LLM.Velia Govaere Vicarioli
Catedrática UNED /Cordinadora OCEX
SE HACE PÚBLICO EL INFORME DEL GRUPO ESPECIAL SOBRE LAS MEDIDAS DE SALVAGUARDIA IMPUESTAS POR LA REPÚBLICA DOMINICANA

En noviembre del 2011, un grupo especial bajo el sistema de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) emitió fallo favorable a Costa Rica en un proceso contra la República Dominicana por la medida de salvaguardia impuesta contra los sacos de polipropileno y tejido tubular de costarricenses.
Costa Rica denunció ante la OMC la imposición de medidas de salvaguardia de este país caribeño el 16 de marzo del 2010, ante el incremento dominicano del arancel del 38% a los sacos costarricenses.
Costa Rica era a la hora de la imposición de la medida (traducida en el incremento del impuesto de ingreso al país de un 0% a un 38%) el principal proveedor de sacos de polipropileno al mercado dominicano, con una participación de cerca del 30% de dicho mercado.
¿En que consiste una medida de salvaguardia?
Es una medida temporal que inhibe las importaciones de un país para proporcionar un periodo de alivio a un sector productivo afectado y pueden imponerse cuando una Autoridad Investigadora competente ha debidamente comprobado que las importaciones causan daño a un sector productivo nacional. Esta inhibición generalmente se expresa en un incremento del arancel.
En el caso de los sacos de polipropileno y tejido tubular la medida de salvaguardia se expresa en el incremento arancelario de este producto, que pasa de no pagar arancel (arancel 0) a que las importaciones cancelen un 38% en frontera. República Dominicana aplicó una medida de salvaguardia definitiva a estos productos con un incremento arancelario del 38%, aplicable por 18 meses a partir del 18 de octubre de 2010.
El sistema de solución de controversias de la OMC
Costa Rica denunció ante la OMC la imposición de medidas de salvaguardia a través del incremento del arancel a dichos productos costarricenses. Después de infructuosas consultas con la República Dominicana, celebradas en noviembre del 2010, el país solicitó el establecimiento de un grupo especial (panel en inglés). El proceso contó con los cinco países centroamericanos como quejosos y se sumó al proceso Panamá, en calidad de tercer país observador.
El fallo del grupo especial de la OMC ha sido favorable. El desmantelamiento de la medida impuesta, que implica eliminar el arancel cobrado en frontera, facilitará que los productos costarricenses puedan ingresar al mercado dominicano.
Para leer la síntesis del fallo de la OMC, favor remitirse al siguiente link:
http://www.wto.org/spanish/news_s/news12_s/415_415_417_418r_s.htm
OPINIÓN
Utopía bolivariana de Europa
Vuelve el Estado a estar en el corazón, aunque, esta vez, sin sentimientos
Nunca tantos han dependido de tan pocos, y no se trata esta vez de la fuerza aérea británica, de quien Winston Churchill dijo algo semejante, en la Segunda Guerra Mundial. Hablamos aquí de un grupo mucho más reducido, el pequeño círculo que decide la política económica comunitaria, en tiempos de la fiebre del euro. Pocos costarricenses se pueden imaginar que sus empleos penden de las discusiones del “dúo dinámico”, que en la prensa europea se ha dado por llamar “Merkozy”. Se trata, por supuesto, de los dirigentes políticos de las potencias rectoras de la Unión Europea, Alemania y Francia, en la figura de la cancillera Merkel y del presidente Sarkozy.
Peligro de extinción. El euro está en grave peligro de extinción. El estremecimiento del estallido de ese volcán financiero haría palidecer los impactos de la crisis del 2008 y abriría un período gravísimo de depresión económica mundial. Si eso ocurriera –digo, es un decir, y son muchos los economistas que advierten que eso es casi inevitable– para millones de seres humanos en el planeta, se derrumbarían todas las premisas sobre las que se fundan sus expectativas individuales de progreso. Así de próxima nos acecha la catástrofe, pero la inminencia de algo fatal nos mueve, casi siempre, a la negación de lo posible. Así de cerca nos vemos en el abismo.
