MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora Estratégica
Hace 10 años, Costa Rica se dividió entre quienes predecían consecuencias funestas de la aprobación del TLC con Estados Unidos y quienes predicaban beneficios utópicos. Era un mundo de excesos ideológicos que todavía no ha sido completamente superado. A los diez años del referendo de aprobación del TLC, que dejó a Costa Rica políticamente fragmentada, todavía se siguen queriendo derivar del tratado todos nuestros males actuales o agradecer a ese acuerdo todos nuestros éxitos.
¿Será posible salir de esa caja polarizada de distorsiones ideológicas y contemplar los desafíos del TLC de forma desapasionada? OCEX cree que sí. Esa es la misión de la Universidad: romper el inmovilismo de las ideologías y ofrecer el dinamismo de una mirada panorámica y objetiva de impactos y desafíos del TLC, no sólo en Costa Rica, sino en todos los países signatarios del acuerdo.
OCEX organizó de forma conjunta con Suny Empire State College (New York), un espacio de diálogo e intercambio de experiencias de los países del DR-CAFTA. Este encuentro contó con la participación del Dr. Jorge Mario Martínez Piva, jefe de la Unidad de Comercio Exterior de la CEPAL de México, quien brindó una reseña panorámica del desempeño de este tratado de libre comercio con relación a Centroamérica y República Dominicana. Para el tratamiento de los impactos y retos a nivel bilateral, tres especialistas se concentraron en los desafíos encontrados de forma particular, en los Estados Unidos (Dr. Luis Camacho, profesor adjunto visitante del Suny Empire State College), de la República Dominicana (Dr. Iván Ogando de FLACSO-República Dominicana) y, finalmente, en Costa Rica (Dr. Francisco Monge, Ministerio de Comercio Exterior).
OCEX comparte con sus lectores la excelente síntesis que Karol Ramírez Chinchilla, del medio de comunicación ACONTECER de la UNED, hiciera del evento. Esta nota informativa ofrece un resumen de los principales elementos abordados por los conferencistas y nos permitimos hacer referencia a la misma de forma textual, incluyendo adicionalmente los PP utilizados por los especialistas.
“A 10 años de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA por sus siglas en inglés), expertos en comercio internacional analizaron los alcances y los desafíos que aún tienen frente a sí las naciones involucradas. Una de las ventajas señaladas se relaciona con el fortalecimiento de la institucionalidad en los países de la región tras el acuerdo comercial.
Las conclusiones de este análisis fueron dadas en la videoconferencia “DR-CAFTA: una década de desafíos”, organizada por el Observatorio de Comercio Exterior (OCEX), en aras de “hacer una reflexión colectiva de una década de desafíos, a la luz de la situación internacional de bajo dinamismo económico y de incertidumbre política que vivimos”, indicó la coordinadora de la unidad, Velia Govaere Vicarioli.
La videoconferencia inició con las palabras motivadoras de Lizette Brenes Bonilla, vicerrectora de Investigación de la UNED, y Lorette Peletiere, directora de Internacionalización de Programas de SUNY Empire State College (Estados Unidos), para luego dar paso a las exposiciones de especialistas como Jorge Mario Martínez Piva, jefe de Comercio Exterior de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de México; así como de Luis Camacho, profesor adjunto de SUNY Empire State College.
Participaron también con análisis los expertos Iván Ogando, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de República Dominicana; Francisco Monge, subdirector de Comercio Exterior del Ministerio de Comercio Exterior (Comex), y Velia Govaere como coordinadora del OCEX.
Para Govaere Vicarioli, frente “al aprovechamiento que se ha tenido del TLC, cada país debe aguantar su propia vela. Siendo el mismo tratado, significó diferentes cosas, para cada país. El hecho mismo de los disímiles caminos y ritmos que necesitó tomar el TLC en cada país para aprobarse muestra la diferenciación de su significado y la diversidad de sus desafíos, llegando en Costa Rica hasta el extremo de necesitar una consulta popular para aprobarse”.
