En noviembre de 2016, el sorpresivo triunfo del Sr. Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas tomó al mundo con asombro. Tuvo lugar, entonces, un nutrido debate postelectoral que buscaba esclarecer hasta qué punto, en la administración que estaba por comenzar, deberían tomarse a la letra los exabruptos de campaña. No faltaron entonces quienes se confortaron con el pensamiento de atribuir la narrativa de campaña de Trump a una forma original y confrontativa de mercadeo político, presentándose como un candidato antisistema, frente a un electorado descontento que era un segmento nada despreciable del universo de votantes. Podía pensarse que esa retórica y, más importante, su implementación, se verían atemperados, una vez que fuera Trump presidente del país.
Sus planteamientos de campaña daban lugar a serias preocupaciones. Ellos estaban marcados por una peligrosa combinación de replanteamiento geopolítico, populismo nacionalista y proteccionismo comercial que, de ser efectivamente traducidos en políticas públicas, podrían significar el trastrocamiento del orden internacional vigente.
Una vez presidente electo, y antes de su toma de posesión, su retórica se reafirmó con el tipo de personalidades que fueron llenando la lista de sus nominaciones a los altos cargos de ejecutivo de los EUA. En sus primeros días de su mandato fue quedando cada vez más confirmado el carácter controversial que asumiría su administración así como la profunda división política que producirían sus políticas, tanto en su país como en el resto del mundo.
Desde hace varios meses, OCEX ha seguido de cerca el desarrollo de la política electoral norteamericano, manifestando clara preocupación de la eventualidad realista de la elección de Trump y sus consecuencias, así como manifestando la importancia de comprender que Trump debía asumirse integralmente de acuerdo a su retórica, ya que no formaba parte de un fenómeno norteamericano excepcional o casual, sino que era parte de una tendencia internacional de contra-golpe populista contra la globalización, cuya reciente y fuerte expresión se había manifestado ya en el Brexit británico.
De ahí la importancia de analizar, desde los primeros días de su mandato, el posible significado de la presidencia de Trump, especialmente para Costa Rica. Con ese propósito, el 23 de Febrero, apenas un mes después de la toma de posesión de Trump, el Observatorio de Comercio Exterior (OCEX) de la UNED, en colaboración con la Comisión Asesora de Alta Tecnología (CAATEC) y El Estado de la Nación, abordaron la problemática planteada por el mandato del Presidente Donald Trump, a la luz de sus primeras iniciativas de gobierno y las perspectivas que de ellas pudieran derivarse para Costa Rica y para el Mundo.
La cita, que fue inaugurada por Lizette Brenes Bonilla, Vicerrectora de investigación y concluida con reflexiones de Velia Govaere Vicarioli, coordinadora de OCEX. Para hacer una reflexión de fondo, sobre los temas políticos, ambientales y de inversión las entidades organizadoras invitaron, entre sus miembros, a tres destacadas personalidades del ámbito nacional: Jorge Vargas Cullell, Director del Estado de La Nación, Pedro León Azofeifa, Vicepresidente de CAATEC y, desde CINDE, se contó con la participación de excepción de su mismo presidente, Luis Gamboa Arias, quien abordó tanto los peligros existentes en los patrones de IED en Costa Rica, como de las tareas nacionales pendientes en los temas de competitividad. El evento fue moderado por Ricardo Monge González, director de CAATEC.
Como introducción, Lizette Brenes inauguró el conversatorio vinculando la actividad dentro de los lineamientos estratégicos de CONARE, que dedicó este año a la vida, al diálogo y a la paz. Igualmente hizo notar algunos de los matices que se revelan en nuestra sociedad, con la presidencia de Trump, como la “sociedad del espectáculo”, la irrupción generalizada de la incertidumbre y el carácter contradictorio de las fuerzas dominantes en nuestras democracias, donde parecen, a veces, predominar las minorías sobre las mayorías. Resaltó, en este contexto, la importancia de reconstruir nuestra apreciación de la realidad, desligándonos de parámetros acostumbrados y analizando los acontecimientos desde otras perspectivas. Coincidió Brenes, en esto, plenamente con el análisis que en la conclusión hizo, al final, Velia Govaere, quien llamó a iniciar un proceso de deconstrucción de ciertas presunciones de larga data, establecidas como “evidencias” que son ahora puestas en cuestionamiento por los recientes acontecimientos políticos.
