uned tx blanco 1Universidad Estatal a Distancia, Costa Rica
Estudiantes Funcionarios
sitemap sitemap icon azul
Observatorio de Comercio Exterior
  • Inicio
  • ¿Quiénes Somos?
    • ¿Qué es OCEX?
    • Misión, Visión y Valores
    • Equipo Técnico
      • Velia Govaere Vicarioli (Coordinadora)
      • Fernando Ocampo Sánchez (Sub-coordinador)
      • Hellen Ruiz Hidalgo (Comunicadora estratégica)
  • Publicaciones OCEX
    • Revistas
    • Libros
    • Documentos
    • Audiovisuales
      • Umbrales
      • Videoconferencias
    • Enlaces
      • Nacionales
      • Internacionales
  • Cápsulas OCEX informa
  • Eventos
    • 2026
    • 2025
    • 2024
    • 2023
    • 2022
    • 2021
    • 2020
    • 2019
    • 2018
    • 2017
    • 2016
    • 2015
    • 2014
    • 2013
    • 2012
    • 2011
    • 2010
    • 2009
  • Boletines OCEX informa
    • 2026
    • 2025
    • 2024
    • 2023
    • 2022
    • 2021
    • 2020
    • 2019
    • 2018
    • 2017
    • 2016
    • 2015
    • 2014
    • 2013
    • 2012
    • 2011
    • 2010
  • Contáctenos

Boletines-Artículos

Transformación Digital de las Universidades

foto adentroLa primera semana de setiembre del 2018, en representación de CONARE y la UNED, Velia Govaere (OCEX) participó en la discusión de la mesa de rectores latinoamericanos de las extraordinarias oportunidades que abren las TICs para las almas mater de nuestra región. Estas oportunidades también, al mismo tiempo, presentan a las universidades con ingentes desafíos en esta época de transformaciones con las tecnologías de la información y comunicación.

Estamos ante la revolución cultural más trascendental desde la invención de la escritura. El conocimiento, privilegio tradicional de unos pocos, se convierte en un Tsunami cultural, sociológico y político que todo lo transforma. Si una sociedad basada en el conocimiento universalmente compartido está transformando ya las relaciones humanas, ¿qué transfiguración representará para instituciones educativas de alto nivel, tradicionalmente encerradas en sí mismas y dedicadas a cultivar el acervo humano, al fin y al cabo, de una élite pequeña? (Govaere, 2018).

Estos temas se debatieron bajo el sugestivo título de la “Transformación Digital de las Universidades”. En ese foro compartieron sus experiencias las casas de enseñanza superior latinoamericanas para mantenerse con una oferta educativa que responda a las necesidades de sus comunidades y pueblos, utilizando al máximo las oportunidades generadas por los nuevas herramientas y plataformas informáticas.

Estos paneles se enmarcaron en la más amplia Conferencia TICAL 2018, que integra el Proyecto de Redes Avanzadas. Se recomienda a los usuarios de OCEX Informa, la excelente oportunidad de tener acceso a experiencias de primera línea. La exposición del Dr. Martin Hilbert, de la Universidad de Davis en California nos llena de asombro bajo el título “Entendiendo el comportamiento humano al nivel de una Ciencia” (Ver presentación).

Otra ponencia nos muestra el uso emblemático de las TICs como estrategia para convertir a la Deakin University, en un líder de innovación y en satisfacción de experiencia de sus estudiantes. La exposición “Prepárense para un mundo totalmente nuevo” del Dr. William Confalonieri, director digital de la Universidad Deakin, nos muestra un impresionante ejemplo de la tecnología al servicio del grado de satisfacción del estudiante en esta universidad australiana. (Ver ponencia).

También se recomienda, a los interesados en la aplicación de plataformas educativas interactivas, conocer las lecciones aprendidas de la experiencia de la UNED en el uso de Moodle dadas a conocer por nuestro representante Rolando Rojas. (Ver presentación).

Cantos de vida y esperanza

Logo periodico La Nacion

 

 

POR VELIA GOVAERE - 20 de agosto 2018

 

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/cantos-de-vida-y-esperanza/FI4PFVBRA5D6BFASBUXJSCO6TA/story/?outputType=amp-type

¿Cuál Carta Democrática detendrá, entonces, la matanza en Nicaragua, ¿si a Venezuela se la dejó languidecer irreparablemente?

