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Entre la esperanza y el miedo

POR VELIA GOVAERE - 

En 18 grabaciones, el periodista que derribó a Nixon presenta el retrato de Donald Trump hecho por el propio Donald Trump.

Como teatro de dimensiones globales, la humanidad contempla los capítulos finales del drama de las elecciones de Estados Unidos. Es una obra de alto suspenso. En ese escenario se juega todo. Ahí se decidirá la siguiente fase de la historia humana. Más allá de su institucionalidad, por primera vez desde la independencia, se juega la capacidad de autodefensa de la democracia representativa.
No es poca cosa. Todo un paradigma se estremece frente al avance alternativo de otros sistemas de gobierno. El peligro de la continuidad de Trump causaría un daño irreparable. La atención del mundo a una posible tragedia está plenamente justificada.

La más reciente entrega de esta historia es la publicación del libro “Rage”. En 18 grabaciones, en palabras del mismo Trump, el periodista que derribó a Nixon presenta su retrato. Es “El gobierno de Donald, por Donald y para Donald” (Dana Milbank, 10/09/2020). Trump es testigo de cargo contra sí mismo. Confesó a Woodward que era consciente del peligro de la pandemia desde el comienzo. “Es algo mortal, respiras el aire y se transmite, más mortal que la gripe", dice su voz, grabada el 7 de febrero.

¡Claro que lo sabía! El 28 de enero se lo había dicho Robert O'Brien, su Asesor de Seguridad Nacional: "Esta será la mayor amenaza a la seguridad nacional durante su presidencia”. Lo que siguió es una de las más dolorosas tragedias de la historia. Trump decidió minimizar el riesgo e incitar eventos propiciadores de contagio. El 10 de febrero, dijo: "El virus desaparecerá milagrosamente en abril". Y el 24 de marzo, con el contagio rugiendo, anunció la reapertura del país, tres semanas después.

Costo en vidas. Ninguna de sus declaraciones era lo que realmente pensaba. En grabación del 19 de marzo, lo admitió. "Siempre quise restarle importancia". Con su misma voz confesó una abierta y flagrante mentira. Con 6,4 millones de contagios y más de 192.000 fallecidos, la pandemia le ha costado ya más vidas a los Estados Unidos que todas las guerras juntas, en las que ha participado desde 1945.

Esas dañinas políticas sanitarias, fundadas en tan confesadas mentiras, de nefastas pérdidas humanas y materiales, serían más que suficientes para negarle un segundo mandato. Richard Nixon renunció porque mintió, aunque nadie resultara herido. Bastó no poder confiar más en su palabra, para sacarlo de su cargo. En el caso de Trump eso no es evidente.

Al día de hoy, el Washington Post contabiliza más de 20 mil mentiras de Trump. Eso no ha mermado el 40% de votantes de su inquebrantable base electoral. Pero, hasta ahora, quien ha dicho que miente ha sido la prensa independiente. A esa los fanáticos de Trump no dan crédito. Esta vez es su misma voz la que no puede ser refutada. Él confiesa, de viva voz, que miente. Mucho se presume que esta exposición sí le puede salir cara. No estoy completamente segura.

Azuzando resentimientos y rencores, Trump ha forjado una base de fanatismo ciego en la población blanca de baja escolaridad, que siente que está perdiendo hegemonía. La propaganda de odio y miedo que Trump atiza resuena en ellos. Es su marca. En esa burbuja se refugian. A diferencia de una cosmovisión coherente, que no tiene, Trump induce demonios de realidades delirantes. En ellas no cala la sensatez.

Pocos originan tragedias. Que esto sea posible en niveles masivos de población está demostrado, una y otra vez. Ocurrió en Alemania, en su segmento obrero industrial desempleado, donde el Führer capitalizó resentimientos. Era sólo un 30% de la población alemana, pero fue suficiente para la tragedia.

En Estados Unidos ocurre algo parecido. El New York Times (24-08-2020) reporta que el 30% de republicanos que perdieron su empleo se dicen estar económicamente mejor que hace un año. ¿Perdón? Es asombroso cómo hasta la propia percepción de vida está subyugada al pensamiento tribal. Es la distorsión de la realidad como comportamiento de clan y explica el inequívoco apoyo a Trump de un sector impermeable a toda evidencia.