Don Jorge Vargas Cullell abordó el entorno político de la nueva administración norteamericana, sus posibles consecuencias para Costa Rica y las líneas de acción de nuestro país para prevenir los efectos no deseados de sus políticas, adaptarnos al nuevo entorno y mitigar sus impactos. Calificó como rasgo distintivos con que inició la administración Trump, su débil legitimidad, al haber perdido el voto popular y, sin embargo, no intentar ampliar su caudal social de apoyo, sino consolidar su relación con la base social que le permitió ganar las elecciones. Esto lo logra con acciones que constantemente crean situaciones de polarización y que sumen al país en constante conflicto. Se manifiesta, igualmente, la nueva administración por sus pocas capacidades político-tecnico-legal-administrativo. De esta baja capacidad técnica de sus operadores políticos dio muestra su primer decreto de prohibición de ingreso a los Estados Unidos de nacionales de seis países de mayoría musulmana, que fue posteriormente puesto en suspenso por un tribunal federal. Entre otras características señaló las coincidencias y contradicciones con su propio partido republicano así como el carácter disruptivo que presenta tanto en el orden interno como en el internacional, situación que puede dar lugar a desencadenar conflictos de una envergadura muy seria.
Entre las amenazas y riesgos para Costa Rica mencionó las diferencias entre las políticas de Trump y las tradicionales de Costa Rica, sobre todo en materia de derechos humanos, protección ambiental y apertura comercial. Esas diferencias se pueden convertir en directas amenazas en la medida que Costa Rica es fuertemente dependiente del mercado norteamericano, que es su primer mercado de exportación, así como de la inversión extranjera directa, cuyo origen más fuerte también viene de ese país. La confrontación de Estados Unidos con México representa una amenaza indirecta en la medida en que dichas tensiones repercutirán en Centroamérica y, por ende, en nuestro país.
Para enfrentar dichas amenazas, Cullell recomendó políticas de prevención, políticas de adaptación y políticas de mitigación, que concentró en fortalecer el brazo diplomático del país, ampliar los nexos con China, establecer alianzas estratégicas con países afines a la visión nacional de derechos humanos y protección del ambiente. Por otra parte, una de las grandes amenazas de Costa Rica es su propia vulnerabilidad, siendo la más importante de todas el déficit fiscal que obliga a un creciente endeudamiento externo, lo que coloca al país en condiciones de debilidad estructural frente a cualquier situación de disrupción del orden internacional.
Pedro Leon Azofeifa describió con gran grado de detalle las numerosas iniciativas contrarias a la protección ambiental que la nueva administración ha realizado en los escasos 30 días que tiene de gobernar. Aunque se pronunció por continuar e insistir en mantener los excelentes niveles de cooperación en materia ambiental que se consolidaron durante la presidencia de Obama, se mostró pesimista de las posibilidades que tiene Costa Rica de recibir los mismos niveles de apoyo de la cooperación norteamericana, bajo la administración del Presidente Trump.
El Presidente de CINDE, don Luis Gamboa, abordó una de las premisas fundamentales de la administración Trump: la búsqueda de paridad o superávit comercial de Estados Unidos con sus socios. Desde esa perspectiva comenzó por presentar un panorama de la situación del comercio internacional y de la inversión para Costa Rica, en la era de Trump. En primer lugar planteó la proporcionalidad de los problemas que tiene el comercio exterior norteamericano. Mostró que dos países, México (11%) y China (69%) acumulan entre ellos el 80% del déficit comercial que los Estados Unidos quieren remediar. En cambio, el comercio con la región centroamericana ocupa apenas el 1,3% del comercio agregado de Estados Unidos, teniendo además una balanza comercial favorable a esa nación. De esta manera disminuyó el grado de peligrosidad inmediata que tiene para CAFTA-DR la posible política comercial proteccionista de la administración de Trump.
Desde el punto de vista de las inversiones, don Luis presentó tres escenarios de políticas norteamericanas en las que podría decirse que Centroamérica es potencialmente vulnerable. Esos escenarios son: el Tax Holiday (exención de impuestos al retorno de capitales), la disminución hasta el 20% del impuesto corporativo y el Border Tax adjustment, que tasaría los insumos importados y permitiría eximir del impuesto de la renta de los insumos producidos en Estados Unidos. En estos tres escenarios, don Luis, se inclinó a valorar de forma disminuida el peligro de afectación de la inversión extranjera en nuestro país.
