Costa Rica requiere tener políticas industriales holísticas
MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora Estratégica, OCEX-UNED
El 13 de mayo del 2014, el Observatorio de Comercio Exterior (OCEX), de la Vicerrectoría de Investigación de la UNED, en coordinación con el Centro Nacional de Alta Tecnología (CeNAT), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Consejo para la Promoción de la Competitividad (CPC) realizaron el evento de discusión: "Hacia una Política Industrial para el Desarrollo y la Generación de Empleo”.
El objetivo de la actividad fue familiarizar al auditorio nacional con el debate internacional existente sobre las políticas industriales y la transformación productiva, así como arrojar luz sobre los retos de la transformación productiva y el empleo en Costa Rica, con una visión crítica del Consenso de Washington, a la luz de las mejores prácticas internacionales.
Su eje se centró en los retos del crecimiento, la competitividad, la transformación productiva y la política industrial, en Costa Rica, a partir de la presentación del libro de la OIT: “Transformando las economías: Haciendo que la política industrial funcione para el crecimiento, el empleo y el desarrollo” por parte de uno de sus editores, el Dr. José Manuel Salazar-Xirinachs, Subdirector General de Políticas de la OIT.
Sírvanse encontrar la presentación que brindó el Dr. Salazar-Xirinachs, en el siguiente link (favor dar click aquí).
Adicionalmente, nos complace compartirles la grabación audiovisual de esta ponencia:
(Parte 1) https://www.youtube.com/watch?v=_EF85IdCt2M
(Parte 1-1) https://www.youtube.com/watch?v=Tiqpj9pIbrk
De este estudio se derivó la presentación del Dr. Salazar-Xirinachs, que contiene 15 capítulos escritos por 27 renombrados expertos internacionales en el tema. El volumen fue editado por el especialista José Manuel Salazar-Xirinachs con dos colegas es una colaboración entre la OIT y la UNCTAD. “Este libro ayuda a conectar los temas de teoría económica, el papel de las capacidades, las lecciones de la historia y los desafíos prácticos del diseño y la puesta en práctica de la política industrial. Al hacer esto provee un excelente mapa de las políticas para cualquiera interesado en promover el crecimiento acelerado y la transformación productiva” – Ricardo Hausmann, Universidad de Harvard.
Podemos a su disposición en el siguiente link el libro: TRANSFORMING ECONOMIES: Making industrial policy work for growth, jobs and development. (Favor dar click aquí).
En la actividad, se discutió la ponencia del Dr. Salazar-Xirinachs en una mesa redonda, conformada por los siguientes panelistas, Miguel Gutiérrez Saxe, del Estado de la Nación; Rolando Dobles, Director de Encadenamientos Productivos, de Procomer; Eduardo Sibaja, Director del CeNAT; Jorge Perera, Gerente de Boston Scientific y representante del CPC y Alvaro Ramírez, Especialista de la OIT, quién a su vez fue el moderador.
Sírvanse encontrar la presentación de PPT que brindó el Dr. Gutiérrez Saxe, en el siguiente link (favor dar click aquí). Adicionalmente, ponemos a su disposición las palabras brindadas por el Sr. Luis Gamboa, Presidente del Consejo para la Promoción de la Competitividad (CPC). (Favor dar click aquí).
En sus reflexiones finales, Velia Govaere Vicarioli, Directora del CPC y Coordinadora del OCEX cerró el evento, advirtiendo que:
“Todos los países emergentes que están promoviendo políticas industriales han focalizado sus recursos con base en una estrategia de largo plazo, diseñada por una alianza público-privada-académica, bajo una rectoría institucional, directamente vinculada con el Ejecutivo. La construcción de dicha institucionalización, a partir de una revalorización de una política industrial integral será la prueba ácida que medirá la decisión real de cambio, en Costa Rica”. En el siguiente link encontrarán sus reflexiones completas. (Favor dar click aquí).