Ese tribalismo tiene bases demográficas y culturales. En un mundo donde el conocimiento decide el perfil del progreso humano y existe una demografía de crecimiento de minorías, el pánico a la pérdida de la hegemonía del hombre blanco tiene asidero, sobre todo en periferias atrasadas y en segmentos cuya baja escolaridad le da escasa movilidad. Es casi la definición sociológica y psicológica de la base de Trump.

Con esa base, incitar al odio y atizar el miedo es su único camino a la reelección. Atrás quedaron las fantasías de grandeza. La edad de oro se esfumó con pandemia y crisis económica. Trump ya no intenta siquiera transmitir esperanza de tiempos mejores. Se limita a pintar pesadillas, ciudades en llamas y Joe Biden como títere de extremistas. Para sus fanáticos, ese mensaje de miedo y amargura es suficiente. Ellos lo ven todo injusto. El rencor los domina.

Salida. Biden encarna exactamente lo opuesto. Reconciliación contra división, empatía frente a resentimiento. Biden extiende brazos, no alza puños. Es algo más de carácter que programático. Joe Biden se presenta como antípoda de Trump: humildad ante su arrogancia, sensibilidad frente a su crueldad, diversidad frente a la exclusión y, como dicen amigos y rivales, simple decencia. Eso no está ni a la derecha ni a la izquierda. Representa un retorno a la normalidad equilibrada frente al permanente caos. Entre esos escenarios se decidirán los votantes en noviembre.

Por encima de otros escenarios posibles, como supresión de votos, intimidación en las urnas, negación de la victoria y caos en el período de transición, hoy por hoy, todo apunta a un reforzamiento de Biden. Trump no tiene mucho margen de nuevos respaldos. No entre mujeres, minorías y una tercera edad indignada por el peligro al que fue expuesta. Todo se decidirá probablemente en Michigan, Wisconsin y Pennsylvania donde se perfila mayor participación. El 40% que respalda a Trump, instigados por el miedo, tendrá que superar ahí las voces de esperanza.

La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED. 

Artículo publicado en Periódico La Nación, 12 de septiembre 2020.

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/pagina-quince-entre-la-esperanza-y-el-miedo/HABMLRPFBNDWZGSPYOEZSEAPLM/story/

 

Un trance aciago

POR VELIA GOVAERE - 

La muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg es un terremoto en la campaña electoral.

La muerte de Ruth Bader Ginsburg, icono de los derechos humanos de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, es un terremoto en la campaña electoral. Su impacto inmediato fue un récord de donaciones electorales. En la primera hora del anuncio de su deceso, más de un millón de personas donaron 6.3 millones a Joe Biden. Un día más y las donaciones alcanzaron 91 millones. Ambas cifras rompieron las estadísticas históricas de donaciones electorales. Tal entusiasmo respondió al terror de que la muerte de Ginsburg permitiera a Trump nominar un sucesor de derecha. Sumaría 6 conservadores en una corte de 9 jueces vitalicios y podría socavar medio siglo de avances de derechos humanos y civiles.

Esa sería la consecuencia de largo plazo. En el plazo inmediato, Donald Trump podría asegurarse la reelección. Si una masa de votantes evangélicos tolera los deslices éticos del gobernante es por la perspectiva de revertir la mayoría progresista de la Corte. Es el maquiavélico fin que justifica a Trump como instrumento de un viraje cultural regresivo en la legislación. Haciendo realidad ese sueño reaccionario, Trump quiere consolidar su base evangélica.La importancia del tema es tal que podría permitirle a Trump redireccionar, a su favor, la narrativa electoral. La nominación de un sucesor de Ginsburg le podría devolver la ofensiva perdida.

A la defensiva. Eso no es poca cosa. Es interminable la lista de sucesos que han puesto a Trump a la defensiva. La más grave es su nefasto manejo de la pandemia, con la perspectiva de 300 millones de muertos para el día de las elecciones. Pero no es lo único. A la rampante crisis económica y crecimiento del desempleo, se suman las denuncias sucesivas de casi todos sus excolaboradores. Hay competencia abierta por quien demuestre mejor sus falencias. Libro tras otro denuncian descaro, incompetencia, ignorancia y mala fe. Se cuenta su afecto por tiranos, su desprecio a militares caídos en combate, las ventajas ofrecidas a enemigos del país y los peligros de su reelección.

