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Comentarios de Jorge Mario Martínez Piva, CEPAL de México

F Jorge Mario Martinez 25Con una benigna crítica, inició Jorge Mario Martínez Piva, Jefe de la Dirección de Comercio Exterior y Política Productiva de la CEPAL de México, sus comentarios de la tesis doctoral de Velia Govaere. De acuerdo a su criterio, el título de la Tesis “Prolegómenos de impactos y procesos de los TLC en Costa Rica” induce erróneamente a pensar que se trata de un trabajo introductorio. Según él, eso no hace honor a la profundidad de un análisis exhaustivo que no deja por fuera prácticamente ningún tópico relacionado con el tema.

En su referencia a las vertientes epistemológicas de la tesis, considera el especialista lo atinado de la escogencia de Hegel, Gramsci y Weber. En el caso de Hegel, porque los procesos históricos en Costa Rica específicamente los procesos de desarrollo de la mano del comercio internacional están marcados por una visión hegeliana de realidades contrapuestas, donde coexisten visiones y realidades confrontadas. Ilustra el comentarista estas oposiciones, con actividades sociales enfrentadas, como lo fue en su momento el combo del ICE y el mismo proceso de aprobación del TLC de Centroamérica con los Estados Unidos. Concuerda con la autora de la tesis que estas contradicciones se manifiestan también en luchas políticas y sociales. Así, afirma el expositor que el referendo del TLC fue un punto culminante de esas oposiciones, pero que en su aprobación, si bien resolvió la temática enfrentada de la suscripción de Costa Rica a ese TLC, no superó ni cerró las contradicciones e inclusive abrió nuevas.

Otra de las vertientes epistemológicas que ofrece el trabajo de Govaere es el tema de la hegemonía cultural de Gramsci. El comentarista celebra la relevancia que tiene la referencia a este autor para el análisis de los resultados de la primera ronda de las elecciones en Costa Rica, con dos sectores enfrentados luchando por hegemonía cultural. Con Gramsci vemos cómo en los procesos históricos compiten diferentes orientaciones que se enfrentan para alcanzar hegemonía cultural. Se encarnan estas visiones encontradas en la oposición de modelos de desarrollo que ha vivido Costa Rica, entre el modelo cepalino de Industrialización por Sustitución de Importaciones y el modelo de apertura basado en atracción de IED y fomento a las exportaciones.

En su investigación doctoral Velia Govaere utiliza también el concepto weberiano de “tipo-ideal”, lo que es un instrumento muy adecuado, según Martínez Piva, para describir modelos arquetípicos de estructuras funcionales que en sus formas más abstractas dan un sentido de propósito.

Usando ese concepto weberiano, Govaere se refiere al modelo de desarrollo actual de Costa Rica como contrapuesto y contradictorio al modelo cepalino, nacido frente al agotamiento de aquel modelo basado en la industrialización por sustitución de importaciones.

En este punto, Jorge Martínez Piva hizo su aporte explicativo y didáctico más profundo, a partir del cual basó posteriormente sus comentarios sustantivos. Lo hizo, dijo, por una parte por que como CEPAL se sintió interpelado por el análisis de la tesis y por otra porque consideró que referirse al modelo cepalino como contrapuesto al modelo de apertura comercial fue un excelente ejemplo weberiano que asumió Velia Govaere para que se comprendiera la complejidad total de su análisis

Así se refirió Martínez Piva al modelo cepalino. Explicó que en realidad es un modelo de industrialización basado en sustitución de importaciones fundado sobre el comportamiento de la economía mundial en los años 50 y 60 del siglo pasado. Ahí se describía como asimétrica la relación entre países desarrollados y en desarrollo. Desde el punto de vista productivo y comercial era una relación desigual. Se describía como relación de centro-periferia, donde los países desarrollados (centro) gozaban de mayor productividad y producían bienes de mayor valor (bienes industriales), mientras los países en desarrollo (periferia), el caso de América Latina, producían con menor valor, básicamente bienes primarios.

Esa relación desigual conducía a un creciente deterioro de los términos de intercambio.  Para poder importar una cantidad de bienes industriales era necesario exportar cada vez más cantidad de bienes primarios. Es decir, los bienes industrializados valían cada vez más, tenían mayor incorporación de valor y eran elaborados con mayor productividad. Siendo la industrialización de los países del centro el núcleo de la relación centro-periferia, desde el punto de vista de alcanzar un desarrollo estructural, explicó el comentarista, se consideraba necesario romper esa relación desigual con la industrialización de los países periféricos.