Pero, por otra parte, don Luis consideró que el mayor peligro inminente de una afectación nacional no se deriva de la presidencia de Trump, sino de los propios problemas nacionales de abandonado progreso de la agenda de competitividad nacional, con alto déficit fiscal, energía costosa, infraestructura atrasada, educación no alineada con las necesidades del mercado, baja capacitación técnica, política migratoria más flexible y, en general, poco progreso en los factores que determinan el lugar nacional en los índices del Doing Business, como la simplificación de trámites y otros.
De forma más amplia don Luis recomendó mejor aprovechamiento de los tratados comerciales que ya tenemos así como mejorar la diversificación de nuestros destinos preferenciales, como la Alianza del Pacífico, el TLC con Corea y con Asia, en general, profundizar el mejoramiento de políticas públicas dentro de los rangos de la OCDE, De manera que el presidente de CINDE consideró que. El presidente de CINDE concluyó su exposición llamando a promover la innovación nacional, pasando de simplemente hacer los productos en Costa Rica a participar, desde su diseño, en su creación. Don Luis resumió esa orientación con la consigna: “De hecho en Costa Rica, a creado en Costa Rica”.
Velia Govaere coincidió plenamente con estas apreciaciones. Para ella, la era Trump plantea, para Costa Rica, con mayor urgencia que de sólito, la necesidad de enfrentar sus propios desafíos nacionales desatendidos. “Nuestros ajustes no se sitúan en el comercio exterior” –señaló Govaere Vicarioli-, sino en las tareas de desarrollo interno que hemos descuidado. La nueva situación crea condiciones especialmente duras para llevar a cabo esas transformaciones”.
Así terminó esta actividad, con las reflexiones de Velia Govaere, quien manifestó que el fenómeno de Trump, así como el Brexit en Gran Bretaña, corresponden a consecuencias negativas no deseadas y no atendidas de la globalización, que han aumentado la desigualdad y propiciado la pérdida de empleos manufactureros en los países industrializados. La victoria de Trump sería, de acuerdo a Govaere, un subproducto de esa tendencia anti-globalización, pero las características personales de Trump hacen de él un fenómeno contradictorio: mientras el sector financiero apoya su orientación general de fomentar la repatriación de capitales, otras políticas confrontativas o desestabilizadoras del orden mundial, crean un ambiente de incertidumbre que le puede, más bien, debilitar. (Ver aquí las reflexiones finales de Velia Govaere).
La actividad fue transmitida en vivo por el Sistema de Videoconferencias de la UNED y tuvo amplio seguimiento, tanto presencial como por internet. Se recibieron elogiosos comentarios de participación internacional, posicionando a la UNED, de esta manera, en una de las más álgidas temáticas de interés nacional e internacional. La conferencia fue grabada y se puede acceder a ella en el siguiente enlace: http://videoteca_vau.uned.ac.cr/videos/video/2783/
El periódico Acontecer, de la UNED, realizó su propia reseña de la actividad. (Acceder a esa reseña en este link).
Escrito por MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora estratégica, OCEX

POR VELIA GOVAERE - ACTUALIZADO EL 28 DE FEBRERO DE 2017 A: 12:00 A.M.
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En sus 40 efemérides, la UNED debería reevaluarse, sin egoísmos y sin intereses creados
La desigualdad es el corazón del rosario de nuestras agendas. Pobreza y brechas territoriales alimentan la exclusión social, como barreras que frenan todos los esfuerzos por mejorar el emprendimiento, disminuir el desempleo y superar la informalidad imperante en más del 40% de nuestra fuerza laboral. Por eso es pertinente revisar críticamente nuestros paradigmas y sus carencias.
A los 40 años de fundación de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), es hora de revalorizar una aplicación más holística de la modalidad educativa a distancia como instrumento de combate contra la exclusión social.
La educación pública es el mejor instrumento de promoción de inclusión e integración territorial. Pero ese continente es heterogéneo. Vivimos entre claroscuros, con avances y todavía mayores desafíos. Por eso tenemos el alma nacional dividida entre complacencia y autoflagelo.