Trump ha querido pasar a la ofensiva y no ha podido. Todo le ha fallado. Intentó usar las manifestaciones contra los asesinatos de negros para presentarse como defensor de la ley y el orden. Trató de poner a Biden como títere de extremistas y fue como darse un tiro en el pie. Una mayoría de electores ve, en Biden, una figura conciliadora. Es Trump quien asusta, como provocador de explosiones sociales y raciales. Intentó alejar de Biden a las mujeres blancas educadas, diciendo que una victoria demócrata llenaría de minorías sus suburbios de clase media. Esa narrativa racista no pegó.

La ofensiva. Obligado a una defensiva en la que su espíritu de bravucón no se sabe manejar, vio en la muerte de Ginsburg un asidero para pasar a la ofensiva. Una consolidada mayoría conservadora en la Corte Suprema podría darle a Trump un rédito menos ideológico y más concreto: asegurarle la victoria por vía judicial.

Desde hace meses, las encuestas favorecen a Biden, con una mayoría de más de 10 puntos del voto popular. Y nada ha revertido esa tendencia. Que Trump pierda las elecciones es un horizonte muy probable. El apoyo a Trump se mantiene estable. Pero, desde que Biden es candidato, las encuestas le favorecen. La razón estriba en las preferencias de los independientes. Antes de la pandemia no había mucha diferencia. Pero el mal manejo de la crisis sanitaria creó un alud de apoyo independiente a Biden, dándole una ventaja de 9 a 17 puntos. Es por eso que Trump va a la zaga de Biden. Un 6% de indecisos no es suficiente para cambiar las perspectivas de una victoria demócrata, en voto popular y en el Colegio Electoral.

Narrativa del fraude. Eso explica que la nueva narrativa de Trump es denunciar, desde ahora, un fraude electoral, para que las elecciones sean decididas por vía judicial. Aquí aparece la importancia práctica de una todavía más fuerte composición de derecha en la Corte Suprema. Eso ya ocurrió. En 2000, Al Gore estaba por delante de George W. Bush en el voto popular. Sin embargo, en Florida, el margen de victoria de Bush era apenas de 537 votos, para llevarse los 29 delegados de Florida, ganar el Colegio Electoral y así, la presidencia. Con tan pequeño margen, Gore reclamó un nuevo conteo de votos. Bush puso una demanda judicial. Cuando el conteo acercó peligrosamente a Gore a la victoria, la mayoría republicana en la Corte detuvo el conteo y dio por ganador a Bush. El abogado de Bush era John Roberts y fue puesto después por Bush en la Corte Suprema de Justicia, que hoy preside. Con el refuerzo del sucesor de Ginsburg, nominado ahora por Trump, no se puede descartar una repetición de aquel polémico albur.

Embrollo legal. Los procesos electorales en los Estados Unidos son un embrollo legal. No existe el equivalente a nuestro Tribunal Electoral, ni hay una detallada y única reglamentación. Cada Estado tiene sus parámetros. Los documentos válidos de identificación no son los mismos. Hay más de 10 mil diferentes regulaciones electorales locales.

El voto popular elige, en cada Estado, a los posibles delegados de cada partido. En casi todos, quien gana, aunque sea por un voto, se lleva todos los delegados de ese Estado y con 270 se gana la presidencia. A esto hay que añadir el enredo del voto por correo. Es muy posible que en el recuento de los votos presenciales pueda tomar ventaja un candidato y, luego, a medida que se cuentan los votos por correo, la tendencia cambie. Por otra parte, la certificación de delegados electorales se ha prestado a controversias jurídicas, como en las elecciones de 1876, cuando llegaron al Colegio Electoral certificaciones contradictorias. Las controversias de estos casos pueden terminar en la Corte Suprema.

La noticia del momento es que Trump, ante la fuerte posibilidad de derrota electoral, no aceptará los resultados y acudirá a la Corte a reclamar una victoria judicial. Por eso, una mayoría republicana aplastante en la Corte pone a las democracias de todo el mundo en un trance aciago.

 

La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED. 

Artículo publicado en Periódico La Nación, 26 de septiembre 2020.