Para industrializarse se generaron diversos instrumentos conocidos y que forman parte integral de aquel “tipo-ideal”: protección al comercio, aumento de aranceles, inversión pública, generación de empresas, tanto privadas como públicas. El Estado se hizo empresario, se hizo industrial y todo ello llevó a dificultades en los años 70, que culminaron con la crisis de la deuda de los 80, lo que catapultó un cambio de modelo.

A partir de ahí se da un nuevo modelo basado en la apertura comercial y el comercio es visualizado como el motor del desarrollo. En este nuevo “tipo-ideal” también tiene sus ejes centrales: generación de divisas que va a permitir el pago de la deuda externa; aumento de la escala de planta, ya que el mercado final sería el mundo; mayor acceso a la tecnología, porque permitiría compartir y competir; la mayor competencia facilitaría mayor eficiencia y, al reducir aranceles, se tendría acceso a bienes industriales, de consumo e intermedios, a menores precios lo que mejoraría la eficiencia productiva. Eso, a su vez, permitiría generar más y mejores empleos.

Después de esta reseña de ambos modelos, Martínez Piva retorna a la exposición de la tesis de Velia Govaere, donde la autora presenta ambos modelos al mismo tiempo como contradictorios, pero coexistentes y que, sin embargo, no se han superado totalmente. Con el primer modelo, Costa Rica generó toda una estructura administrativa y empresarial que ha tenido que venirse transformando a lo largo de 40 años. Pero no se ha transformado enteramente y lucha todavía, siguiendo a Gramsci, buscando hegemonía en algunas áreas, donde quedan, sin superarse, estructuras que responden a lógicas anteriores. Todavía hay algunos aspectos del universo económico donde existen posiciones culturales que impiden que se logren tomar decisiones acordes con el nuevo modelo. Martínez Piva pone como ejemplo que en Costa Rica no está enteramente resuelto todavía si el Estado debe seguir siendo empresario. En efecto ahí se encuentran estructuras económicas y productivas que respondían al modelo anterior, como la banca estatal, Recope, ICE, etc. y son resabios de un modelo que se sobrevive dentro del modelo actual en el que no tienen lógica explicativa ni funcional.

Martínez Piva refiere que, en su trabajo, Velia Govaere habla de dualidades y contrastes, lo que en CEPAL se conoce como heterogeneidad estructural y a lo que el “Estado de la Nación”, en Costa Rica, se refiere como “vieja y nueva economía”. Dice el expositor que la tesis central de la investigación de Velia Govaere habla de un país en cuyo modelo de desarrollo actual subsisten luchas del modelo anterior.

Al referirse a estos contrastes y siguiendo la tesis de Govaere, plantea el comentarista esa heterogeneidad en cuatro áreas: administración pública, área productiva, brechas sociales y brechas territoriales.

Administración pública: cada modelo requirió una arquitectura institucional coherente para que el modelo funcionara. En el modelo de sustitución de importaciones había aduanas con aranceles muy altos, un estado empresario y lo que es importante y altamente explicativo por parte del expositor, un sistema financiero que respaldara la “empresariedad” del Estado y que pudiera financiar las empresas que harían posible la sustitución de importaciones. Esa es la explicación funcional de por qué los bancos tenían que ser públicos. En gran parte, mucha de esa arquitectura todavía subsiste.

Con el nuevo modelo se crea otra arquitectura necesaria para el cambio estructural requerido por el modelo de apertura y crecimiento por exportaciones. Una nueva arquitectura institucional era requerida para atraer inversiones, para promover exportaciones, para generar nuevo empleo, y para aumentar la productividad. El resultado es que todavía hay una dualidad en el sector público que no ha sido superada. Hay una triada, como el expositor se refiere, con palabras de Govaere, a COMEX, PROCOMER y CINDE, con excelentes rendimientos y funcionarios, de acuerdo a la alta calidad que el nuevo modelo exige. Frente a esa arquitectura de administración pública de alta eficiencia, existe otra más débil que ha ido perdiendo fuerza y presupuesto.