Cotidiana y angustiosa, noche interminable de pesadilla, la tragedia de Nicaragua nos está llevando al extremo maligno de acostumbrarnos a ella. ¡Por Dios, que nunca ese dolor nos sea indiferente! La historia de ese pueblo se repite como gota tenaz que nos revienta el alma. Las naciones vecinas atrapadas en voces de condena retórica y la indignación colectiva sumida en la impotencia. Por eso, preferimos, muchas veces, enterrar la cabeza en la arena y no leer nada más sobre Nicaragua.

Me siento en lidia entre la razón o el corazón, mientras escribo. Conciliación imposible. En este dilema me vence el sentimiento. Demasiado atesoro su inmensa alegría de vivir, hoy cortada de un tajo por la sangre derramada. Ese pueblo está solo frente al fusil del tirano. ¿Cómo logra mantener viva su protesta? ¿De dónde saca fuerzas? ¡Que nadie me diga que cada pueblo tiene el gobierno que se merece! Ningún pueblo se merece un Ortega.

Pero a estos tiburones modernos, que nadan en las aguas benditas de la izquierda intocable, los protege un escudo ideológico de fetidez anacrónica

“De diez en diez, de cien en cien, de mil en mil, por los caminos van los campesinos con la chamarra y el fusil”. Así resumía Pablo Antonio Cuadra la repetición perenne de un pueblo empujado a las armas. A ese poeta nicaragüense le decían de derecha, en la época maniquea, cuando todo se dividía en bandos ideológicos de nomenclatura foránea, extraída de la Revolución francesa.

Ni de derecha ni de izquierda, su voz expresaba una indignación ética. Pablo Antonio condenaba la guerra y rezaría hoy para que su pueblo tuviera la fortaleza de resistir la tentación del fusil. Recemos por eso. Solo hay algo más funesto que el perverso opresor: otra guerra civil.

Levantamiento pacífico. Entonces surge el espléndido escenario de un levantamiento pacífico. Es un canto universal de banderas azul y blanco que cobijan un sueño elemental, casi cliché para nosotros, quienes crecimos teniéndolo asegurado: el sueño… — perdónenme tan insufrible romántica— el sueño de la libertad.

El baño de sangre que ha reprimido ciudades y aldeas, pueblos y barriadas, no logra acallar su grandeza. Ningún partido ha logrado capitalizar la sangre derramada. No aparecen sanchos ni quijotes, verdaderos o prefabricados. Por los caminos van los muchachos a rescatar a su país.

No será tan simple como la caída de un meteoro la extinción de los tiranos jurásicos. La permanencia impertérrita de Maduro en el poder, inventando constituyentes y fabricando elecciones, muestra un aspecto paradójico de la resiliencia de esa especie nefasta de dinosaurios: su necesidad de cubrirse con mantras democráticos.

Ya nadie les cree. Son más que evidentes sus montajes teatrales y la indignación pública de rechazo, generalizada. Esos regímenes no se detienen frente a ningún crimen. ¿Por qué, entonces, su esfuerzo fútil de llenarse de símbolos de legitimidad? ¿Ante quién guardar las apariencias? De alguna manera, su poder no está solamente en la boca del fusil. Siempre existen telarañas de complicidades, confesas y ocultas, nacionales e internacionales, que sostienen a las fieras.

Nunca cae solamente un déspota, sino el entramado de intereses por él alimentados. No es Ortega quien se sostiene, sino el orteguismo que quiere ver cómo hace para seguir sin él.

Disfrazados. Orwell lo había entendido en su novela 1984. Hannah Arendt lo explicó en la Banalidad del mal: la civilización impone condicionantes culturales a los atilas modernos y en los lugares menos pensados los tiranos tienen cómplices que necesitan disfrazarse tras una madeja de patrañas.

Detrás del cinismo que derrota todos los asombros, se esconde la pavorosa posibilidad de que regímenes autoritarios lleguen a ser aceptados en círculos respetables.

Así lo probó la historia. En España, con Franco; en Irán, con el sha; en Filipinas, con Marcos; en Chile, con Pinochet. Todos alcanzaron aceptación al mantenerse en el poder. Por eso, previendo supervivencia, se arropan de la ficticia legitimidad que necesitarán después.