Nos complace compartirles la grabación audiovisual de esta ponencia:
(Parte 3) https://www.youtube.com/watch?v=HuYUkDOdapw
Otras noticias relacionadas a este evento:
Artículo publicado en el Periódico “ACONTECER” de la UNED
Costa Rica requiere fortalecer políticas industriales para la generación de empleos: http://www.uned.ac.cr/acontecer/index.php?option=com_content&view=article&id=2061%3Acosta-rica-requiere-fortalecer-politicas-industriales-para-la-generacion-de-empleos&catid=51%3Agestion-universitaria&Itemid=76
LLM. Velia Govaere Vicarioli
Coordinadora OCEX-UNED
En enero de este año, OCEX realizó una reflexión sobre los principales desafíos que enfrenta la internacionalización de las pymes en Costa Rica. La participación de las pymes en el esfuerzo exportador puede traducirse en una exportación directa o su encadenamiento a una empresa exportadora. Así explicó la coordinadora de OCEX a la Junta Directiva del INA los dos grandes rubros destacados en la investigación realizada en el marco del II Diagnóstico de Pymes en Costa Rica. La Junta Directiva realizó importantes comentarios sobre la labor de esta institución en soporte de las pymes costarricense y su preocupación por las necesidades existentes de agregar mayor valor a los productos y servicios de las pymes y fomentar la creación de capacidades en su personal.
En la presentación de OCEX se socializan con esta institución cuales son los principales hallazgos del Diagnóstico en la internacionalización de pymes, que se ponen a disposición de los usuarios de nuestro boletín. (Ver presentación).
MBA. Hellen Ruiz Hidalgo
Comunicadora Estratégica, OCEX-UNED
En este documento se hace una estimación del impacto de dos importantes programas de desarrollo productivo (PDPs) en Costa Rica: PROPYME y CRP. El primer programa busca aumentar las capacidades de innovación de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), mientras que el segundo procura incrementar los encadenamientos hacia atrás entre las PyMEs costarricenses y las corporaciones multinacionales que operan en el país. Los impactos individuales de ambos programas se midieron en términos de tres variables de resultado: salarios reales promedio, demanda de empleo y probabilidad de exportación. Para hacer las estimaciones se utilizó una combinación de técnicas de efectos fijos y de emparejamiento con el índice de propensión (propensity score matching o PSM), con el fin de corregir por posibles sesgos de selección. Se crearon dos conjuntos diferentes de paneles de datos, uno para cada programa, así como para las empresas tratadas y las no tratadas, para el periodo 2001-2011. Encontramos que las empresas beneficiarias de PROPYME tienen un mejor desempeño que otras empresas en términos de demanda laboral y su probabilidad de exportación, mientras que las empresas que participan en el programa CRP muestran mayores salarios promedio, mayor demanda de empleo y mayor probabilidad de exportación que las que no participan. Además, la duración de los efectos del tratamiento (timing effects) y la dosis son importantes en ambos programas para mejorar el desempeño de las empresas. Con respecto a la complementariedad entre CRP y PROPYME, se encontró que las empresas tratadas simultáneamente mediante los dos programas tienen un mejor desempeño en términos de salarios promedio que aquellas que fueron tratadas únicamente con el programa CRP.
En breve, los hallazgos sugieren que las políticas que buscan superar las debilidades de estos dos programas son importantes para obtener salarios reales más elevados, generar más oportunidades de empleo y aumentar la probabilidad de exportación de las PyMEs costarricenses. Descargar aquí (únicamente la versión en Inglés).
LLM. Velia Govaere Vicarioli
Coordinadora OCEX-UNED
Reflexiones Finales
Amigos y amigas:
Un estudio de la CEPAL de Chile advierte que –y cito- “En Latinoamérica, el incremento de las exportaciones de manufacturas, en particular las vinculadas a diferentes regímenes especiales, no se ha traducido en el escalamiento hacia actividades productivas y sectores en los que se profundicen, difundan y aceleren los procesos de aprendizaje tecnológico, o que generen más capacidades tecnológicas y productivas”.
De eso se trata. Costa Rica así lo ha comprendido y los programas analizados por Ricardo Monge, son esfuerzos que se articulan para superar este penoso diagnóstico de la CEPAL. ¿Dónde estamos? ¿Hasta dónde ha llegado el esfuerzo nacional por encadenar nuestra industria al dinamismo exportador? ¿Cuál es el estado de situación de nuestro sistema de incentivos para la innovación?
La investigación de Ricardo Monge aporta un rayo de luz en esos interrogantes. Nos dice, en resumen, que nuestras Políticas de Desarrollo Productivo tienen resultados positivos en relación con la generación de empleo, mejoramiento de niveles salariales y mayor propensión a exportar.
Pero sus resultados son casi homeopáticos, en el pequeño universo empresarial en que se mueven. El limitado esfuerzo que se realiza es igualmente concordante con su impacto, que no es satisfactorio ni adecuado a las necesidades nacionales. Una parte decisiva de este estudio es la ubicación de la experiencia nacional dentro de las mejores prácticas latinoamericanas y ahí nos muestra, al desnudo, nuestras considerables falencias.