Comencemos por hacer justicia al cumplimiento emblemático del Estado con la educación pública. Pocos países han hecho semejante sacrificio de inversión educativa. Costa Rica tenía, hasta hace poco, una ventaja de 15 años en Latinoamérica.
El peso de su presupuesto es mayor al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Eso debe contar para sentir orgullo. Pero, con relación a ese esfuerzo, tenemos una deserción que espanta y salimos mal parados en evaluaciones de desempeño. Por eso, la mejor defensa de nuestro modelo es hacerle ajustes para mejorar su rendimiento, aumentar eficiencia, adecuar programas y ampliar cobertura, sobre todo, universitaria.
Brusco corte. Este es uno de nuestros mayores problemas. El esfuerzo colectivo de equidad educativa sufre un brusco corte cuando se llega a la universidad. Ahí los exámenes de admisión no diferencian ni brechas de calidad entre educación privada y pública ni asimetrías derivadas de diferencias regionales. Tampoco atienden las necesidades de quienes quieren estudiar, pero necesitan trabajar.
La UNED es un esfuerzo señero del Estado. Su arquitectura se diseñó específicamente para combatir la exclusión educativa en todas sus facetas, la territorial, la laboral y la étnica. Nació hace 40 años y puso en su mismo nombre la palabra “distancia” que es algo más profundo que lo físico. Ese concepto incluye pero no se agota en lo territorial.
Es la primera casa de enseñanza que llegó a los lugares más recónditos, incluidas las zonas indígenas, haciendo uso de los recursos tecnológicos más avanzados en cada momento histórico.
Pero lo geográfico es solo uno de sus matices. Enfrenta también la exclusión de quienes quedan marginados por exámenes de admisión, a privados de libertad y a trabajadores y amas de casa que solo pueden optar por esta modalidad. Y no se limita a lo formal, sino que también promueve el empresariado, la gestión municipal y la organización comunal. En muchas comunidades rurales, el desarrollo social, educativo y local se encuentra estrechamente vinculado con la existencia, en la zona, de uno de los 34 centros universitarios de la UNED.
Precursora. La UNED aparece como hecha a la medida de problemas contemporáneos y de tecnologías de punta. Sin embargo, cuando la UNED se creó era más bien precursora para su tiempo.
Nació antes de que la desigualdad fuera tan rampante y en época en que se enseñaba por correspondencia, con apoyo de Correos de Costa Rica. Pero desde su diseño original buscaba ser paradigma de una oferta perfilada contra obstáculos, formativos, físicos y laborales, especialmente de la población más vulnerable y con menos oportunidades de acceso.
Antes, la UNED era una excepción. Hoy, debería ser una regla para superar el divorcio existente, en todas partes, entre el acceso a la educación superior y el contrato social de equidad.
En Costa Rica, la UNED representa la posibilidad de tener una respuesta estratégica a esa disonancia. Eso, si se le diera el peso político estratégico que verdaderamente amerita.
Dada la trascendencia de su misión, la pertinencia de su oferta con las TIC contemporáneas, su experiencia acumulada y la gravedad de nuestras brechas de exclusión y eficiencia educativa, cualquiera diría que Costa Rica invierte en esta modalidad con la medida que le dicta la conciencia equitativa que quiere imaginarse que tiene. No es así.
Mínima inversión. En mi opinión, nunca el Estado ha invertido tan poco en una misión tan grande. Por lo menos en lo que concierne a la UNED, en la lucha contra la exclusión social, el peso que el Estado le otorga a la modalidad a distancia es apenas un 7,5% de lo que invierte en educación superior.
Sin embargo, con ese escaso presupuesto se construyó una plataforma de aprendizaje en línea, con enseñanzas tan cruciales como matemáticas, ciencias naturales y salud y se está buscando mejorar la formación docente, nudo gordiano de nuestra eficacia.
También se intenta atender, lo mejor que permite la coyunda, la demanda de profesionales en ejercicio, con ofertas flexibles de posgrado. Pero todo eso se hace poniendo en tensión un músculo que no está ni suficientemente alimentado por el Estado, ni estratégicamente posicionado como eje político holístico en la lucha contra la pobreza.