Yo tiemblo, por eso. Si sobrevive al estallido popular, ya veo a Ortega sentado a la mesa con nuestros gobernantes. Esta novela no ha terminado y no siempre ganan los buenos. “Aparta de mí este cáliz”, lloró Vallejos.

Ya escribía yo que las fuerzas del tirano estaban intactas y que haría correr sangre en sus últimos estertores.

La sangre sigue corriendo y sobre Nicaragua no termina de extenderse siquiera la paz de los cementerios. Colmadas las cárceles, de diez en diez, de cien en cien, los caminos hacia Costa Rica se llenan de un alud humano de refugiados.

La historia de nuestra hermana volvió estremecedora a las fronteras de nuestra solidaridad. De nuevo, estamos al límite de nuestros recursos. Esto va pa’largo.

Escudo ideológico. Venezuela está destrozada. Es increíble el volumen de daño recibido. Repetir cansa, pero más debería cansar que eso siga impune: no hay medicinas, falta comida, no hay trabajo, la moneda no vale nada y el factor más devaluado es la esperanza. ¿Cuál Carta Democrática detendrá, entonces, la matanza en Nicaragua, si a Venezuela se le dejó languidecer irreparablemente?

A un vulgar gorila, de aquellos de antaño, de chatarra de lata militar, la unanimidad del repudio es suficiente, como lo fue en Honduras, para bajarlo del caballo. Pero a estos tiburones modernos, que nadan en las aguas benditas de la izquierda intocable, los protege un escudo ideológico de fetidez anacrónica. Basta la palabra “imperialismo” y se paraliza la respuesta al clamor de socorro. Relamidos se paralizan los secuaces sectarios. Por eso retumba tanto el silencio timorato del Frente Amplio. Stalin sigue siendo un “padre” para intelectuales prosélitos de visiones trasnochadas que con Ortega llegaron a su culminación más grotesca.

Históricamente, al menos, en Nicaragua y Venezuela, el pueblo ya ganó. Pero falta, todavía, tiempo, hambre, dolor y sangre para que la historia termine de dar su veredicto inapelable. Ese día llegará antes si abandonamos la comodidad de nuestra indiferencia. ¡Unamos nuestra voz a Nicaragua en sus cantos de vida y esperanza!

 La autora es catedrática de la UNED.

 

Al tenor desconocido del sacrificio

Logo periodico La Nacion

 

 

POR VELIA GOVAERE - 29 de agosto 2018

 

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/al-tenor-desconocido-del-sacrificio/36MYR7BM2ZH5BB7WEKMKRQQYOU/story/

En Costa Rica no hay pobres con salario que se ajuste con marcha sindical. Nuestros pobres reales están desempleados o son trabajadores por cuenta propia.

Entre lo malo y lo peor, el alma nacional sigue secuestrada en los tira y afloja del drama legislativo. En ese escenario, digno de telenovela mexicana, se juegan cuentos de espanto, escritos con demagogia.

Con el pretexto de “defender a los más pobres” se pavimenta el camino de su infierno. De sobra se sabe que los más vulnerables siempre pagan primero y con mayor dolor las debacles fiscales. Pero paladines de capirote disfrazan torpezas de buenas intenciones y liman todavía más la garra de una ya tibia reforma fiscal. Quitando aquí para ayudar a este, quitando allá para proteger a aquel, se cavan las fosas comunes donde los últimos que sufrirán serán los falsos profetas.

Así estamos porque así somos: ¿Hay que pagar? ¡Que pague otro! ¿Hay que recortar? ¡Que le recorten a otro! ¿Vamos al abismo? ¡Vayamos todos juntos, iguali…ticos! Eso sí, muy galante, ¡vos primero!

Y entonces, APSE declara paro indefinido. ¡Qué barbaridad! Me quedo sin palabras. Cansa repetir las dos catástrofes entrelazadas que se nos vienen encima: la insolvencia financiera, que nos llevará sin escala intermedia al desmantelamiento del Estado de bienestar. No es una encrucijada. Van juntas y son inevitables si no ponemos coto a la irresponsabilidad fiscal cuya solución siempre creemos que se puede postergar.

Doña Rocío no dudó en decirnos lo evidente: esa gangrena no sana con curitas. Y en vez de agradecer ese coraje de mujer, que muchos hombres ya quisieran, se le acusa, en cambio, de “chantajista”, cuando su deber es precisamente evitar un descalabro que, si no se atiende con ingresos, se necesitará hacerlo con recortes.