Alemania lleva la voz cantante y, aunque sería la mayor perdedora de la desaparición del euro, en realidad ella nunca lo quiso. Por años, presionó Francia a Alemania para que consintiera en la adopción de una moneda común, cuyo más formidable respaldo sería, por supuesto, el vigoroso marco alemán. Alemania se negó siempre a renunciar a su moneda, la más importante fuente de autoestima nacional de posguerra, y mucho menos a respaldar con su divisa el conocido populismo fiscal reinante fuera de sus fronteras.
Equilibrio europeo. La publicación de los entretelones de la reunificación alemana de 1990 muestra cómo Mitterrand, entonces presidente francés, exigió la adhesión alemana al euro, como condición para no oponerse a una Alemania unificada, cuyas dimensiones la posicionarían como la mayor potencia europea. Era la forma francesa de asegurar el equilibrio europeo, tradicional política de estado: una Alemania fuerte, pero respaldando también la moneda francesa. Alemania se tuvo que tragar el euro y sacrificar su marco y hoy, atrapada en esas redes, detenta, sin embargo, las riendas de su rescate. Ahora, como entonces, el poderío económico germano es el único respaldo para equilibrar la irresponsabilidad fiscal de sus socios.
Francia quiere un cheque en blanco, otorgando al Banco Central Europeo autorización para comprar todas las deudas soberanas a bajos intereses, con su “maquinita” de hacer dinero. Alemania sabe que eso sería pagado con inflación por sus propios ciudadanos, porque es el motor exportador de la Unión Europea. La propia sala constitucional alemana advirtió que si bien el legislativo puede decidir apoyos determinados al euro, un respaldo ilimitado de ese tipo iría contra el requerimiento constitucional de precisar, por vía legislativa, los compromisos asumidos por el Estado. Los cheques en blanco también están excluidos por la presión popular de un electorado que no quiere asumir deuda ajena. Por eso Alemania exige un nuevo pacto comunitario, con obligaciones y sanciones, en un intento por profundizar los lazos comunitarios, hacia una política fiscal común.
Alemania, primera fila. Pero, en la cadena de catástrofes que produciría el descalabro del euro, Alemania está también de primera en la fila. Sus mayores exportaciones a la eurozona se costean gracias a la fortaleza de su moneda común. Sus bancos son, además, los mayores acreedores, en caso que algún país entrara en incumplimiento de pagos. En este conflicto, la balanza se estremece entre perder de una forma contra perder de la otra. No es un escenario halagador y esa considerable amenaza mueve a las calificadoras de riesgo crediticio a llevar la advertencia de degradación hasta las costas germanas.
En este escenario de creciente incertidumbre queda sólo, como lamentable y errónea unanimidad, que paguen la cuenta los espectadores inocentes. El sofisma de restricciones presupuestarias draconianas, disminuyendo la inversión social y educativa, amenazando las pensiones y el poder adquisitivo de la gente, pareciera ser la única receta que supuestamente tranquilizaría a los mercados. También disminuiría nuestras exportaciones. Krugman y Roubini advierten que eso inevitablemente lleva a una contracción de la actividad económica, aumento del desempleo y menores ingresos tributarios, curiosamente cuando se quiere equilibrar el fisco. En estas mismas páginas apuntaba yo también, hace meses, que atribular la población griega tampoco la sacaría avante.
Mercados y políticos. Hoy gobierna el compromiso con la austeridad y mañana se sabrá, como ya lo hemos comprobado nosotros hoy, lo que significan generaciones perdidas gracias al pernicioso ahorro de lo que debería haber sido inversión pública. En todo caso, el neoliberalismo sin riendas esconde avergonzado la cola. No se acude a los mercados, para que ellos resuelvan su propio estropicio. Se busca a los políticos, para que tomen medidas correctivas y vuelve el Estado a estar en el corazón, aunque esta vez, sin sentimientos.
