell aceptó el compromiso de dos senadores demócratas de respetarlo y Biden afirmó también que no tiene intención de suprimirlo. La espada de Damocles quedó intacta.
El filibusterismo es una táctica de obstrucción legislativa que en Estados Unidos tiene clara vocación racista. La simple amenaza escrita de hablar sin coto impide la votación de una propuesta de ley. Se requieren 60 votos para detener ese bloqueo. Una administración necesita esa mayoría para impedir que cualquier legislador bloquee la agenda legislativa con esa táctica.
En la práctica. El filibusterismo es una práctica antidemocrática que se combina con la distribución asimétrica del poder. El Senado tiene cien senadores, dos por Estado, independientemente del tamaño de su población. Estados que entre ellos suman el 16% de la población tienen el 50% de los senadores. Y, como con un 41% se logra el bloqueo filibustero, la representación de poco más de la décima parte del país decide qué ley pasa y cual no.
Y si eso es aberrante, más lo es la forma en que ha sido utilizado. Ha sido baluarte del dominio de la supremacía blanca contra los avances de los derechos civiles de las minorías. Desde la abolición de la esclavitud hasta 1964, el filibusterismo sólo logró obstruir derechos civiles. Después se amplió a detener otras legislaciones progresistas. Pensemos en el linchamiento. En los últimos 100 años el Senado ha visto 200 proyectos de ley en su contra y ninguno ha llegado al voto. Con McConnell, el filibusterismo de e-mail se volvió “arma de obstrucción masiva”, obligando a que casi todos los proyectos necesiten 60 votos.
Obama los tuvo los dos primeros años de gobierno. Después los perdió y aún con mayoría simple, el filibusterismo lo frenó en seco. Pudo haberlo eliminado porque como regla legislativa no está sujeta a filibusterismo. Pero no lo hizo y lo pagó caro. En sus memorias "Una tierra prometida", Obama narra con arrepentimiento no haberse deshecho del filibusterismo cuando pudo.
Sigue vivo. Con el voto de Kamala Harris, la victoria demócrata en Georgia le da a Biden una justa mayoría de 51. Pero para cumplir sus compromisos de gobierno está a la merced de contar con 10 votos más. Difícilmente se los darán los republicanos. Por lo pronto el filibusterismo está vivo y coleando.
Biden sabe que los Estados Unidos se encuentran en una encrucijada decisiva, cuyo corazón combina equidad social y superación de un racismo que él tiene el mérito de reconocer en su dimensión estructural. La restauración de la cohesión nacional y la redención de la disfuncionalidad política son desafíos donde se juega la calidad de la democracia estadounidense y la vigencia de su pacto social.
Con propiedad se podría decir que el gobierno de Biden es un interludio decisivo en la historia de Estados Unidos. Pero puede ser un interludio muy corto. En el escaso margen de dos años, los electores decidirán la continuidad de sus intentos por mejorar las condiciones de vida de los estadounidenses. En noviembre de 2022, hay votaciones de renovación parcial de la Cámara de Representantes y del Senado. Ahí se jugará mejorar su músculo legislativo o perder la nimia ventaja que ahora tiene, para pasar a la historia y no ser presidente de sólo loables intenciones.
Biden confía en su experiencia y en su poder persuasivo para que los republicanos le den una tregua legislativa y no lo acorralen con filibusterismo. Pero se necesitan dos para bailar tango. Los acontecimientos recientes muestran un Partido Republicano recalcitrante y dispuesto a paralizar a Biden. Si no elimina el filibusterismo arriesga quedarse paralizado y en dos años no ganará una administración impotente. Esa es la encrucijada de Biden.
La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED.
Artículo publicado en Periódico La Nación, 30 de enero 2021.
POR VELIA GOVAERE -
La mejor carta de presentación de Mario Draghi es no tener interés alguno en la política
Los astros se alinearon y Mario Draghi pudo formar, en Italia, por primera vez en la historia, un gobierno de unidad nacional. Mucha agua tenía que pasar por el río para llegar hasta eso. Italia está postrada por el embate de la pandemia, pero el Covid-19 sólo ahondó su endémica crisis económica. La Unión Europea le ofrece, ahora, un inmenso fondo de recuperación y sería fatal malgastar esa ayuda. Necesitaba un gobierno confiable y competente para administrarla. Para formarlo, Italia tenía una carta invaluable: Mario Draghi.