Mario Martínez Piva ilustra este contraste con un análisis del presupuesto institucional. Explica el comentarista que el presupuesto de la triada, COMEX, PROCOMER y CINDE, es 47% superior a los presupuestos combinados de MICIT, CONICIT y MEIC. Estos últimos son los que tiene que ver con la capacidad de innovar, es decir, con la eficiencia productiva nacional. De ahí que las instituciones de apoyo al aparato productivo doméstico tienen mucha menor idoneidad operativa que las instituciones dedicadas al comercio internacional. Ese es un ejemplo indicativo de la dualidad existente. Igualmente existen procesos administrativos, por ejemplo, complejidad de trámites que no corresponden con el modelo actual, que demanda mayor dinámico. Igualmente es contradictorio que no exista suficiente inversión en infraestructura, comunicaciones, etc. El déficit fiscal es una expresión también, por otra parte, de estas contradicciones, porque el Estado ha tenido que renunciar a parte de sus ingresos para el funcionamiento del nuevo modelo.

Área Productiva: En el área productiva, expone Martínez Piva, la dualidad es todavía más evidente. Ahí se da la contradicción de un modelo de gran éxito exportador, con mayor valor exportado, revolucionando el número de bienes y destinos, que, cuando se desagregan las exportaciones quienes mayormente exportan son empresas radicadas en zona franca y las que están fuera de zona franca siguen exportando sobre todo bienes primarios. Sin duda, afirma el expositor, existe un cambio estructural de las exportaciones, porque Costa Rica exporta mayoritariamente bienes de mediana y alta tecnología y crecientemente servicios. En los últimos 30 años, las exportaciones de bienes primarios han reducido significativamente su participación en las exportaciones. Eso demuestra que ha habido una transformación estructural del aparato productivo, pero la producción fuera de zona franca sigue poco encadenada y está todavía basada en bienes primarios. También hubo cambio estructural en la IED, porque antes estaba concentrada en la agroindustria, mientras que ahora está casi igualmente repartida entre actividad inmobiliaria, manufactura y servicios.  Sólo es muy minoritariamente dedicada a la agricultura.

En resumen, es una realidad que ha habido un cambio estructural en Costa Rica, pero es un cambio que no ha llegado a todos y está muy concentrado en la zona central. Recuerda Mario Martínez  Piva que, según el “Estado de la Nación” el nuevo modelo ha llegado al 20% de la población y el 80% puede considerarse excluida de este modelo o no se ha beneficiado tan directamente. Eso ha generado diferencias de productividad, diferencias de ingresos y, como reseña que lo dijo Velia Govaere, ha derivado en un desapego de la población con el modelo que lleva, por supuesto, a luchas en diferentes áreas, incluso en la electoral como puede verse, muy claramente, desde la perspectiva regional.

Desde el punto de vista de productividad, Costa Rica tiene un sector exportador altamente productivo y con productividad creciente. En manufactura y servicios vinculados a la exportación, afirma el comentarista, el crecimiento de la productividad es inclusive superior al incremento de la productividad en los Estados Unidos. De esa manera se puede decir que existe una clara tendencia hacia la convergencia de productividad de los sectores exportadores de Costa Rica con los sectores similares en los Estados Unidos. Con esa visión se puede hablar de un éxito total. Pero también se puede hablar de un rotundo fracaso en materia agrícola, porque ahí la productividad es muy baja y se contrae, a no ser en los sectores agrícolas exportadores.

Brechas sociales: Igual ocurre con los servicios, donde los servicios exportados son de alta productividad y los no exportados, de productividad muy baja. Esto es muy importante, recuerda el expositor, porque la productividad es la base de los salarios. De ahí que exista, entre sectores, una divergencia profunda interna de salarios. Esto revela lo incompleto del modelo. Para el comentarista de la tesis de Velia Govaere, tenemos que aumentar la productividad de los sectores que producen para el mercado interno para que exista una convergencia de productividad y de salarios entre el sector que produce para el mercado interno y el que produce para exportar.

Si se analizan las brechas sociales desde la perspectiva de la productividad en Costa Rica se pueden apreciar las contradicciones hegelianas entre dos sectores, los que producen para el mercado interno, que luchan por sobrevivir, y los que producen para las exportaciones que se benefician del nuevo modelo. Ambos coexisten en la realidad nacional como contradicciones del modelo de desarrollo.