Una cosa debe quedar clara. Terminaron los tiempos de la autocomplacencia. Vivimos tiempos de sinceramiento franco con nosotros mismos. Como bien lo muestra la investigación, incluso programas relativamente exitosos, como los analizados por Ricardo, en materia de encadenamiento, muestran en su mismo éxito, las grietas de un sistema que tocó su techo. Son tiempos de cambio que reclaman ajustes indispensables, casi pasados de su hora y llegados probablemente un poco a destiempo.
Acabamos de vivir un proceso electoral en el que predominó la insatisfacción generalizada, como expresión anunciada y muchas veces ignorada de la insatisfacción, que ahora se impone con mayor fuerza que nunca como coyuntura definitoria de nuestro futuro.
Ese descontento sigue, sin embargo, siendo indiferenciado, es poco preciso, tiene contornos poco definidos. Se refiere, sin duda, a una insatisfacción con el estado de situación de nuestro modelo de desarrollo. Pero en esa generalidad, lo bueno queda escondido y lo malo toma preminencia, hasta el punto de dejar desdibujados aspectos exitosos de nuestra realidad que necesitan continuidad, con nuevos aires.
Es relevante que entendamos el contexto actual en que se inserta la necesidad de ajustes en las políticas públicas del modelo de desarrollo de Costa Rica. Ellas se enmarcan, ahora, como hace 30 años, en una situación de crisis del modelo anterior y forjan, en cada caso, la hegemonía de visiones políticas nuevas. Los disidentes de un sistema se vuelven los abanderados de políticas nuevas y los iconos de un tiempo se vuelven figuras “demodée” de otros.
Hace 30 años, en la crisis de los 80, el giro fue radical. Ahora, en cambio, existen elementos que abogan, más bien, por ajustes cuidadosos, no por cambios abruptos de timón.
Costa Rica ya había escuchado un campanazo de alerta. La crisis de su paradigma de modelo de desarrollo vivió momentos dramáticos en la división del país con ocasión de la aprobación nacional del TLC. ¿Cómo explicarse que un país tan exitoso en su política comercial viera a su población totalmente dividida frente a un tratado con su principal socio comercial?
Fue un campanazo, pero no se escuchó con la atención debida. Ahí se nos advertía la necesidad de ajustes, no de cambios radicales. Muy diferente a la crisis de los 80, punto de partida del modelo actual. En aquel tiempo llegaba a su fin el viejo modelo de sustitución de importaciones basado en la protección arancelaria a la industria local. Ese esquema promovía activamente el fortalecimiento de la industria doméstica, objetivo más válido que nunca porque sigue siendo una aspiración permanente del desarrollo integral de nuestro país.
El corazón de la investigación de Ricardo Monge se sitúa en un examen de lo que estamos haciendo o dejando de hacer para crear capacidades productivas nacionales. Se trata de medir el esfuerzo nacional en auspiciar la industrialización, con una diversificación y sofisticación productiva que articule el tejido empresarial doméstico de forma armónica y homogénea con las demandas de consumo y productivas internacionales.
La investigación de Ricardo nos muestra los positivos, pero todavía modestos esfuerzos nacionales por dotarnos de una política integral de Desarrollo Productivo y la urgencia de superar las limitaciones presentes en la madurez de nuestro modelo actual para acoplar a las industrias nacionales con las cadenas internacionales de valor, con mucho mayor valor agregado nacional.
El modelo de apertura comercial con el tándem de atracción de inversión extranjera y una plataforma de TLCs ha sido la más decisiva política de Estado, para lograr equilibrios macroeconómicos, con una voluntad política de 30 años de continuidad, que es preciso defender.
Esto se ha reflejado en una significativa transformación de la estructura de las exportaciones nacionales. A finales de los 80 las exportaciones de bienes primarios eran el 57,6%, ahora son el 26%. Entonces, el 9,3% de las exportaciones correspondía a manufacturas de tecnología media y alta. Diez años después ese tipo de manufacturas habían pasado a ser el 48,5% del valor exportado. Las de alta tecnología tuvieron una transformación más dramática, pasando del 3,2% en 1990 al 36,5% en el 2000.