Desde hace rato Italia venía cuesta abajo. Cuando se adhirió al euro, la competitividad alemana respondía por esa moneda y ahí quedó compitiendo con una productividad mucho mayor que la suya. Alemania vendía y ofrecía crédito, Italia compraba y se endeudaba. En 1999, Italia y Alemania tenían un nivel de bienestar parecido. Hoy cada italiano produce un 25% menos que un alemán.
Ningún país de la UE sufre una combinación tan grave de dilemas. Su deuda pública llega al 160% del PIB. Su servicio frena las políticas de estímulo y eso resulta en un endémico estancamiento. El progreso se ha desmoronado. Esto es cierto sobre todo en el Sur, con una productividad 25% menor a la del Norte. Calabria parece otro país dentro de la bota italiana, acrecentada la generalizada alienación del mezzogiorno con el crecido señorío de sus diferentes mafias.
Pero no es cualquier país. Es la tercera economía de la UE. Si hay un país que pone en riesgo la estabilidad de ese bloque, ese es Italia. Pero ni cae en el averno que pronostican expertos, ni llega al cielo que pregonan populistas. Vive en precaria inestabilidad. En la cuna de la ópera, si no es drama, no es italiano.
Crisis políticas. Detrás de sus problemas económicos están sus crisis políticas. En el tiempo que Merkel ha estado en Berlín, por Roma desfilaron nueve gobiernos. La élite política se formó en la posguerra entre “Peppone y Don Camillo”, figuras que ilustraban las fuerzas enfrentadas de la guerra fría: alianzas entre clero, mafia y política, para frenar al Partido Comunista de Togliatti. Eso perdió sentido con la caída del muro de Berlín y todo el sistema político italiano estalló en pedazos. Un proceso judicial dejó expuesta la corrupción enraizada en Roma.
Con una élite corrupta la sociedad se fue enviciando de clientelismo. Desde entonces se probó de todo. Italia se dejó seducir por Berlusconi, tuvo gobiernos tecnócratas, intentó cambios estructurales, escogió partidos antisistema. Y cada popularidad duró hasta que llegaba la factura de reformas dolorosas. Es un panorama sombrío, presto a la demagogia populista. Pero hasta esa llegó y fatigó. El Norte puso fe en el populismo de derecha; el Sur, en el de izquierda. Como ninguno pudo formar gobierno, lo hicieron entre los dos, jalando para un lado y para el otro, sin llegar a ningún lado.
El fracaso político se reflejó en el estancamiento del bienestar. En 2019, Italia era más pobre que 20 años atrás (FMI). Ese desmoronamiento del bienestar hizo mella en el alma nacional. Los jóvenes se van. La fecundidad baja. En cuatro años, perdió 500 mil habitantes. Para el 2050 se calcula una contracción del 25% de la población en edad laboral y un envejecimiento que atenta contra su sistema de salud y pensiones.
Y entonces llegó el virus, como infortunio, pero, curiosamente para Italia, también como promesa.
Primero fue el infortunio. El Covid-19 se ensañó con Italia. Ahí aprendimos el pánico de servicios de salud desbordados, la angustia de escoger quien vive. Italia nos enseñó a asustarnos. Quedó extinta una generación de nonni. Y si ya estaba mal, la crisis sanitaria la terminó de rendir. Su economía se contrajo un 9%, el desempleo aumentó un 20%. El FMI advierte que podría retroceder 23 años. En muchas obras de infraestructura se lee "Incompiuto". Miles de construcciones están abandonadas. Son monumentos a un desperdicio calculado en 9 mil millones de dólares.
El estado de ánimo de la familia italiana quedó abatido. No se cree ni en nada ni en nadie. El 84% se sabe mal, más del 80% desconfía de los partidos, casi el 70% no se fía de la administración pública y sólo el 44% se fía del Poder Judicial.