Brechas territoriales: Todas estas discrepancias tienen su expresión en el territorio. Para el comentarista uno de los aciertos de la tesis de Velia Govaere es su referencia a la concentración de la IED como forma muy explicativa de las brechas territoriales. La IED se concentra sobre todo en el valle central, de lo que se deriva que esa productividad, entrenamiento productivo, transferencia de tecnología y otras ventajas conexas a la IED, terminan por acentuar también las brechas territoriales.

En sus comentarios finales, Mario Martínez Piva, aprecia lo acertado de la escogencia que hizo Velia Govaere de Hegel (contradicciones) y de Gramsci (lucha por hegemonía cultural), porque sirve para explicar el desapego de la población de territorios periféricos, no articulados al modelo de desarrollo, lo que se vio reflejado en los resultados de las recientes elecciones.

Escuchar audio:  

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 Reseña elaborada por Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora OCEX-UNED
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El sentido de aquella división

Logo periodico La Nacion

 

 

POR VELIA GOVAERE - 5 de noviembre 2017

 

https://www.nacion.com/opinion/columnistas/el-sentido-de-aquella-division/6RF7T7FVKJDQHIOYGNZMAZHJ4Q/story/

Como en Europa y EE. UU., los beneficios de la globalización no han sido los mismos para todos

 

“En la noche todos los gatos son pardos”, decía Hegel, señalando que el sentido de los acontecimientos no se puede entender en la noche del instante en que ocurren, sino a la luz de la historia subsiguiente, donde sus potencialidades se revelan con todo detalle. Para bien y para mal, porque nada es químicamente puro, el presente que vivimos, a diez años del referendo del TLC, ilumina el sentido más profundo de aquellas jornadas que dividieron políticamente a Costa Rica.

Corazón contra corazón, el Sí se enfrentó al No y el país quedó “misteriosamente” polarizado. ¿Quién tenía razón? Hace diez años, yo era una resuelta convencida por el Sí. Al defenderlo, sin embargo, me atreví a criticar la desnudez de ambas posturas absolutas, de expectativas desproporcionadas, si triunfaba el campo propio y de desastres funestos, si el contrario vencía. Escribí entonces en “El ‘no’ desnudo”:

“Para ser justos, debo confesar que hemos tenido por demasiados años TLC también desnudos, vacíos de contenidos de inclusión social, como si los procesos de cambio no necesitaran también de políticas complementarias. Demasiado se ha predicado la apertura comercial como un fin en sí mismo, y se olvida que es solo un medio para multiplicar las oportunidades de bienestar colectivo. El TLC es como una carrera en la que tiene más posibilidad de ganar el que va más adelante, y de quedarse rezagado el que va más atrás. Los sectores sociales potencialmente perdedores son aquellos que por su ubicación territorial, su falta de formación técnica, su poca experiencia de negocios y su carencia de habilidades pueden quedar marginados de los beneficios del TLC. Por eso mismo es ya hora de abandonar los ‘Sí al TLC’ y los ‘No al TLC’ desnudos del rostro humano que les dé un contenido de futuro” (La Nación, 22/2/2007).

Descifrar. Pero en aquel momento todos los gatos eran pardos y yo, una Casandra habitual. Diez años después, en vez de echarnos en cara quién tenía razón, lo importante sería descifrar, a la luz de la historia, la entelequia de nuestra división.

Dos preguntas: ¿Por qué necesitó Costa Rica un referendo para aprobar el TLC y cómo es posible que un tratado comercial tuviera la fuerza de polarizar al país en partes iguales?

El presente es la entelequia del pasado, como el árbol, de la semilla y la fruta, de la flor: el paso de una potencialidad a una realidad acabada. A la luz del brexit, las crisis políticas de la Unión Europea y las elecciones de Estados Unidos, podemos entender que el caso costarricense fue un precursor, por más de diez años, del significado social contrapuesto de los impactos de la globalización.

Fuimos los primeros donde sus contradicciones casi nos estallan en la cara. Pero como ganó el Sí, pareció que era la victoria del “más de lo mismo” y seguimos durmiendo sobre los laureles del ADN de nuestra autocomplacencia, sorprendidos acaso, pero sin asumir el campanazo de alerta de aquella inesperada división.