El viejo sueño. Las decisiones recientes apenas salvan precariamente el día. El euro respira, pero las calificadoras que miden su credibilidad, son un curioso termómetro que aumenta la temperatura. El problema de fondo sigue siendo el mismo: una unión monetaria sin transferencias fiscales, impidiendo el recurso de los países débiles a devaluar su propia moneda, para aumentar su competitividad exportadora, si recibir tampoco, al mismo tiempo, respaldo fiscal en las crisis. Eso solo lo resolvería el viejo sueño de una sola Europa, contrapuesta, por otro lado, por pertinaces fantasías nacionalistas. Es la frustrada utopía bolivariana, trasplantada al Viejo Continente.
Fuente: Periódico La Nación, 11/12/2011
http://www.nacion.com/2011-12-11/Opinion/utopia-bolivariana-de-europa.aspx
OPINIÓN
Cruzando el Rubicón
Los idus de marzo vendrán con una nueva Unión Europea o con una catástrofe
Del parto de las montañas, nació un minúsculo ratón. Pero, tal vez, un verdadero león. Marzo es el mes señalado para conocer la dimensión de esa criatura. Ese mes verá una Unión Europea fortalecida, o... el Diluvio. El 9 de diciembre de 2011, 26 países miembros de la Unión Europea acordaron que en marzo se ampliara el fondo de estabilización, y que cada país sepa entonces hasta dónde es políticamente viable la renuncia parcial de soberanía, aceptada en Bruselas. ¿Resistirá el mecate hasta marzo o habrá que cruzar el río antes?
El primer entusiasmo de los mercados se silenció rápidamente. La tranquilidad todavía no llega. Camino empedrado, todos los países comunitarios, menos Inglaterra, acordaron reformas en sus cartas magnas, para poner límites constitucionales al endeudamiento público. Se sancionaría el incumplimiento con una mayoría calificada y, ya no más, con la usual unanimidad del Consejo de la Unión Europea. ¿Qué se busca? Sentar las bases para abrir el grifo del Banco Central Europeo (BCE). Que salga inyección masiva de capitales al rescate de países atribulados por las deudas, incapaces de renegociarlas, por los intereses que les impone su calificación de alto nivel de riesgo. Pero su evaluación sigue oscuros procesos, cargados de especulación financiera.
Disyuntiva. Esos son los términos de la encrucijada: deuda soberana y especulación. La deuda pública de los cuatro cochinitos (PIGS, por Portugal, Ireland, Greece y Spain), aunque enorme, es perfectamente asimilable por países que siguen siendo esencialmente solventes, si pudieran readecuar sus deudas con los bajos intereses originalmente pactados. Pero eso no es así. No ha cambiado la realidad de esos países, sino la lluvia especulativa que les cayó encima.
Primero se apostó contra Grecia, cuando los especuladores del mundo tomaron seguros contra su deuda, aunque no fueran sus acreedores. Es como si mi vecino –dijo la canciller Merkel— tomara una póliza de incendio sobre mi casa, para después prenderle fuego. Las calificadoras estaban tranquilas, al comienzo. Fue meses después que comenzaron, también ellas, a seguir los pasos de los apostadores. Se apostaba a que Grecia no pagaría y esas apuestas aumentaron los intereses de renegociación de la deuda helénica. La deuda creció a punta de crecientes intereses, su servicio colmó las arcas y Grecia necesitó rescate. Las calificadoras gritaron “fuego” (riesgo país) y encendieron las llamas.
El termómetro no midió la temperatura, sino además aumentó la fiebre. Las llamas pasaron a Portugal y, casi con el mismo libreto, a Irlanda y España. Italia, perfectamente solvente hasta ese momento, comenzó el camino conocido.
A ese camino de austeridad, a cambio de salvamento, le dicen “solidaridad”. Pero los especuladores siguieron apostando. Grecia, austera y bajo la bota germana, comenzó una política deflacionaria, que la tiene ahora en mayores apuros, con producción recesiva, ingresos fiscales disminuidos, activos históricos vendidos y el mayor desempleo de su historia. La receta alemana cura la enfermedad, pero mata al paciente, dice Roubini.