No hay salida, porque lo otro sería que la señora ministra, imitando a su melindroso antecesor, se quedara “calladita, bien bonita” y después de ella… ¡el diluvio! Eso sí, también sería ella la que cargaría con las condenas de los mismos que la critican hoy. Hombres necios que acusáis.

Desde el punto de vista de popularidad, haga lo que haga, pierde. Pero, dichosamente, asume una actitud con la cual Costa Rica siempre gana. ¡Yo quiero ser así cuando sea grande!

¿Aprendizaje? Un legislador se dejó decir ayer, por radio, que están estudiando la debacle griega. Me pregunto qué aprenderán de ese pueblo puesto de rodillas por flautistas de Hamelin. Se sabe que tenían una deuda enorme que los hizo insolventes y que, ante la imposibilidad financiera de pagar pensiones e incluso salarios, los griegos salieron a las calles.

Incendiaron vehículos, se enfrentaron a la Policía, hubo muertos y heridos. Las manifestaciones no encontraron dinero para pagar las deudas, pero sí el eco legislativo que las hizo peores. En ese trance, se detuvieron las reformas en aras de la paz social.

Resultado: la deuda creció más, las calificadoras de riesgo los degradaron y los acreedores los acosaron. La inversión huyó. Los pudientes, muchos de ellos profetas socialistas, sacaron sus ahorros, y los pobres, malamente defendidos para obtener sus votos, quedaron indefensos. Grecia terminó vendiendo hasta la camisa.

Las pensiones se rebajaron más de la mitad, igual que los ingresos de los pocos que pudieron seguir siendo asalariados. Finalmente, un partido radical ganó las elecciones y ¿qué hizo? Exactamente lo que se debió haber hecho desde la primera hora: amarrarse colectivamente el cinturón, eso sí, mucho más apretado que si lo hubieran hecho cuando tocaba. Cada día desperdiciado costó sangre, sudor y lágrimas. Ahí se perdió la juventud mejor preparada que buscó oportunidades en el exilio forzado por una economía en bancarrota.

Chantaje. No importan argumentos: APSE va a paro. Resucitamos la crónica griega anunciada, por esta misma Casandra, desde hace años (La Nación, 10/5/2010). El chantaje de las calles contra el sentido común de las cuentas nacionales. Las escuelas cierran. Los niños en casa, muchos sin el sustento del comedor escolar, y todos en el más terrible peligro de que, por conservar una endeble paz social, el gobierno ceda, aunque el descalabro fiscal la echaría, de todas maneras, al traste.

Así estamos porque así somos: ¿Hay que pagar? ¡Que pague otro! ¿Hay que recortar? ¡Que le recorten a otro! ¿Vamos al abismo? ¡Vayamos todos juntos, iguali…ticos! Eso sí, muy galante, ¡vos primero!

Como gran cosa, “adalides de los pobres” se jactarán de quitar un 1 % o un 2 % del IVA a la canasta básica. Fatuo honor. Con cada aumento de un punto de inflación, causado por el irresponsable bloqueo legislativo, los precios de esa misma canasta pondrán un impuesto mucho mayor que aquel que supuestamente salvaron los iluminados.

Que una cosa quede clara: en Costa Rica no hay pobres con salario que se ajuste con marcha sindical. Nuestros pobres reales están desempleados o son trabajadores por cuenta propia. Su precariedad depende de las condiciones económicas. Los verdaderamente pobres son alimentados por una macroeconomía sana. Quitar un punto al IVA para beneficiarlos y dejar el país en bancarrota, y que sus oportunidades se esfumen, no es solo una sandez infinita, sino un crimen de lesa representación.

Y no hablemos del triste honor de quitar el IVA a la educación privada para beneficiar a los “pobres” que pueden pagar hasta medio millón de colones al mes. Arroparse con esa bandera y dejar al país quebrado no tiene decoro.

Irlanda. Tal vez el problema nuestro es haber sido tan dulcemente mimados por la historia. Yo sé de un país castigado por el tiempo. Irlanda conoció hambrunas desgarradoras, amargas guerras, de independencia, primero; fratricidas, después. Deuda pública tan atroz, que Grecia se quedaría corta. Y no hablemos de la rotura profunda en su corazón por una decepción religiosa.