Al hacer una reflexión de los desafíos del TLC en clave costarricense, la catedrática indicó que “primero, lo más impresionante, ¿Por qué necesitó Costa Rica un referendo para aprobar el TLC? Y, todavía más impactante: ¿Cómo es posible que un tratado comercial tuviera la fuerza de polarizar al país en partes iguales?”.
“El caso costarricense es un precursor, por más de diez años, del significado social contrapuesto de los impactos de la globalización. El comercio mundial es instrumento indispensable para el progreso, pero sus impactos desnudan también, al mismo tiempo, de forma aún más cruda, los espacios de inequidad de nuestras sociedades”, agregó.
En datos expuestos por el profesor Luis Camacho, en el 2016 Estados Unidos exportó a la región 28.7 billones de dólares, lo que considera positivo tomando en cuenta que a África vende 22.27 millones de dólares. “Para la región ha habido una balanza positiva con el tratado. Algo más importante a la par de estas cifras es que el Departamento de Comercio de Estados Unidos estima que cada billón soporta unos 5.700 trabajos directos en este país, por lo que con las cifras del DR-CAFTA esta región soportó unos 160 mil puestos de trabajo directo en Estados Unidos”, dijo.
Entre los retos citó las acciones que deberían realizar el Gobierno, la Empresa y la Universidad. “¿Hasta dónde los gobiernos invierten en tecnología aplicada en los rubros que los países del DR-CAFTA pueden sacar provecho en la exportación? ¿O la empresa en investigaciones puntuales que permitan conocer lo que demanda el consumidor de este país y el consumidor de los países desarrollados y no desarrollados?”, se preguntó.
Continuó con las interrogantes: “¿Hasta dónde las Universidades están haciendo investigaciones puntuales que permitan al empresariado de los países ser más competitivos? ¿Hasta dónde sus inversiones en investigación las utilizan para conocer y entender más la situación de los mercados y del ser humano, que es quien tiene que decir qué comprar?”.
Se refirió a la locura que se ha desatado en Estados Unidos alrededor de los alimentos nostálgicos, a la tendencia hispana en el país, con productos que se demandan más que cualquier otro producto en este y otros países desarrollados. “La expansión de alimentos nostálgicos en Estados Unidos está en un crecimiento alarmante y se espera que crezca en un 20 por ciento”, acotó.
En cifras compartidas mencionó que el 77 por ciento de los consumidores compra productos étnicos una vez al mes, 67 por ciento dice que la calidad de productos es limitada, 84 por ciento utiliza ingredientes latinos en sus comidas y un 90 por ciento de las personas entre 25 y 34 años prepara al menos una receta de gastronomía latina una vez al mes. Asimismo, 54 por ciento de quienes importan productos especiales de cocina emergente dice que la tendencia es que se duplique la demanda, pero específicamente en productos cubanos, peruanos, colombianos y centroamericanos.
Para más información sobre esta perspectiva, OCEX Informa pone a su disposición el (PPT) del Dr. Camacho.
Por su parte, el costarricense funcionario de la Cepal de México indicó que Estados Unidos “sigue siendo para la región el mercado definitivamente más importante del mundo”, no es casualidad que casi el 40 por ciento del comercio se concentre en ese país.
Destacó que el DR-CAFTA ha constituido una forma de producción mundial basado en cadenas productivas trasfronterizas y ha desmembrado las formas de producción en diferentes eslabones, creando cadenas de producción globales, que “crearon eficiencia pero resistencia en las clases obreras en países desarrollados, en este caso Estados Unidos”.
“El comercio intra-centroamericano es dinámico. Buena parte de este comercio se transforma, se comercian partes, piezas, segmentos que pueden terminar en el mercado de Estados Unidos. En las cadenas de valor en Centroamérica participan varios países, por ejemplo, Nicaragua siembra una fruta, que se procesa en Costa Rica y se exporta a Estados Unidos”, detalló.