La solución era soltar el grifo del BCE, comprar la deuda y demostrar que quienes apuestan contra un país de la UE, perderían esa apuesta –y de hecho, yo creo firmemente que la perderán, pero será solo a la postre y después de mucho dolor humano. ¡Ayyy si la ganaran!
Falsa solidaridad. Siendo un problema comunitario tan profundo, igual se pudo devaluar el euro, como cualquier país ante una contingencia semejante. Pero Alemania no quiso aumentar así la productividad de otros, ni salvar deuda ajena –aunque la mayor parte de ella sea adeudada a bancos alemanes–. Eso iría en detrimento del valor real de los salarios germanos. La palabra “solidaridad”, en cada acuerdo, es un cinco con hueco. También se debió prohibir que sacaran seguros contra deudas, quienes no tengan interés legítimo en ellas. Pero Inglaterra no permite ninguna regulación del mercado financiero de su City. El capitalismo especulativo sigue sin frenos.
Francia siempre pidió una intervención masiva del BCE, pero el euro es, ante todo, moneda alemana con ropa europea. Se creó un fondo para Grecia, pero solo a condición de ponerla de rodillas. Portugal y España tomaron el mismo camino para tener acceso a esos fondos, que son aún insuficientes. El mercado husmeó el miedo y siguió apostando.
Los acuerdos alcanzados son todavía tigres de papel. Se decidió aumentar el fondo europeo de estabilización, pero hasta marzo. Entonces se sabrá también si la decisión de los 26 es políticamente viable. Las acciones de la bolsa respondieron, como de sólito, con entusiasmo primero, con preocupación después, especulando... siempre. Al día siguiente que los índices subieron, volvieron a bajar.
Cameron, de Inglaterra, lo aceptaba todo, menos la regulación de los mercados financieros. Pero la especulación, si no es la enfermedad es, en todo caso, factor concomitante a ella. Por eso se necesita poner en cintura todos los instrumentos especulativos que tienen postrada a la UE. Era preferible sacrificar Inglaterra, que dejar sueltos los perros especulativos. El bozal está en la agenda del día.
Por lo pronto, negros nubarrones. Entre la cumbre y el abismo, se vislumbra una luz, en el horizonte cercano, sobre las quietas aguas de un impredecible Rubicón. Los idus de marzo vendrán con una nueva Unión Europea o con una catástrofe. Ya la recesión comunitaria es un hecho. Pero todo será superado con creces si sale victoriosa la apuesta alemana, cruzando el Rubicón.
Fuente: Periódico La Nación, 22/12/2011
http://www.nacion.com/2011-12-22/Opinion/cruzando-el-rubicon.aspx
OPINIÓN
Aprendiendo a garrotazos
Costa Rica está siguiendo al pie de la letra la infame receta griega
¿Quién no se llena la boca diciendo que vamos como Grecia? Ahora es un lugar común. Las cosas no parecían tan evidentes, a 9 días del comienzo del mandato de doña Laura, cuando yo advertía una "Crónica Griega anunciada" (La Nación, 16/05/2010). ¡Qué poca satisfacción ser Casandra!
Conviene, sin embargo, que volvamos, una vez más, la mirada hacia Grecia. Renunciemos, para comenzar al eufemismo de llamarle "rescate" al brutal desmembramiento del tejido empresarial, social y administrativo helénico. Se habla de una "ayuda" de 130.000 millones de euros. ¿Ayuda a quién? A Grecia no le llega un cinco. Un fideicomiso hace transferencias directas del Banco Central Europeo a los bancos acreedores, alemanes y franceses, sobre todo. ¡Valiente ayuda! El Ministro del Interior de Alemania –en posición contraria a su Gobierno– tuvo la honestidad de recomendarles a los griegos que se fueran del euro, que asumieran su propia soberanía económica, se declararan en quiebra y comenzaran de cero –pero con sus propios pies, no a patadas europeas, diría yo –, recuperando competitividad con un dracma devaluado.