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/pagina-quince-un-trance-aciago/FZUJLY3I5JDZ3F2O5RF3DTS35M/story/

 

La gran negación

POR VELIA GOVAERE - 

El desempeño de Kamala Harris en el debate del miércoles no fue suficiente: Pence se negó a aceptar resultados electorales adversos y eso augura una batalla por la democracia.

En el debate de candidatos a la vicepresidencia de los Estados Unidos, Kamala Harris fue todo un ejemplo. Su sonrisa llenó la pantalla. Sin aspavientos sentó sus derechos. Bastaba un gesto de censura con gracia y quedaba expuesto el abuso de su rival cuando violaba el tiempo concedido. Fue asertiva sin ser agresiva, pero estuvo todo el tiempo a la ofensiva. Le enseñó al mundo la fuerza gentil de una mujer empoderada. Cuando todo haya pasado, tal vez olvide sus palabras, pero no la seguridad de su rostro sereno y confiado. Con el lenguaje corporal de un nada disimulado entusiasmo, transmitió al votante el mensaje que más mueve a las urnas: la confianza en la victoria.

Analizada a posteriori, se podría decir que su misión era sencilla. No tenía más que evidenciar lo evidente. En la historia, no existe administración de los Estados Unidos cuyas pifias hayan sido más expuestas a la mirada ciudadana. Kamala sólo tenía que repetir el libreto de los desastres de Trump. Ella representó a la niña de la fábula, cuando dijo que el rey estaba desnudo y, esta vez, infectado por su propia mano.

Misión cumplida. Con elegancia, pero en toda su crudeza, Kamala dejó expuestos los traspiés de una presidencia costosa para el mundo y su pueblo: daño al ambiente, ruptura del acuerdo climático, agresión a aliados, contubernio con enemigos, desprecio de héroes y militares. Esa era su misión. El optimismo de su semblante tradujo la sensación segura de su cometido. Pregunta por pregunta de la moderadora daban pie a enciclopedias de censuras. Pero ella se centró en lo esencial: los centenares de miles de víctimas mortales del manejo obtuso de la pandemia y la brutal amenaza de dejar a millones de ciudadanos sin cobertura de salud. Ahí fue incisiva, repetitiva, contundente, golpeando donde más duele y volviendo, vez tras vez, sobre la misma herida.

Si de lecturas de expresión corporal se tratara, el tenor adusto y estreñido de Pence fue testimonio elocuente de su incómoda posición. Ni una sonrisa en hora y media de una misión imposible: defender lo indefendible, negar lo innegable y esquivar los ganchos certeros de una de las fiscales más capaces del país, en uno de los juicios más sencillos de su historia, con el pueblo de jurado. Se sabía. Se esperaba. Y ella cumplió. “The people rest”, el pueblo ha concluido sus alegatos, como dicen los fiscales al cerrar un caso.

Personajes contrapuestos. Mil cosas separan los mundos de Biden y Trump. En el debate Harris-Pence, retengo la más importante, la visión de la economía. Para Trump, decía Kamala, la economía está bien cuando a sus amigos millonarios les va bien. Para Biden, en cambio, la economía está bien cuando la gente está mejor. Dos filosofías y, sin embargo, ni los millonarios se sienten seguros en el caos.

A Kamala le correspondía consolidar la victoria demócrata que las encuestas vaticinan, el 3 de noviembre. Llegó al debate con el trasfondo de un tumulto de encuestas que predicen una victoria azul. Era apenas apropiado que fuera una mujer quien llenara esa faena, porque el voto femenino decidirá los resultados. Desde 2016, las mujeres son el 53% de votantes. Esa participación las hace el segmento más crucial de las elecciones.

En 2016, Trump logró, extrañamente, superar a Hillary Clinton en el voto de mujeres blancas. ¿Cómo explicarse que ganara el voto de las mujeres un candidato lascivo que se jactaba de su abuso? Esta vez, el voto femenino se decanta con fuerza inaudita por la papeleta Biden-Harris. Es el resultado de cuatro años de Trump, con xenofobia misógina y machista, amenazas al acceso de cobertura de salud e irresponsable manejo de la pandemia. Una formidable brecha de género sustenta el liderazgo de Biden. Si Biden triunfa, será gracias a un tsunami de mujeres que lo apoyan.