La modalidad a distancia es un instrumento de menor costo para crear capacidades laborales técnicas, especialmente en las zonas marginadas y remotas y para ofrecer respuestas de reinserción a las poblaciones expulsadas del sistema educativo formal. Pero la UNED padece de la misma marginación que ella misma está destinada a combatir.
En tiempos de TIC, sería hora de un replanteamiento integral del espacio de la modalidad educativa a distancia en las políticas públicas nacionales. Una medida del demérito de este instrumento decisivo es que ningún precandidato hable de la educación a distancia. ¿No es extraño eso?
Esta benemérita institución nació ayer, pero está pensada para mañana. Es hora de que esto se entienda. En sus 40 efemérides debería reevaluarse, sin egoísmos ni intereses creados, el espacio estratégico que merece la educación a distancia en nuestras prioridades nacionales.
La autora es catedrática de la UNED.

POR VELIA GOVAERE - ACTUALIZADO EL 13 DE FEBRERO DE 2017 A: 12:00 A.M.
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Los países que dependen de la IED para equilibrar cuentas nacionales corren peligro
Trump y algunas de las tesis nacionalistas del creciente empoderamiento populista no serían tan peligrosos si fueran a contrapelo de la corriente histórica. No es así. Son fenómenos extremos, concomitantes y paralelos, pero refuerzan una tendencia irreversible: el agotamiento de las condiciones de rentabilidad de las empresas multinacionales, combinado con el avance vertiginoso de la tecnología y la automatización, están determinando nuevas condiciones para la inversión extranjera directa (IED).
Eso es lo decisivo, está ocurriendo frente a nuestros ojos y no lo vemos. Las bases mismas en las que se sostiene nuestro paradigma de desarrollo están sometidas a un proceso de transformación que vino para quedarse. Pero seguimos circulando alegremente, como si los fundamentos de nuestras premisas socioeconómicas fueran eternas. No lo son. Si no advertimos esos procesos subterráneos que modifican el terreno sobre el que nos movemos, arriesgamos caer en un abismo inesperado.
Llegó la hora de reevaluar los soportes mismos de las políticas públicas que más dábamos por descontadas, porque se está produciendo un giro histórico en los supuestos internacionales que determinan el peso de las multinacionales en la globalización y en la IED.
Peligro. Esas transformaciones no son pequeña cosa. Sobre ese bastión se sustenta casi todo en Costa Rica. Con el sugestivo título de “Las multinacionales en retirada”, The Economist (28/1/2017) rinde cuenta de esto y advierte del peligro inminente que corren los países que dependen de la IED para equilibrar cuentas nacionales.
Es nuestro caso, porque la IED es el factor decisivo que equilibra nuestro sistemático déficit de la balanza comercial. Casi todos nuestros TLC tienen balanza comercial negativa, en especial con Estados Unidos y China. Con Sudamérica y México, que tienen una oferta exportable parecida a la nuestra, somos también deficitarios por sus economías de escala y mayor eficiencia de costos.
Desde los 90, las multinacionales lideran la globalización y su peso político incidió en las directrices de los principales tratados de libre comercio, incluido el hoy cuestionado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés).
La caída del muro de Berlín, la desaparición del mundo bipolar, la apertura de China y su inmensa mano de obra barata y el establecimiento de la OMC crearon condiciones para que las multinacionales se lanzaran al mundo en busca de eficiencia de costos.
Fue algo cualitativamente nuevo porque el 85% de todos los activos de las multinacionales se crearon después de 1990. Se desarrollaron aprovechando menores salarios, privilegios fiscales y bajas erogaciones vinculadas a regulaciones ambientales y laborales.
Todo ello se consolidó con el valor agregado de un sistema internacional de comercio que ofrecía estabilidad jurídica y permitía abaratamiento de insumos y acceso preferencial a sus productos. Eso explica el matrimonio bien avenido entre los intereses de las multinacionales y los gobiernos para negociar TLC. ¿A quién más que a Intel le convenía que Costa Rica abriera el mercado chino?
Liderazgo. Con esas bases, las multinacionales asentaron su liderazgo. Lo hicieron integrando de forma vertical su propia producción, creando cadenas globales de valor, al comprar u originar sus insumos en el país que mejor les conviniera. Las piezas de un producto pasan primero varias fronteras antes de llegar a su beneficiario y el mercado del producto final es el mundo. Fue así que las multinacionales llegaron a responder por más del 50% del comercio mundial y a poseer el 40% del valor accionario del mundo occidental.