De forma aparentemente contradictoria, Costa Rica, país emblemático de exitosa apertura comercial, sufrió una prematura expresión de desafecto social con la globalización. Ese desapego se vio como misterio nacional que dejó en la sombra las razones más profundas de un país políticamente fragmentado.

Fue un desafecto precursor de los tiempos que vivimos hoy y se debe, probablemente, a que Costa Rica exhibe un comportamiento polarizante más típico de los países desarrollados. Aquí, como en Europa y los Estados Unidos, los beneficios de la globalización no han sido los mismos para todos y la desigualdad se ha acentuado, a contrapelo de la región latinoamericana.

Progreso vs. inequidad. El comercio mundial es instrumento indispensable para el progreso, pero sus impactos desnudan también los espacios de inequidad de nuestras sociedades. Eso no lo quisimos entender entonces y ahora, que debería ser más claro, seguimos haciendo el recuento desnudo de los beneficios de la victoria del Sí.

La misma fuerza de la globalización que lleva progreso, también impone la necesidad de universalizar socialmente sus frutos. Pero la integración con el mundo, que nos es facilitada con acuerdos comerciales, no tiene ninguna función en la integración interna de nuestras sociedades. Eso es del resorte de las políticas internas y ese es nuestro talón de Aquiles: la cobija de la política comercial no alcanza para atender desafíos internos. En el acceso local a las oportunidades globales nos hemos quedado cortos. El INA es su extremo escandaloso.

Si balance cabe sobre el TLC, ese es, tristemente, que sus mayores impactos los tuvo Costa Rica, a contrapelo de la propia voluntad política hegemónica de intervencionismo monopolista de Estado. La apertura de telecomunicaciones y seguros significó un récord de inversión extranjera y mejoró la competitividad nacional e individual y la satisfacción ciudadana.

A contrario sensu, donde un monopolio no fue afectado por el TLC, el monopolio siguió, que es el caso de una refinería que no refina. Si el TLC hubiera abarcado apertura en distribución de combustibles, otro gallo cantaría y cantaría bien.

Desde la crisis del 2008, que dichosamente nos agarró con TLC, la economía mundial no se ha recuperado. Esa desaceleración económica restringe el crecimiento local y cercena las políticas redistributivas.

El TLC con Estados Unidos de ayer, no es el de mañana. Si vinculamos la disrupción tecnológica acelerada con nuestra inercia de políticas productivas, el futuro cercano podría proyectar una agravación de todas las brechas. Si así ocurriera, el descontento social aumentaría, se acentuaría el desapego con las instituciones públicas y las voces de esa disconformidad no atendida, que ya nutren el diálogo social actual, exacerbarían populismos de derecha y de izquierda, vinculados por un común rechazo ideológico a la globalización.

No estamos todavía ahí, pero tampoco estamos lejos. Por eso dejemos de cantar victorias pírricas y atendamos el sentido de aquella división.


La autora es catedrática de la UNED.

 

 

Tiempos estrafalarios

Logo periodico La Nacion

 

 

POR VELIA GOVAERE - 9 de enero 2018

 

http://www.nacion.com/opinion/columnistas/tiempos-estrafalarios/ZUF2HGWEUJHKZHULXE62ZJYEXM/story/

La democracia que vivimos padece de estertores en todas partes y produce monstruos en algunas.


En el 2017 se rompió el capullo de inocencia de todos nuestros simplismos. El escenario político es más complejo de lo que podíamos imaginar. Si alguna vez creímos que la democracia, por sí y para sí, era sinónimo de estabilidad, progreso y justicia social, la más reciente política norteamericana desgarró esas fantasiosas pretensiones.

La democracia somos nosotros. Sus resultados se ajustan también a nuestra medida, con los instrumentos que nos dotemos para implementarla. Reducida a una fórmula, desprovista de alma ciudadana encendida, la democracia puede engendrar aberraciones. Hitler llegó al poder en una democracia apagada, minusválida por la división sectaria de fuerzas que se autodenominaban socialistas.