Trump sigue dominando el voto masculino. A pesar de todo, sigue contando con una ventaja de 55% de hombres que lo respaldan. A Biden, sólo el 42%. Si por varones fuera, Trump tendría la elección asegurada. Las mujeres son la piedra en su camino. El 65% de las mujeres apoyan a Biden. A Trump, solo el 34%. Ese enorme margen de mujeres que se decantan por la papeleta demócrata le da a Biden la ventaja que tiene.

Visión de género. Los márgenes actuales son de 51% a 43%, a favor de Biden. Teniendo Trump todavía mayoría de apoyo masculino, el giro de las elecciones descansa en el desencanto de las mujeres. Entre los hombres, Trump tiene una ventaja igual a la que tenía frente a Hillary, en 2016. En cambio, las mujeres apoyan a Joe más del doble de lo que respaldaron a Clinton. Aún existe un bache entre mujeres blancas sin educación, donde Trump aún tiene una pequeña mayoría. Sin embargo, lo rechaza un cuarto de las mujeres que lo respaldaron en 2016. Esas republicanas desencantadas son el sector más volátil del respaldo de Trump y fueron mercado meta de la suavidad y elegancia de Kamala en el debate.

También los adultos mayores han cambiado de preferencias. En 2016, votantes de 65 años o más le dieron a Trump nueve puntos de ventaja. Hoy, un 52% de ese segmento respalda a Biden. Son un sector especialmente vulnerable a la crisis sanitaria y le cobran a Trump haber incrementado su riesgo. Los votantes maduros son el perfil ciudadano más susceptible a repudiar el caos reinante.

Al final del debate, una sombra aterradora se proyectó sobre el escenario político de Estados Unidos. Lo anunció una mosca que se posó en la cabeza de Pence. La misma mosca está sobre el plato de los electores. Pence, como su jefe, se negó a aceptar resultados electorales adversos. Ese silencio es el peor de los presagios. Pesa sobre los acontecimientos mucho más que toda su retórica defensiva.
Si se disputan los resultados y se fuerza a nuevos recuentos, se armará la de San Quintín. Está claro que la estrategia de Trump ya no es ganar votos, sino embarrialar la cancha. Mantener el poder a cualquier costo puede llevar a la catástrofe. En ese posible escenario de caos, el silencio de Pence es la gran negación del debate.

 

La autora es coordinadora del OCEX y catedrática de la UNED. 

Artículo publicado en Periódico La Nación, 9 de octubre 2020.

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/pagina-quince-la-gran-negacion/3QPZQAGQ5FANRAMTWGMHB35R4Y/story/

 

Covid-19: dinamizando economías locales

El pasado 20 de agosto, el gobierno provincial de Pichincha (Quito, Ecuador) organizó un conversatorio internacional sobre “Experiencias Locales para dinamizar la economía en América Latina en tiempos de Covid-19” para compartir el estado de situación de varios países de la región latinoamericana de sus sectores productivos y compartir lecciones de éxito o yerros en las medidas gubernamentales o locales utilizadas para proteger o paliar los efectos negativos de la pandemia.

Esta actividad es un esfuerzo del gobierno provincial de Pichincha, donde se encuentra la capital de Ecuador, Quito, para recabar información sobre las medidas aplicadas por otros gobiernos locales, y en el caso de Costa Rica, del gobierno central costarricense. Bajo la moderación de Rocío Guerrero, del Gobierno de Pichincha, participaron en este evento varios especialistas latinoamericanos presentando los casos de Costa Rica (Dra. Govaere/OCEX-UNED), Argentina (Dr. Pedro Espondaburu), Colombia (Dra. Consuelo Sánchez) y el Mg. Herman Gil Forleo que disertó sobre el factor psicológico para retomar la nueva normalidad en el ámbito laboral. Ponemos a su disposición la grabación del evento. 

La Dra. Govaere participó en esta reflexión colectiva a nivel local de varios países latinoamericanos sobre los impactos de la pandemia del Covid-19 en sus respectivos sectores productivos y la aplicación de diversas medidas paliativas, disertando sobre el caso costarricense. Su ponencia aborda la temática de las “Perspectivas del sector exportador costarricense en tiempos del COVID-19”, analizando algunos factores de resiliencia, los embates al sector turismo y las medidas aplicadas, con consecuencias positivas o negativas, para promover la reactivación económica. Se pone a disposición de los usuarios de OCEX Informa la presentación de la ponencia.

 

 

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