Martínez Piva aseveró que Nicaragua es el país que, en tazas de crecimiento promedio anual, ha incrementado más sus exportaciones e importaciones a Estados Unidos con el acuerdo. Apuntó que la Inversión Extranjera Directa (IED), en términos relativos, disminuye pero la inversión total crece, esto muestra diversificación.
“La región se consolida como una región que se convierte en una plataforma exportadora para Estados Unidos y la IED de Estados Unidos y terceros países ven a la región como un destino importante, lo que hace que la inversión de Estados Unidos caiga aunque no en términos absolutos”, anotó.
Retos. Entre los retos que tienen frente a sí los países de la región, el experto dijo que Centroamérica ha sido exitosa en constituirse como una región con plataforma exportadora. Así las cosas, países pequeños con mercados internos reducidos, deben diversificar la oferta y los destinos de exportación, así como fortalecer una política productiva.
Deben además “buscar cómo compatibilizar el DR-CAFTA con otros acuerdos, posicionar mejor en cadenas regionales y cadenas globales y, pasar por decisiones sencillas regionales como reglamentos técnicos que permitan que productos de un país pasen a otro país”.
Como beneficio señaló el fortalecimiento de la institucionalidad en los países de la región, pues mejoraron en propiedad intelectual, defensa comercial, inversión extrajera directa, clima de inversiones y financiamiento. En este mismo sentido también se expresó Francisco Monge, subdirector de Comercio Exterior de COMEX.
Para más información, aquí podrá accesar el PPT del Dr. Martínez.
El director de FLACSO, República Dominicana, apuntó por su parte que, en el caso de República Dominicana, desde el punto de vista del intercambio con Estados Unidos, existe un saldo negativo que se ha incrementado significativamente, “pero eso no se atribuye al DR-CAFTA, hay elementos de matriz productiva de República Dominicana que, de alguna manera, plantea que no se ha aprovechado el tratado en toda su potencialidad”.
“Esta es una herramienta, no es una varita mágica que garantice desarrollo, advertimos que había que tener realismo en las expectativas y no vender al DR-CAFTA como la gran panacea. Un acuerdo de libre comercio es una herramienta que nos puede ayudar a desarrollar acceso a otros mercados y competitividad, pero no puede por sí solo garantizar un incremento de exportaciones ni de competitividad, ni de presencia en los mercados internacionales”, manifestó.
El subdirector de Comercio del COMEX anotó que con frecuencia se cae en el error de marcar una línea de tiempo para medir el comercio de bienes, sin tomar en cuenta por ejemplo el dinamismo del comercio de servicios, que muchas veces tiene lugar mediante el internet, convirtiendo el proceso más expedito y dinámico.
“El antes y el después hay que verlos con demasiado cuidado y demasiadas prevenciones, pues no todo se atribuye a un acuerdo comercial. El problema grande de los acuerdos es que queremos endilgar la culpa de todo, estos son instrumentos de política comercial. Si, por ejemplo, tenemos problemas en distribución de ingreso, debemos buscar las respuestas en la efectividad de las políticas redistributivas, en especial en las políticas fiscales”, anotó.
Así las cosas, su presentación consistió en retratar la realidad en comercio exterior del país, en diferentes sectores, “un análisis desde los ojos del comercio del Siglo XXI, con un paradigma más global” pensando “en un esquema donde las importaciones son tan importantes como las exportaciones, pues estamos en la era de las redes de producciones globales integradas", acotó.
Comentó que desde las últimas décadas, Costa Rica ha desarrollado un proceso intenso de apertura al comercio y el CAFTA juega un papel central en 2009, cuando entra en vigor en Costa Rica, pues el acuerdo marca un antes y después, ya que apuntala una plataforma en la que el país había venido trabajando para fortalecer su integración en mercados internacionales, importando a mejores destinos, atrayendo más inversión extranjera directa, mejorando procesos de cadenas de valor y los niveles de innovación.
El funcionario dijo que, con una mayor diversificación, Costa Rica aumentó la resiliencia de la economía en ante las crisis internacionales: 1981-82 vs 2008-2009, lo que significa que ya no sufre tanto cuando se registran crisis en la economía mundial.