La icónica democracia del norte personifica todos los sofismas encerrados en el formalismo democrático. Los atavismos anacrónicos de un sistema electoral demodé permitieron que se impusiera la insatisfacción y desconfianza de un sector minoritario. El resultado fue un rubio de “ojos sajones y alma bárbara”, residente ahora de la avenida Pensilvania.

Es interminable la lista de giros regresivos de esa administración, fuente, no de progreso, sino de caos. Desde su renuncia a los compromisos internacionales contra el cambio climático, hasta azuzar controversia y desequilibrio en el Medio Oriente, Estados Unidos, país emblemático de aquel famoso “mundo libre”, declina hoy ejercer un liderazgo global positivo, provoca zozobra por doquier y deja un vacío político, a llenar por el mejor postor: Rusia, en Oriente Medio; en Asia y probablemente el mundo, China.

El mundo al revés. Al sacar a Estados Unidos de los Acuerdos de París, el mundo perdió el escaso margen que tenía para evitar una catástrofe ecológica. Por duro que parezca, el planeta pasó ya el punto de no retorno. Si no nos asusta la cercanía de ese precipicio, es porque estamos en negación de la tragedia humana que se nos viene.

No nos atrevemos a aceptar que algo semejante esté ocurriendo, a pesar de que se comiencen a construir diques en Miami y los osos polares vean el deshielo de su hábitat. Esa es la realidad.

En este mundo bizarro, ahora China abre puentes de concordia y colaboración entre los pueblos. Con su fantástica Ruta de la Seda se apresta a tocar, desde Panamá, la impasible indolencia de las puertas ticas. Retando todas las premisas de nuestra ingenuidad ideológica, Xi Jinping se convierte en líder de la globalización.

El despotismo ilustrado de su milenaria cultura hidráulica engatusa al mundo con el paradigma perverso de un totalitarismo progresista, convertido en factor de equilibrio internacional y de progreso social.

Mientras la administración republicana rebaja impuestos a los ricos y amenaza con dejar sin cobertura médica a los pobres, bajo la égida de la autocracia asiática, muchos más millones de seres humanos siguen saliendo de la pobreza. Se nos trastocan así todos los preconceptos aprendidos en la escuela de la niña Pochita. Contraste brutal produce ese democratismo necesitado de remiendos, con la potencialidad de emprendimientos políticos que tiene el conductismo dirigista de la “dictadura del proletariado”. Es un mundo vuelto al revés.

Perversión de valores. Como reflejo regional de esa perversión de valores, contrasta una Nicaragua autoritaria, en concierto con la empresa privada, segura y con alta aprobación popular, con un vecino de anciana democracia.

Nicaragua está ahí, bajo nuestra etiqueta de insostenible, pero avanzando social y económicamente. Mientras tanto, Costa Rica se sumerge en la parálisis de una democracia tullida, bailando al son fragmentado de un pluralismo divisionista —que nos encanta porque ya no hay “bipartidismo”—. ¡Cómo me duele eso!

Es un mundo peligroso. Vivimos desgarrados porque alimentamos cada vez más nuestra alma con aspiraciones humanistas de respeto y tolerancia, al tiempo que desfallecen, anacrónicos, nuestros instrumentos de conducción colectiva. La creatividad de avances científicos en todos los órdenes de la realidad nos arrebata la capacidad de asombro. Pero ese progreso tecnológico y científico, y también de conciencia moral, contrasta con la miseria de un universo político urgido de rejuvenecimiento.

La democracia que vivimos padece de estertores en todas partes y produce monstruos, en algunas. No por ello el ideal democrático desmerita frente al autoritarismo. Lo que ocurre, más bien, es que los viejos instrumentos diseñados antaño para autogobernarnos no han tenido la misma capacidad evolutiva de las herramientas creadas para comunicarnos.

La gobernabilidad camina, como cangrejo, hacia atrás, mientras exigimos, más que nunca, eficiencia a un instrumental político avejentado. Locke y Montesquieu ya no bastan. En el colmo de su indolencia de transformación, nuestra institucionalidad, mientras más hace agua, menos se remoza.

Ese es el problema, nuestro miedo al cambio, cuando más miedo nos debería dar la inercia. Nunca hemos exigido tanto de un cuerpo político disfuncional, contaminado de atavismos, incapaz de satisfacer nuestras renovadas y cada vez más sofisticadas aspiraciones.