Pero el Covid-19 llegó también como promesa. La crisis sanitaria ofreció a Italia una salida. La necesidad se convirtió en oportunidad. Aquella UE de austero corazón germánico se ablandó. El dolor colectivo se impuso y se decidió un gigantesco plan de salvamento europeo en el que Italia se llevó la tajada del león. No por su fuerza, sino precisamente por el peligro que representa su debilidad. Ahora el futuro no es imposible.
Curiosamente, los 240 mil millones de dólares ofrecidos para Italia, que apenas compensan un año sin turismo, hicieron caer al gobierno. Pero la ocasión del siglo para enrumbar al país también era tentación de hacer fiesta, para el clientelismo empresarial. En nadie se confía para administrar bien esos fondos. Entonces surgió la idea de llamar a Draghi.
Confianza para los mercados. Le dicen Super Mario. Combina la bondad serena de Mujica con la experticia económica de Cardoso. Economista con doctorado en el MIT, es keynesiano de escuela y tiene una trayectoria económica más sofisticada que cualquier otro jefe de estado. Su liderazgo en el Banco Central Europeo salvó al euro cuando rompió el candado alemán en la banca europea. En la historia quedó su frase: “Whatever it takes”. Hacer lo que sea necesario. Así es él y eso da confianza a los mercados. Aun así, su mejor carta de presentación es no tener interés alguno en la política italiana. Creó un gobierno de coalición, pero el manejo económico será de los expertos.
Su mandato, el 67 en Italia, desde la guerra, será el primero con casi unanimidad de apoyo. Nadará entre tiburones y lo sabe. Su ventaja es que le tocará gastar, no recortar. ¿Podrá su popularidad actual resistir los tragos amargos que tendrá que recetar? Esa es la apuesta, porque es la última medicina segura para el paciente italiano.
La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED.
Artículo publicado en Periódico La Nación, 17 de febrero 2021.
https://www.nacion.com/opinion/columnistas/pagina-quince-el-paciente-italiano/WSH6RYTWOVHBBJPXGVKDKFQUUA/story/
POR VELIA GOVAERE -
La Ley para el Pueblo, recién aprobada por la Cámara de Representantes, es una formidable recopilación de medidas de perfeccionamiento del sufragio estadounidense
Cuatro años de Trump erizaron la piel democrática del mundo. El paradigma de un modelo de libertades públicas, libre sufragio y sistemas de contrapesos tuvo una arquitectura conceptual europea, pero Estados Unidos fue su primer prototipo. Es un proceso en construcción. Hasta ahora ha ido avante. El 6 de febrero, masas enardecidas de supremacía blanca asaltaron el Capitolio y el mundo quedó advertido. La democracia sigue en juego. El campo de batalla es el mismo que hace 150 años: el acceso al voto de la población negra.
En 1863, en plena guerra de Secesión, la Proclamación de la Emancipación abolió la esclavitud. Siete años después, se promulgó la 15a enmienda de la Constitución, dando acceso al sufragio de la población negra. Prohibía, expresamente, impedimentos al voto “por motivos de raza, color o condición anterior de servidumbre”. Fue un gran paso de consolidación democrática, en consonancia con sus principios fundacionales. Por lo menos en la letra.
Ese texto constitucional no impidió, sin embargo, que la decendencia cultural de la vieja caterva esclavista sureña despojara a la población afrodescendiente del derecho al sufragio. Así se insertó en la historia jurídica de esa nación una época de legislación a nivel estatal de obstáculos para votar que restringían el acceso de los negros a las urnas. Se les conoce como leyes “Jim Crow”. No es una persona, sino un período de hegemonía de instrumentos jurídicos de supresión del voto negro. Se extiende desde 1870 hasta 1965, con las luchas civiles del siglo pasado, que culminaron con la promulgación del Voting Rights Act (VRA), en el gobierno de Lyndon B. Johnson.