Para más información, ver el PPT del Dr. Monge.
A juicio de la coordinadora del OCEX, en cada país signatario, se asumieron políticas específicas que determinaron el nivel de impactos positivos del TLC. “En ocasiones, se trató, como en Nicaragua, de políticas visionarias, aprovechando el TLC para incluir una serie de normativas, en agendas complementarias, que no eran exigidas por el TLC, pero que mejoraron fuertemente su capacidad competitiva: Su ley de Pymes, su ley de competencia y su ley de aguas, que se presentaron como agendas complementarias al TLC. Otros países aprovecharon la ocasión del TLC para mejorar su capacidad institucional y así nació la DICOEX en RD”, explicó.
“Sin embargo, sin tener agenda complementaria, los mayores impactos del TLC los tuvo Costa Rica, no por políticas visionarias, sino a contrapelo de la propia voluntad política hegemónica de intervencionismo monopolista de Estado. La apertura de Telecomunicaciones y de Seguros significó no solamente un récord de inversión extranjera, sino que mejoró la competitividad nacional y personal, clave en el crecimiento del comercio de servicios del país y en la satisfacción de sus ciudadanos”, anotó.
“Veamos hacia adelante. Desde la crisis financiera del 2008, que dichosamente nos agarró con un TLC, la economía y el comercio mundial no se han recuperado plenamente. Esa desaceleración económica ha restringido el crecimiento local y cercenado las políticas redistributivas. El menor crecimiento de las economías restringe el margen para la inversión pública, incluso en países que han tenido reforma fiscal. Ya no digamos en Costa Rica, donde hasta el paso del impuesto de ventas a uno de valor agregado sufre dolores de parto”, concluyó.” (Ver en el siguiente link, nota completa publicada en ACONTECER)
Si gusta acceder a las reflexiones de OCEX, ver el siguiente link.
Respondiendo a la invitación del Gobierno Provincial de Pichincha, Velia Govaere fue invitada al Congreso PYME y Encuentro de Innovación, Edición 2017, del día 19 de octubre del año en curso, para presentar reflexiones sobre las políticas públicas costarricenses en comercio exterior, internacionalización e innovación de pymes. Compartimos con los lectores de OCEX la ponencia titulada “Costa Rica: Lecciones aprendidas en internacionalización e innovación de pymes”. (Ver PPT).
Govaere tuvo además el agrado de compartir con representantes del Gobierno Provincial de Pichincha, en su sede, reflexiones sobre los retos y desafíos de la experiencia costarricense en las áreas de comercio exterior, internacionalización de pymes y asociatividad, en particular, el recorrido nacional en materia de cooperativismo.
El lunes 23 de octubre, Velia Govaere, a solicitud de Fausto Romero, Director de Políticas de Fomento Productivo del Gobierno Provincial de Pichincha realizó una conferencia titulada “Costa Rica: la trayectoria de sus políticas públicas en comercio exterior, internacionalización de pymes y asociatividad”. Esta conferencia fue dirigida tanto para las Direcciones de Pymes y de Fomento Productivo, de dicha institución y tuvo lugar de 9 a 12md. en la sede en la sede de la Gobernación de Pichincha (Quito).
En este espacio de intercambio se expresó la experiencia de internacionalización de las pymes en Costa Rica y casos de éxitos de exportación de empresas bajo modelo asociativo. En horas de la tarde, en reunión con Fausto Romero y delegados del Gobierno Provincial de Pichincha se intercambiaron experiencias entre ambos países en el modelo de internacionalización de pymes y políticas productivas. (Ver PPT).

POR VELIA GOVAERE - ACTUALIZADO EL 15 DE OCTUBRE DE 2017 A LAS 10:30 P.M.
http://www.nacion.com/m/opinion/foros/Imperdonable-tragedia-nacional_0_1664633527.html
La situación del INA debería ser un escándalo más impactante que el cemento chino
En las políticas públicas nos sobra corazón, pero nos falta cerebro. Es trágico. Abunda la solidaridad, hasta el exceso de la incapacidad. Por encima de aparentes y electoreras diferencias, las corrientes hegemónicas tienen en la inversión social un vértice que las vincula, sin importar ideologías ni banderas. Para sobrevivir, hasta el liberalismo ha tenido que arroparse de harapos socializantes.