Nuestro cuerpo político ni siquiera cumple con lo esencial. Su concepto está diseñado para otros tiempos. Esto es tan cierto aquí, como, con mucha mayor razón, en los Estados Unidos. Si allá produjo la aberración que conocemos, aquí no dista de sumirnos en descalabro.

Esos contrastes nos hacen vulnerables a la tentación autoritaria y, urgente, la necesidad de una renovación institucional que rescate y remoce nuestros ideales democráticos. Ese es el debate social al que debemos consagrarnos, en un tiempo electoral patológico, cuando uno de cada tres costarricenses no solo no sabe por quién votar, sino que no distingue diferencias entre las promesas de campaña. Todos: más casas, más educación, más empleo, más seguridad, más… palabras. Todo lo mismo. Para enfrentar los tiempos estrafalarios que vivimos, debemos reinventarnos. ¿Quién le pone ese cascabel al gato?


La autora es catedrática de la UNED.

 

 

Ascendiendo en la Cadena Global de Valor: El caso de Intel Costa Rica

En esta investigación de la OIT, el especialista Ricardo Monge nos muestra como la Inversión Extranjera Directa (IED), en el segmento de componentes electrónicos, en el específico caso de INTEL, ha “ascendido en la cadena global de valor”. En abril del 2014, el anuncio del cierre de la operación de manufactura de INTEL generó incertidumbres, sobre la futura participación de nuestro país en esa cadena global de valor. En efecto en mucha cobertura de prensa se llegó hasta a hablar de un “retiro de INTEL de Costa Rica” y con su “partida”, se anunció que también se iba el 20% de las exportaciones nacionales (“Con Intel se va el 20% de las exportaciones de Costa Rica” La Nación, 9 abril, 2014).

El estudio de Ricardo Monge responde a esa interrogante. En su seguimiento al impacto de esta transnacional en nuestro suelo, demuestra que esta empresa, emblemática de nuestra IED, en realidad no sólo no se fue, sino que hizo más sofisticada su operación en Costa Rica, a pasar de manufactura al desarrollo de hardware y software y a la prestación de servicios compartidos.

En su presentación del estudio de Monge, José Manuel Salazar-Xirinach (OIT) enfatiza el impacto emblemático de la apertura de operaciones de INTEL-Costa Rica, a finales de la década de los noventa:

“El caso más visible y ampliamente comentado de esta transformación productiva, reconocido en la literatura mundial sobre estos temas, fue el inicio de operaciones en 1998 de una planta de ensamblaje y prueba de microprocesadores de la corporación Intel que llevó a la creación inicialmente de más de 2.200 empleos directos con salarios más altos que el promedio nacional en el sector de manufactura, cifra que sobrepasa los 3.000 empleos unos años más tarde.

Pero los impactos favorables de la instalación de Intel en Costa Rica van mucho más allá que una visión simplemente cuantitativa del número de empleos e incluyen impactos positivos en aspectos como la formación de recursos humanos y las interacciones con los sistemas de formación profesional; los derrames de conocimiento vía las interacciones con la cadena de suministros, la movilidad laboral de trabajadores calificados, y la colaboración entre empresas; los salarios y los encadenamientos productivos. La instalación de Intel también contribuyó a fortalecer una idea, un intangible de alto valor: un amplio consenso nacional sobre la importancia de la apuesta a las actividades de media y alta tecnología, y a las políticas de desarrollo productivo complementarias para lograr este objetivo.” (Prefacio, p. 9).

La investigación de Ricardo Monge ilustra la trayectoria de esta paradigmática multinacional, en Costa Rica, que respondió, en algunos años, hasta por un 25% de las exportaciones globales del país y que, según José Manuel Salazar, pasó de una planta de manufactura a lo que el autor califica un “… ascenso en la cadena global de valor (CGV), lo que ha beneficiado a Costa Rica de varias maneras, incluyendo un mayor valor agregado doméstico en las exportaciones de esta multinacional, un aumento en los salarios pagados por esta misma empresa y mayores posibilidades de encadenamientos productivos que generen derrames de conocimiento y tecnología hacia el resto de la economía.” (óp. cit., p. 10). Ponemos a disposición de nuestros lectores, el texto completo de este estudio. (Estudio versión en español). (Estudio versión en inglés).

 

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