Voces insensibles exigen que los griegos paguen la fiesta fiscalmente insostenible que tuvieron antes. ¿Cuáles griegos? Los de la fiesta tienen sus capitales en buen recaudo. Los que quedan, no tuvieron fiesta. Dicen que las ratas son las primeras en abandonar el barco. No es cierto. Los primeros que se van son los capitales. No hay nada más nervioso que un dólar –o, en este caso, un euro–. Los bancos griegos han visto salir de sus cuentas la astronómica suma de 65.000 millones de euros. El pánico de los millonarios griegos –y también italianos– es tal, que en 2011 compraron el 11% de todo el mercado de viviendas de Inglaterra, con una inversión en viviendas familiares londinenses de 406 millones de euros. La liquidez de los bancos griegos disminuyó un 17%, y ese dinero ya no está para créditos a las empresas helénicas. En Alemania, en cambio, el flujo de capitales de Grecia, Italia, Portugal, España e Irlanda ha creado una sobreoferta de más de 500.000 millones de euros, con relación a la demanda de crédito empresarial germana.
Un diputado griego, poco antes de votar a favor de las medidas de austeridad, sacó un millón de euros a Inglaterra. Se trata del diputado Isidoros Kouvelos, esposo de Dora Bakogianni, anterior ministra de Relaciones Exteriores. Todo fue legal, dijo Bakogiani. ¡Por supuesto que sí! El movimiento de capitales en la UE es totalmente libre! ¿Fue ético? Esa es una cuestión que los legisladores, casi de todas partes, ni se preguntan. Volvamos la vista a las lecciones aprendidas del sufrimiento griego, impuesto a inocentes por la irresponsabilidad de una clase política inmoral.
No cura, mata. La receta griega no cura, mata. Políticas de ajuste deflacionarias provocan recesión, no crecimiento. La recesión agrava las cuentas de la hacienda pública y eso dificulta más la atención de las deudas. A eso se responde con nuevas medidas de austeridad, que provocan menos crecimiento. Círculo vicioso interminable. A Grecia la desangraron en 2010 y eso provocó que esté peor ahora. En 2012 la desangran otra vez y lo único que se puede esperar es que esté peor después. ¿Qué harán entonces? ¿Desangrarla de nuevo? ¿Hasta dónde aguanta un cuerpo social tanta tortura, cuando los responsables de la crisis ya exportaron sus capitales a puertos seguros?
El voto de un sabio vale lo mismo que el voto de un insensato. Las mayorías hacen de la democracia una fórmula estadística, donde la calidad del sistema depende mucho de la comprensión que tenga la ciudadanía de la gravedad de sus problemas. Los políticos que basan su apuesta electoral solo en la popularidad de sus propuestas, jamás podrán enfrentar con eficiencia el futuro, porque no existen soluciones verdaderas a los problemas fiscales que, al mismo tiempo, puedan ser populares.
Cada país necesita un sistema impositivo acorde con su propia escala de valores. La base de lo que un Estado puede ofrecer depende enteramente de la voluntad social que exista de contribuir a las finanzas públicas. No es de altura moral exigir calidad sin pagar su precio. Cuando una sociedad no quiere pagar impuestos, tampoco puede exigir inversión social. Una va con la otra. No existen conquistas sociales que una crisis económica no pueda echar por la borda. Pensiones, salarios, salud, educación o mantenimiento de infraestructura no están garantizados sin crecimiento económico, disciplina fiscal y contribución impositiva.
Y ¿Costa Rica? Costa Rica está siguiendo al pie de la letra la infame receta griega: inversión social más allá de sus capacidades impositivas, sueldos públicos financiados con endeudamiento, carga tributaria regresiva por debajo de su nivel de desarrollo humano y prestaciones de servicios con deuda pública. ¿Qué digo que no haya sido dicho ya? Hay lecciones que solo se aprenden con garrotazos de la historia.
Fuente: Periódico La Nación, 04/03/2012
http://www.nacion.com/2012-03-04/Opinion/Aprendiendo-a-garrotazos.aspx
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