La equidad define nuestra alma generosa. ¡Eso es muy lindo! El Estado social de derecho abriga nuestras aspiraciones como pueblo reacio a la polarización, refractario a las brechas y rebelde a la desigualdad. No viene sin bemoles ese loable anhelo, cuando se traduce en obsesión compulsiva que serrucha el piso a todo lo que destaca. Pero, en su esencia, nuestro imaginario colectivo igualitario es sano.
Somos un país ejemplar en políticas redistributivas, pero las más de las veces altamente ineficientes. ¡Eso sí que es feo! Desde doctrinas aparentemente contrapuestas, comunismo, cristianismo o socialdemocracia, no ha tenido retroceso ese impulso ideal que solo ha sabido profundizar la intervención del Estado para equilibrar brechas. Pero, capítulo tras capítulo, nuestros fraternales intentos se han visto quijotescamente distorsionados por la galopante ineficiencia de nuestras instituciones públicas. Lo nuestro son buenas intenciones, no cabales y eficaces ejecuciones.
Pasividad. Estaremos contentos si no se amenazan abiertamente nuestros intentos socializantes, aunque desfallezca la seguridad social, peligren las pensiones, el salario mínimo siga impago, aumente la desigualdad y la informalidad y los programas de empleabilidad reposen en premisas educativas ineficaces.Es escandaloso el abandono del aparato productivo, convidado de piedra en las políticas redistributivas, como si fuera posible el avance social sin su concurso. Los loables esfuerzos de encadenamiento productivo y promoción de capacidades, que hemos hecho a puchitos, son solo una esquina de insuficiente impulso y no eje prioritario de una política de Estado.
Sin políticas productivas, la política social es coja y sin política social las políticas productivas son ciegas. Inútil razonamiento ese, en un país que mira siempre bajo sospecha la creación de riqueza.
Como aquí todo lo hemos más o menos mal copiado, se nos olvida que las políticas de transferencias que aquí plagiamos, donde tuvieron origen venían acompañadas con fomentos fiscales a la inversión productiva. Mal imitamos a países cuyas políticas redistributivas incluían, al menos de forma incipiente, políticas industriales y entrenamiento laboral pertinente.
Aquí hasta la educación dual se las ha visto a palitos y no podrá despegar con la camisa de fuerza que le ha puesto la demagogia populista de nuestro ciego y sordo sindicalismo.
El INA. En el espíritu de justicia social que nos caracteriza, el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) fue siempre la joya de la corona, para mejorar la capacidad de empleabilidad de la población. Esa institución es la más importante esperanza de movilidad social para la juventud de bajos recursos y complementa de forma indisoluble las más innovadoras políticas de transferencias redistributivas.Como se repite y repite, el INA representa el salto cualitativo entre dar pescado y enseñar a pescar. El problema es si lo logra. Si no está cumpliendo esa función, están destinadas al fracaso todas las políticas sociales que le acompañan.
Nada rompe más nuestro desconsuelo que los recientes reportajes sobre la crisis estructural del INA (La Nación, 9/10/2017). Ahí quedó al desnudo cómo ha dejado en la impotencia y desesperanza a varias cohortes de miles y miles de jóvenes que buscaban superarse con entrenamiento técnico adecuado a las demandas del mercado laboral.Un reciente estudio nos da cuentas de una situación que debería convertirse en un escándalo mucho más impactante que el cemento chino. Pero nos revelamos impermeables a la esencia de las cosas. Lo nuestro es solo lo que suena. A pesar del destacado posicionamiento que le quiso dar La Nación, el reportaje del fracaso estructural del INA sigue, esencialmente, inadvertido.Las vacas flacas de nuestros tiempos no impidieron que el presupuesto del INA creciera más que la producción y se haya casi duplicado en siete años. Su planilla aumentó y se mejoraron sus condiciones laborales, con ocho horas menos a la semana que el sector privado.