Tomemos nota: esas condiciones de desenvolvimiento están cambiando. Sus ganancias tocaron techo y está visto que se han ido dramáticamente reduciendo.
Sus economías de escala llegaron al tope, los salarios que fueron bajos han crecido, las ventajas fiscales son, en todas partes, cuestionadas, aumentan las regulaciones ambientales y las cargas laborales agravan planillas en casi todos los países del mundo.
Sus inversiones producen menos empleos y sus manejos financieros ya no tienen la seguridad jurídica de antaño, bajo el acecho de la lupa pública.
Sus enormes dimensiones administrativas y su sobreextensión muestran ahora su lado negativo, con mayores costos de gestión, de distribución y de mantenimiento de inventarios.
La presión de los países crece para que se encadenen con la producción endógena, tapa del perol, que agrava sus condiciones de arbitraje de costos. Como resultado, las ganancias de las 700 multinacionales más grandes tuvieron la tremenda caída de un 25% en los últimos cinco años. Eso explica por qué la IED del mundo se contrajo hasta un 15%, en el 2016.
Tecnología. Por si eso fuera poco, la automatización se desarrolla a pasos acelerados. En más de 800 ocupaciones, 2.000 actividades laborales tienen ya probadas tecnologías de automatización, total o parcial. En 18 años estará automatizado el 50% de todas las actividades laborales, creando una expulsión de las fábricas solo comparable a la maquinización de la agricultura.
Eso crea presión adicional de productividad y de competitividad para invertir en los propios territorios nacionales, donde se les están ofreciendo, además, nuevas ventajas fiscales.
El caso de las amenazas y alicientes de Trump para que las empresas se queden en Estados Unidos es solo una situación extrema que confirma, no niega, el nuevo escenario global de la inversión extranjera.
Nuevas primarias se anuncian aquí, con las mismas viejas cantinelas en las arenas movedizas de un mundo en transición. Los que siguen diciendo lo mismo, “esos no ven la obra profunda de la hora, la labor del minuto y el prodigio del año”.
Tuvimos las vacas gordas de la IED y nos comimos su leche, sin invertirla en condiciones propias de producción. Hijos de la “platina”, al fin, seguimos atenidos a las mismas viejas recetas. Ninguna misión diplomática puede cambiar los signos de los tiempos. Por eso, ¡cuidado, todo cambia!
La autora es catedrática de la UNED.

POR VELIA GOVAERE - ACTUALIZADO EL 06 DE FEBRERO DE 2017 A: 12:00 A.M.
http://www.nacion.com/opinion/foros/audacia-esperanza_0_1614238566.html
Obama será más recordado por sus discursos que por sus realizaciones
¡Es fácil perder la perspectiva histórica cuando enfrentamos los abismos del presente! En el fragor de la batalla, grande es la tentación de olvidar el sentido de propósito que define nuestro impulso. Al final, sin embargo, lo que realmente queda es una brújula marcada por el verbo en el alma de los pueblos.
Dentro del gran esquema de las cosas, el peso de la palabra tiene más trascendencia que realizaciones prácticas, porque traza un derrotero para que los zigzags de la historia busquen después como alcanzarlo. “Todo lo que existe persigue su entelequia”, es decir, la plena realización de sus potencialidades. Pero no hay parto sin dolor.
Veamos hacia atrás porque eso ayuda cuando el presente abruma. Jefferson tuvo más trascendencia como redactor del Acta de Independencia de su país y de la Declaración de los Derechos Humanos, que como presidente.
La misma Revolución francesa, en término de realizaciones fue un total fracaso que culminó con el terror y el ascenso despótico de Napoleón. Le siguieron guerras sanguinarias que mancharon Europa. Francia quedó huérfana de democracia por cien años más. Pero sus grandes ideales fueron más testarudos que los infortunios conjurados.
A veces castiga reaccionario el ingrato péndulo de la historia, pero encuentra, a la postre, el rumbo marcado por la entelequia siempre inacabada de las potencialidades de la sociedad humana.
Legado de Obama. Obama será más recordado por sus discursos que por sus realizaciones. El portentoso eco que despertó su elocuencia quedó atemperado por la sordina reaccionaria que sacudió su clarín tempranero. “Sí se puede”, dijo, pero no pudo, porque su presidencia representó un punto culminante de la democracia norteamericana, que no podía quedar sin castigo.