Pero de sus cenizas surgió el tigre celta. Sus secretos mejor guardados fueron su gallardía para alcanzar extraordinarios consensos y su coraje para compartir penurias. En momentos como este, los vientos de Irlanda me traen frescura de primavera. No queremos ser griegos, sino irlandeses.

En un lugar escondido de mi alma, reposa un subconsciente colectivo con una ventana de esperanza. Aún podemos encontrar el tenor desconocido del sacrificio.

 La autora es catedrática de la UNED.

 

Una entreabierta caja de Pandora

Logo periodico La Nacion

 

 

POR VELIA GOVAERE - 25 de septiembre 2018

 

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/una-entreabierta-caja-de-pandora/HLF26KBGEVA2BGKGBLZ52OG4NA/story/

¿Existirá un poder ciudadano oculto que no defienda intereses y nos desate de las amarras de la mezquindad?

¡Cómo cuesta que el teclado se resista a los buenos deseos! La tentación de escribir finales felices es demasiado grande. Pocos autores se atreven a terminar un relato en duelo. Así me ocurre ahora, cuando en el horizonte veo signos de una tormenta perfecta: crisis fiscal, disfuncionalidad legislativa y un Estado ineficiente en el entorno escabroso de la tragedia de Nicaragua, con su crónica anunciada de un alud humano en nuestras fronteras. Pero la cigarra nacional prefiere seguir cantando: “El pueblo unido jamás será vencido”.

Ortega es retratado al borde del colapso. Lo mismo Maduro, varias veces declarado moribundo. La OEA condena esto y aquello. Con cada censura, salta el corazón sobre el teclado para declarar victoria. Eso hace popular a los escritores. Pero 60 años y tres generaciones fueron necesarios para que el refugiado cubano perdiera el apetito de consumir risueñas expectativas literarias. Es duro sobrellevar la impotencia frente al infortunio. Darío no lo soportaba y pedía que se abominaran “los ojos que ven solo zodíacos funestos”.

Ese sunami que viene, imposible de detener con cantos y panderetas, tampoco nos dejará excepcionales. Nos pondrá, más bien, en el lugar que nuestra indolencia nos depara

Pero hoy mi teclado se resiste a la prosa optimista. Un crudo realismo desgarra los mejores sueños. Ni los avances de la ciencia con nuevas fronteras nos pueden rescatar de la trampa política que todo lo enturbia y todo lo esteriliza.

Ese es el nudo gordiano del mundo: el desfase de nuestra cultura política con el universo del espíritu creativo de la tecnología. Amarramos lo intangible con burocracia y nos quedamos atrapados, también nosotros, en esa telaraña.

Con qué dolor se ven compatriotas marchando contra el plan fiscal, acuerpando el bloqueo de un, ya de por sí, pusilánime intento de saneamiento de nuestras finanzas públicas, desdentado desde su cuna, para romper la coalición de los privilegios.

Manipulación. Se cercenó aquí para que no se oponga este; allá, para que no salte aquel y, entre corte y corte, nos quedamos cortos. Gigantes industriales, como la Dos Pinos y grandes financieras, se guarecen bajo la perversa sombrilla del cooperativismo y terminan colegiados con la franquicia de salud, beneficiaria automática de todo aumento salarial. Pero como los privilegios hay que disfrazarlos, cada cual viene con su “pobrecito” de la mano, como los industriales del arroz, lobos disfrazados de “ovejas”, en la forma de pequeños agricultores, en perjuicio de todos los consumidores, en especial los más pobres. Consigna del día: ¡Busque su “pobrecito” y póngalo de bandera en el estandarte de las falsas causas!

Estamos frente a un proyecto de reforma fiscal con más portillos que lo que habríamos deseado, educación privada incluida. Con todo y plan fiscal aprobado, el déficit será de un 7,2 % del PIB al final de este año; la deuda, un 53,8 % del valor de todo lo que producimos, y pagaremos por ella un 17 % por concepto de intereses. Tal cual, es insuficiente; mejorarlo, utópico; y su demora, catastrófica. Aun así, falta, para un veredicto final, el enfrentamiento inevitable con quienes quieren sepultarlo. Ni suizos, ni irlandeses, somos más latinoamericanos de lo que nos gustaría aceptar, proclives en la irresponsabilidad a dejarnos amansar solamente por catástrofes. ¡Valiente rebeldía!