En ese mismo período, su número de egresados disminuyó casi un 40% y, según su propio informe, “la cantidad de egresados es inferior al de instituciones con un tercio de su presupuesto”.
Sin empleo. Eso es ya serio. Pero no sería tan grave si el tránsito por el INA sirviera, al menos, para mejorar sustancialmente la empleabilidad. Desdichadamente, ese no es el caso. Solo uno de cada cuatro graduados logra empleo en lo que ahí estudió. Siguen sin trabajo tres de cada cinco desempleados que vieron al INA como la llave de su progreso.
¿De quién es la culpa? No del sector privado, donde el 35 % de los empleadores siguen sin encontrar personal idóneo y la mitad de las empresas se ven obligadas a financiar programas formativos propios para suplir esa carencia, a pesar de ya financiar obligatoriamente al INA.
Por eso al INA no son recursos los que le faltan para permitir que su jerarca gane todas las competencias de viaje entre los presidentes ejecutivos.
¿Es nueva esa situación de inadecuación de los currículos formativos del INA a las demandas empresariales? ¡Claro que no! Desde hace años se reconoce esa situación y la respuesta ha sido, hasta ahora, muy a la tica: financiar estudios y diagnósticos.
El gobierno del cambio dejará igual o peor al INA, pero, eso sí, con un nuevo y millonario diagnóstico, cuyos resultados los conocerá solamente la próxima administración. ¿Por qué ofrece el INA tan baja inserción laboral?
Después de tres años en el cargo y más de 20 viajes, su presidente ejecutivo responde que no sabe. Eso sí es una imperdonable tragedia nacional.
La autora es catedrática de la UNED.

POR VELIA GOVAERE - ACTUALIZADO EL 03 DE SETIEMBRE DE 2017 A LAS 10:00 P.M.
http://www.nacion.com/opinion/foros/una-narrativa-inacabada/MRM666VT5BER5P6KVRR4UURHEI/story/
Se adminte ahora la existencia de una bomba de tiempo muchas veces advertida
Cuando se vislumbran nubarrones, comienza a hablarse de tormentas. Es apenas razonable, aunque más pertinente sería buscar refugio. Sin embargo, la narrativa social tiene una enorme importancia porque señala el peso que va adquiriendo una problemática en el imaginario colectivo. De ahí que la creciente preocupación de la ciudadanía sobre el cada vez más deplorable estado de la Hacienda Pública es augurio esperanzador.
Las acciones, que aún no llegan, están, al menos, precedidas por el desasosiego, rayano en la impotencia, de una conciencia social asustada que admite la existencia de una bomba de tiempo muchas veces advertida y que, ahora, con todo y su reconocimiento, nada ni nadie parecieran tener la capacidad de desactivar. Falta, confesadamente, capacidad de convocatoria, hay ausencia de liderazgos socialmente aceptados y no hay voluntad colectiva de concertación en lo trascendental y no solamente como eslogan de mercadeo político.
Pero, al menos, en todos los colores de la clase política se habla, sin tapujos, del problema fiscal. Quedaron atrás los desatinos de “estar cerca del abismo, pero no en el abismo”, como se dejara decir un presidente de la Asamblea Legislativa, quien, con ese mismo talante irresponsable, aprobó, por sí y ante sí, con condena posterior de la Sala Constitucional, un presupuesto con aumentos desmedidos en salarios que se convirtieron, desde entonces, en insoportable carga recurrente. No en vano fue ese mismo triste personaje quien criticó los cánones de ética de su propio partido.