Las fuerzas contra las que se estrelló Obama suscitaron el espectro de aflicción que hoy nos acecha. Estallaron en el viejo corazón de manufactura industrial, que otrora fuera pivote del poderío norteamericano, pero esa avalancha venía desde afuera y desde antes.
El alud que amenaza sepultar su legado es producto de las contradicciones sin resolver de los grandes paradigmas del siglo XXI: la globalización económica, la revolución tecnológica y la mundialización de la gobernanza.
La globalización es semilla que aún no germina de una articulación regulada y sistémica de todas las sociedades humanas. Vive, en cambio, en medio de la anarquía de la competencia salvaje por eficiencia de costos, en un escenario internacional sometido a las presiones disfuncionales de Estados que buscan intereses mezquinamente nacionales.
Es una situación contradictoria y una de sus antítesis es negarla, poniendo a correr 50 años atrás el reloj de los tiempos.
Gobernanza mundializada. La automatización tecnológica contradice las premisas proletarias del desarrollo manufacturero, fundado en la mano de obra fabril y produce mayor pérdida de empleos que los que escapan buscando salarios bajos. Una de sus antítesis es alentar la supervivencia de una productividad obsoleta con guerras de estímulos fiscales.
Un mundo multipolar interdependiente universaliza las crisis y demanda una gobernanza mundializada, sin cabida para la supremacía de una superpotencia que dicte las agendas. Una de sus antítesis es regresar a la nostálgica gloria imperialista del pasado, impuesta manu militari, por el chantaje de la fuerza.
Todas esas contradicciones estallaron en el Rust Belt de Estados Unidos. Obama dejó de atender de forma focalizada a ese baluarte industrial localmente empobrecido, con más de 10 millones de empleos cedidos a la automatización o a China. Esa ceguera permitió la victoria de Trump.
Frente a cada una de estas contradicciones modernas, Obama buscó una síntesis que las superara, con el entendimiento suprapartidista, en lo nacional, y la colaboración multilateral, en lo internacional.
Ambicionaba algo difícil de asimilar, en lo inmediato, para la frustración de sectores que se autoalimentan de nostálgicas grandezas malentendidas. Obama fue heraldo renovador de los insignes ideales humanistas heredados del imaginario fundacional de EE. UU. Verdadera grandeza recibida de la Ilustración europea y retransmitida por Jefferson y La Fayette a la Revolución francesa. En eso no fue original, aunque de elocuencia histórica.
Nuevo ideal. Sin embargo, como líder supremo de la nación más poderosa del planeta, Obama encarna, para la historia, la primera expresión auténtica de un nuevo ideal norteamericano, que se presentó al mundo con una rama de olivo en la mano extendida. Comprendió a los EE. UU. como primus inter pares, que deben buscar el diálogo conciliador, no la diatriba agresora; la cooperación de beneficios compartidos, no la imposición de intereses propios; el multilateralismo concertado, no el bilateralismo de fuerzas asimétricas.
En el concierto inacabado de naciones, Obama representa una aspiración universal de una gobernanza mundial acordada y efectiva. Esa visión inacabada nació dos veces antes, con la Liga de Naciones y las Naciones Unidas, cada una después de hecatombes de dolor.
Esa aspiración se vio entorpecida con la Guerra Fría y pareció desvanecerse con el dominio de los Estados Unidos, tras la desaparición de la URSS. Pero la globalización, la revolución tecnológica y la mundialización de la política la pusieron de nuevo sobre la palestra.
Obama fue el primer presidente norteamericano que abrazó esa visión, navegando lo mejor que pudo en las aguas internacionales enturbiadas por las torpes intervenciones militares de sus predecesores y la debacle resultante en Oriente Medio.
Con brutal retroceso, el péndulo de la historia hoy nos castiga. No suprime, pero pospone, una vez más, aquel ideal de aldea global equitativa y concertada que duerme en todos nosotros como especie humana.
¿Cuántas tempestades pasarán para que vuelvan esos sueños a brillar de nuevo? Ese es el riesgo que vivimos, alentados solo como estamos por el optimismo que nos legó Obama desde la audacia de su esperanza.
La autora es catedrática de la UNED.
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