Filibusterismo. “I have a dream” es aquel discurso de Martin Luther King que tenía como trasfondo la lucha contra Jim Crow. Para preservar las leyes estatales que obstaculizaban el voto negro, se necesitaba impedir legislaciones marco, a nivel federal, que las invalidaran. Su instrumento más efectivo fue el filibusterismo. Con él, una propuesta necesita mayoría calificada para ser legislación. Es todo un tinglado articulado desde el nivel estatal hasta el federal. Por ejemplo, si a nivel estatal se imponía que votarán sólo quienes supieran leer, para que los negros fallaran ese examen, a nivel nacional el filibusterismo evitaba que se prohibiera ese requisito.
En 1965, entre estallidos sociales, resistencia pacífica y voluntad política, las estrellas se alinearon para superar el filibusterismo y lograr la aprobación del VRA. Así terminó la era Jim Crow y dio inicio otra. Fue todo un período histórico de incorporación de la población negra a la vida política del país. Obama fue uno de sus puntos culminantes. Otro fue, sin duda, la derrota electoral de Trump, especialmente en Georgia.
En 2013 la mayoría republicana en la Corte Suprema “evisceró” esta ley, al suprimir el control del Departamento de Justicia para evitar leyes electorales estatales que contradijeran la VRA. La difunta jueza Ginsburg escribió que la decisión era como "tirar el paraguas en una tormenta" y Biden acaba de agregar que estamos “en una tormenta de granizo”. El presidente está claro de lo que se juega.
Voz de alerta. La importancia del voto negro se manifestó en la derrota de Trump y la pérdida de dos escaños del Senado en el baluarte sureño de Georgia. Los supremacistas blancos entendieron que deben revivir Jim Crow y se pusieron en marcha. Biden ha sonado la voz de alarma. Hay un asalto al derecho al voto en las legislaturas estatales. “Durante la actual sesión legislativa -dijo Biden- los funcionarios electos de 43 estados han presentado ya más de 250 proyectos de ley para dificultar el voto de los estadounidenses. No podemos permitir que tengan éxito” (WH, 7/3/2021).
A esa arremetida antidemocrática se opone el proyecto de ley “For the People act” (Ley para el Pueblo), recién aprobado por la Cámara de Representantes. Difícil es puntualizar esa formidable recopilación de medidas de perfeccionamiento del sufragio. Anula prácticas estatales restrictivas, universaliza el registro electoral y permite el registro en línea hasta el mismo día de las elecciones. Asegura dos semanas de voto anticipado, como mínimo. Amplía las opciones de voto por correo y restablece el derecho al voto de reclusos. Restablece control del Departamento de Justicia. Obliga a nombrar donantes y amplifica el poder de pequeñas contribuciones complementándolas con fondos federales, en una proporción de 6 a 1. En 10 capítulos, llega hasta obligar a los candidatos a presentar su declaración de impuestos.
“Es una ley histórica que se necesita urgentemente para proteger el derecho al voto, la integridad de las elecciones y para reparar y fortalecer nuestra democracia” -dijo Biden. Esa ley es un escudo protector del voto ante inminentes amenazas de las reformas estatales republicanas. Ese el punto. El tinglado de leyes supresoras estatales y filibusterismo en el Senado es el último bastión de la supremacía blanca.
Batalla decisiva. Biden aprobó su más formidable paquete de rescate sin un solo voto republicano. Lo hizo dejando pelos en el alambre. En sus propias filas precisó de 11 horas para convencer a Manchin, uno de sus legisladores reticentes y lograr los 51 votos que necesitaba. Pudo saltarse el filibusterismo por una excepción presupuestaria. La Ley para el Pueblo no tiene esa dispensa. Ni soñar en aprobarla con el filibusterismo vivo. Para suprimirlo, necesita 51 votos y Manchin se le puede salir del canasto.
For the People Act es una batalla decisiva que definirá la representatividad democrática de Estados Unidos. También asegurará su caudal legislativo en las elecciones de medio período, donde perder sería el fin de la efectividad de su gestión. Se juega, además, el papel de Estados Unidos como líder mundial del sistema político liberal, en franco retroceso en los últimos 15 años. Es una batalla decisiva. Perder no es una opción. Con el mundo a cuestas, Biden sabe el peso que carga contra la recesión democrática.
La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED.
Artículo publicado en Periódico La Nación, 13 de marzo 2021.
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