Esa conducta pareciera haberse convertido en cosa del pasado. Los mismos que la protagonizaron quieren ser ahora anfitriones de la casa de los sustos. El déficit fiscal dejó de ser cantaleta premonitora de Casandras, que advertíamos el peligro, desde hace años, de una “crónica griega anunciada” (La Nación, 10/5/2010). Hoy, el problema es casi universalmente reconocido. Eso es mucho en un país acostumbrado a vivir complacido de sí mismo, en una constante negación de sus falencias. Es parte de una idiosincrasia de autobombo, mimados como estamos por una historia que ha sido gentil con nosotros.
Juego de pelota. En Costa Rica, el déficit fiscal oscurece los horizontes, desde ya hace varias administraciones públicas. No es un problema nuevo, pero el juego de patear la bola ha ido haciendo cada vez más apremiante enfrentarlo y, como resultado, las finanzas públicas son cada vez más insostenibles. El presidente Solís ha llegado hasta a decir no tener fondos para atender programas sociales. Lamentable y criticado expediente ese, que hizo el chantaje de amenazar a los más necesitados para empujar un tema que fue agravado precisamente por sus mismas acciones como arranque de gobierno, hasta el punto de inaugurarse empeorando las calificaciones de riesgo del país y las condiciones de crédito internacional.
Ha variado, en cambio, el protocolo electoral, que niega, primero, que haya necesidad de tocar impuestos, para llamar a rebato, justo después, una vez en el cargo de la suprema magistratura, aliándose incluso con personajes de la acera de enfrente, como don Ottón Solís, eterno disidente, incluso de su propio partido, pero señor coherente, consecuente y preclaro en materia hacendaria.
Ahora la unanimidad aplastante del aspaviento fiscal impide que el populismo inveterado de nuestra clase política esconda en la arena su cabeza de avestruz o barra debajo de la alfombra un polvo convertido en lodazal. La narrativa discurre entonces en los usuales temas de aumentar ingresos y disminuir gastos, paradigmas complementarios, alternativamente ingratos y simplistas, dependiendo de la trinchera de los reclamos.
Extremos. Más impuestos para más ingresos es consigna usual y fácil para el gobierno y recortar el gasto público, bandera del sector privado, que no mide enteramente las consecuencias que tendría en la paz social y la legitimidad democrática. Pero ambos extremos son necesarios y urgentes y, con ello, parecería que la narrativa fiscal está acabada y que solo restarían definiciones puntuales, acuerdos concretos y voluntad concertada. Nada menos cierto.
Sin embargo, con recortes e ingresos, la solución meramente fiscal al problema hacendario, con todo y su necesidad y urgencia, es una narrativa trunca. ¿Y la producción? Esa es la convidada de piedra en este banquete de miopía. Cualquier aumento de impuestos que agrave las condiciones de la competitividad nacional tendrá consecuencias inevitables en una disminución de la inversión privada, mayores escapes de capital hacia Managua y un decrecimiento productivo endógeno que disminuiría los esperados ingresos provenientes de aumentos impositivos.
Por otra parte, disminución del gasto y recortes en inversión educativa, social y de seguridad ciudadana reducirán las competencias laborales, agravarán el ambiente social y el clima de negocios. Todo ello afectará nuestras ventajas comparativas para atraer inversión extranjera directa.
El problema estriba en asumir una narrativa integral, completa, acabada, que contemple las aristas fiscales usuales, pero las complemente con reformas estructurales profundas que se centren en mayor y, sobre todo, más sofisticada producción nacional, fuente, al fin y al cabo, de los ingresos fiscales. Es hora de un discurso de política productiva, sin el cual la materia fiscal se quedará siempre corta, como lo demuestra Grecia.
Se requiere, especialmente, un esfuerzo masivo, histórico y trascendental de aprovechamiento del caudal inmenso de inversión extranjera en nuestro suelo. La hora fiscal toca las campanas a programas agresivos de encadenamiento productivo de las empresas locales con las empresas exportadoras, especialmente de zona franca. La unanimidad política sobre la problemática fiscal esconde detrás de su narrativa inacabada, la cenicienta permanente de más de 30 años de apertura comercial: la producción nacional y su encadenamiento exportador a gran escala.
La autora es catedrática de la UNED.
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