Pero esta transformación estructural de las exportaciones no implicó una transformación estructural generalizada en todo el tejido productivo. Fue una transformación específica de las exportaciones basadas en la Inversión extranjera radicada en Costa Rica, con alto componente importado de sus insumos productivos y un valor nacional agregado, cuyo volumen depende del sector, pero que en general es modesto. Si se excluyen las exportaciones de zona franca, los principales productos de exportación siguen siendo productos agrícolas primarios. Aunque casi el 50% de las exportaciones de Costa Rica, con origen en compañías multinacionales de zona franca, tienen una marcada orientación hacia manufacturas de tecnología media y alta, los procesos productivos que se encadenan a estas exportaciones, como bien lo explica Ricardo, no son los de mayor contenido tecnológico y están concentrados en los eslabones de manufactura y ensamble, intensivos en escala y en mano de obra poco cualificada.
Eso se refleja también en la estructura del empleo generado por las exportaciones. El sector exportador como un todo genera el 27,8% del empleo total del país. Pero el sector exportador agropecuario representa el 53% del empleo total generado por las exportaciones de bienes. Nótese que el 44,4% de las exportaciones industriales de régimen de zona franca, donde se genera más del 50% del valor de las exportaciones de Costa Rica, genera solamente el 2,6% de la población ocupada. Esos datos de bajo valor nacional agregado, de alto comercio intra-industrial, del tipo poco cualificado del empleo generado por la alta tecnología y de su pequeña incidencia relativa, nos muestra un estancamiento en la transformación estructural de nuestro sistema productivo.
Debemos comprender que la atracción de IED y la apertura comercial, creando una amplia plataforma exportadora, es parte de un binomio algebráico, donde la transformación estructural del aparato productivo nacional es uno de sus componentes indispensables. El modelo no es sostenible a largo plazo sin mayor sofisticación productiva y mayor valor nacional agregado, porque al abrirse al mundo, la producción nacional orientada al mercado interno también queda expuesta a la competencia internacional y muchas veces en desventaja, al no verse favorecida por la disminución arancelaria de los insumos productivos, que es lo que un día sí y otro también reclaman algunos gremios industriales. Ambos fenómenos, la creciente importación de consumo y la importación de insumos productivos crea un sistemático, acumulativo y creciente déficit de la balanza comercial de bienes, que se agrava con el diferente ritmo de crecimiento entre importaciones y exportaciones.
En los últimos 13 años, las importaciones crecieron a un ritmo anual 50% mayor que las exportaciones. El saldo negativo de la balanza de bienes es ya el 13,8% del PIB. Dramático proceso si recordamos que ese saldo negativo era sólo del 2,8% del PIB, en el año 2000.
El estancamiento de la inversión en innovación y desarrollo impide detener de forma sistémica el incremento de la importación de bienes productivos intermedios. Sólo un aumento de la inversión en la investigación, sofisticación e innovación de la producción nacional podrá contrarrestar la demanda de bienes importados, sea de consumo o intermedios de producción.
Entiéndase que el modelo exportador no excluye, sino que más bien tiene como parte integral un esfuerzo de sustitución de importaciones. No lo debe hacer por la vieja vía de la protección arancelaria, sino por una nueva. El proteccionismo murió, renace la vía de una mayor sofisticación, innovación y competitividad. Eso permitiría, adicionalmente, la creación del tipo de empresas que podrían encadenarse con mayor dinamismo y mayor valor agregado a la IED, así como aprovechar mejor la transferencia tecnológica.
Pero el problema es que se le ha otorgado un bajo nivel de prioridad a la inversión pública en Investigación y Desarrollo. Mientras que la Estrategia Siglo XXI recomendaba que llegáramos al 1% del PIB, el año pasado fue de 0.4% y no hay suficiente énfasis en políticas industriales que específicamente estimulen la innovación de la industria doméstica. Por otra parte, un empréstito del BID, nada controversial, reconocido como esencial y orientado precisamente en esa dirección, no termina aún el calvario de su aprobación legislativa.
Existe unanimidad nacional por un cambio, que nos debería introducir en una nueva generación del modelo actual de desarrollo. No estamos por descubrir el agua tibia, sino para mejorar lo que hacemos bien y hacer bien lo que hacemos mal. El mapa de ruta señala movernos hacia una mayor homogeneidad de nuestro tejido productivo, menores diferencias de capacidades e ingresos de nuestra fuerza laboral y un mayor posicionamiento en la agenda nacional del fortalecimiento del ecosistema de innovación.
¡Muchas Gracias!
Página 109 de 131