Mientras tanto, la incertidumbre política regional nos acecha en las fronteras. Una avalancha de refugiados prediseña el espectro político de la intolerancia que ya define las atmósferas electorales de países más avanzados. La otredad pareciera insoportable. Cuando tenemos a los “otros” en el vecindario, ya no los queremos. Es fácil la narrativa solidaria, pero la realidad de miles de refugiados nicaragüenses aplasta la retórica y nos confronta con la necesidad de mayor gasto social y mayor tensión de nuestros ya tirantes recursos hacendarios. Es la tormenta perfecta.

Otras víctimas. Cuatro millones de refugiados venezolanos han penetrado Brasil, Colombia, Perú y Ecuador. Pequeñas ciudades vieron llenar sus calles de miles de emigrantes, con la desesperación y angustia de abandonarlo todo por un trozo de pan que el socialismo petrolero del siglo XXI ya no puede garantizar para sus hijos. Ninguna descripción de esa tragedia es suficientemente cruda. La política internacional tiene amagos de peste y su hedor llegó a nuestra frontera norte. Ahí se dibuja un escenario similarmente dantesco, frente al cual el listado de pensiones de lujo publicado por La Nación ofende las fibras más elementales de nuestro sentido no solo de equidad, sino también de sostenibilidad.

Triste consuelo, pensar que, faltos de vigor y voluntad de acuerdos, a esa bestia también la domará una catástrofe financiera. Ese sunami que viene, imposible de detener con cantos y panderetas, tampoco nos dejará excepcionales. Nos pondrá, más bien, en el lugar que nuestra indolencia nos depara.

En esas aguas turbulentas, un capitán dirige la nave. La tormenta no es el mejor momento para promover motines a bordo. Así lo han comprendido todos los capitanes que dirigieron nuestro destino y se unieron para acuerpar su faena. La crisis se acerca en una coyuntura menos favorable que la griega. La incertidumbre internacional se suma a la hecatombe financiera autoinfligida y se agrava con la ineficiencia patética de nuestro Estado, enfermo de opacidad y convenientemente atrasado de modernidad.

Impedidos de cambiar el rumbo de Nicaragua y amarrados a la disfuncionalidad legislativa, solo quedamos como voz que clama en el desierto por una hermandad que no tenemos y una disposición al sacrificio solidario que no alcanzamos. ¿Dónde encontrar la esperanza, en esta entreabierta caja de Pandora? Los antiguos griegos lo dijeron: preciso es que primero salgan desbocadas las desgracias. A pesar de ello, quiero creer que aún existe un poder ciudadano oculto que no defienda intereses y nos desate de las amarras de la mezquindad. Ya bien decía Nietzsche que cambiaría un reino por una palabra sensata. Al fin y al cabo, solo somos humanos, demasiado humanos y nada excepcionales.

 La autora es catedrática de la UNED.

 

Más artículos…

  1. Bajo el signo de la incertidumbre
  2. UNED estrecha lazos con la UASB
  3. Conversatorio "Comercio Mundial en el 2do año de Trump”
  4. Los estertores finales del tirano
  • 67
  • 68
  • 69
  • 70
  • 71
  • 72
  • 73
  • 74
  • 75
  • 76

Página 72 de 131

Publicación Revista SUMMA: Doctrina Monroe 2.0 y sus efectos en la región
Publicación Revista SUMMA: Doctrina Monroe 2.0 y sus efectos en la región
Leer más
Entrevista: Superando las restricciones coloniales: fortaleciendo la sabiduría indígena de América Latina.
Entrevista: Superando las restricciones coloniales: fortaleciendo la sabiduría indígena de América Latina.
Leer más
(Parte II) América Latina–China: balance y perspectivas
(Parte II) América Latina–China: balance y perspectivas
Leer más
Impacts and challenges in digital technology trade
Impacts and challenges in digital technology trade
Leer más
Impactos y desafíos en el comercio de las tecnologías digitales
Impactos y desafíos en el comercio de las tecnologías digitales
Leer más
previous arrow
next arrow

UNED, Costa Rica. Teléfono: +506 2527-2000 | Contacto | Sedes | Aviso legal | DTIC